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El Precio de tu Piel El contrato con Tyler Black
img img El Precio de tu Piel El contrato con Tyler Black img Capítulo 5 La marca del dueño
5 Capítulo
Capítulo 6 : Seda y espinas img
Capítulo 7 La tinta de la traición img
Capítulo 8 Votos de ceniza img
Capítulo 9 El fantasma del pasado img
Capítulo 10 Verdades borrosas img
Capítulo 11 El peso de las consecuencias img
Capítulo 12 Sangre bajo la seda img
Capítulo 13 Cicatrices en el silencio img
Capítulo 14 Propiedad exclusiva img
Capítulo 15 El peso del silencio img
Capítulo 16 El precio de la súplica img
Capítulo 17 El ángel de las sombras img
Capítulo 18 El ángel de las sombras img
Capítulo 19 El límite de la resistencia img
Capítulo 20 El eco de la verdad img
Capítulo 21 La armadura de hielo img
Capítulo 22 El control que se deshace img
Capítulo 23 El abismo del aire img
Capítulo 24 La piel del fantasma img
Capítulo 25 Deudas de piel y fuego img
Capítulo 26 El control de la sangre img
Capítulo 27 El examen de la propiedad img
Capítulo 28 El eco del silencio img
Capítulo 29 El derecho a mi propio dolor img
Capítulo 30 La rendición de la piel img
Capítulo 31 Sangre sobre seda img
Capítulo 32 El sabor de la pólvora y el vino img
Capítulo 33 Retazos de una vida rota img
Capítulo 34 El último aliento de una rata img
Capítulo 35 El pasillo sin fin img
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Capítulo 5 La marca del dueño

-Dámelo -la voz de Tyler no fue un ruego, sino un comando que cortó el aire de la habitación.

Sentí su mano grande y cálida envolver la mía, forzando mis dedos a abrirse. El metal frío del dije, ese que ahora escondía un nombre que no debía estar ahí, fue arrancado de mi palma. Me giré bruscamente, quedando frente a él en la penumbra de la cama.

-¿De quién es ese nombre, Tyler? ¿Por qué estaba grabado bajo mi dije? -mi voz temblaba de indignación y miedo.

Él guardó la joya en el cajón de su mesa de noche y cerró con llave. El "clic" sonó como un disparo.

-Dije que duermas, Amber. Mañana empieza tu nueva realidad y no quiero que des lástima con ojeras frente a las cámaras -se dio la vuelta, dándome la espalda con una indiferencia que me dolió más que un insulto-. No vuelvas a tocar mis cosas. Es la última advertencia.

Me quedé mirando su espalda ancha, odiándolo con cada fibra de mi ser, hasta que el agotamiento me venció.

A la mañana siguiente, no hubo caricias de buenos días. Me despertó el sonido de unos papeles cayendo sobre mi almohada. Tyler ya estaba vestido, impecable en un traje gris marengo, ajustándose los gemelos de oro.

-Reglas -dijo secamente-. Para que no olvides cuál es tu lugar en este contrato mientras estemos fuera de estas paredes.

Tomé las hojas con las manos entumecidas. Mis ojos escanearon los puntos:

Cualquier contacto físico iniciado por el esposo en público debe ser correspondido sin vacilación.

No se permiten llamadas privadas ni visitas a la familia Brown sin autorización previa

En eventos sociales, la esposa debe actuar como el trofeo más preciado de Black Industries.

Cualquier mención al pasado o al contrato fuera del penthouse resultará en la ejecución inmediata de la deuda del padre.

-¿Un trofeo? ¿Eso es lo que soy para ti? -le espeté, lanzando las hojas a un lado.

-Eres lo que yo pagué para que fueras -respondió él, acercándose para sujetar mi mentón con fuerza-. Prepárate. Tenemos un almuerzo en el Club de Yates. El mundo tiene que ver lo "enamorados" que estamos antes de que el vestido de novia esté listo.

El Club de Yates olía a perfume caro y a hipocresía. Tyler me llevaba de la cintura, su mano quemando a través de la tela de mi vestido, saludando a socios con una sonrisa de tiburón. Me sentía como un animal de exhibición.

-Necesito ir al tocador -le susurré, sintiendo que la máscara de felicidad se me resbalaba.

-Cinco minutos, Amber. No me hagas ir a buscarte.

Entré al baño de damas, un santuario de mármol rosa y espejos dorados. Me apoyé en el lavabo, respirando hondo, tratando de no dejar que las lágrimas arruinaran el rímel. Entonces, escuché las risas desde los cubículos.

-¿Viste a la pequeña Brown? Pobre "caza fortunas" -dijo una voz chillona que reconocí como la hija de un banquero-. Su padre arruinó la empresa y ella no tardó ni un segundo en abrirle las piernas al hombre que los hundió.

-Es patético -respondió otra, entre risitas-. Los Brown siempre fueron unos muertos de hambre con pretensiones. Ahora ella es solo la mascota de Tyler Black. Él la desechará en cuanto se canse de su cara bonita. Me pregunto cuánto le habrá pagado por el "favor" de casarse.

El aire se me escapó de los pulmones. "Caza fortunas". "Mascota". Las palabras me golpearon como bofetadas físicas. Quería salir de ahí, gritarles que no sabían nada, que lo hacía por salvar a mi padre... pero recordé la regla número cuatro. Si causaba un escándalo, mi padre iría a la cárcel.

Me tragué el nudo de mi garganta, me puse un poco más de labial y me obligué a mirar mi reflejo con frialdad. Sé una Black, aunque sea mentira, me dije.

Salí del baño con la cabeza en alto. Tyler me esperaba apoyado en la pared, consultando su reloj. Al verme, sus ojos recorrieron mi rostro, deteniéndose un segundo de más en mis ojos ligeramente enrojecidos.

-¿Lista? -preguntó, su voz un poco menos dura de lo habitual.

-Vámonos de aquí -respondí con voz plana.

Él no hizo preguntas, pero cuando salimos al estacionamiento, no me guio hacia el auto que nos trajo. Una limusina negra nos esperaba.

-¿A dónde vamos? El almuerzo no ha terminado -dije confundida.

Tyler abrió la puerta y me indicó que entrara. Una vez dentro, se sentó frente a mí, observándome con esa intensidad que me ponía nerviosa.

-El almuerzo fue solo una distracción para los fotógrafos -dijo, y por primera vez, noté un destello de algo parecido a la expectación en sus ojos-. Es hora de la siguiente fase del contrato, Amber.

-¿Qué fase?

-La prueba de tu vestido de novia. El diseñador más exclusivo de la ciudad nos espera. Mañana es la boda, y quiero que el mundo vea exactamente qué es lo que me pertenece.

Mi corazón dio un vuelco. La boda. El evento que sellaría mi destino para siempre.

-Tyler... ¿por qué tanta prisa? -susurré.

Él se inclinó hacia adelante, invadiendo mi espacio personal, y tomó mi mano, apretándola hasta que dolió un poco.

-Porque cuanto antes seas mi esposa ante la ley, antes podré empezar a cobrarme cada una de las deudas que tu familia me debe. Y créeme, Amber... el vestido es solo el principio del espectáculo.

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