-Entonces, Emma... -Mar dio un sorbo a su batido verde con una mueca de superioridad-. Supongo que después de tres años de vacaciones pagadas en Suiza, al menos habrás pensado qué vas a hacer con tu vida además de gastar el cupo de las tarjetas de papá.
Emma jugueteaba con un mechón de su cabello rojizo, pero sus ojos estaban fijos en la ventana. No, no en la ventana. Estaban fijos en la figura de Thiago, que seguía afuera hablando con un par de compañeros. Una sonrisa lenta y traviesa se dibujó en sus labios, haciendo que las pequeñas pecas de su nariz se movieran.
-Oh, ya lo tengo decidido -dijo Emma con esa voz de seda-. Voy a estudiar lo que sea necesario para estar cerca de él. Esos ojos ámbar me han dado más inspiración que todos los Alpes suizos.
Mar casi se atraganta con su batido y Ámbar soltó una risita seca, ajustándose las gafas.
-Él estudia medicina, Emma -dijo Mar, recuperando el aire-. Tendrías que abrir cadáveres y leer libros más gruesos que tu catálogo de zapatos. No duras ni un día en el laboratorio de anatomía.
Emma miró el libro de medicina que Mar tenía sobre la mesa. Vio el dibujo de un fémur seccionado y arrugó la nariz con un gesto de asco tan exagerado que fue casi cómico.
-¡Puaj! Ni hablar. Sangre, tripas y gente enferma... eso es muy de tu estilo, Mar -Emma desvió la mirada hacia Ámbar-. ¿Y leyes? Por favor, Ámbar, leer leyes es como leer el manual de instrucciones de un microondas, pero en mil páginas. Lo odio.
-Bueno, algo tienes que hacer -insistió Ámbar con tono maternal-. Papá no va a permitir que solo seas una "cara bonita" en las galas de caridad este año.
Emma se enderezó, dándose aires de importancia y alisando su falda de Chanel.
-Estudiaré Diseño -anunció con orgullo-. Moda, gráfico, industrial... todo lo que implique que el mundo sea menos gris y más... bueno, más como yo. Además, el edificio de Bellas Artes está justo frente al de Medicina. Podré ver a mi "bombón" salir de sus clases de cadáveres.
El ambiente era ligero, casi divertido, hasta que Ámbar bajó la voz y la atmósfera se volvió densa de repente.
-¿Y cómo fue... el final en el internado? -preguntó Ámbar con cautela-. Papá estuvo muy hermético con el motivo real de tu regreso anticipado.
Vi cómo la espalda de Emma se tensaba al instante. Sus dedos dejaron de jugar con su cabello y se cerraron en un puño sobre la mesa. El brillo travieso de sus ojos se apagó, reemplazado por una sombra fría y antigua.
-El internado quedó en el pasado, Ámbar -respondió Emma, su voz ahora era cortante, desprovista de toda emoción-. Lo que pasó en Suiza se queda en Suiza. No quiero volver a oír hablar de ese lugar.
Hubo un silencio incómodo. Incluso Mar pareció notar que había tocado un nervio expuesto. Para romper la tensión, Emma giró la cabeza y, por primera vez, me miró directamente. Sus ojos café claro se clavaron en los míos a través de mis gafas de sol. Una sonrisa burlona, casi cruel, volvió a su rostro.
-Y hablando de cosas molestas... -Emma señaló hacia mí con un gesto elegante de su barbilla-. Veo que ustedes dos finalmente admitieron que no pueden cuidarse solas. ¿Quién es la niñera de traje barato que las sigue? ¿Es nuevo? ¿O es otro de los juguetes de papá para vigilarlas?
Mar soltó una carcajada estridente, disfrutando del momento.
-Oh, no te confundas, hermanita -dijo Mar, inclinándose hacia ella con malicia-. Él no es para nosotros. Ámbar tiene su propia seguridad y yo prefiero mi libertad. Ese hombre ha sido contratado específicamente para ti. Es tu sombra personal. Tu guardián las veinticuatro horas.
Emma abrió mucho los ojos. Se llevó una mano al pecho y se dejó caer hacia atrás en la silla, fingiendo un desmayo tan dramático que atrajo la atención de toda la cafetería.
-¿Para mí? -exclamó, casi sin aliento-. ¿Papá cree que necesito un perro guardián? ¡Esto es un insulto! ¡Un ultraje a mi autonomía! ¡Soy una Sterling, no una prisionera!
-Papá dice que tu "carácter" es un imán para los problemas, Emma -añadió Ámbar con una sonrisa de disculpa.
Emma recuperó la postura en un segundo, clavando su mirada en mí de nuevo. Me analizó como si fuera un bicho molesto que acababa de encontrar en su zapato de marca.
-Así que... Noah, ¿verdad? -dijo mi nombre como si fuera un insulto-. Escúchame bien, "niñera". Mi padre te pagará para que me mires, pero yo te pagaré con mi desprecio si intentas decirme qué hacer. Espero que seas bueno ignorando cosas, porque mi vida no es apta para gente con moral aburrida.
Me mantuve impasible, aunque por dentro la rabia bullía. Si supiera que la única razón por la que no le apartaba la vista era porque estaba contando los días para verla caer.
-Mi trabajo es asegurar que llegue viva al final del día, señorita Sterling -dije con voz monótona-. Sus amenazas y sus dramas son... ruido de fondo para mí.
Las tres hermanas se quedaron calladas un segundo. Luego, de la nada, estallaron en una carcajada conjunta, una complicidad que me erizó los pelos de la nuca. Eran un frente unido de cinismo y belleza.
-Me gusta -dijo Emma, poniéndose en pie y recogiendo su bolso rosa-. Tiene espinas. Vamos, chicas, tengo una universidad que conquistar y un guardaespaldas que volver loco. Noah, muévete. El coche no se va a conducir solo y odio esperar.
Caminó hacia la salida con ese andar de dueña del mundo, seguida por sus hermanas. Mientras las seguía, no pude evitar pensar en el internado. ¿Qué secreto guardaba la "versión rosa" de Lucas Sterling? ¿Qué la hacía tensarse de esa forma?
"No importa", me recordé a mí mismo. "Sea lo que sea, lo usaré para destruirte".