Capítulo 2 Ladrona de Besos.

Lunes... día de la junta.

«Buenos días, queridos oyentes, hoy es lunes, inicio de semana, inicio de mes, inicio de buenas cosas...»

-Sí, sí, hoy es lunes, ya cállate, ya me estoy levantando, no ves, ya estoy casi de pie, casi lista para... "LA JUNTA", creo que, si aún estaba dormida, ahora desperté completamente.

-Rayos Sara, como es posible que olvides que hoy es la junta.

Mire la hora en el reloj del radio despertador, eran la 5:30 am. -Bueno al menos me levanté temprano, pondré el café.

Mientras sonaban lindas canciones en la radio iba colocando el café en la cafetera y de paso me daría una ducha, quería estar lista para la junta, no podía permitir que todo el esfuerzo que el señor Brown y yo habíamos hecho, bueno que todos en la oficina habíamos hecho se derrumbara por llegar tarde.

Tomé lo mejor de mi armario y vestí con unos lindos tacones. Amo los zapatos, creo que tengo más zapatos que ropa. Hice el juego con un buen bolso, un sutil pero elegante maquillaje y mi rebelde cabello sujeto en una coleta.

¡Ah, no les he contado de mí! Pues presten atención, soy una linda chica de piel canela, ojos oscuros como la noche, cabello rizado y largo, creo que lo de rizado está demás, eso suena bien para las que van al salón de belleza o al Spa; espá es lo que tengo en el armario de la cocina, tengo mucho espá, es pa' barrer, es pa' trapear, es pa' limpiar, ja tengo un cabello rebelde que quiere hacer lo que él quiere.

Tengo buena estatura, un cuerpo de reina, pero de reina de la empanada, porque mi busto es ¿Grande? ¿Mediano?... mmm... soy copa C. Mi posesivo novio dice que algún día tendría que tocarlos, porque no lo he dejado que me toque.

Así es, no puedo permitir que sus manos necias toquen mis bellos melones, ni que abra mi cartera, como decía mi abuela Adela: Hija, si dejas que te abran la cartera perderás todo lo que allí hay de valor, y si lo pierdes no lo podrás recuperar nunca más". Así que mi tesoro se queda bajo llave.

Bueno, sigo mirándome al espejo y creo que ya estoy lista, una bonita falda tubo, una blusa blanca de seda y mi chaqueta a juego. No soy gorda, tampoco flaca como la super novia de mi jefe, parece un pollo desplumado, se ve insípida.

Listo, 06:30 de la mañana y lista para ir a mi trabajo.

Llegué a mi puesto de trabajo, aún no han llegado mis compañeros. La reunión inicia a las 8:30, así que tengo tiempo suficiente para preparar todo.

Saben olvidé decirles algo y es que mi fin de semana fue de mierda. Sí, fue el peor fin de semana. El viernes después de haber cometido la peor locura de mi vida, besar a mi jefe, salí corriendo nuevamente hasta la oficina tomé mis cosas y hui a mi departamento.

Pasé todo el fin de semana con una fiebre, ni para qué les cuento. Mi novio me llamó para pasar el día conmigo, pero no acepté, no podía sacarme de la cabeza todo lo que hice el viernes, aún puedo sentir los tibios y deliciosos labios de mi jefe. ¡Aaahhh!

Dios, que nervios, es el sonido del ascensor, es la voz de mi jefe y de su padre.

-Señorita Johnson, buenos días, espero todo esté listo.

La dulce voz del señor Brown padre, no congeniaba con su arrogante mirada.

-Señores Brown, buenos días.

-Buenos días, Sara.

El saludo de mi feje me puso nerviosa. No podía decir nada, ni disculparme, su padre estaba con él, ese viejo era un ogro, grosero, altivo, aun no entiendo como el señor Brown tiene un padre como ese. Ambos hombres entraron a la oficina, eso significa que debo ir por los cafés.

-Padre, ponte cómodo, en pocos minutos iniciamos la junta.

-Espero que tengas buenas noticias y estés bien preparado, sigo pensando que no eres más que un error en esta empresa. No sé cómo me dejé convencer por tu madre para cederte mi lugar.

-Papá, ya lo habíamos hablado, por favor, no seas tan duro conmigo. Sabes que estoy haciendo un buen trabajo.

-Un buen trabajo no es suficiente, sabes lo que quiero, debes casarte con tu novia si quieres seguir a cargo de la empresa.

-No puedes hacerme eso, sabes que estamos juntos por tu imposición, yo no la amo como para casarme con ella.

-Eso lo veremos Charles, eso lo veremos.

Toqué la puerta de la oficina de mi jefe, escuché que hablaban fuerte pero no entendí nada. Cuando escuché el pase abrí la puerta y allí estaba él, tan guapo y elegante como siempre.

-Gracias Sara.

-¿Por qué la tienes que tutear? Es tu secretaria, no tu novia.

Vi como mi jefe se tensó ante las palabras de su padre y ocultó su mirada de mí. Creo que tienen problemas, bueno, siempre tienen problemas, pero ahora sonaban molestos por algo.

-Ya puedes retirarte, si te necesitamos te llamamos.

Sonreí para no tirarle con un solo golpe los dientes al viejo pendejo que tenía frente a mí.

-Con gusto señores.

Llegué a mi puesto con la mente en lo que sucedió en la oficina, algo pasaba con esos dos, pero en cuanto escuché la voz chillona de Emma, sentí mi bilis hacer acto de presencia en mi estómago, creo que voy a vomitar.

-Sarita, buenos días ¿Mi amorcito está en la oficina?

Puse los ojos en blanco antes de girarme para darle cara a esa escoba con pelos de ropas finas.

-Señorita Emma, buenos días, un gusto volverla a ver -nótese el sarcasmo en mis palabras-. Desde la junta pasada hace seis meses que no la veía. ¡Pero cómo está de hermosa!

¡Gracias, gracias! Sé que merezco un Oscar, mi actuación es fenomenal.

-¡Oh, Sarita! Tu como siempre tan linda. Pero ven dime, ¿mi lindo novio está? Quiero desearle suerte antes de iniciar, su trabajo ha sido excelente todos estos meses.

Sí como no, y yo me chupo el dedo, víbora hipócrita, te ganas un sueldazo como subgerente y nunca vienes a trabajar, solo a las juntas.

-Claro que sí, está con su señor suegro, pero pase, no se quede en el pasillo haciendo nada «como siempre», gusta un té o un café señorita.

-Un té estaría bien.

-Enseguida se lo llevo.

Con unas cuantas gotas de veneno, para verla retorcerse como la cucaracha que es.

Di como siempre, mi mejor sonrisa, no puedo permitir que esa estúpida siga enredando a mi jefe, ella y su padre solo quieren lo peor para él. ¿Qué cómo lo sé? Pues no lo sé. Pero algo en mi corazón me dice que ese par tienen un gato encerrado.

-Amorcito, como estás, te extrañe el fin de semana, mis papás preguntaron por ti todo el tiempo, estaban bien preocupados por tu ausencia.

-Emma, pues... estoy bien. Tuve un poco de fiebre, pero todo pasó rápido.

-¿Fiebre?

-Sí, me mojé el viernes por la noche, porque... porque...

-Porque... -Emma hacía ademanes con las manos para que continuara con la explicación del por qué su novio no la acompañó a casa de sus padres.

Nuevamente frente la puerta, toqué y en cuanto escuché el pase entré.

-Señorita Emma, su té.

-Gracias linda.

Miré de reojo a mi jefe y pude notar su sonrojo y su nerviosismo, así que pensé que supuse que algo sucedía.

-Se les ofrece algo más o todo está bien así.

-No, todo está bien Sarita, estaba preguntándole a mi novio porque no fue a visitar a mis padres el fin de semana, dijo tener fiebre.

Así que mi jefe no salió con su super novia y dijo tener fiebre.

-Debió ser cuando se le pinchó el neumático señor ¿Recuerda? Que me pidió llamar al mecánico.

-Sí, se pinchó el neumático llegando al departamento y como no tengo el número en mi móvil, llamé a Sara, digo a la señorita Johnson, ella aún estaba en la oficina.

-Hay mi bebé peludo, pero por qué no me lo dijiste, así me hubiera quedado contigo cuidándote.

Sí como no, ella y sus cuidados... bebé peludo.

-Con permiso, los dejo, señor en 5 minutos daremos inicio.

-Gracias Sa... señorita Johnson.

Cerré la puerta y esperé un momento, quería saber que pasaba allí.

-Con que Sara, ahora la llamas Sara.

-Eso mismo le dije yo, no puede seguir tuteando a la secretaria, cuando tú eres su novia, le debes respeto, hijo.

-Papá por favor, no exageres.

-Exagerar... mira hijo tienes un mes para casarte con Emma, sino ya sabes lo que te espera.

-No puedes obligarme y lo sabes.

-Ya te di mucho tiempo, recuerda nuestro convenio, dos años para que sacaras a delante la compañía y consiguieras una buena esposa, lo primero es un éxito, pero lo segundo no lo has cumplido, así que ya decidí por ti. Te casa en un mes.

-¡Sííí... seremos muy felices Charly, y tendremos muchos hijos.

Así que es eso... quieren casar a mi jefe como a don gato. Debo hacer algo, piensa Sara, piensa. No, primero debo deshacerme de Salomón, Dios, pero Salomón es como un grano en el... pie. Hora de hacerle una visita a mi querido novio.

Respiré profundamente antes de interrumpir.

-Señores, ya todos aguardan en la sala de juntas.

-Bien Charles, tu momento ha llegado -dijo su padre.

Vi como mi jefe estaba nervioso y preocupado, pero yo le ayudaría en todo, así me costara la vida. Estaba muy enamorada de él. No pregunten el por qué, porque ni yo misma lo sé. Solo sé que mi corazón le pertenece, el señor Brown es el mejor hombre que he conocido, me cautivó desde el primer día que llegué a B&B.

Su galantería, sus ganas por ser mejor persona y profesional, pero sobre todo la forma en como ha sacado adelante esta empresa, todos los empleados lo quieren mucho, no ha tenido miedo a los retos que cada día surgen, su padre solo ha querido verlo caer, con el fin de tener una excusa para humillarlo. Y qué decir de Emma, esa rana de charco, siempre menospreciándolo.

Cuando el señor Brown padre y la rana salieron de la oficina, entré y aseguré la puerta, sé que el señor Brown me mataría por lo que haría, pero debía demostrarle que él vale mucho y que siempre estaré con él.

Caminé y me planté frente a él.

-Señor, todo saldrá bien, usted es el mejor jefe y ha sabido afrontar los retos y los problemas. Confié en usted, yo confío en usted.

Le di mi mejor sonrisa y como pude me apoderé de sus labios, lo besé una vez más. «Si he de morir que sea en medio de la batalla y no resguardada en las trincheras».

El señor Brown me correspondió, una vez más sucumbió a mi beso. Fue intenso, fuerte, necesitado, sentí como sus manos se aferraron a mi cintura y su lengua intentaba invadir mi boca, me separé de él con dolor en mi corazón porque yo quería seguir, pero la junta nos esperaba.

-Señor, debemos salir.

Lo miré a los ojos, esos pozos azules estaban más oscuros, y sus manos esta vez aferraban mi rostro.

-Nuevamente asalta mi boca señorita Johnson.

Si supieras lo que quiero asaltar en estos momentos.

-Debería llamar a la policía señor, no debe permitir que la ladrona de besos le siga robando los suyos.

            
            

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