En ese momento, una fría brisa sopló atravesando a la joven. Era un día caluroso de verano, pero sentía frío por todo su cuerpo. Estuvo ajena a su entorno por unos momentos, y solo volvió en sí al sentir su teléfono vibrando en su bolsillo. Con desagrado lo agarró. El nombre "Tía" se mostraba en la pantalla, así que inhaló fuertemente y contestó, tratando de hacer que su voz sonara feliz.
"¡Hola, tía!".
"¡Charley! Ven inmediatamente al Hospital Popular HY. Tu abuela se desmayó". Logró escuchar un lamento ansioso desde el otro lado de la línea, lo cual hizo que su rostro y sus labios se volvieran aún más pálidos. De inmediato, con voz entrecortada dijo: "Allí estaré".
Charley fue criada por su abuela, Laura. Sus padres murieron en un accidente automovilístico cuando era muy pequeña, así que Laura fue la única que estuvo con ella todo el tiempo. En su corazón, la anciana era la persona más importante de todas, por eso, al escuchar tan malas noticias sobre ella, sintió como si le hubieran apuñalado directamente el corazón.
"¡Taxi!", gritó desesperadamente. Se encontraba en un cruce donde no era nada fácil tomar un taxi. Algunos pasaban a su lado, pero se encontraban ocupados. Presa del pánico, se preguntaba qué estaría pasando con su abuela en ese momento. Las lágrimas corrían por su rostro y no podía evitar que su cuerpo temblara.
Estaba aterrada, aterrada de perder a la persona más importante de su vida.
En su rostro pálido se pudo observar una mirada decidida; sin dudar, corrió hacia el medio de la calle y detuvo un taxi. No le importaba si la atropellaban.
"¡Mierda! ¡Oye! ¿Qué demonios te pasa? ¿Quieres morir?", le gritó el taxista de mediana edad, con cara roja de coraje. Por suerte, fue lo suficientemente rápido como para lograr frenar.
La pasajera también la fulminó con la mirada y le dijo: "¿Estás loca? ¿Tanta prisa tienes por suicidarte?".
Sin embargo, Charley no parecía escucharlos. Rápidamente caminó al lado del conductor y le suplicó: "Señor, esto es una emergencia. Por favor, lléveme al Hospital Popular HY. Mi abuela está enferma. Necesito ir a verla".
Al escuchar sus palabras, el conductor se conmovió. Seguidamente, se volteó a ver a la mujer que se encontraba en el asiento trasero. Antes de tan siquiera poder decir algo, esta abrió la puerta y se bajó.
Aunque estaba un poco molesta porque la chica detuvo el taxi de forma arriesgada, comprendió que Charley estaba desesperada por ver a su familiar enferma, así que estaba dispuesta a bajar y esperar otro taxi.
"Llévela allí", exclamó.
"Gracias. Muchas gracias". Charley hizo reverencias en agradecimiento a la mujer una y otra vez mientras se subía al taxi. Después de recordarle que se abrochara el cinturón de seguridad, el conductor rápidamente se dirigió al Hospital Popular HY en el centro de la ciudad.
La Universidad A se encontraba en las afueras, por lo que tardarían al menos diez minutos en llegar al hospital. Además, sumando los semáforos en rojo durante todo el camino, les tomaría mínimo media hora.
Cuando al fin el taxi se detuvo frente al hospital, Charley sacó cien dólares de su cartera y se los dio al conductor. Posteriormente, abrió la puerta y entró corriendo sin siquiera esperar su cambio.
El departamento de medicina interna se encontraba en el cuarto piso. No obstante, cuando llegó allí, se enteró por el módulo de enfermeras que Laura aún no había salido de la sala de emergencias, por lo que tomó el elevador hacia ahí. Entonces, vio a su tía sentada sola en una banca en el pasillo con la cabeza agachada.
La nariz de Charley se arrugó cuando gritó: "¡Tía!".
Tasha Su en seguida levantó su cabeza cuando escuchó la voz familiar. Vio a Charley parada intranquila, así que se levantó y caminó hacia adelante. Acto seguido, tomó las manos de la joven y lloró amargamente. "¡Charley! El doctor dijo que tu abuela tuvo otro infarto. Necesita someterse a una cirugía lo antes posible. Pero costará como mínimo doscientos mil dólares. ¡Buuaaaa! ¿De dónde vamos a conseguir esa cantidad?".
Al escuchar esto, más lágrimas rodaron por el rostro mortalmente pálido de la chica. Estuvo aturdida por un tiempo. Después, súbitamente, se secó la cara cuando una pizca de determinación brilló en sus ojos.
Laura era la única familiar cercana que le quedaba; no podía simplemente verla morir.
"Tía, no te preocupes. Encontraré una forma de pagar la cirugía de la abuela", declaró con seguridad, apretando los dientes. Sus ojos eran resplandecían como las estrellas en la noche, de modo que de alguna manera consiguió consolar a Tasha.
"Pero ¿cómo? Es una enorme cantidad de dinero". La mujer negaba con la cabeza mientras miraba el hermoso rostro de Charley. Le preocupaba que hiciera algo ilegal ante la desesperación.
Tasha era la típica mujer de campo, por lo que, obviamente tuvo una vida dura. A los treinta años, las arrugas en su rostro ya eran suficientes como para hacerla parecer diez años mayor. Además, adoptaba una mirada amargada y desesperada todo el tiempo.
"El doctor también dijo que incluso si tu abuela tuviera la cirugía, tampoco sería capaz de vivir por muchos años más".
Charley impactada negó rotundamente con la cabeza. "No importa el qué, haré mi mayor esfuerzo para salvarla. Perdí a mis padres. No puedo perder también a mi abuela. Sé que no soy capaz de contrarrestar la edad y la enfermedad. No obstante, mientras haya un rayo de esperanza, por muy pequeño que sea, no me rendiré. No quiero perderla".
¡CRAC! Con el sonido de un crujir, se abrió la puerta de la sala de emergencias. Dos enfermeras vestidas de blanco y con mascarilla sacaron cuidadosamente la cama de Laura, seguidas por un médico de unos treinta años.
Charley y Tasha se apresuraron hacia ella y miraron nerviosamente a Laura; su cabello era tan blanco como la nieve. Tenía los ojos cerrados y las cejas fruncidas como si estuviera sufriendo, y su rostro también lucía sin sangre.
"¿Son ustedes familiares de la paciente?", preguntó el doctor. Cuando asintieron con la cabeza, agregó: "Necesita descansar por ahora. Las enfermeras la llevarán a la habitación. En este momento necesito hablarles sobre su condición". El doctor se quitó la mascarilla, revelando un rostro ordinario con ligeras ojeras y una naciente barba de color marrón oscuro; se veía cansado.
Charley asintió y preguntó nerviosamente: "Doctor, ¿cómo está mi abuela?".
"Por ahora, ella está estable. Sin embargo, no puede tener demasiados cambios de humor bruscos. Y si deciden operarla, lo ideal sería hacerlo antes de una semana. Considerando su edad, el riesgo también es alto. Lo mejor será que primero lo reflexionen cuidadosamente". Mientras hablaba, la voz y expresión del médico se mantuvieron frías.
Como doctor, Earl Zhao estaba acostumbrado al nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. Esta profesión le había hecho incluso más indiferente aún. No obstante, al ver la impotencia en los rostros de Charley y Tasha, su frío corazón se vio ligeramente afectado.
Había revisado el historial de Laura, por lo que conocía la situación actual de la familia. La anciana tenía que acudir al hospital de vez en cuando, por lo que la familia ya enfrentaba una mala posición financiera. Debido a la situación de tanta pobreza, no tuvieron otra opción que atrasar el ingreso al hospital hasta ahora.
El hombre pensó por un momento y sugirió: "Pueden intentar recaudar el dinero por internet. Quizás consigan ayuda".
Los ojos de Charley se iluminaron. Ella asintió encantada y agradeció a Earl repetidamente. Él simplemente hizo un gesto con la mano y se fue, puesto que aún habían muchos enfermos esperándolo.
Charley y Tasha fueron a la habitación para ver a Laura. Tenía una máscara de oxígeno pegada a su nariz; por la forma en que respiraba, parecía que estaba a minutos de morir.
Charley se acostó al borde de la cama y se tapó la boca para evitar estallar en llanto, ya que tenía miedo de interrumpir el descanso de Laura.
Sin embargo, al parecer la anciana había sentido su presencia. Lentamente abrió sus caídos párpados y movió sus resecos labios. Fue entonces que una dulce sonrisa apareció en su arrugado rostro. "Charley, estás aquí...".
Cuando la chica escuchó la voz baja y amable de Laura, rompió en llanto y gritó roncamente: "¡Abuela!".