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POV OLÍVIA
Bajé corriendo detrás de Isa, que decidió torturarme con cosquillas cuando encontré "Isa y Marcelo" en su cuaderno, escrito de supuño y letra. Ella se rió y salió corriendo tan rápido como siempre. Yo intenté esquivar las alfombras y salté los escalones. Y así llegamos al comedor.
Rose nos miró insatisfecha. Le di un beso a mi padre y me senté a la mesa, frente a Isabelle.
- ¿Qué tal el día, papá? - pregunté mientras veía cómo me ponían la comida en el plato: pescado con legumbres.
Miré la pasta con gambas que sería el plato principal para los demás y se me hizo la boca agua.
- Si te portas bien, te daré una gamba después. - se burló Isabelle, cogiendo una en la mano y mostrándomela, riendo.
Le hice una mueca y me relamí al ver las gambas:
- Esto es injusto, pequeña peste. Yo con este pescado sin sazonar y tú con un langostino gigante.
- ¿Injusto? - Rose se rió, de esa forma tan cruel. "Deberías alegrarte de tener un plato diferente para ti. Y por lo que a mí respecta, si quieres comerte la pasta, adelante. Es tu problema, no el mío.
Bajé la cabeza y mi padre puso su mano sobre la mía:
- Sabes que tu dieta se basa en lo que sugiere el nutricionista, Corazón.
- ¡Una nutricionista muy cara, por cierto! - Rose lo dejó claro, mientras hacía rodar los fideos en su tenedor, haciéndome la boca agua.
¿Se quejaba del precio de mi comida?
- Cariño, por favor, no hables así. Olivia podría pensar que estamos recortando gastos. - Mi padre sonrió, intentando calmarme diciendo algo que rompiera el hielo entre mi madrastra y yo.
- Ah, sí... Y no somos -Rose le guiñó un ojo mientras levantaba su vaso de agua y le guiñaba un ojo- ¡Somos una familia rica que puede permitirse cualquier cosa! - Dejó escapar una carcajada que intentó contener.
- Tengo buenas noticias. - Papá habló en un tono más alto, su respiración se aceleró para que yo pudiera oírla a su lado- Nos han invitado a una cena familiar.
Rose resopló, poniendo los ojos en blanco, burlándose.
- ¿Con quién? ¿Habrá chicos de mi edad en esta cena? - Isabelle estaba interesada.
Papá se rió:
- Aún no puedes pensar en chicos, caramelo de coco.
- Ya tengo trece años. - Ella se opuso.
- Sólo tienes trece años. - papá rió divertido - ¿No quieres saber a quién vamos a cenar? - miró a Rose, a quien no pareció importarle.
- Lo que sea... - Ni siquiera se molestó en mirarlo.
- Es una cena de negocios, pero quería que llevara a la familia.
- Uhum... - Rose dejó claro que "le importaba un bledo" lo que papá tuviera que decir.
- Quizá debería decirle al director general de Clifford que mi mujer no quiere ir a cenar al mejor restaurante del país.
Rose miró fijamente a mi padre:
- ¿Qué clase de broma sin sentido del humor es esta, Ernest Abertton?
Papá sonrió, parecía victorioso:
- Sí, la secretaria de Clifford me llamó y me dijo que el Director General quería hablar conmigo en una cena de empresa familiar.
- Deben haberse equivocado de número.
- Dijo mi nombre: Ernest Abertton. - Sonrió victorioso y guiñó un ojo.
Rose se levantó:
- ¡No!
- Sí", rió, jugueteando con sus labios en una sonrisa divertida.
- ¿Vamos a cenar con el dueño de la mayor empresa farmacéutica del mundo? - Rose se llevó las manos al pecho, haciendo una escena teatral digna de los Oscar, sólo para dejar claro lo mucho que la conmovía - ¿Quiere hacer una sociedad con nuestra concesión de autopistas? - Ella entrecerró los ojos, confusa - ¿Qué tendría que ver nuestra empresa con la suya?
- ¡Quizá quiera volver a fabricarme insulinas! - suspiré, esperanzada.
- ¿Crees que ese hombre sabe que existe la insulina, Olivia? - Rose me miró - Literalmente no le importa el mundo que le rodea. Gabe Clifford tiene suficiente dinero y poder para quitarle la insulina al mundo.
- Y moriría.
Todos me miraron y yo me centré en Rose, sabiendo que en el fondo seguro que deseaba que explotara la insulina del mundo.
- Corazón, por favor, ¡no me hagas llorar! - Papá hizo un mohín, cogiéndome la mano.