(Punto de Vista: Noah Darcy – 13 años)
El aire en el despacho se volvió denso, cargado con el olor metálico de la sangre que comenzaba a empapar la alfombra. Yo estaba hundido en la oscuridad del clóset, sintiendo el cuerpo de Thiago temblar violentamente contra el mío. Tayler, a mi lado, tenía los nudillos blancos de tanto apretar el marco de la puerta; sus ojos, fijos en la escena, habían dejado de ser los de un adolescente para convertirse en los de un hombre que acaba de ver el infierno.
Mi padre, Damian, se retorcía en el suelo. Frente a él, Marco, la mano derecha de Lucas Sterling, sostenía el arma con una indiferencia que me quemaba las entrañas.
-¡Yo no las toqué, Marco! ¡Dile a Lucas que mienten! ¡Éramos hermanos de sangre! -suplicó mi padre, con la voz ahogada.
Marco no mostró ni un ápice de duda. Dio un paso adelante, su sombra cubriendo el cuerpo herido de mi padre.
-Lucas no escucha súplicas, Damian. Escucha a sus hijas. Una de las trillizas lo señaló directamente a la cara. Dijo que tú las sacaste de la mansión. Y las niñas Sterling... ellas no mienten. Son su palabra sagrada. Lo que una dice, las tres lo sostienen.
-¡Son niñas! ¡No saben lo que dicen! -gritó mi padre, intentando alcanzar la bota de su ejecutor.
Marco soltó una risa seca, un sonido que se quedaría grabado en mis pesadillas para siempre.
-Ya es tarde. Y no te preocupes por Leticia. Ella ya desapareció del mapa, igual que vas a hacerlo tú en unos segundos. Digamos que ha encontrado un "mejor postor" para sus encantos. Lucas tiene mucho más que ofrecer que un hombre muerto.
-¿Qué...? ¿Leticia? -El rostro de mi padre se desmoronó. La traición de nuestra madre dolió más que la bala en su pierna.
-Adiós, Damian.
Puff.
El silenciador escupió fuego. Vi el cuerpo de mi padre dar un último espasmo antes de quedar inmóvil. Vi a Marco limpiar el cañón de su arma, dar media vuelta y salir del despacho con la frialdad de quien acaba de cumplir un trámite de oficina.
Nos quedamos en silencio. Un silencio sepulcral que solo era roto por la respiración entrecortada de mis hermanos. En ese momento, el Noah que creía en la justicia murió junto a mi padre.
Miré a Tayler y luego a Thiago. El odio empezó a fluir por mis venas como ácido. No me importaba cuál de las tres había mentido. No me importaba quién había señalado con el dedo. Para mí, las tres eran una sola entidad. Una sola marca de maldición.
Ámbar, Mar y Emma.
Las "Princesas de la Mafia". Las joyas de la corona de Lucas Sterling.
-Escúchenme bien -susurré, mi voz sonando extraña, gélida, poseída por un rencor que nos consumiría durante la próxima década-. Algún día, ellas van a llorar la misma sangre que nuestro padre está derramando hoy. Les quitaremos la dignidad, les quitaremos el apellido y les romperemos el corazón antes de arrancarles el alma.
Miré hacia la puerta por donde Marco se había ido, visualizando el rostro de Lucas y sus tres herederas.
-Lucas las adora... y por eso, serán ellas las que paguen su cuenta. Las tres van a caer. Una por una. Lo juro por la sangre de mi padre