Capítulo 9 JOREL Y GABE

POV GABE

¿Qué coño llevaría a una mujer a llevar un vestido naranja a un evento? Había visto a algunas ir de verde oscuro, casi negro, pero ¿naranja? No, nunca había visto a una mujer con un vestido naranja, y menos de ese estilo: suelto, con mangas largas de colores y lleno de volantes al final de la falda. ¿Y los zapatos? Sí, señoras y señores: llevaba unas botas azules brillantes que le llegaban hasta las delgadas rodillas, y el poco de pierna que quedaba entre la tela y la bota demostraba que hacía mucho tiempo que no tomaba el sol.

Chuchu no era tan insípido, inodoro e insignificante. Era un chuchu vestido para el carnaval. Quería llamar la atención de Jorel, así que se dejó el pelo castaño oscuro, que contrastaba con su piel extremadamente clara y fantasmal, cayendo en ondas por sus hombros, cubriendo parte de su pecho, pero sin mostrar sus pechos, que estaban ocultos bajo llave. Posibilidad de verlos antes de la boda: cero.

¿Y por qué coño la hacía reír Jorel? Claro, en la idea de ese cabrón inútil, se follaría a la chica, se pondría como una cuba y luego seguiría follándose a otras. Pero... ¿Y si se enamoraba de Chuchu Palito? Sí, porque Chuchu Palito... Era... Extrañamente atractivo... De una manera que nunca había imaginado.

Mientras me preguntaba de qué coño tenía que reírse y disfrutar aquella chica durante un matrimonio concertado con un ser que se comía todo lo que andaba y tenía coño, se acercó a mí, con firmeza, mirándome fijamente como hacía tiempo que no hacía.

No le asustaba mi nombre ni mi fama. Me miró como si yo fuera el criado que le había abierto la puerta, alguien normal a quien había conocido sin pretensiones en un club nocturno. Di un paso atrás cuando se acercó lo suficiente como para que pudiera oler su perfume dulce y amaderado a la vez. Sí, era la primera vez en mi vida que alguien me hacía ceder el paso y abandonar el lugar temiendo que pasara por encima de mí.

Vi una mano delgada, con dedos finos tan blancos como la tela de mi camisa bajo mi traje Kiton K-5, extendida hacia mí.

- Buenas Noches. Usted debe ser Gabe Clifford. - Sonrió - mi futuro cuñado.

Tragué saliva, sin saber qué decir. Pensé cosas como: ¿Estás loco? ¿Tienes acceso a Internet? ¿Has entendido todo lo que está pasando aquí? ¿Necesitas...? ¿Necesitas que te explique sin rodeos que no eres más que una "nada", tan importante como una lámpara de araña en esta casa? ¿Cómo te atreves a dirigirte a mí sin estar autorizado?

Sus ojos marrones enmarcaban su rostro pequeño y delgado, con nariz respingona y labios carnosos cubiertos de carmín del color de su boca, pero con mucho brillo. Su espeso flequillo le caía sobre la frente, haciéndola parecer aún más frágil de lo que había visto en las fotos.

Olía a vida, a sangre caliente, a madera que quemaría un bosque si se le prendiera fuego. Era... Una invitación al amor para mi hermano, Jorel Clifford.

Por primera vez en mi vida, me equivoqué de camino. Esa mujer sería la perdición de mi hermano. Al bastardo podría gustarle su propia mujer y dejar de ser un putero desvergonzado. Y todavía la entretenía, en vez de ignorarla por completo.

¡Eso era una puta venganza! Estuve a punto de decirle que parara todo y me dejara casarme con el chuchu, el "corazón de papá", para asegurarme de que el trabajo se hacía bien.

El único papel de Jorel era destruir el corazón de la muchacha. Y a mí me pareció que sería justo lo contrario: destruiría la pizca de dignidad que aún conservaba aquella desgraciada.

Miré su mano e hice ademán de decir:

- No cumplo bastardos.

Esperaba cualquier reacción por su parte, excepto una sonrisa irónica:

- Entonces, ¿por qué quieres tener a un bastardo como parte de tu familia? ¡Dudo que no tuvieras mejores opciones! Por lo que sé, fui elegido a dedo.

- ¿Quién te crees que eres? - Apreté el vaso de whisky entre las manos, a punto de romperlo.

- ¿Quién te crees que eres? Aquí no tratas solo. Acepté el matrimonio, pero mi casa aún no tiene un solo mueble. ¿Qué clase de maldito trato es este?

- ¡Dios mío, Olivia! - Su madrastra estaba completamente estupefacta - ¡Ella no es así! Le juro que no sé qué le ha pasado a esta chica, señor Clifford. - Intentó agarrar a Olivia Palito del brazo, pero ésta se soltó y dio unos pasos hacia atrás, con los ojos aún clavados en los míos, mirándome.

Miré a Ernest, que tenía una sonrisa libertina en los labios. No, no ganaría. El "Corazón", como solía llamar a su hija bastarda, se rompería hasta tal punto que no podría soportarlo y se arrepentiría de haber nacido.

Jorel podría incluso haberse interesado de verdad por aquella muchacha insípida, inodora e insignificante. Pero mi hermano lo hacía todo por dinero. Podía manipular a todos y todo con dinero. Y poco sabía el chuchu que sería capaz de dar todo lo que tenía por el sufrimiento de su padre. Y vería el final de Ernest Abertton sentado en una caja, usando a su hija favorita, Olivia, como mi marioneta, o mejor dicho, una marioneta en manos de mi hermano, que como cualquier otro ser humano, era comandado por mí.

                         

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