-Sí, está bien -agarro la manilla y la abro para después bajar y acercarme a la cabina de la camioneta.
Puedo ver que Jon, sin hacer el más mínimo gesto de esfuerzo, baja la motocicleta y después me observa.
-Entonces, buenas noches. Te veo mañana en el trabajo -comenta él mirándome.
-Gracias nuevamente por el aventón.
-De nada, buenas noches.
Se gira y sube a su camioneta. Desde mi lugar lo miro irse y luego de un rato acelera alejándose. Miro mi motocicleta, la agarro y comienzo a rodarla hasta el estacionamiento. Al llegar la dejo allí. Sin hacer nada más, me dirijo al ascensor, subo y marco mi piso. Este en minutos ya me había dejado allí, así que entro a mi dulce hogar.
Me despojo de mis cosas y las dejo sobre la barra de desayuno. Mientras me voy y tomo asiento en el largo sofá de mi sala, marco el número de Ric, quien al segundo tono responde.
**Llamada.**
-¿Dónde estás que aún no llegas? -pregunta de inmediato.
-Mi motocicleta se averió, así que no puedo ir -hago una mueca triste.
-Vaya, ¿te encuentras bien?
-Sí, sí. Jon me dio un aventón.
-Bueno, si quieres paso por ti.
Me quedo pensando un rato y después decido responder.
-Está bien. Ven dentro de una hora.
-Bien.
-Nos vemos.
Cuelgo la llamada.
Observo la TV apagada y después de unos segundos me levanto para irme a mi dormitorio. Al entrar me dirijo a mi cuarto de baño y entro a la ducha para iniciar mi baño con tranquilidad. Después de unos largos minutos simplemente me coloco mi bata de ducha y luego me dirijo a mi closet. Lo abro y comienzo a pasar vestido tras vestido. De diferentes modelos, colores y tamaños. La mayoría son con escote en mis pechos. Me encantan los minivestidos así. Al final opto por uno rojo con escote nada vulgar en forma de V.
En cuanto ya estuve lista solo coloco un labial color vino y después perfume. Acomodo mi cabello al que le hice unos rizos en las puntas y ya estoy lista. No pasa un minuto cuando veo que Ricardo marcó a mi teléfono. Con cuidado me dirijo a la cama y respondo.
**Llamada.**
-Ya voy bajando.
No le di tiempo de responder, así que solo cuelgo.
Agarro mi bolsito de color negro con lentejuelas y lo cuelgo en mi hombro. Sin perder más tiempo salgo. Puedo ver el auto negro afuera y veo que Ric me sonríe. Con pasos apurados lo único que hago es subir y él de inmediato acelera.
-Las chicas te están esperando -dice él mientras mira al frente-. Nos dijeron que hoy hay bebidas gratis para un hombre que lleve a al menos tres chicas -curva sus labios-. Me faltabas tú.
Volteo a mirarlo y suelto un suspiro.
-La verdad me hace falta salir un rato -refiero y miro nuevamente al frente-. Somos esclavos de nuestros trabajos.
-Debemos aprovechar esta noche, probablemente no volveremos a salir dentro de un año.
Suelto una carcajada estrepitosa y miro la ventanilla en donde se pueden ver los autos pasar y la ciudad nocturna de Boston totalmente activa.
-No creo, te la pasas en Tinder hablando con quién sabe quién y saliendo con quién sabe quién -estiro la comisura de mis labios para volver a mirarlo-. Tú sí tienes vida social y sexual.
Ricardo voltea a verme rápidamente con una sonrisita en sus labios.
-¿Me envidias?
No lo miro y solo dejo relucir una pequeña sonrisa.
-Ni un poquito.
No responde y solo suelta una risita.
Después de casi media hora de semáforos, bocinas sonando y tráfico, nos detenemos frente a un edificio alto llamado Dulcebella. Uno de los mejores lugares de la ciudad y también costosos.
¿Cómo tenemos pases?
Es una motivación laboral para los empleados de Travis Masson. El inmenso y alto edificio es de él. Tiene de todo: hotel, discoteca, casino y otras cosas más. Todos los empleados de mi querido jefe tienen ese privilegio. Los de su línea de restaurantes, las empresas. El maldito de ojos azules ese es un puto magnate. Seguramente les paga con oro a sus putas.
Nah... no creo. Los millonarios mientras más gratis consigan las cosas, mejor para ellos.
Cada mes por ir sin falta al trabajo tenemos beneficios y uno de esos son dos pases para Dulcebella. Tienes la opción de cambiarlos por dinero o guardarlos para venir a divertirte. ¿Lo malo? Debes escoger uno de los tantos lugares que ofrecen para gastarlos. Mayormente mi grupo escoge el elegante bar. Aunque si es por Ricardo lo gastaría en el club de strippers. De la misma forma que le gustan las mujeres también adora a los hombres.
Al entrar en el alumbrado y gigantesco estacionamiento lleno de autos de los más caros y no tan costosos, Ricardo se estaciona en un puesto vacío algo alejado del auto de Naomi.
-¡Fiuuu! -libero un silbido al ver el Lamborghini color ocre frente a nosotros-. Pero qué preciosura -bajo del auto y cierro la puerta mientras lo observo detalladamente.
Ricardo y yo desde nuestro lugar lo observamos.
-Es lindo, pero no lo veamos mucho, se puede rayar.
Volteo y lo observo.
-¿Por mirarlo?
Ricardo me mira.
-La gente pobre, como tú y yo, siempre tenemos la suerte de que así no queramos estropeamos algo accidentalmente -vuelve a mirar el auto-. Es tan caro que da miedo hablar tan fuerte cerca de él. Cualquier vidrio se le puede romper.
Aún mirándolo solo dejo salir una carcajada fuerte y divertida.
-Ay, tú y tus ocurrencias. Vamos -digo recuperándome para después enlazar mi brazo al de él.