Capítulo 2 CAPITULO 2

Observé el desastre que había en nuestra casa. Era increíble lo desordenada que podíamos llegar a ser, me importaba una mierda el orden, Anita, nuestra señora de la limpieza, venía a las 10 am todos los santos días para poder limpiar el desastre que ambas hacíamos. Mire a mi hermana, quien delineaba sus ojos como si los Oscars nos estuvieran esperando y estuviera por ganar el mejor premio del mundo. Tomé mi cartera y abrí la puerta para que ella saliera primero.

dejame adivinar, William viene hoy-

Ella sonrió cómplice, lo cual me confirmó que era un SI. William Norbon no era más que un socio mayoritario de la empresa, lo cual lo hacía un hombre de 46 años, casado, con dos hijos y una mujer la cual era un lujo. Si, la mujer de William me caía de puta madre pero con tal solo verla en cualquier reunión puedo ir al momento en el cual abrí la puerta de mi departamento y vi a mi hermana en posición de cuatro con el culo de William empujando hacía adelante como si no hubiera un jodido mañana.

Juro que lo cortaré-

No sabes lo difícil que es la situación Victoria. ¿te imaginas si papá se enterara?-

ella relató todo mi dialogo, por que si, pues claro, era algo que conversabamos cada vez que utilizaba el delineador de zorra para ir a su trabajo a las 8 am.

Es como si todo lo que te dijera te entrará por un oido y te saliera por el otro-

ella rio y al separarnos en el ascensor, se fugó completamente. Con Victoría no trabajamos juntas, ella estaba en la parte de la economía de la empresa, tenía una secretaría, no era una secretaría. Comenzó el lunes, el primer día de la semana, el lunes es el que te dice si tu semana será buena o no, si todos los demás días van a ser una mierda, es el reflejo del lunes.

Buenos días, sería genial que reportes tu llegada-

Esa era la voz de Néstor Pickerson. El supervisor de las secretarías. Si, Exacto. Mil y Mil tenía un supervisor de secretarías, en donde si algún socio tenía algún reclamo , iban a él, jamás te lo decían a ti, por qué claro, a ninguno de estos gilipollas les daba las bolas para hacerlo.

por qué no te vas a la mierda Nestor-

Esas fueron mis palabras antes de ignorarlo por completo y hacerme entrar a mi cubilo. Si, tenía una pequeña oficina, alejada de todas las demás secretarías. Me importaba una mierda si las demás tenían quejas, si tenían un mísero reclamo. Yo me había ganado el lugar en donde apoyaba mi divino trasero depilado y perfumado.

Eres una maleducada Amparo, En algún momento yo me enojare-

Su comentario quedó en el aire cuando coloque una mano para frenarlo. Si, Nestor tenía 1.70, lo cual lo hacía más bajo que yo y eso hacía que yo sea más que él. Si, cualquier hombre que bajaba mi altura sin tacones no era alguien respetable para mi. Él acomodó sus lentes de niño y su camisa a punto que lo hacía ser completamente infeliz y me observo. Mis ojos solo miraban la computadora, la cual marcaba que mi jefe me estaba indicando que me fuera a un cubículo número 5, en el cual todas las secretarías compartían.

-¿qué demonios?-

- bueno, si hubieras venido antes yo podría haberte dicho que el señor Tomas ha dicho que...-

Ignore por completo sus palabras y camine directamente hacía su oficina, la cual se encontraba a 15 pasos contados de la mía, si, porque así yo lo había pedido. Sin pedir siquiera permiso, entre. Se encontraba sumergido en una charla con un moreno que no tenía un espacio visible no tatuado sin cortar su rostro, que parecia tallado a mano y que no había visto jamás en mi vida, lo cual llamó mi atención, sin embargo no hizo que mi rabia se fuera de tono.

¿Cubilo 5? te golpeaste la cabeza antes de entrar aquí o hoy es el día de los inocentes y yo no me he enterado-

            
            

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