Al abrirla, Charley se la encontró allí de pie, sosteniendo una bandeja con un medicamento y un vaso de agua.
"El señor Dongfang me pidió que le entregara este medicamento", le comunicó.
Entonces, Charley miró la etiqueta y se percató de que se trataba de una píldora anticonceptiva.
'¿Esto era realmente necesario?', se preguntó con una sonrisa irónica, pero sin pensarlo dos veces, se tomó la pastilla y se la tragó con un sorbo de agua.
Ella en realidad entendió el porqué de esta píldora: dado que el hombre no sentía nada por ella, era lógico que no hubiera demasiadas conexiones entre ellos, pues sería lo mejor para los dos.
Al volver la vista hacia la sirvienta, la chica notó en ella un tímido intento de decirle algo; ella simplemente le esbozó una sonrisa callada para sacarla del apuro.
Evidentemente, la sirvienta también entendía por qué Trevor le había pedido que se tomara la píldora.
Como no quería darle más vueltas al asunto, se convenció asumiendo que lo que había pasado entre ellos la noche anterior había sido solo un accidente y que Trevor sentía asco hacia ella.
Los días pasaron velozmente y pronto el nuevo semestre estuvo a punto de comenzar, por lo que Charley pasó a estar muy atareada y ansiosa por dar comienzo a sus estudios. Finalmente, podría deshacerse de las limitaciones de la casa.
Los procedimientos de inscripción se desarrollaron sin problemas, pero inesperadamente, una vez allí, tuvo el disgusto de toparse con su peor enemiga de la escuela secundaria.
Su nombre era Luna Zhang. A decir verdad, Charley no guardaba ningún rencor hacia la chica, pero sabía que esta siempre había sentido cierta displicencia por ella.
"¡Oye, Charley! ¿No me digas que estás inscrita en esta universidad?", le espetó Luna con tono burlón.
Acto seguido, le dirigió una mirada incrédula y examinante, seguida de una sonrisa un tanto siniestra. "¿No será que ahora eres la amante de un viejo decrépito? Con la situación actual de tu familia, no me explico de qué otra manera podrías darte el lujo de estudiar en este lugar, ¿no es así? Tu familia ni siquiera podría pagar la tarifa de alojamiento de aquí, ni qué decir la matrícula".
Por mucho que odiara admitirlo, Luna tenía razón. Esa escuela era reconocida por su excelente reputación y también por su matrícula extremadamente costosa.
No se equivocaba al decir que Charley y su familia no podían permitirse costear ni siquiera la tarifa de alojamiento
Charley se limitó a mirarla con el ceño fruncido sin decir palabra alguna y luego se encaminó a su dormitorio, cargada con sus libros y su maleta.
Luna la siguió, pero Charley prefirió ignorarla, hasta que no pudo evitar quedarse atónita al ver que se detenían en la misma puerta.
"¿Vamos a vivir en la misma habitación? ¡Esto sí que es mala suerte!". Luna le miró de reojo e hizo una mueca de desprecio, mientras arrojaba sus cosas sobre una de las camas y buscaba un lugar para sentarse. "Charley, asegúrate de limpiar bien todo. Yo voy a salir con mi novio más tarde, así que no tengo tiempo para ponerme a ordenar. Para cuando vuelva, quiero ver todo esto impecable".
Las habitaciones se compartían entre cuatro estudiantes, pero sin importar que las otras dos compañeras ni siquiera hubieran llegado aún, Luna ya había empezado a darle órdenes.
En el pasado siempre había hecho todo lo que ella le pedía para evitar problemas; ahora en cambio, tal vez se sentía más confiada o simplemente ya no quería seguir obedeciendo sus órdenes, por lo que se negó rotundamente: "Yo tampoco tengo mucho tiempo para limpiar la habitación sola. Podemos esperar a que lleguen las otras compañeras para hacerlo entre todas".
En realidad, tenía mucho tiempo libre, pero estaba simplemente hastiada de los acosos de Luna.
"Tú...", había empezado a replicarle la otra chica muy molesta, casi al punto de darle a Charley un empujón, cuando llegaron las otras dos estudiantes, así que solo pudo echarle una mirada de reproche y advertirle: "Mientras yo esté aquí, no te dejaré vivir bien". Después tomó su bolso y se marchó furiosa.
Charley tampoco se quedó tranquila, ya que la idea de tener que enfrentarse a Luna día y noche le quitó cualquier asomo de entusiasmo.
Más tarde, cuando salió a comprar algunos artículos de primera necesidad, vio a la muchacha parada en la entrada junto a su novio.
Era un chico de apariencia común, pero por la ropa exquisita que llevaba, parecía de una familia rica.
A su lado, Luna lo sostenía de una mano con dulzura, no obstante, nada más vio a Charley, sonrió y dijo sarcásticamente: "Cariño, esa es la pobre mujer de la que te hablé. Bueno, ahora es una amante. Simplemente mírala, toda una seductora, ¿no crees?".
Deliberadamente había subido la voz, como si temiera que Charley la escuchara.
Como consecuencia, la atención de las demás personas presentes también fue captada por ella.
En efecto, como en muchas otras universidades, también circulaba el rumor de que ciertas estudiantes eran amantes, lo que siempre era motivo de desprecio, ya que representaba una deshonra para la institución.
Y ahora, que alguien la estaba acusando en público, inesperadamente los estudiantes se detuvieron, preparados para presenciar un espectáculo.
"Esa es una sucia mentira", alegó Charley con enfado y declaró: "Si se inicia un rumor por tu culpa, prepárate para sufrir las consecuencias".
"¿Ah, sí?", rebatió Luna apretando los dientes con odio. Todavía molesta por el enfrentamiento que habían tenido hacía un momento en el dormitorio, se volvió a su novio y le dijo con tono meloso: "Cariño, me está amenazando".
Evidentemente no era un hombre muy afable, pero ella sabía bien cómo manejarlo y con su coqueteo, había despertado en él el deseo de protegerla, por lo que este la rodeó con sus brazos y le aseguró: "Cualquiera que se atreva a lastimarte tendrá que vérselas conmigo".
Luego sacó el teléfono como si fuera a llamar a alguien.
Todos los que estaban allí de espectadores retrocedieron ante el temor de que pronto se desencadenara una pelea.
En ese momento, Charley miró a Luna con frialdad; sabía bien que contaba con un fuerte respaldo, tanto legal como ilegal. De hecho, ya lo había comprobado en la escuela secundaria, cuando en una ocasión, Luna había reunido a unos gánsteres, para que la golpearan en la puerta de la escuela, porque el chico que le gustaba le había dado a Charley una carta de amor.
Fue desde entonces que Luna le cogió un odio profundo y comenzó a llamarla vagabunda y perra.
En realidad, ella ni siquiera conocía al chico en cuestión.
Había tantos estudiantes de la escuela le daban cartas que ni siquiera podía acordarse de todos.
La situación se estaba volviendo cada vez más tensa cuando, de pronto, un automóvil frenó delante de ellos; Charley empalideció tan pronto como logró reconocerlo. Acto seguido, Trevor salió del coche antes de que nadie llegara a reaccionar.
Lucía muy atractivo con un elegante traje negro, el cabello que siempre llevaba tan meticulosamente peinado, sus rasgos faciales tan seductores y sus ojos de halcón, los cuales recorrieron la multitud hasta que terminaron posándose en Charley.
Con el simple hecho de ver esa figura tan impactante, los estudiantes se sintieron presionados y no pudieron apartar la mirada de ese hombre tan atractivo.
Por su parte, Luna también se sonrojó de inmediato al ver a Trevor, a lo que su novio respondió con un gesto de molestia; incluso él ya no parecía tan agresivo en comparación con Trevor.
"¿Qué es lo que está pasando?", preguntó este último mirando a Luna con frialdad.
Ella se quedó clavada en el suelo, totalmente aturdida, sin poder hacer otra cosa que tragar saliva y seguir contemplando a ese hombre tan guapo a quien no conocía.
Finalmente abrió la boca para comenzar a articular: "Señor, esta es una enemistad personal...". Tras una pausa para pensar mejor cómo explicar la situación, volvió a hablar con los ojos puestos en Charley: "Esta mujer ya me robó a mi novio una vez, y ahora es la amante de un viejo. Solo le estoy dando una lección".
"¿De un viejo?", repitió Trevor mirando a Charley, e inquirió: "¿Así es como te refieres a mí ante los demás?".
Charley se quedó sin habla. ¿Cómo iba a ser posible eso si ella ni siquiera lo mencionaba?
"¿Qué?", exclamó Luna confundida, sin lograr entender lo que había escuchado. Su mirada interrogante osciló unas cuantas veces entre Charley y Trevor. "Ustedes... ¿se conocen?", indagó con los dientes apretados por los celos.
Se preguntó desconcertada cómo era posible que Charley conociera a ese hombre.
Antes de que pudiera calmarse, Trevor reveló la impactante noticia.
"Sí. Soy el viejo del que estás hablando".
Y mientras anunciaba esto, contempló con una cruda indiferencia el rostro pálido de Luna.