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Intocable tras la despedida: Ahora revela su imperio secreto
img img Intocable tras la despedida: Ahora revela su imperio secreto img Capítulo 7 ¿La Doctora L era su exesposa
7 Capítulo
Capítulo 8 ¿Cómo puedes ser la Doctora L img
Capítulo 9 Humillada img
Capítulo 10 Carlos nunca fue digno de ti img
Capítulo 11 No hay registros públicos de ella img
Capítulo 12 Carlos estaba muy por encima de ella img
Capítulo 13 Simplemente ya no lo amo img
Capítulo 14 Acepta todas las condiciones img
Capítulo 15 Día de la carrera img
Capítulo 16 El regreso de la leyenda img
Capítulo 17 Él es Krypton img
Capítulo 18 Secuestrada img
Capítulo 19 ¿Quién te envió img
Capítulo 20 ¿Me mandaste a vigilar img
Capítulo 21 Vine a tratarla img
Capítulo 22 ¿Qué razón tengo para ayudar img
Capítulo 23 ¿Cuántas semanas tienes de embarazo img
Capítulo 24 Carlos, ¿no me crees img
Capítulo 25 La sensación de familiaridad img
Capítulo 26 Quiero que investigues a alguien img
Capítulo 27 No quería mentirte img
Capítulo 28 Quítese ese vestido img
Capítulo 29 ¿Me cacheteaste img
Capítulo 30 Les prohibirá la entrada de forma permanente img
Capítulo 31 Viviría a su manera img
Capítulo 32 Esto no es un ejercicio de práctica img
Capítulo 33 Algunas personas simplemente nacen diferentes img
Capítulo 34 Una operación impecable img
Capítulo 35 Por fin te cayó una mujer img
Capítulo 36 Porque eres diferente img
Capítulo 37 Alguien nos observaba img
Capítulo 38 Clara ayudó a Carlos más de una vez img
Capítulo 39 Clara había bloqueado su número img
Capítulo 40 ¿Es creíble img
Capítulo 41 ¿Aún hay posibilidades de que me recupere img
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Capítulo 7 ¿La Doctora L era su exesposa

Dentro del hospital privado del Grupo Mendoza, Diego estaba de pie junto a la cama mientras sostenía el pequeño frasco de cristal entre los dedos.

Detrás de él, un anciano con canas miraba incrédulo el informe del laboratorio.

"Señor Mendoza, la fórmula utilizada en estas pastillas... es extraordinaria", declaró el galeno, con la voz temblorosa por la emoción "El equilibrio químico es increíblemente preciso. Quienquiera que haya creado esto tiene un profundo conocimiento de las vías del dolor, mucho más allá de lo que vemos normalmente. Y no hay ningún signo de riesgo de adicción. Además, nada indica daño al hígado o a los riñones".

"Esto no es algo que ninguna empresa farmacéutica convencional pudiera producir. Quienquiera que lo haya desarrollado está trabajando a un nivel completamente diferente, comentó el médico, aún aturdido, sacudiendo la cabeza.

Pasando a la página siguiente del informe, intentó calmar su emoción. "Según los datos, parece perfectamente adecuado para el estado de su abuelo. Aun así, le recomendaría empezar con una dosis muy pequeña y observar con atención antes de...".

"Ya se lo administramos", intervino Diego con calma.

"¿Qué?", exclamó el médico, enderezándose por la sorpresa.

"Hace aproximadamente una hora, mi abuelo tuvo otro episodio grave durante la noche", explicó Diego con serenidad. "El dolor era tan intenso que apenas podía mantenerse consciente. Le di media pastilla".

Sin detenerse, continuó: "A los tres minutos, el dolor empezó a desaparecer. Al quinto minuto, ya se había dormido. Su respiración se estabilizó y los monitores volvieron a la normalidad.".

El médico entreabrió los labios, pero no salió ninguna palabra durante varios segundos.

Diego se acercó al escritorio y tomó el pequeño papel con el número de celular escrito.

"Rastrea este número", ordenó.

"Sí, señor", accedió el subordinado.

Diego añadió otra instrucción sin mirar atrás, diciendo: "Hay algo más". Su mirada se volvió distante y afilada a la vez. "Averigua exactamente quién es esa mujer. Y localiza dónde está ahora".

"Entendido", contestó el empleado, escabulléndose de la habitación en silencio.

Solo, Diego bajó la vista hacia el frasco que aún descansaba en su mano. La imagen de la mujer del pasillo volvió a aparecer en su mente. Ojos tranquilos. Compostura imperturbable. Control total.

Clara Lloyd.

Repitió el nombre en voz baja para sí mismo, y un brillo duro apareció en su mirada.

Si de verdad tenía la capacidad de salvar a su abuelo, pagaría el precio que ella exigiera.

Pero si esto resultaba ser una trampa calculada dirigida a la familia Mendoza...

La calidez desapareció de su expresión.

Fuera cual fuera la posibilidad que resultara ser cierta, Diego tenía la intención de descubrir exactamente quién era esa mujer en realidad.

***

El sábado llegó antes de lo esperado.

La celebración del compromiso ya había comenzado, y Carlos estaba en el escenario junto a Diana mientras aceptaban las felicitaciones de los invitados.

Aunque mantenía una sonrisa educada en el rostro, una leve preocupación aún persistía en sus ojos.

Su amada no podía esperar mucho más.

Para asegurarse la ayuda de la Doctora L, Carlos había ofrecido públicamente una enorme recompensa. Al mismo tiempo, difundió en silencio otro mensaje. Si la Doctora L podía asegurar que Diana sobreviviera al embarazo sin peligro, él aceptaría cualquier precio.

La misteriosa doctora aún no había aparecido. Aun así, Carlos seguía convencido de que el mensaje había llegado a la persona adecuada.

La fiesta de compromiso de esa noche estaba destinada a atraer a la Doctora L.

Después de todo, solo esa figura legendaria podía garantizar la supervivencia de Diana. En ese momento, el anfitrión se adelantó para animar la sala y anunció un juego.

"Veamos dónde cae el foco de la suerte esta noche. ¿Qué invitado ofrecerá el próximo brindis?".

El brillante haz de luz se movió despacio entre la multitud.

Entonces, el haz en movimiento se detuvo, firme e inconfundible, justo en la entrada. Una figura esbelta acababa de cruzar el umbral, silenciosa como una sombra. La luz cayó sobre ella de golpe, envolviéndola en un resplandor brillante. La mujer levantó despacio la cabeza.

A Carlos se le cortó la respiración. El rostro que tenía delante le resultaba familiar, pero al mismo tiempo completamente desconocido.

El pesado flequillo que antes le cubría la frente había desaparecido, dejando al descubierto unos rasgos suaves y llamativos. Las gafas gruesas e incómodas también desaparecieron.

Los ojos que una vez había descartado como apagados ahora brillaban con intensidad, lo suficiente como para que toda la sala se sintiera tensa.

Un vestido de terciopelo negro descansaba sobre su cuerpo, y su diseño sin hombros enmarcaba su figura a la perfección. La tela seguía cada elegante línea de su cuerpo con una elegancia sin esfuerzo.

Un suspiro colectivo recorrió la sala.

Varios jóvenes dejaron de hablar a mitad de frase, atraídos por ella sin previo aviso. La miraban con tanta atención que no se dieron cuenta de que el champán se les derramaba por las mangas.

Carlos sintió una opresión en el pecho y que le cortaban la respiración. Por un momento, una extraña presión lo atenazó con tanta brusquedad que casi le dolió.

'¿Clara? ¿Qué hace ella aquí?', se preguntó.

Durante años había vivido junto a una mujer que se escondía bajo ropa sencilla y armazones gruesos, alguien que siempre mantenía la cabeza gacha. Nunca imaginó que pudiera tener este aspecto.

La conmoción, junto con ese breve e inoportuno aumento de su pulso, duró solo un instante.

Al momento siguiente, una oleada de irritación lo invadió, aguda e inmediata.

'¿Por qué vino mi ex vestida así aquí? ¿Se enteró del estado de Diana y decidió aparecer solo para causar problemas? ¿O es otro de sus desesperados intentos de que me fije en ella?', reflexionó Carlos.

A continuación, un frío disgusto endureció la mirada del hombre, quien, casi por instinto, apretó los dedos alrededor de la mano de Diana mientras comenzaba a levantar la otra, listo para indicarle al personal de seguridad que sacara a la invitada no deseada.

En ese momento, la pantalla de su celular se iluminó de repente, con un mensaje de su asistente.

"Señor Guerrero, la Doctora L llegó al lugar. Lleva un vestido de noche negro sin hombros".

Negro. Sin hombros. Vestido de noche.

Carlos dejó de moverse. Cada palabra golpeó su mente con la fuerza de un mazazo.

Despacio, casi con rigidez, sus ojos volvieron a Clara.

Su mirada pasó de su rostro al vestido negro que llevaba, que coincidía exactamente con la descripción de la Doctora L en el mensaje.

Por un momento, toda la habitación pareció tambalearse. El tiempo se detuvo.

Un escalofrío recorrió al hombre.

La Doctora L, el nombre que aparecía en los innovadores trabajos médicos y del que se hablaba con reverencia entre las figuras más poderosas del mundo, aquella figura por la que magnates adinerados esperaban meses, a veces años, solo para ver...

El propio Carlos se había esforzado por conseguir la ayuda de la Doctora L para asegurarse de que Diana sobreviviera a este embarazo. Sin embargo, ahora parecía que la misteriosa doctora que había estado buscando no era otra que la mujer que tenía delante: su exesposa, la misma a la que había alejado con un acuerdo de divorcio y un montón de dinero hacía solo unos días.

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