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Venganza bajo el Altar
img img Venganza bajo el Altar img Capítulo 6 El peso de la ceniza
6 Capítulo
Capítulo 7 El arte del veneno lento img
Capítulo 8 El veneno de la verdad img
Capítulo 9 La semilla de la discordia img
Capítulo 10 Votos de ceniza img
Capítulo 11 La vigilancia de la sangre img
Capítulo 12 El aislamiento del lobo img
Capítulo 13 La furia del cielo img
Capítulo 14 El santuario de la roca| img
Capítulo 15 Traición img
Capítulo 16 El eslabón débil de la cadena img
Capítulo 17 El desierto de la sospecha img
Capítulo 18 El santuario del silencio img
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Capítulo 6 El peso de la ceniza

La suite presidencial de la mansión Vane se sentía como una celda de lujo. El aire acondicionado zumbaba con una eficiencia silenciosa, pero Mila sentía que las paredes se cerraban sobre ella. Se deshizo de sus tacones, sintiendo el frío del suelo de mármol bajo sus pies, mientras Julian conectaba el clonador a una laptop cifrada en su escritorio de ébano.

Julian no la miraba. Su mandíbula estaba tan tensa que parecía tallada en piedra. La elegancia que había mostrado en la gala se había evaporado, dejando atrás al hombre que había pasado veinte años planeando el incendio de su propio hogar.

-Si Graham sospecha, mañana tendremos a Arthur respirándonos en la nuca -dijo Julian sin apartar la vista de la pantalla-. Mi primo es un idiota, pero es un idiota con una necesidad patológica de complacer al abuelo.

-Graham no tiene pruebas -replicó Mila, caminando hacia el ventanal. La lluvia golpeaba los cristales, empañando la vista de los jardines donde, diez años atrás, su vida había terminado-. Además, estaba demasiado ocupado intentando intimidarme con su supuesta herencia. Es predecible.

-Nadie es predecible en esta casa, Mila. Excepto Arthur. Y él solo predice la traición.

Un pitido agudo anunció que el descifrado de los archivos de Marcus Reed había terminado. Mila se acercó al escritorio, su corazón latiendo con una fuerza que le dolía. Julian empezó a abrir carpetas. Números, tablas de costos, registros de materiales... la anatomía del crimen que mató a su padre estaba allí, desplegada en pixeles brillantes.

-Aquí está -susurró Mila, señalando una entrada-. "Proyecto Riverview - Gastos Extraordinarios - Consultoría Externa". Es el mismo monto que supuestamente recibió mi padre en su cuenta de las Islas Caimán. Pero mira la fecha de la transferencia de salida.

Julian frunció el ceño, inclinándose hacia la pantalla.

-Fue tres días antes de que tu padre firmara la aprobación de los materiales.

-Exacto. El dinero salió de las cuentas de Vane Constructors antes de que mi padre supiera siquiera que el acero de baja calidad estaba en el sitio. Marcus Reed y Arthur no solo lo incriminaron; ya habían preparado el escenario antes de que el puente estuviera a medio construir.

Mila sintió una oleada de náuseas. Durante años había imaginado este momento, el momento en que tendría la prueba irrefutable de la inocencia de Andréi Sokolov. Pero tenerla allí, frente a ella, solo hacía que el vacío en su pecho fuera más profundo. Nada de esto le devolvería a su padre.

Julian, sin embargo, se quedó paralizado. Sus dedos dejaron de teclear.

-¿Julian? -preguntó ella, notando su palidez-. ¿Qué pasa?

Él no respondió. Sus ojos estaban fijos en un archivo adjunto dentro de la misma carpeta de "Consultoría Externa". Era un escaneo de una carta escrita a mano, amarillenta y con bordes desgastados. Julian hizo doble clic.

La respiración de Mila se detuvo cuando reconoció la caligrafía elegante y algo errática que Julian le había mostrado una vez en una foto vieja.

-Es la letra de tu madre -susurró Mila.

La carta no era una nota de amor. Era una advertencia.

"Arthur, sé lo que estás planeando con el ingeniero Sokolov. Sé que el puente es solo una distracción para desviar fondos hacia la nueva licitación en el norte. Si sigues adelante con esta farsa, no solo perderás a tu mejor ingeniero; perderás a tu hijo. No dejaré que Julian crezca en una casa cimentada sobre cadáveres. Nos vamos mañana. No intentes detenernos."

La fecha de la carta era el 18 de abril. El día antes del accidente.

El silencio en la habitación se volvió ensordecedor. Julian se echó hacia atrás en su silla, su rostro despojado de toda emoción. Era la máscara que había perfeccionado durante años, pero Mila pudo ver la grieta. Sus manos, apoyadas en los reposabrazos, temblaban de forma casi imperceptible.

-Él no solo la mató porque quería irse -dijo Julian, su voz era un susurro quebrado-. La mató porque ella iba a salvar a tu padre. Ella iba a detener el colapso.

Mila sintió que las lágrimas empezaban a picarle en los ojos. No por ella, sino por el niño que Julian había sido, esperando a una madre que nunca llegó porque intentó ser la única persona con moral en un imperio de buitres.

-Julian, lo siento... -Mila dio un paso hacia él, extendiendo la mano, pero se detuvo antes de tocarlo.

Él se puso de pie bruscamente, derribando la silla de ébano. Caminó hacia el minibar y se sirvió un whisky doble con manos erráticas. Bebió el líquido de un trago, pero el fuego del alcohol no pareció calentar su mirada fría.

-Todo este tiempo -dijo Julian, mirando hacia la pared-, pensé que mi madre era una víctima colateral de su propia debilidad. Arthur me hizo creer que ella era inestable, que su huida fue un acto de cobardía que terminó mal. Pero ella fue valiente. Fue la única que se enfrentó a él.

Se giró hacia Mila, y por primera vez, ella no vio al CEO ni al aliado. Vio a un hombre consumido por una furia tan antigua y profunda que amenazaba con devorarlos a ambos.

-Ahora ya no se trata solo de tu padre, Mila. Ya no se trata de una herencia o de un contrato. -Julian cruzó la habitación, deteniéndose a centímetros de ella. Sus ojos grises eran dos tormentas de ceniza-. Arthur destruyó a las dos únicas personas que amábamos para proteger estos malditos muros.

Mila sostuvo su mirada, sintiendo cómo el odio de Julian se fusionaba con el suyo, creando algo nuevo, algo mucho más peligroso que la simple venganza.

-¿Qué vamos a hacer? -preguntó ella, su voz firme.

-Vamos a acelerar el plan. No voy a esperar un año. Mañana mismo empezaremos a filtrar la información de Marcus Reed de forma anónima a la fiscalía, pero no los archivos principales. Solo lo suficiente para que entren en pánico. Quiero ver a Arthur ver cómo su círculo íntimo se desmorona antes de darle el golpe final.

Julian la tomó por los hombros. Sus dedos se hundieron ligeramente en su piel, pero Mila no se apartó. Estaba hipnotizada por la intensidad de su cercanía.

-Mila, el contrato acaba de cambiar. Ya no eres solo mi prometida de fachada. Eres la única persona en la que puedo confiar para hundir este lugar. Pero necesito que me digas si estás dispuesta a ir hasta el final. Si Arthur se entera de que tenemos esa carta, no habrá abogados que nos salven. Él nos enterrará junto a mi madre.

-Ya estoy muerta por dentro, Julian -respondió ella, levantando la mano para cubrir la de él en su hombro-. Arthur me mató el día que se llevó a mi padre. Lo que queda de mí solo vive para este momento.

Julian bajó la mirada a los labios de Mila. La tensión que había estado hirviendo bajo la superficie desde el momento en que se conocieron en esa oficina oscura finalmente rompió el dique de la lógica. En ese instante, rodeados de pruebas de traición y muerte, el deseo se convirtió en la única forma de sentirse vivos.

Él la besó. Fue un beso violento, cargado de rabia, dolor y una necesidad desesperada de conexión. Mila respondió con la misma intensidad, rodeando su cuello con los brazos, dejando que el olor a whisky y sándalo de Julian borrara por un segundo el olor a polvo y secretos de la mansión.

No fue un beso de amor. Fue un pacto de sangre. Una alianza sellada en el fuego de la pérdida compartida.

Se separaron jadeando, sus frentes apoyadas la una contra la otra en la penumbra de la suite.

-Mañana -susurró Julian contra su piel-. Mañana el imperio empieza a caer.

Mila asintió, su corazón latiendo al unísono con el de él. La venganza ya no estaba "bajo el altar"; estaba en su cama, en sus venas y en el aire que respiraban. Habían firmado un contrato con el diablo, y finalmente estaban listos para reclamar su deuda.

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