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El Precio de tu Piel El contrato con Tyler Black
img img El Precio de tu Piel El contrato con Tyler Black img Capítulo 4 El borde del abismo
4 Capítulo
Capítulo 6 : Seda y espinas img
Capítulo 7 La tinta de la traición img
Capítulo 8 Votos de ceniza img
Capítulo 9 El fantasma del pasado img
Capítulo 10 Verdades borrosas img
Capítulo 11 El peso de las consecuencias img
Capítulo 12 Sangre bajo la seda img
Capítulo 13 Cicatrices en el silencio img
Capítulo 14 Propiedad exclusiva img
Capítulo 15 El peso del silencio img
Capítulo 16 El precio de la súplica img
Capítulo 17 El ángel de las sombras img
Capítulo 18 El ángel de las sombras img
Capítulo 19 El límite de la resistencia img
Capítulo 20 El eco de la verdad img
Capítulo 21 La armadura de hielo img
Capítulo 22 El control que se deshace img
Capítulo 23 El abismo del aire img
Capítulo 24 La piel del fantasma img
Capítulo 25 Deudas de piel y fuego img
Capítulo 26 El control de la sangre img
Capítulo 27 El examen de la propiedad img
Capítulo 28 El eco del silencio img
Capítulo 29 El derecho a mi propio dolor img
Capítulo 30 La rendición de la piel img
Capítulo 31 Sangre sobre seda img
Capítulo 32 El sabor de la pólvora y el vino img
Capítulo 33 Retazos de una vida rota img
Capítulo 34 El último aliento de una rata img
Capítulo 35 El pasillo sin fin img
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Capítulo 4 El borde del abismo

El silencio en la habitación principal era tan pesado que podía escuchar los latidos desbocados de mi propio corazón. Tyler se mantenía allí, de pie, observándome como un depredador que ya ha acorralado a su presa y decide saborear el momento antes del golpe final.

-¿Qué... qué significa eso de "recuperar lo que es tuyo"? -mi voz salió más quebrada de lo que pretendía.

Él no respondió. En su lugar, comenzó a desabotonarse la camisa con una lentitud tortuosa. Sus ojos nunca abandonaron los míos. Cada botón que cedía revelaba más de su torso firme, de una piel bronceada que escondía una fuerza peligrosa. Cuando terminó, dejó caer la prenda al suelo y dio un paso hacia la cama.

Me encogí, hundiéndome en el colchón de seda.

-No me toques -susurré, aunque mi cuerpo parecía traicionarme, encendiéndose bajo su mirada.

Tyler soltó una risa baja, un sonido que vibró en el aire frío de la habitación. Se arrodilló en la cama, gateando hacia mí con una agilidad felina. Su peso hizo que el colchón se hundiera, obligándome a rodar hacia él.

-¿Tienes miedo, Amber? -su mano se cerró sobre mi tobillo, su pulgar acariciando la piel sensible justo encima de mi pie. El contacto me envió una descarga eléctrica que me recorrió toda la columna.

-Dije que no -repetí, pero mis manos, en lugar de empujarlo, se aferraron a las sábanas.

-Tu boca dice no, pero tu pulso me está contando una historia muy diferente -se inclinó sobre mí, atrapándome entre sus brazos. Podía oler su perfume: una mezcla de tormenta, madera y algo puramente masculino que me mareaba.

Bajó la cabeza, su nariz rozando la curva de mi cuello. Cerré los ojos, esperando lo peor... o quizás, lo inevitable. Sentí sus labios rozar mi oreja, pero no me besó.

-Relájate -susurró, su aliento caliente haciéndome estremecer-. No voy a romper mi contrato todavía. No sería divertido ganar tan pronto.

Se alejó un poco, lo suficiente para mirarme de nuevo. Con un movimiento rápido, me tomó por la cintura y me giró, obligándome a quedar de espaldas a él. Su pecho quedó pegado a mi espalda, y su brazo rodeó mi cintura, apretándome contra su cuerpo sólido.

-¿Qué estás haciendo? -pregunté, sintiendo que el aire me faltaba.

-Dormir. Es lo que hacen los esposos, ¿no? -su voz era ahora tranquila, casi aburrida, pero su mano no dejaba de jugar distraídamente con un mechón de mi cabello-. Pero no te equivoques. No estoy aquí porque te quiera cerca. Estoy aquí para que cada vez que cierres los ojos, recuerdes quién es tu dueño.

Sentí sus dedos descender por mi cuello, recorriendo la línea de mi columna con una suavidad agonizante. Cada vez que su piel rozaba la mía, yo contenía el aliento, esperando que sus manos bajaran más, que hicieran algo... pero no lo hacía. Simplemente jugaba con el borde de mi vestido, trazando patrones invisibles sobre la tela, manteniéndome en un estado de alerta total.

-Duerme, Amber -ordenó.

-No puedo dormir así...

-Aprenderás. Tienes trescientos sesenta y cuatro días más para acostumbrarte.

Pasaron los minutos. El calor de su cuerpo me envolvía como una manta de fuego. Justo cuando pensé que finalmente se había quedado dormido, sentí que su mano se detenía sobre mi cadera. Sus dedos se enterraron ligeramente en mi piel.

-Amber -dijo mi nombre por primera vez sin rastro de burla.

-¿Qué?

-No intentes escapar en medio de la noche. Silas está en la puerta, y las cámaras están en todas partes. Ahora eres parte de este penthouse. Eres parte de mi colección.

Su voz sonó oscura, casi posesiva. Me quedé inmóvil, mirando la oscuridad de la habitación. Él no se movió más, pero su cercanía era una tortura psicológica. Me estaba demostrando que podía tenerme tan cerca como quisiera sin necesidad de usar la fuerza, simplemente jugando con mi cordura.

Justo antes de que el cansancio me venciera, algo cayó de la mesa de noche de Tyler. Era un objeto pequeño que él había dejado ahí antes de acostarse.

Con mucho cuidado, estiré la mano mientras su respiración se volvía pesada y rítmica detrás de mí. Mis dedos rozaron un metal frío. Era el dije de plata que me había quitado antes.

Pero al darle la vuelta bajo la tenue luz de la luna que entraba por la ventana, vi algo que no estaba ahí antes. En el reverso del dije, alguien había grabado una fecha.

12 de Mayo.

El día del incendio. Pero debajo de la fecha, había un nombre que me hizo querer gritar, un nombre que yo conocía muy bien pero que no pertenecía a Tyler.

Escuché que Tyler se movía detrás de mí y cerré los ojos rápidamente, escondiendo el dije en mi mano.

-Sé que estás despierta -susurró él en la oscuridad, y su mano se cerró posesivamente sobre la mía-. Y sé lo que tienes en la mano. ¿Quieres saber de quién era ese nombre, verdad?

Sentí su sonrisa contra mi nuca, una sonrisa que me prometía que mi pesadilla acababa de empezar.

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