Su cuerpo de porcelana, su rostro tallado por los mismísimos ángeles, su cabello que parece una larga e infinita cascada de oro castaño, esas pequitas que tiene esparcidas en la mejillas y en la nariz que sólo se ven cuando estás muy cerca, sus ojos que parecen dos estelas mieles que te atrapan con solo mirarlos.
Estoy tan embriagado de ella.
Pero tengo que vigilarla un poco más, hasta darme cuenta de que es la presa correcta.
Estoy desquiciado, lo sé. Pero es que cuando me gusta mucho algo no me detengo hasta tenerlo en mis manos. En este caso, en mis garras, porque soy un monstruo.
Ese monstruo que no deja dormir a los niños, ese monstruo que tienes miedo a que se aparezca para caerte encima y despedazarte en cuestión de segundos, soy ese monstruo que se esconde en el interior de todos y cada uno de los seres que habitan este mundo.
Sólo que yo no me escondo.
Soy ese monstruo.
La reacción de mí Sandy, fue perfecta casi gloriosa.
Desde hace tiempo, quería verla muerta de miedo, asustada e indefensa. Y todo por mi.
Y todo eso lo he conseguido hoy.
Es extraño, ya que me encanta verla sonreír y ver esas bolsitas debajo de sus ojos cuando lo hace. Me encanta verla feliz, deslumbrante. Me encanta verla brillar a su manera, ese brillo que te contagia.
Pero verla así hoy me hizo sentir algo tan satisfactorio, que tuve que irme de mi escondite para no brincarle encima y llevarmela por las greñas para que sólo me viera a mí con esa expresión de sorpresa y terror.
Porque yo seré su monstruo.
Y ella será mía.
Por siempre.
El plan que he hecho sólo para tenerla conmigo ha empezado.
Y no será en vano todo lo que haré para que sea mía.
Lo de hoy, sólo es el comienzo. No pienso dejar cabos sueltos, por eso cuando camino a la casa del imbécil de mi cómplice, quien me suministra herramientas para mis locuras, me doy cuenta de que Sandy es la chica con la que quiero pasar el resto de mi vida.
Así tenga que matar para que sea mía.
Así tenga que secuestrarla para que me quiera.
Así tenga que volverme más loco de lo que ya estoy para enloquecerla a ella también.
Así tenga que arriesgarme a que me desprecie para poder amarla completamente.
Así tenga ella tenga que odiarme para así lograr objetivo.
Toco la puerta del viejo edificio con el número 12, donde vive Diablo, mi cómplice.
Y no es en vano que le dicen así.
Abre la puerta y lo primero que veo es su cicatriz que atraviesa en diagonal todo su rostro y sus ojos inyectados de sangre.
Entro al espeluznante y asqueroso departamento, y me siento en el sofá de cuero viejo. No hace falta saludarnos ni esas cosas. Él sabe todos las locuras y delitos que he cometido.
Huele a tabaco y parece que no le interesa si quiera ordenar.
-Monster ¿ya atrapaste a la chica? -pregunta Diablo volviendo de la cocina con una lata de cerveza.
Monster = Monstruo. Así me dicen. Porque lo soy.
-No aún no, -respondo frustrado.-Necesito tiempo. Ella es perfecta pero todavía no es el momento.
Da un trago largo a su bebida y me mira.
-Se te nota que quieres matar la frustración con algo -asegura. luego sin rodeos agrega:-Tengo a una chica en el sótano, tiene las misma características que tu chica. Yo no la quiero, es muy... rara. Pero si quieres la usas tú.
Me sorprendo ante sus palabras. Diablo nunca comparte sus presas con nadie. Y también que tuviera en mente raptar a una chica parecida a Sandy.
-Lo único que te advierto... -su tono es serio, por lo que puedo jurar que tengo que hacerle caso- no puedes matarla.
-¡Y una mierda! -bufo- ¿como quieres que mate mi frustración, si no me dejas matar a la chica?
Maldito egoísta.
-Cálmate, viejo. Puedes azotarla, lastimarla, cualquier puta cosa que quieras hacerle. Pero no matarla.
¡Santa madre de los idiotas!
-Es hermana de mi compañero de selda cuando estuve en prisión. Le debo un favor al imbécil.
-¿Que favor? -inquirí.
-No quieres saberlo pero -dio un trago- le compro droga y a cambio me deja salir con su hermana. Básicamente, la chica es una auténtica zorra.
Vaya...
-Esta en la habitación de huéspedes -informa.
Yo no tardo en levantarme e ir a donde se encuentra la muchacha.
La puerta está abierta, por lo que entro sin mediar palabra.
Ella está esposada a la cama. No me imagino que estuvo haciendo con Diablo. Ella me observa, seguramente preguntándose quien soy.
-¿Quie... -la interrumpo.
-Llámame monstruo. -le informo sacándome la chaqueta de cuero.
-¿Y Diablo? -demanda con su voz firme.
-Afuera -le hice saber-me dejó jugar contigo.
-¿Jugar, eh? -una sonrisa maliciosa aparece en su rostro.
Se reacomoda en la cama, el sonido de las cadenas viaja por la habitación de poca iluminación. Con las piernas, baja la sabana que la cubre. La examino mientras lo hace.
La tela desciende, quedando a mi merced sus pechos cubiertos por un brasier de lencería.
-Puedes jugar conmigo todo lo que quieras, monstruo-y dice mi apodo con tanta sensualidad que mi pequeño amigo se activa de inmediato.
La chica es linda, lo admito. Pero no es Sandy. La quiero a ella, no a esta copia barata.
Pero aunque quiera mentirme a mi mismo que no necesito desahogar mis impulsos, esa chica que se encuentra esposada a la cama con solo lencería puesta, no es Sandy.
Después de unos segundos donde intento con todas mis fuerzas calmarme y repetirme mentalmente que sólo será un juego, un manera de ahuyentar a mi demonios por un rato.
Imagina que es Sandy, se parece mucho.
Esa voz...
Esa voz en mi cabeza me dice que lo haga...
¡Ahg! ¡A la mierda todo!
Me acerco a la cama, la chica se remueve en ella. No tengo intenciones de ser gentil y ella lo nota.
-Jugaremos sucio -le digo antes de despojarla de las escasas prendas y desquitarme con ella todas mi frustraciones.
†††