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Capítulo 3 Mi pez, mi pez.

Detrás de él Laura sonreía victoriosa.

Yo la mire, y en ese preciso momento supe que la odiaría por toda mi vida.

- Hijo, respóndeme. Gritaba nervioso.

Lo empujé y me safe de sus manos, que sostenían mi brazo, salí corriendo con mi pez en una mano y en la otra el pedazo de vidrio.

Justo en el corredor me tope con Cristina, la otra secretaria de mi papá, ella me vio y se asustó.

Mi ropa estaba toda mojada y salpicada de sangre.

-Cariño, ¿Que te paso?

Ella siempre fue muy atenta conmigo.

-Mi pez, mi pez. Fueron las palabras que salieron de mi boca.

Ella miró una de mis manos y vio que mi pez estaba casi muerta, se veía muy agotada.

-Tráeme rápido, le pasé rápidamente y ella salió corriendo hasta su oficina yo la seguía con mis lágrimas chorreando.

Para mi sorpresa ella tenía un acuario, tiro a Zamy en el agua, nos quedamos mirando por unos momentos, como Zamy se hundía en el fondo del acuario, al ver que no reaccionaba mi corazón acelero y sin poder más me puse a llorar, Cristina me abrazo para consolarme, fue entonces, que notó la herida en mi mano.

-Cariño. ¿estas herido?

Te llevaré a la enfermería, dijo sujetando mi otra mano, antes de salir con ella voltee a mirar con mucha esperanza al acuario donde pusimos a mi pez, para mi sorpresa, y por un milagro mi pez se estaba moviendo.

-¡Mira Cris, mi pez no murió! Dije emocionado.

Nos acercamos, al acuario para mirar a mi pequeña amiga.

Mi corazón se puso tan feliz, me acerque a mirarla de cerca.

Cristina también se puso feliz, acaricio mi cabeza -Espera, voy a buscar un recipiente para llevarla sanamente contigo.

Ella salió, pero al rato, vino acompañado de mi tío Luis, él era primo de mi padre y trabajaba en un hospital muy grande.

Corrió junto a mí, me abrazo-Pequeñín, ¿cómo te hiciste esto?

Me dijo en un tono muy cariñoso.

Mi tío siempre jugaba conmigo, me trataba muy bien, decía por todos lados que yo era su sobrino favorito.

Cristina estaba preocupada-Doctor Luis, ¿puedes cuidar de su herida?

-Claro Cristina, lo llevaré a la enfermería.

Me cargo cuidadosamente y nos fuimos a la enfermería.

Después de 20 minutos mi mano ya estaba esterilizada y tuve 7 puntos, a la salida mi tío, me dio un chupetín de naranja.

Al rato, pude ver que Cristina, traía a mi pez en un recipiente pequeño.

Me pasó a Zamy me puse muy feliz.

- Cuida muy bien de tu amiga...

- Me dijo sonriendo.

Le pedí a mi tío que me regrese a casa, pero papá llegó justo a tiempo y escucho todo. -Luis, ¿Qué sorpresa?

Dijo en un tono incómodo.

A papá no le agradaba mucho mi tío.

-Ya ves, vine a hablar contigo, pero me topé con esto.

Le señalo mi mano.

La conversación que tenían era sobre la construcción del nuevo hospital.

Papá me miró fijamente, -Hijo, ¿cómo te pasó esto? ¿te duele?

Sus palabras sonaban preocupadas el fingió no saber como me corte la mano.

Simplemente bajé mí mirada, y preferí quedarme callado.

Antes que el pudiera volver a hablar, le pedí a mi tío que me llevara a casa.

Para mi suerte él acepto, cuando íbamos saliendo mi padre me estiró y me dio un abrazo, para los demás era un abrazo amoroso de un padre preocupado, pero sin embargo no era eso.

Papá ese día me amenazó -Si dices algo, de lo que viste a tu mamá o a tu abuelo, me encargaré de ti, no seas estúpido.

Lo empujé y salí corriendo detrás de mí tío, Cris y él no se habían dado cuenta de nada.

Cuando llegue a casa mamá salío corriendo hacia mi, me abrazo y miró mi mano estaba muy preocupada.

-Mi bebé, ¿Cómo cortaste tu manito?

Dijo besando mi mano.

Mi tío se despidió y se retiró.

Entramos tomados de la manos, dentro de mí quería decir lo que realmente había sucedido, pero aun era un niño y no quería que mi madre sufriera por mi culpa.

-Fran, la próxima vez no lleves más a tu pez en la empresa.

Asentí obediente -ok, mami.

Subí a mi habitación, le puse a mi pez en su pecera aún se veía agotada.

Me recosté en la cama y con mi mente de niño me quedé pensando, si decirle a mamá lo que había visto, o seguir callado.

Me había quedado dormido, escuché un ruido en el piso de abajo eso me despertó, salí silenciosamente de mi habitación. Era mamá que estaba discutiendo por teléfono, no fue difícil adivinar de quién se trataba.

Ella colgó la llamada y se sentó en el sofá estaba llorando.

Me acerqué a ella, la abracé y quise consolarla no era la primera vez que esto sucedía. Entonces decidí ser valiente, y decir toda la verdad, le conté a mamá lo que había sucedido en la empresa de papá.

Ella se quedó callada escuchando atentamente, solo me detuve cuando escuché un sonido aterrador que venía de la entrada de nuestra casa.

Una explosión que tiro la puerta muy lejos.

Mamá me apretó con su cuerpo, quería protegerme, pero quien debería ser protegida era ella, me sentí un inútil.

Yo estaba temblando en los brazos de mi madre, ella me pidió que no haga ningún tipo de ruido.

_ Bebe no haga ningún ruido.

Asentí la cabeza y la obedecí.

Escuché que los hombres estaban buscando a mi madre, realmente no era un intento de asalto, sino más bien un intento de secuestro.

No había nadie cuidando nuestra casa, estábamos solos, pensé como podría pedir ayuda así que recordé el pequeño celular que mi abuelo me había dado para usar en caso de emergencias.

Me solté se mama y agaché la cabeza, le hice una señal para que no se preocupara, caminé hasta el escritorio busqué en uno de los cajones y simplemente apreté el botón rojo. Volví corriendo junto a mamá, no quería dejarla sola, estaba escondida en un pequeño pasadizo secreto, también idea de mi abuelo.

Nos seguían buscando hasta que escucharon el sonido de las patrullas, fue ahí que tuvieron que salir corriendo por detrás de la casa. Mi tío Luis entró corriendo, a buscarnos detrás de él mi abuelo.

Menos mal esa noche no nos pasó nada. Pero después de algunas investigaciones, se encontraron a los hombres quienes asumieron estar actuando por órdenes de Laura.

Mi abuelo estaba furioso, recuerdo que mi mamá estaba llorando en la sala y papá no paraba de gritar.

- Maldición...

- Últimamente era su palabra favorita.

Todos ya sabían que mi papá y su secretaria eran amantes, fue por eso que mi mamá decidió divorciarse de él. Papá no quería aceptar, la agarró de su brazo y la golpeó en el rostro, fui corriendo a defenderla pero mi tamaño no me ayudaba.

También recibí unos golpes, pero eso no me dolió lo que realmente me había dolido era ver el rostro ensangrentado de mi madre y no tener la fuerza física suficiente para defenderla.

Para nuestra suerte, mi abuelo llegó con mi tío Luis, al ver lo que pasaba mi tío golpeó a mi padre con mucha fuerza.

Lo tiro al piso, y se echo encima de él.

Mi abuelo me cargo del piso y me llevo a mi habitación.

-Todo terminará pronto!-¡Prepara tus cosas nos iremos!

Él salió otra vez, sim embargo yo me quedé estático, no había nada que quisiera de éste, lugar solamente mi pez.

Cuando el ruido terminó salí de mi habitación con Zamy dentro de una pecera, la sujetaba muy fuerte en mis manos, pero grande fue mi sorpresa.

Me topé con mi padre en la escalera. Lo miré con mucho miedo, el parecía estar loco su mirada era de mucha rabia hacia mí.

Mis ojos se cerraron al escuchar su voz.

-¡Maldito niño! Todo esto es tu culpa. -¿Estás satisfecho?

Me gritó furiosamente.

No pude decir nada, estaba temblando de miedo.

-Te haré pagar, ¡Maldito niño inútil, nunca debí tener un hijo con esa mujer!

Sin darme cuenta, arrancó la pecera de mi mano y lo tiro en el piso con mucha rabia, solo pude ver que se rompió en pedazos.

Quise correr hacia Zamy, pero mi padre me empujó y se bajo las escaleras primero, para mi desgracia. Lo miré y en medio de mi desesperación grité pidiendo ayuda, pero eso no le detuvo de pisar varias veces a mi pez Zamy.

Con cada pisada miraba su cara, tenía un rostro de satisfacción, no podía aguantar mas así que me baje como pude y agarré sus piernas con mis dos manos, eso no sirvió de nada el me piso la mano y me dio una patada en mi vientre.

Me quedé tirado en el piso, hasta que escuché los gritos furiosos de mi abuelo.

-Enloqueciste... ¿Como puedes golpear a tu hijo?

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