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El Precio de tu Piel El contrato con Tyler Black
img img El Precio de tu Piel El contrato con Tyler Black img Capítulo 3 La farsa perfecta
3 Capítulo
Capítulo 6 : Seda y espinas img
Capítulo 7 La tinta de la traición img
Capítulo 8 Votos de ceniza img
Capítulo 9 El fantasma del pasado img
Capítulo 10 Verdades borrosas img
Capítulo 11 El peso de las consecuencias img
Capítulo 12 Sangre bajo la seda img
Capítulo 13 Cicatrices en el silencio img
Capítulo 14 Propiedad exclusiva img
Capítulo 15 El peso del silencio img
Capítulo 16 El precio de la súplica img
Capítulo 17 El ángel de las sombras img
Capítulo 18 El ángel de las sombras img
Capítulo 19 El límite de la resistencia img
Capítulo 20 El eco de la verdad img
Capítulo 21 La armadura de hielo img
Capítulo 22 El control que se deshace img
Capítulo 23 El abismo del aire img
Capítulo 24 La piel del fantasma img
Capítulo 25 Deudas de piel y fuego img
Capítulo 26 El control de la sangre img
Capítulo 27 El examen de la propiedad img
Capítulo 28 El eco del silencio img
Capítulo 29 El derecho a mi propio dolor img
Capítulo 30 La rendición de la piel img
Capítulo 31 Sangre sobre seda img
Capítulo 32 El sabor de la pólvora y el vino img
Capítulo 33 Retazos de una vida rota img
Capítulo 34 El último aliento de una rata img
Capítulo 35 El pasillo sin fin img
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Capítulo 3 La farsa perfecta

El grito que intentó escapar de mi garganta murió ahogado bajo la mano de Tyler. Mi corazón latía tan fuerte que pensé que iba a romperse las costillas. Me debí desmayar por un segundo, porque cuando abrí los ojos de nuevo, su mano ya no estaba en mi boca. Él me sostenía con firmeza por el brazo, arrastrándome fuera del estudio.

-No vuelvas a entrar ahí -dijo con voz baja y peligrosa, sin rastro de la furia que acababa de asustarme-. Si valoras tu vida en esta casa, mantente alejada de mis asuntos. ¿Entendido?

Asentí con la cabeza, incapaz de hablar. Mis ojos seguían fijos en la puerta del estudio, donde la imagen de esas fotografías y la nota sangrienta aún quemaban en mi retina. ¿Por qué me vigilaba? ¿Qué tenía que ver el incendio de los muelles conmigo?

Tyler me soltó con brusquedad. -Vístete. Tenemos una imagen que mantener. Y tú, querida "esposa", eres mi mejor accesorio.

La mañana siguiente fue un torbellino. No hubo tiempo para procesar el shock. Tyler ya se había ido cuando desperté, pero una maquilladora y una estilista me esperaban en el salón. Me vistieron con un elegante vestido azul cobalto que acentuaba mis curvas, me peinaron en un sofisticado moño y cubrieron mis ojeras con maquillaje profesional. Cuando me miré al espejo, vi a una extraña: una mujer hermosa y perfecta, pero con la mirada de una prisionera.

-Señorita Brown... disculpe, señora Black -dijo la estilista con una sonrisa-, está lista. El chofer la espera.

Mientras bajaba al vestíbulo de la Torre Black, el pánico volvió a invadirme. Decenas de flashes de cámaras explotaron en mis ojos, y un enjambre de periodistas gritaba preguntas. Reconocí a Silas, el chofer, quien me guio a través de la multitud hasta donde Tyler esperaba.

Él estaba impecable, como siempre. Su traje oscuro parecía hecho para un rey. Extendió una mano hacia mí con una pequeña sonrisa en los labios. Una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Una sonrisa para las cámaras. La tomé, y su agarre fue firme y posesivo.

-Damas y caballeros, gracias por venir -la voz de Tyler era tan potente que acalló a la multitud-. Me complace anunciar que la señorita Amber Brown y yo hemos contraído matrimonio. Nuestra unión, aunque repentina, es el resultado de un amor profundo y una visión compartida para el futuro de Black Industries.

"¿Amor profundo?" Quise reír o gritar. Lo miré, tratando de encontrar alguna señal de que todo era una broma. Pero sus ojos azules eran un muro impenetrable.

La rueda de prensa fue una tortura. Tyler respondió cada pregunta con una elocuencia perfecta, tejiendo una historia de amor idílica que ninguno de los dos había vivido. Me preguntaron sobre nuestros planes de luna de miel, sobre cómo me sentía siendo la esposa del hombre más poderoso de la ciudad. Yo solo pude sonreír y asentir, con mi mano firmemente entrelazada a la suya.

Cuando finalmente regresamos al penthouse, el silencio era ensordecedor. Me quité los tacones, sintiendo mis pies doloridos.

-Lo hiciste bien, Amber -dijo Tyler, quitándose el saco. Su voz era plana, sin emoción alguna.

-¿Lo hice bien? ¡Me sentí como una marioneta! -exploté, sintiendo la frustración burbujear-. ¿Crees que es fácil sonreír mientras mientes a la cara de todos?

Él se giró, sus ojos ardiendo de nuevo. -No te pedí que fuera fácil. Te pedí que fueras una esposa. Y en esta casa, mi palabra es ley. ¿Acaso no te quedó claro con el contrato?

-¡El contrato no decía que tenías fotos mías ni que me ibas a manipular con un pasado que ni siquiera recuerdo!

Tyler dio un paso hacia mí, su rostro se oscureció. -Si empiezas a hacer preguntas, Amber, las respuestas podrían no gustarte.

-¡Ya basta de amenazas! -mi voz tembló, pero el cansancio me dio un valor inesperado-. Dime qué te hice, Tyler. Dime qué pasó hace diez años en los muelles.

Él me miró fijamente, y por un instante, vi un destello de algo que no era odio ni frialdad. Era dolor. Un dolor tan profundo que me sorprendió.

-Te contaré lo que pasó en los muelles -dijo con una voz casi inaudible-. Pero no aquí. No hoy.

Me tomó por la muñeca y me arrastró hacia la puerta de una habitación que yo no había notado. Era la habitación principal. La cama era inmensa, cubierta con sábanas de seda oscura. Mi respiración se cortó.

-Esta es tu habitación ahora, Amber -dijo, empujándome suavemente dentro-. Y también es la mía.

Mi corazón dio un vuelco.

-Pero el contrato... la cláusula de no contacto físico...

Tyler sonrió, una sonrisa lenta y peligrosa que me erizó la piel. Sus ojos no dejaban los míos.

-El contrato prohíbe el contacto "no consensuado" -dijo, acercándose a mí-. Pero los esposos duermen juntos, ¿no crees? Y no te preocupes, no hay un "no" en tu vocabulario que yo vaya a aceptar esta noche.

Mis ojos se abrieron de par en par. Este no era solo un matrimonio por contrato. Era una prisión. Y esta noche, el carcelero había decidido que no dormiría sola.

-¿Qué... qué vas a hacer? -logré susurrar, retrocediendo hasta que la cama tocó mi espalda.

Tyler se inclinó, su aliento cálido contra mi piel, y susurró una sola palabra:

-Recuperar lo que es mío.

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