Después de unos minutos y ya casi exhausto, lentamente abrí mis ojos, mi cabeza estaba adolorida, pero pude notar que realmente no era un bulto o una bolsa de batatas, que tenía encima de mí, sino más bien era una chica pelirroja, que sujetaba su frente con una de las manos, al parecer la había golpeado por algo o con algo.
La miré silenciosamente, ella aún no se había dado cuenta que estaba encima de mí, actuaba como si estuviera en una cama suave.
Mi chofer, al percatarse del accidente salió corriendo a mi auxilio, sus gritos parecieron despertar a esa chica, que por instinto y algo sorprendida miro debajo de ella, rápidamente se sonrojó y quiso levantarse, pero hizo un movimiento tan torpe que nos golpeamos nuestras cabezas.
-¡Aunchi! Dijo quejándose. Se agarro la frente con la mano.
Yo también hice lo mismo.
Después de percibir lo que pasó, comenzó a disculparse.
-¡Lo siento, lo siento mucho! Fueron las palabras que pronunció.
Me quería reír de esta situación, yo Francisco Florenciano que acababa de ser nombrado el joven mas rico del país, estoy siendo utilizado como un soporte.
Tomas se acercó y la ayudo a levantarse, después que ambos me estrecharon la mano para levantarme, ella miro hacia mi chofer, por alguna pareció darse cuenta de algo y simplemente bajo la mano rápidamente.
Su rostro seguía roja como un tomate.
Me levanté y limpié mi ropa, Tomas me preguntó si me encontraba bien.
- ¿Estas bien Joven?
Asentí con la cabeza, mirando alrededor pude ver que esa chica venía en una bicicleta.
Antes que pudiera decir algo, ella volvío a disculparse.
-¡Lo siento mucho, fue mi culpa! -¡Debería cuidar mejor mi camino!
Ella estaba disculpándose a pesar de no tener la culpa, a simple vista se veía que yo tenía la culpa cruce sin mirar ambos lados.
-¡No deberías de disculparte!
Dije
Ella miró alrededor y volvió a decir-Si no hubiera estado distraída, eso se podía evitar.
Entonces noté, porque ella se estaba echando la culpa.
Tenía miedo, seguramente se sentía intimidada.
En su mente seguramente creía que yo era un playboy, y si quería podía ocasionar muchos problemas para ella.
Procedí a disculparme -¡La culpa es mía!
No debí cruzar sin mirar ambos lados.
-¡Siento mucho, señorita! Si puedo hacer algo, por usted para remediar mi culpa estoy muy dispuesto a hacerlo!.
Ella me miró incrédula y también miró a Tomas.
-No, nada...
Respondió moviendo las dos manos.
Se notaba incomoda.
-¡Sólo, espero que estés bien! Dijo sonriendo
Tenia una sonrisa hermosa, sus hoyuelos se veían fascinantes.
Al notar que yo no estaba enojado, procedió a levantar su bicicleta.
La miré atentamente, actuaba torpe. -¡Si, todo está bien!
Dije para tranquilizarla
-ok, entonces me retiró señor...
Ella me sonrió con alegría, mi rostro comenzó a calentarse tuve que llevar mi mano para sentir el calor que salía de mi cara.
Cuando volví a mi, ya se había ido solo alcance a ver su espalda y su hermoso cabello rizado, realmente era hermosa a pesar de que no se había arreglado en nada.
-¡Señor! ¿ Esta usted bien?
Tomas me miraba algo raro.
Volví de mis pensamientos -Si, claro.
Lo tranquilicé.
-¡Llévame a casa, necesito una ducha urgente! Dije volviendo a ser el mismo.
Esa noche Zamy, salió con mucha prisa acababa de llagar de un viaje y también tuvo que pasar por la librería de su tía quien la había ocupado para unas entregas, en eso la doctora que cuidaba a su madre la había llamado, necesitaba con urgencia una medicina que usaba para su tratamiento.
Por eso estaba muy nerviosa y no se fijó muy bien por su camino, hasta que se encontró en los brazos de ese hombre.
Gracias a Dios, no tuvo problemas con él, suspiró aliviada y entró al hospital con la medicina en su mano.
Algunas horas más tarde, la doctora Sinthia vino a verla le explicó que los medicamentos ya casi no estaban funcionando y que tuviera mucha fuerza porqué la situación de su madre se ponía cada vez más delicada.
Ella solamente escucho en silencio, aun no aceptaba perder a su única familia.
La doctora se retiró después de hablar con ella.
Una vez más, estaba sentada en él pasillo del hospital, sin saber qué hacer.
Sus lágrimas brotaron poco a poco, no quería llorar pero era inevitable, recordar las palabras de la doc., fueron como un cuchillo atravesando en su corazón, solo tenía días talvez semanas eso depende de su suerte.
-Te recomiendo, que te despidas de ella...
Su madre que apenas tenía 40 años, se estaba muriendo, una vez más se quedaría sola, la vida era muy injusta con ella, perdió a su papá muy temprano quedando únicamente con su madre Cecilia, quien la cuido muy bien.
Es una excelente madre, no era justo que esté muriendo, ella se merecía disfrutar de buena salud, vivir una vida agradable.
Pero después de todo el sufrimiento que pasó, también vino el cáncer.
Ella seguía en el piso llorando, las personas que la conocían nunca se imaginarían de los problemas que ella estaba enfrentando, eso porque siempre actuaba con una sonrisa y procuraba tratar bien a todos sin importar sus problemas ella siempre trataba de ser gentil, sus padres la educaron de esa forma, decía su finado padre
-No importa él tamaño de tus problemas, nunca trates mal a la otra persona, ellos no tienen la culpa de lo que te está pasando...
Era un buen consejo.