Género Ranking
Instalar APP HOT
Prohibida para el Heredero de la Mafia
img img Prohibida para el Heredero de la Mafia img Capítulo 3 Dmitri
3 Capítulo
Capítulo 6 La cena img
Capítulo 7 Lo que encontré en la biblioteca img
Capítulo 8 La verdad de medianoche img
Capítulo 9 El peso de saber img
Capítulo 10 Lo que Alekséi no dice img
Capítulo 11 Nadia mueve sus fichas img
Capítulo 12 El entrenamiento img
Capítulo 13 El nombre del enemigo img
Capítulo 14 Seis semanas img
Capítulo 15 La fiesta de los Petrov img
Capítulo 16 Lo que no debía ver img
Capítulo 17 El entrenador img
Capítulo 18 Lo que Grigori sabe img
Capítulo 19 La idea de Irina img
img
  /  1
img

Capítulo 3 Dmitri

Mi padre había envejecido.

Era la primera cosa que pensé cuando entré a su habitación a las diez de la mañana y lo vi sentado en la silla junto a la ventana, envuelto en una bata de terciopelo oscuro con el periódico abierto sobre las rodillas. Dmitri Volkov había sido siempre un hombre imponente, el tipo de persona que entraba a una habitación y hacía que el aire cambiara. Ahora tenía setenta y dos años, y aunque su mirada era igual de penetrante, había algo en como se movía al levantarse para recibirme que me dijo que el cuerpo ya no le respondía igual.

-Mi pequeña Misha -dijo.

El seudónimo con el que me llamaba de niña me rompió por dentro.

Me abracé a él más fuerte de lo que había planeado. Olía a tabaco y a cedro, igual que siempre. Ese olor lo había asociado con seguridad desde los tres años, desde la noche que no recordaba pero que me habían contado: la noche en que Dmitri Volkov me había sacado de una situación que no comprendía y me había traído a esta mansión y me había dicho "esta es tu casa".

-¿Cómo te sientes papá? -pregunté.

-Estaré mejor ahora que estás aquí -dijo, con un tono de voz orgulloso que no era solo el orgullo de padre, parecía alivio.

Nos sentamos. Me miró durante un rato con mucha atención, que era su manera de conectarse con las personas.

-Has crecido -dijo.

-Han pasado ocho años, papá.

-Si, lo sé. Fui el responsable de esa distancia, Misha. Y te pido que lo entiendas aunque no pueda explicarte todo todavía.

-¿Por qué no puedes explicarme todo?

Me miró.

-Porque hay cosas que necesito que conozcas de la forma correcta, en el momento correcto. -Su voz era tranquila pero grave-. Lo que puedo decirte es que todo lo que hice, incluido mantenerte lejos, lo hice para protegerte.

-¿De qué papá?

-De los mismos que me pusieron en esta silla antes de tiempo.

El silencio que siguió tenía peso.

-¿Estás en peligro? -pregunté.

-Siempre he estado en peligro -dijo con una simpleza que heló-. La diferencia es que ahora el peligro está más cerca. Y tú eres parte de la ecuación de una manera que mereces entender, aunque todavía no sea el momento.

-Eso no es una respuesta papá.

-No. Pero es todo lo que tengo por ahora.

Hablamos durante una hora. De Ginebra, de mis estudios terminados, de los años que habían pasado. Dmitri me escuchaba como siempre, con atención, haciendo preguntas específicas, recordando detalles que yo le había contado en llamadas de hace años. Era un hombre que guardaba todo lo importante.

Cuando me preparaba para irme, me tomó la mano.

-¿Alekséi sabe que estás aquí? -preguntó.

-Si. Desayunamos juntos.

Algo en la expresión de Dmitri cambió.

-¿Cómo te recibió tu hermano?

"Hermanastro" quise corregir, pero me callé la boca.

-Educado -dije, que era la versión correcta-. Frío. Eficiente.

-Es un buen hombre -dijo Dmitri.

-No lo dudo. Pero no es el chico que recuerdo.

-No. -Su voz bajó un tono-. La vida que ha tenido estos años no deja espacio para ser el chico que fue. Pero sigue estando ahí hija, debajo de todo lo que tuvo que construir encima.

Me quedé con esa frase mientras caminaba por el corredor de vuelta a mi habitación.

"Debajo de todo lo que tuvo que construir encima."

Básicamente una persona enterrada bajo su propio blindaje.

Pasé frente al despacho de Alekséi. La puerta estaba entornada. Escuché voces dentro, varias, el tono de una reunión.

Pasé de largo pero alcancé a ver, en el segundo en que la puerta coincidió con mi ángulo de visión, él estaba sentado a la cabecera de la mesa: con esa postura que no era tensión sino control, escuchando a alguien hablar con los dedos entrelazados sobre la mesa y los ojos mirando al frente con la concentración de un hombre que calcula todo mientras parece no calcular nada.

Seguí caminando.

Las preguntas que Dmitri no me había respondido eran muchas.

Pero la más urgente, la que más me perturbaba, no tenía que ver con el peligro ni con los enemigos ni con los secretos que el hombre que me crio, me prometía revelar a su tiempo.

Tenía que ver con los ojos grises de un heredero frío que me había mirado esta mañana con esa expresión que nota algo que no esperaba notar.

Y con el hecho de que yo también lo había notado a él.

Anterior
            
Siguiente
            
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022