Ella hizo todo lo posible por ignorar su mirada desdeñosa, discurriendo si acaso no era ella la que debía mirarlo con desprecio y la que tenía que hacerle preguntas. En el poco tiempo que llevaban casados, él ya había tenido el descaro de tomar la mano de otra mujer delante de ella. Aunque reconoció ciertos celos en su corazón, Charley se sintió profundamente avergonzada allí parada frente a ellos, ya que como siempre, Gemma era tan escandalosa que a Trevor le había sido imposible ignorar sus palabras.
Inmediatamente, la chica sujetó a su amiga de un brazo y la arrastró lejos de allí, con el temor de tener que enfrentarlos directamente. Gemma estaba confundida, pero eso no fue suficiente para interrumpir su charla. En ese momento, Charley tenía el rostro encendido como una baya y solo deseaba poder estrangularla para que se callara de una buena vez.
Ya a solas, le confesó que el hombre con el que se acababan de cruzar no era otro que Trevor. Allí sentadas en el auto, Gemma enterró su rostro en las manos mientras exclamaba en voz alta: "¡Dios mío! ¡Estoy tan avergonzada! Que me trague la tierra".
"¡Vamos, la que debería estar avergonzada soy yo!". Charley repasó los acontecimientos, preocupada por qué parte de la conversación habría llegado a escuchar Trevor. ¿Cómo iba a volver a mirarlo a la cara?
"Para ser honesta, me refería al desprecio con el que te miró, pues yo también me siento avergonzada por ti", expuso Gemma con un suspiro.
Charley se quedó helada.
"Sin embargo, tengo aún más curiosidad por la mujer que estaba con él. Acaban de casarse, ¿y ya se atreve a tener una amante? Ay Charley, tu vida va a ser más difícil de lo que esperabas".
Esta última todavía no era capaz de encontrar palabras. Seguía atónita, porque, si bien ya estaba al tanto de la escandalosa vida privada de su esposo, nunca había pensado que lo comprobaría en persona. Peor aún, todo esto había sucedido delante de Gemma, así que de ninguna manera iba a dejarlo pasar sin emitir comentario. "Cariño, en un futuro cuando no sepas cómo lidiar con problemas de este tipo, tienes que acudir a mí. Tengo mucha experiencia en ahuyentar a amantes: logré que todas las de mi padre nos dejaran en paz, así que no dudes en pedirme ayuda. Ya elaboraremos un plan para deshacernos de la amante de tu marido. Sin embargo, a decir verdad, antes pasamos por un momento verdaderamente embarazoso".
"¿Sabes qué? No sé ni cómo mirarlo a la cara a partir de ahora. Francamente, no quería usar su dinero desde un principio", declaró Charley a punto de romper en llanto. En realidad, fue la indiferencia de Trevor lo que más le había molestado; la frialdad con la que la había mirado al pasar junto a él, como a un viandante más.
"Perdóname por hablar tan alto en público. ¿Qué tal si te invito a una buena comida como disculpa?".
"No, gracias. Una comida no va a cambiar nada, y todavía sigo enojada contigo".
"Oh, vamos... ¡No le des tanta importancia! ¿Podrías perdonarme por esta vez?".
Esa noche, Trevor la llamó.
Sonaba tranquilo, pero su voz denotaba cierta frialdad. "Mis padres quieren conocerte, así que iremos juntos a su casa mañana temprano".
Poco después del amanecer del día siguiente, la alarma despertó a Charley. Al entrar al comedor, Trevor la encontró sentada a la mesa, comiendo afanosamente una tostada con la cabeza agachada.
Su cabello, que estaba rizado meticulosamente, le cubría hasta la cintura; era un cabello oscuro, brillante y hermoso, el cual no requería de mucho mantenimiento. Lucía bonita, allí con la boca llena y las mejillas sonrojadas.
En cuanto descubrió que Trevor estaba observándola, la tostada se le quedó atragantada.
¿Cuánto tiempo habría estado así? '¿Por qué está mirando cómo desayuno?', se preguntó, mientras se limpiaba la boca, ruborizada.
"Tómate tu tiempo. No hay prisa, así que termina de desayunar tranquila", le aclaró Trevor, mientras le alcanzaba un vaso de leche.
'¿Cuándo calentó siquiera la leche?', Charley pensó para sí misma. Aunque parecía tranquila desayunando, estaba sumamente nerviosa, como si se encontrara sentada sobre un asiento cubierto de alfileres en punta.
Más nerviosa aún se sentía comiendo bajo la mirada del hombre, por lo que apuró la tostada, recogió su bolso y se precipitó hacia la puerta. Le incomodaba el simple hecho de estar en la misma habitación que él, sin embargo, tuvo que esperarlo para ir juntos en el auto.
"¿Me tienes miedo?", inquirió Trevor con el ceño fruncido, observándola mientras se sentaba torpemente en el asiento trasero.
Ella apretó su bolso contra el pecho y replicó: "No, no te tengo miedo".
En realidad, estaba demasiado asustada como para admitir que no se atrevía a sentarse a su lado.
Ante su respuesta, Trevor dejó de hacer preguntas y pisó el acelerador para pasar a concentrarse en la tarea de conducir. Este movimiento brusco la impulsó hacia adelante y la obligó a sujetarse del respaldo del asiento delantero, por lo que, mientras se calmaba, maldijo para sí que él fuera tan impredecible.
Cuando finalmente llegaron a la casa de los padres de Trevor, la escala del lugar la dejó estupefacta.
Sin palabras, contempló la magnífica residencia y los exuberantes jardines que la enmarcaban. El lugar ostentaba una elegante sencillez.
La casa estaba situada lejos de la ciudad, en un terreno contiguo a una plantación de té de los agricultores locales.
Esta no tenía una estructura de hormigón, sino que estaba construida en bambú.
"¡Vamos!", le indicó Trevor con una leve sonrisa, mientras la tomaba de la mano y entraba. Al ingresar a la sala, la madera del piso rechinó bajo su peso y el intenso aroma a bambú que colmaba el ambiente la ayudó a relajarse.
En contraste con la estrecha apariencia exterior, la casa era bastante espaciosa; incluso contaba con un ático y un sótano.
Eran lo suficientemente acaudalados como para vivir a su antojo; al fin y al cabo, con dinero se podía hacer cualquier cosa.
Charley estaba sumida en sus pensamientos cuando un crujido la avisó de que una mujer estaba bajando del ático. Entonces, alzó la mirada de inmediato, conjeturando a quién estaba a punto de conocer.
Era una mujer bastante escueta, en un vestido sencillo; llevaba prendas que no ostentaban lujo ni tenían nada de exclusividad. Sin embargo, por el costoso anillo de diamantes que lucía en uno de sus dedos, Charley supuso que debía ser la madre de Trevor, Michelle.
Trevor tomó espontáneamente su mano mientras le preguntaba: "Mamá, ¿dónde está papá?".
"Arriba", le respondió Michelle con una cálida sonrisa, sin quitar los ojos de Charley, de quien no había podido apartar la mirada desde que la había visto. La chica sintió que había causado una buena impresión. "Entonces, ¿tú eres mi nuera?", le preguntó Michelle con una sonrisa.
"Sí, m... mamá", balbuceó Charley, con la voz un poco ronca. Aunque se había convencido de que esa era la forma más apropiada de dirigirse a su suegra, no pudo evitar sentirse un tanto extraña llamándola "mamá".
"Bien. Debes estar cansada después del largo viaje. ¿Por qué no vamos todos arriba? Es totalmente inusual que el papá de Trevor cocine, así que no se lo hagas notar si no te gusta la comida, ¿de acuerdo?", bromeó Michelle mientras guiaba a Charley hacia arriba tomándola de la muñeca y le indicaba a Trevor que las siguiera.
En el contacto de su mano, Charley sintió la calidez del corazón de Michelle y pensó cuán afortunado había sido Trevor en tener una madre así.
Para ella, en cambio, la vida había sido injusta; sin dudas, al hombre le habían tocado mejores cartas.
Durante la comida, sinceramente empezó a sentirse incómoda, como si no fuera bienvenida.
"¡Oh! Ella debe ser la que se casó con Trevor, ¿verdad? Tampoco es tan impactante", expuso una impetuosa voz de mujer. Charley se volvió para ver a una joven, con excesivo maquillaje, que la escudriñaba de pies a cabeza.
"Cuando te invitamos a unirte a nosotros nos rechazaste, y ahora que no te llamamos, has venido", le reprochó Michelle frunciendo el ceño, tras escuchar sus palabras. Era evidente que no le gustaba la forma como le había hablado a su nuera.
Con todo, la mujer no se inmutó ante esa frialdad y se acercó a Charley con una sonrisa fingida.