Acto seguido, se quitó los zapatos y se puso sus pantuflas, pero no se atrevió a acercarse a él; se quedó inmóvil, como si estuviera clavada al suelo.
Trevor estaba peinado de forma impecable y aún vestía su traje oscuro; sus facciones, que parecían talladas con un cuchillo afilado, lo hacían lucir como un ser arrogante e inaccesible. Con un gesto de indiferencia, estiró sus delgados dedos para entregarle algo a Charley: se trataba de una tarjeta dorada. Luego le dijo con frialdad: "Esta tarjeta tiene un millón de dólares, supongo que será suficiente para que tu abuela pueda someterse a varias operaciones. Lo único que te pido a cambio es que no vuelvas a avergonzarme en público, porque la próxima vez que excedas los límites, yo también cruzaré los míos sin tener en cuenta nuestra relación. Estás advertida".
Charley palideció y luego se llenó de ira ante el gesto de Trevor, quien arrojó la tarjeta bancaria con desdén sobre la mesa de té, haciéndola sentir como si todo esto se tratara de un acto de caridad.
Si estaba claro que no había sentimientos entre ellos y que su matrimonio era sencillamente un contrato, entonces, ¿por qué habría de darle una suma de dinero tan grande? ¿Cuál era su propósito?
"Desde un principio, no ha habido una relación entre nosotros", pronunció ella entre dientes, de forma inconsciente.
Tan pronto como lo dijo, se arrepintió. ¿Y si Trevor se enojaba y le quitaba la tarjeta? Entonces, ella no tendría dinero suficiente para salvar a su abuela. Estaba abrumada y confusa al punto de sentir que podría desmayarse en cualquier momento. Se le secó la garganta de forma repentina y la invadió una mezcla de enojo y remordimiento; no soportaba ser tan impotente frente a Trevor.
Al ver el desprecio con el que él la miraba, se sintió débil; todo se estaba saliendo de su control. A pesar de que quería demostrar que no era el tipo de persona que aceptaría su caridad como un perro que mendiga huesos, tenía que admitir que ella no contaba con los medios para darle a su abuela los doscientos mil dólares que necesitaba.
¿Cómo entonces iba a mostrarse orgullosa frente a él?
Cuando Trevor notó la resistencia y la ira en los ojos de Charley, se burló: "Me tiene sin cuidado lo que pienses. Lo único que me interesa es que no me deshonres en público. No necesito que trabajes para mí durante diez años para pagarme".
Al terminar de hablar, se dio la vuelta y subió las escaleras. Seguidamente, Charley escuchó el golpe de la puerta y luego el sonido del agua cayendo sobre el suelo.
El hombre se había ido a tomar una ducha.
Charley se rascó el cabello contrariada y lo siguió escaleras arriba. Al ver la puerta de vidrio del baño, no pudo evitar acercarse y maldecir en voz baja: "¡Eres un monstruo!, un demonio sin la más mínima simpatía, ¡todo tu cuerpo apesta a dinero, malvado capitalista!".
El fuerte sonido del agua salpicando, la puerta entre ellos y lo bajo que estaba hablando, la hicieron sentir protegida. Pensó que era imposible que la estuviera escuchando, por lo que continuó quejándose con más fuerza, "¡Já! ¿Te parece que un millón de dólares es mucho dinero? La vida no tiene ningún valor para ti. Las personas como tú no merecen amor en absoluto".
Mientras ella desahogaba su ira con más y más vigor, la puerta se abrió repentinamente desde adentro.
El cuerpo semidesnudo de Trevor apareció justo frente a ella, casi chocando contra su rostro, el cual ahora ardía sonrojado ante la situación.
El hombre salió de la ducha rodeado por el vapor del agua caliente y con una toalla blanca alrededor de su cintura. De su cabello oscuro y ahora despeinado, caían gotas que se deslizaban sobre su pecho musculoso y lo hacían lucir completamente diferente; su frialdad se había disipado y sus rasgos faciales parecían mucho más suaves. Este la observó por debajo de los mechones de cabello que caían sobre su frente y apretó los labios hasta que se convirtieron en una línea delgada.
La expresión de pánico en el rostro de Charley se reflejó en los ojos oscuros de Trevor, quien sin pronunciar ninguna palabra, estiró su brazo y la arrastró adentro del baño.
Rodeado por el vapor, el rostro de la mujer se enrojeció aún más; lucía como un ciervo asustado e indefenso.
Al sentir la respiración de Trevor sobre ella, su cuerpo se tensó y sus labios se apretaron con fuerza; le fue imposible no recordar esa noche en la que se había comportado tan dominante y posesivo.
Tembló levemente y su rostro ardió todavía más.
Al ver la reacción de Charley, Trevor se burló: "¿De verdad? ¿Solo hacía falta un millón de dólares para que accedieras a acostarte conmigo?".
Sus palabras la ofendieron profundamente, por lo que la joven lo miró fijamente con desprecio y le mordió un hombro con fuerza. Al sentir el hormigueo causado por la lesión, el hombre la empujó con fuerza contra la pared del baño y ella palideció de inmediato por el dolor.
De la mordedura brotaron gotas de sangre y de los ojos de Trevor emergió un aura maniaca.
"Deberías pagar el precio por ser tan irrespetuosa", alegó el hombre, al mismo tiempo que se dirigía hacia Charley y levantaba su rostro lleno de resentimiento. Un segundo después acercó sus labios y la besó en la boca.
Los ojos de Charley se abrieron de par en par por la sorpresa; quería resistirse, pero sus brazos la rodeaban con tanta fuerza, que le resultó imposible liberarse. Sus labios estaban cálidamente sellados por los de él y el peculiar aroma de su cuerpo la impregnaba por completo.
Se sentía mareada y confundida, sin embargo, aún invadida por la amargura, cerró los ojos y cedió; se dijo a sí misma que sería la última vez que le complacería.
De eso se trataba su absurda relación.
La vida de Charley había cambiado gracias a Trevor; era gracias a él que ella podía ir a la universidad y que Laura iba a poder someterse a una cirugía costosa, por lo que ella pensaba que sencillamente le estaba pagando con su cuerpo.
La repugnaba pensar en esto pero dejó de resistirse. Triste y asustada, se derrumbó en sus brazos y soportó pasivamente el desmedido encuentro.
Trevor no comprendía a qué se debía el deseo repentino que sentía hacia ella. Cada vez que pensaba en su terquedad y en la ira con la que lo miraba, una pequeña voz en su interior lo instigaba a poseerla y conquistarla.
No podía permitirle que se resistiera a él en absoluto.
Charley no se dio cuenta de en qué momento fue llevada a la cama. Cuando abrió los ojos, simplemente se quedó observando el techo por un rato; a pesar de que Trevor ya no estaba allí, el dolor le impedía olvidar lo sucedido y aún peor, ya no sentía nada de tristeza, solo terror.
Percibió que su cuerpo se estremecía al recordar la mirada helada de aquel hombre.
Entonces, suspiró en silencio, y tras analizarlo por un largo rato, concluyó que Trevor no era alguien a quien ella pudiera ofender, de modo que lo más inteligente ahora era obedecer.
Charley aún estaba aturdida cuando escuchó que la puerta se abrió desde afuera; se trataba de una criada que venía con una bandeja en la mano.
"Señorita, es hora de su medicina", anunció la sirvienta al tiempo que le entregaba una píldora blanca y un vaso de agua tibia. Ella, por su parte, sintió cómo se hundía su corazón mientras observaba el medicamento. En ese momento, notó que su cuerpo desnudo estaba ligeramente expuesto y aunque a la mujer del servicio parecía no importarle, tiró de la colcha para cubrir sus moretones.
Bastaba con escuchar su voz fría y vacía, para pensar que probablemente a los sirvientes de esta villa los habían entrenado para ignorar todo lo que sucedía a su alrededor.
Charley tomó la pastilla sin demora y se la puso en la boca; luego tomó el vaso de agua y se lo bebió para tragársela.
Al ver que su tarea estaba cumplida, la mujer se dio la vuelta y se fue rápidamente, Tras quedarse sola de nuevo, Charley de inmediato se cubrió la cara con la colcha, apretó los dientes y lloró impotente.
Sentía una presión insoportable en el pecho. No entendía por qué su vida se había convertido en esto; todo lo que ella quería era que Laura tuviera pudiera vivir sana y salva. En un principio, pensó que Trevor, a pesar de su frialdad, iba a tratarla con algo de compasión, pero al contrario, se había convertido en un monstruo con ella.
Ya no le importaba lo que él hiciera con su cuerpo; lo que la afligía era que la dignidad que en un pasado había podido llevar con la frente en alto había sido pisoteada.
Y lo que más pesaba entre sus tormentos era el reconocer que a pesar de las cosas horribles que él le había hecho, ella aún le debía mucho.