Género Ranking
Instalar APP HOT
Una Historia Interminable
img img Una Historia Interminable img Capítulo 5 Tensión
5 Capítulo
Capítulo 7 Obligación y Dolor img
Capítulo 8 De Vuelta al Campus img
Capítulo 9 Distancia img
Capítulo 10 Solo un Amigo img
Capítulo 11 Identidad Falsa img
Capítulo 12 Ella es Mi Todo img
Capítulo 13 El Cactus Andante img
Capítulo 14 Su Casa del Futuro img
Capítulo 15 Encuentro con Fans img
Capítulo 16 Un Ángel Para Mi img
Capítulo 17 Atención img
Capítulo 18 La Advertencia de Rhett img
img
  /  1
img

Capítulo 5 Tensión

Ayla

-¿Dormisteis juntos?

Esa era la décima pregunta de Yuna desde que salimos del apartamento de River. Sinceramente, quería que el suelo del ascensor se abriera y me tragara entera. Yo respondía con frases cortas, pero ella seguía disparando preguntas como una detective con moño desordenado y bolsas de snacks en la mano. Aquello parecía más un interrogatorio policial que una charla entre amigas.

La verdad es que apenas recordaba nada de anoche, salvo haber vomitado delante de River. ¿La parte en la que acabé en su cama? Totalmente borrosa. Lo único que sabía con certeza era que estaba muerta de vergüenza. Nivel máximo de humillación.

-No lo creo -murmuré, bajando la mirada para asegurarme de que aún llevaba toda la ropa puesta.

Yuna entrecerró los ojos como una poli desconfiada y luego soltó un suspiro dramático. Curiosamente, sonrió. Lo cual no era una reacción normal de mejor amiga. Parecía... satisfacción.

Cuando llegamos a la tranquila casa de Yuna, estaba desesperada por aclararlo todo. La versión de River esa mañana no ayudó; si acaso, lo hizo más incómodo.

-Bueno, suéltalo. ¿Qué pasó? -pregunté, abriendo la puerta de su habitación.

-Siéntate primero. Voy a por snacks -respondió con naturalidad, lanzándome unas zapatillas de casa.

-¿Dónde está todo el mundo?

-Mi madre ha llevado a mi hermana pequeña a algún sitio. Mi hermano está en una entrevista en la galería.

Unos minutos después volvió con una bandeja de pastelitos de arroz y dos bebidas frías, recién salida de una llamada con su madre. Me senté con las piernas cruzadas sobre la alfombra, intentando no darle demasiadas vueltas a todo, especialmente a River... o a Rhett.

Si mi móvil no estuviera muerto, Rhett ya lo habría llenado de mensajes. Pero hoy no quería estar localizable. Necesitaba demostrar que podía sobrevivir sin él revoloteando a mi alrededor como una gallina sobreprotectora.

-¿Quieres saber lo que pienso de River? -preguntó Yuna mientras se metía un pastelito de arroz en la boca.

Alcé una ceja. -¿Es del tipo al que hay que tener cuidado? ¿O de los que adoran los desafíos?

Se encogió de hombros. -Por lo que me contaste... parece decente. Pero... -miró al techo como si necesitara reunir valor.

-¿Pero qué?

-Tú... lo besaste, Ayla.

Me atraganté a mitad de bocado, tosiendo con fuerza mientras intentaba tragar y procesar lo que acababa de decir.

-¿Q-qué?!

-Sí. Lo vi anoche. Por cómo hablabais y por la cara que tenía él... lo besaste tú primero. Y ya sabes cómo pueden ponerse los chicos cuando una chica da el primer paso... pero luego no pasa nada más.

El corazón me latía a mil. Nunca había besado a nadie. Ni siquiera en el instituto; estaba demasiado ocupada sobreviviendo y Rhett siempre fue demasiado posesivo como para dejar que nadie se me acercara.

Extrañamente, no me sentía culpable. No como cuando vomité en la cama de River. Si acaso... me sentía un poco feliz. Pero oculté mi sonrisa tonta fingiendo que masticaba.

-¿Parecía una cualquiera? -pregunté.

-Para nada -se rió Yuna-. La verdad, estabas bastante compuesta para alguien que se despertó en la cama de un tío guapísimo.

De repente, el timbre sonó, cortando el momento.

Yuna se levantó y miró hacia las escaleras. -Espera aquí.

-No, voy contigo.

Bajamos juntas y, cuando abrió la puerta...

-Rhett -susurré.

Estaba allí con mis dos primos: Reese y Reid. Los tres parecían tensos, pero solo Rhett entró sin esperar.

-¿Estás bien? Tu móvil está apagado y sabía que- -se detuvo al mirar a Yuna con frialdad.

-Estoy bien -dije, pero él se giró hacia mí y me agarró del brazo.

-Vámonos a casa.

-Rhett, estoy bien. No tienes que-

-Estabas borracha, Ayla. No tenía ni idea de dónde estabas anoche. Yo... estaba preocupado. -Su voz era más suave de lo habitual, extrañamente amable.

No discutí. Puede que me hubiera pasado. Pero aun así... había algo raro en él. No gritaba. No me arrastraba hacia su coche como un loco. Estaba simplemente... calmado. Y, de algún modo, eso hizo que lo siguiera sin oponer resistencia.

Cuando llegamos a casa, me trató como si acabara de salir de urgencias.

-Bebe más agua. Come algo. Y en serio, nada de volver a desmayarte borracha, ¿vale? -dijo, con la misma mirada que pone un padre cuando pilla a su hija jugando bajo la lluvia.

-Vale... -murmuré, demasiado agotada para empezar una pelea.

Al día siguiente, el campus era un caos.

Acababa de bajarme del coche cuando un grupo de estudiantes salió corriendo hacia el edificio sur, junto al lago artificial. Había gritos, revuelo, gente susurrando sobre una pelea.

Movida por la curiosidad, fui tras ellos, directa al gimnasio, donde los gritos eran más fuertes.

-¡Un estudiante de Empresariales ha golpeado a uno de Arquitectura!

-¡Uno es alto, con el pelo negro largo! ¡El otro es rubio y frío como el hielo!

-Son Rhett y River.

El corazón se me cayó a los pies.

Ahora entendía por qué Rhett se había ido tan temprano esa mañana. Me abrí paso entre la multitud hasta ver con claridad... y me quedé paralizada.

River estaba de pie, con sangre cayéndole por la comisura de los labios, pero no se defendía. Rhett, en cambio, parecía un maldito horno: el rostro rojo de rabia, los puños apretados, listo para golpear otra vez.

-¡Rhett, PARA! -grité, corriendo hacia ellos.

Me miró, dándome la oportunidad de ponerme en medio. Me faltaba el aire, tanto por la carrera como por el pánico.

-¡Él no me hizo nada! ¡Para ya!

River exhaló despacio. -Nunca quise hacerle daño a Ayla.

Me giré hacia él y, por un momento, ni siquiera procesé su cara magullada. Sus ojos... parecían más heridos que su boca. Aun así, sostuvo mi mirada. Tranquilo. Sin rabia ni reproche.

Rhett me miró como si lo hubiera traicionado. -Te tocó, Ayla. Se te llevó-

-¡Basta!

Lo miré con firmeza. -Esto no es asunto tuyo.

El gimnasio quedó en silencio.

Entonces River volvió a hablar. -En realidad... -su voz era baja, pesada.

Me giré hacia él.

-¿No te parece raro? -preguntó.

Parpadeé, confundida.

-Es tu primo, ¿verdad? -River esbozó una sonrisa seca, casi triste-. La forma en que actúa contigo... es más que simple protección.

-¡Cierra la maldita boca!

Rhett se lanzó otra vez, pero lo detuve.

-Por favor, para. Me iré contigo. Solo no peleéis. No por mi culpa.

De repente, sentí como si alguien me estrellara un ladrillo contra la cabeza. El dolor era abrasador, extendiéndose como fuego por mi cráneo. Destellos-borrosos, fragmentados-empezaron a inundarme.

Una voz. Gritando mi nombre.

Y entonces... todo se volvió negro.

Anterior
            
Siguiente
            
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022