-Son las 03:00. ¿Qué sucedió? ¿Y qué es eso? -enciende la luz.
Sin decir nada, simplemente me adentro en su apartamento. Él, luego de cerrar la puerta, sigue mis pasos con pesadez.
-Pareces una mafiosa que viene a entregarme algún tipo de droga o un dedo de algún amigo que mataste -se detiene en la mesa del comedor y me observa-. Me gusta tu blazer.
-Gracias -volteo y lo miro-. ¿Y para qué traigo el dedo si ya lo maté? ¿Estás volviendo a ver esas series de narcos?
Pestañea repetidas veces.
-¿En verdad estamos teniendo esta conversación a las 3 de la madrugada? Porque... -abro el maletín-. ¡Aaaah! ¡Oh, por Dios! ¡Madre mía! -abre mucho los ojos y se inclina para mirar las pacas de dólares-. ¡Barbra Isabella! ¿Qué-qué es eso? -me mira-. ¿Son reales? ¿Cuánto son?
-Un millón de dólares.
Eleva su mano para tocar su pecho con la boca abierta.
-¡¿Un millón de dólares?! -rueda una silla y toma asiento-. Por los dioses, no me trates de esa forma, me puede dar un patatús -me mira con atención–. ¿Vamos a Ibiza? -pestañea con una sonrisa.
Yo también me siento a su lado.
-No, no iremos a Ibiza. Y sí, es esa cifra que te acabo de decir -cubro mi rostro-. Es algo que hice por primera vez en mi vida y no lo sé, me siento extraña.
Me mira mientras mueve sus ojos de un lado a otro.
-¿Qué hiciste?
-¿Te acuerdas que te comenté que tendría un cliente VIP?
Asiente con lentitud.
-Bien, tuve sexo con él.
Ricardo abrió la boca, otra vez.
-¿Y te ofreció un millón de dólares? ¿De verdad? ¿Por tener sexo contigo?
Le lanzo una mala mirada.
-¿Acaso mi panochita no vale?
-Yo no dije eso -sonríe.
-Pero bueno, sí. Lo acepté -lo observo-. Y me gané este dinero.
En su rostro aún hay rastros de sorpresa.
-Yo no te voy a juzgar, amiga. Una mujer puede hacer con su cuerpo lo que quiera.
Muerdo mi labio y asiento mientras lo miro.
-Lo sé, pero no hago estas cosas.
-Y... -entrecierra sus ojos-. ¿Folla bien o folla mal? ¿Es un 10 o un 5?
Lo fulmino con la mirada.
-¿En serio me estás preguntando eso?
Asiente.
-Vamos, dimeee...
Miro al frente.
-Es... un 10 -me encojo de hombros-. Debo aceptar que sí lo sabe hacer.
-Mmm, golosa -sonríe-. ¡Te gustóoo!
-El problema acá es que no pude verlo. Me dijo que no debía y también me comentó que quería volver a hacerlo -trago con suavidad.
-Vaya... Eso quiere decir que le gustaste -habla con voz asombrada.
-Posiblemente, pero no lo haré nuevamente, Ric. No soy una mujer que hace ese tipo de cosas -hago una pausa-. Digo, las prostitutas son mujeres emprendedoras que cobran por hacer lo mismo que las mujeres que las critican hacen gratis. Respeto su trabajo, pero no es mi oficio.
-¿Entonces no lo volverás a hacer? -me mira con atención.
-No -niego-. El domingo lo volveré a ver y se lo diré.
Asiente.
-Bien. ¿Pero sí iremos a Ibiza? ¿En un vuelo de primera clase?
Echo mi cabeza hacia atrás y sonrío.
-¡Noooo! -lo miro-. Sí tendré un vuelo, pero será directo a mis ahorros para irme a Francia y montar mi gigante restaurante.
-Ya yo me hacía viajando -suelta con nostalgia mirando el dinero mientras lo acaricia-. Le puedes comentar que tienes un amigo que hace un buen sexo oral.
-¡Ric! -exclamo sonriendo-. ¡No! Ahora, voy a dormir, ya es muy tarde para volver a casa -cierro el maletín y lo dejo allí al igual que mi bolsito.
-Claro -Ric apaga la luz.
Los dos nos adentramos en su habitación. Yo me fui a duchar por segunda vez y después fui al closet de Ric para colocarme una camiseta larga que siempre uso cuando vengo a su casa y me quedo. Con tranquilidad me tumbo en la cama y me cubro con su edredón.
-¿Y si me tomo una foto en tanga mientras estoy acostado sobre una cama con billetes de 100$ y aún así se ve que me están cayendo billetes verdes del cielo? -bromea.
-Siempre has querido hacer eso.
-Sí. ¿Puedo hacerlo con tu dinero?
Suelto una carcajada estrepitosa abriendo mucho la boca y me acerco a él para ponerle una pierna encima y recostar mi cabeza de su pecho, abrazándolo con suavidad.
-Cuando sea la mejor chef de Francia, lo puedes hacer, amigo mío.
Rodea mi cintura con su brazo.
-Tú y tus sueños, Barbri.
-Una persona sin sueños tendría una vida sin sentido. El objetivo de vivir es tener algo por el cual luchar, sino, no serviría de nada -suelto en un susurro mientras percibo su olor a jabón de avena-. Y yo siempre lucharé por los míos.
Él acaricia mi cabello.
-Eso es cierto, amiga mía -refiere en un tono distraído-. Pero no te caerían mal un millón más.
-¿Tú crees? -acomodo mi cabeza sobre su pecho aún sonriendo.
°°°
Esa mañana me levanto antes que Ric y me voy en dirección a mi apartamento, ya que llevo días habitando su casa desde aquella noche. El sol ni siquiera se ha molestado en salir. Eso quiere decir que aún es temprano. En cuanto llego al edificio, bajo de mi vehículo y me voy al ascensor para después subir.
Cuando abro la puerta y entro, lo único que hago es ir a mi habitación, dirigirme al closet y comenzar a colocarme mi uniforme. Mi cabello lo dejo con una cola alta, me aplico un pintalabios rojo para no verme tan apagada, un poquito de mi perfume por dentro de mi camisa. Luego de eso me dirijo a la cocina para comenzar a preparar mi desayuno. Así que me decido por unos huevos revueltos, y mientras desayuno miro en dirección a la ventana con vista a la ciudad. Ya el sol se encargó de hacer su trabajo: salir para dar luz.