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Charles Brown.
Esto parecía un sueño, la tenía a solo unos centímetros de mí y yo aquí muriendo por seguir tocándola, ardiendo por dentro por sentirla nuevamente, aún recuerdo su sonrojo cuando me confesó que era virgen, esas palabras fueron un bálsamo para mi corazón, el hecho de haber visto a Salomón reclamando su decisión de dejarlo a pocos días de su matrimonio me hicieron sentir que ella era de él, pero no, ella aún permanecía pura.
Trataré de dormir con ese pensamiento, el de ser el único que la ha tocado, que la ha hecho arder de deseo y eso era lo mejor de todo saber que sería mía y de nadie más, pero la sola idea de tenerla junto a mí y saberla prohibida aún, me estaba quitando la posibilidad de poder conciliar el sueño.
Llevé mi mirada hacia ella que ya había caído dormida, me acerqué un poco y pude apreciar con mucho detalle. Su cabello, sí que era rebelde, sus mechones marrones se veían como espirales en la blanca almohada y su bello rostro, ese que estaba adornado por sus lindos ojos y sus tupidas pestañas, su nariz respingona y esos deliciosos labios que tanto deseo seguir probando, de solo pensar lo que esa lujuriosa boca podría hacerme me pongo duro. Como es posible que con solo pensarla ya estoy delirando de deseo.
Seguí bajando mi mirada hacia su cuerpo. Ver bajo su pijama sus grandes pechos y recordar lo suaves que son, soy el hombre más feliz por saber que solo yo he recorrido y besado esas montañas y he tocado ese lugar prohibido, su olor, su sabor, adictivo como sus labios.
-Oh, Sara, que estás haciendo conmigo.
La vi removerse con violencia, creo que tenía pesadillas, de seguro es con el patán de su ex.
-Sara, despierta.
La toqué por el hombro para despertarla, pero estaba profunda. Lo que hizo me dejó sin aliento, se dio vuelta y me abrazó. Se apoderó de mi cuerpo de forma posesiva. Su brazo se aferró a mi abdomen y su pierna se ancló en las mías.
Wow, Sara sí que dormía con ganas.
Quería acomodarla en su lugar, pero no me atreví, temí despertarla. Así que me acomodé y dejé que se apoderara de mi cuerpo como ella quisiera, no me opondría, esta mujer me tiene hechizado y con ese pensamiento me quedé dormido.
Sentí mi móvil vibrar, desperté y noté que ya estaba amaneciendo, pero un tibio cuerpo junto a mí se removió y quedó de lado dándome la espalda. Por favor, Sara, que hiciste, sentí como su trasero se acomodó en mi entrepierna, y mi amigo no dudó en despertar.
Mujer me estás matando, pero se siente super bien.
Sin pensarlo mis manos se ubicaron en su cintura, y mis ojos recorrieron su cuerpo, su pijama o el camisón que uso como pijama se subió de más, dejándome apreciar sus voluptuosos muslos.
Con cuidado tomé el borde de su camisón y lo intenté bajar, pero esté no cedió, accidentalmente mis dedos tocaron su suave piel y ese fue el detonante para mi amigo, que ya estaba duro y listo. Quise apartarme, pero en ese momento ella tomó mi brazo y lo llevó hacia su cara y lo ubicó debajo de su mejilla entre sus manos y se removió más.
Sara, porque haces esto, no ves que estoy muriendo, no creo poder soportar más.
Dicho y hecho, Sara no dejaba de moverse y mi autocontrol se fue por el caño, no soporté más y le di la vuelta me ubiqué sobre ella y no lo van a creer... la vi sonreír, la muy condenada estaba aguantando la risa.
-Tardaste mucho.
Oyeron eso. Esa mujer no sabe lo que hace.
-Tardé mucho para qué Sara.
-Para besarme, para darme los buenos días, para...
No la dejé terminar y ya estaba devorando su boca. Me la estaba comiendo con mis besos, quería que supiera lo que estaba sufriendo.
No sé si ella sabía lo que estaba haciendo, pero se acomodó debajo de mí y una de sus piernas se hizo a un lado para dejarme ubicar entre sus piernas.
Me separé de su boca y la miré a los ojos.
-Sara, no hagas esto, tú eres...
-Sí, Charles, lo sé, no me lo repitas a cada rato.
Me hizo a un lado para salir de la cama y salió de la habitación. Sí que eres estúpido Charles. Salí directo al baño y me duché, necesitaba bajar la calentura.
Cuando salí ya la habitación estaba organizada y un delicioso olor a café recién hecho inundó mis fosas nasales. Estuve a punto de quitarme la toalla de alrededor de mi cintura cuando ella ingresó.
-Lo siento -dijo dándose la vuelta para no verme, se veía tan tierna-. Preparé desayuno, está en la mesada de la cocina, también hay café, tal como te gusta.
Mis ojos recorrieron su cuerpo completamente y sin descaro. Ver sus pies descalzos, sus gruesas piernas y muslos colocarse en cruz como niña traviesa y ese trasero que hacía levantar el camisón un poco más mostrando casi el inicio de sus pompas, aunque ella intentara bajarlo la prenda era igual de rebelde que ella porque se le subía más... Dios, no, otra vez no. Una vez más estaba duro y excitado.
Me di la vuelta para que no me viera en apuros. No sé si lo hacía con inocencia o era a propósito, pero conmigo lograba su cometido.
-Eh, gracias, ya salgo.
Fue lo único que pude decir.
-Yo voy a ducharme, así que te puedes cambiar sin problemas.
Asentí a sus palabras y la vi de reojo entrar al baño. Solté el aire que había retenido e inicié mi proceso de vestirme. Oí caer el agua y mi cuerpo empezó a delirar porque quería dejar todo tirado y entrar a ese baño y hacerla mía, así que me vestí rápido y con ese pensamiento salí a tomar ese desayuno.
Cálmate, Charles, no puedes dañar lo que hasta ahora has alcanzado.
Me senté en la mesada y comí lo que Sara preparó. Mmm, todo estaba delicioso, lo comí todo con muchas ganas, después de terminar lo mínimo que podía hacer era ayudarle a organizar la cocina y así lo hice.
-Vaya, creo que eres el paquete completo.
Sus palabras me hicieron reír, me di la vuelta y allí estaba frente a mí tan hermosa como siempre, pero hoy llevaba el cabello suelto y mojado, era como un sueño verla, Sara es única, no se avergonzaba de ella ni de nada de lo que hacía, me encanta eso en ella, en cambio yo, yo soy un cobarde y miedoso, siempre pensando en el qué dirán y pendiente de todo lo que podrían decir de mí, que baja autoestima.
-Estás preciosa...
Ella se miró a sí misma y después dio una vuelta para que la apreciara por completo.
-Gracias, eres muy amable y gracias también por recoger, aunque no te hubieras molestado, porque eres mi invitado.
-Te lo agradezco, pero debo irme, debes tener muchas cosas para hacer y querer estar un rato a solas.
Todo lo dije tan rápido y sin pensar, como siempre. Me sentí mal cuando la vi quitar su hermosa sonrisa y cambiar su semblante en uno serio.
-Eh... claro, lo que tu digas, cierra cuando salgas.
Se iba a dar la vuelta e irse, pero la detuve, la tomé por el brazo, pero ella no se dio la vuelta, se quedó quieta escuchándome.
-Sara, lo siento, yo... soy un estúpido que no sabe qué hacer, me siento tan feliz contigo que creo que esto es un sueño y me porto como un imbécil diciendo necedades.
Ella giró su rostro y miró hacia mi mano que la sostenía, no levantó la vista.
-Solo quería pasar el día contigo, pero si tienes compromisos no te detendré. Se me olvidaba tu novia.
Sara me entregó el móvil con llamadas perdidas de Emma, había olvidado que este había estado timbrando temprano. Lo miré y lo coloqué en la mesada, debía arreglar lo que se supone dañé de nuestra primera mañana juntos.
La vi marcharse hacia su habitación y cerrar la puerta con seguro. ¡Charles, eres un imbécil con todo y ropa, hasta cuando vas a dejar de ser un cobarde y tomar las riendas de tu vida con madurez! Tienes la oportunidad de ser feliz y destruyes el momento con tus estúpidas inseguridades.
Me senté en el sofá por unos minutos a ver si abría la puerta, pero no salió en toda la mañana, ya eran las 11:30 y ella aún no salía.
Me di por vencido y salí de su departamento.
Manejé sin rumbo por las calles cercanas a su departamento, quería pensar en lo que estaba sintiendo por ella.
Nunca una mujer me había hecho sentir seguro de mí mismo, nunca me había hecho tener la necesidad de ser mejor, pero ella, ella con sus lindos ojos y su bella sonrisa me hacían tomar fuerzas para viajar hasta el universo y bajarle todas las estrellas, podría hasta ser un fuerte caballero de armadura si besar su boca fuera el premio.
Sara, te has metido tan dentro de mí.
Mientras seguía conduciendo encontré un lindo restaurante, me orillé y bajé del auto, entré y pedí para llevar, ella había preparado un rico desayuno y lo menos que podía hacer era encargarme del almuerzo.
Compré algo rico, sabía que le gustaban las pastas y los mariscos, así que elegí algo que tuviera ambos ingredientes.
Mientras regresaba a su departamento mi móvil sonó una vez más, rayos Emma y su impertinencia, respondí, quería finiquitar con ella lo que fuera.
-"¡Mi amor!"
Su efusividad me causaba vértigo, hasta miedo.
-Hola Emma, me has estado llamando, que quieres.
-"Charles, porque respondes de esa manera, que te sucede mi melocotón".
Odiaba que me llamara de esa manera.
-Nada, estoy bien, dime ¿sucede algo?
-"Amor, lo que sucede es que quería decirte que mis padres y yo vamos este fin de semana para Miami y quiero que me acompañes".
¿Qué? ¡Se ha vuelto loca! Miami. Y dejar a mi ricitos. Nunca.
-Pues no se va a poder Emma, voy a estar ocupado.
-"¿Ocupado? ¿Cómo qué ocupado? Si ya no tienes reuniones y cosas así".
-Pues no puedo Emma, surgió algo de última hora y debo resolverlo, es más cuando regreses me gustaría hablar contigo de algo importante.
-"No Charles, tú te vienes conmigo. Así que tú asunto de trabajo déjalo para otro día, yo soy más importante".
-Emma, en verdad no puedo...
-"Te vienes conmigo dije".
No sabía que hacer, a pesar de todo Emma era mi novia, impuesta, pero tenía una relación con ella... "Un momento, Emma viajó a otra ciudad hace 4 días y nadie le pidió explicaciones, por qué lo harás tú. Idiota defiende lo que sientes por Sara".
-Emma, ni tu ni nadie me viene a dar órdenes, tengo un trabajo y una responsabilidad que cumplir, así que te guste o no, no voy a ir a ese viaje con tus padres. Adiós.
Y colgué. Espero que no vuelva a llamar. Miré a todos lados temiendo que ella estuviera allí.
No lo puedo creer, le mentí y aparte de todo rechacé su invitación, por primera vez me deshice de Emma. Esto hay que celebrarlo.
Anduve rápido por las calles buscando un supermercado o un minimarket, cuando lo hallé bajé y compré una botella de vino, no sabía si a Sara le gustaba el vino, así que compre uno dulce y de paso llevé varias cervezas, compré de todo, no sabía qué le gustaba, dejaría que ella escogiera entre las dos opciones.
Cuando llegué al departamento, toqué el timbre, obvio no tenía llaves para entrar.
Cuando ella abrió fue como haber visto a un ángel, estaba con el cabello alborotado, sus pies descalzos, sus ojitos lloroso y tristes, sus mejillas sonrojadas, se vía tan tierna, ya no tenía puesto el vestido sino unos shortcitos de mezclilla bastante cortos que se perdían en su entrepierna y una blusa de tirantes que le llegaba un poco más abajo de sus pechos, sus majestuosos pechos levantaban la prenda dejando ver su vientre, ese que quería recorrer con mis labios y mi lengua.
-Hola, pensé que no volvías.
-...
Me quedé mudo viendo a esa mujer que me hacía soñar despierto, estaba tan sensual que sentí se me iba a parar, el corazón claro.
-Te vas a quedar allí o vas a entrar.
Di un paso hacia adentro, ella se hizo a un lado para que entrara. No tenía palabras ella las robaba todas.
Cuando cerró la puerta me di la vuelta y aclaré mi garganta.
-Traje algo para invitarte a almorzar y bebidas, no se cual te gusta así que traje de varias.
Ella me vio levantar las bolsas y las tomó para irse a la cocina.
-Gracias, voy a dejar esto en la mesada para cambiarme de ropa. No sabía que regresarías.
-Eh... Yo... Solo salí por algo de comer y no tienes por qué cambiarte, estás super bien así.
Ella se miró completa.
-¿Bien con estás fachas?
Me acerqué a ella lo más que pude y bajé mi rostro hacia el de ella estaba a milímetros de su boca.
-Para mí te ves preciosa, por favor déjame atenderte. No quise que me mal interpretaras está mañana, por favor.
Dije lo anterior mostrándole el sofá para que se sentara.
-Ok, me dejaré atender.
Respondió y se sentó en el sofá y cruzó las piernas en mariposa. Yo estaba que moría por recorrerla por completo, no dejaría un centímetro de piel sin besar y acariciar.
-Te traje pasta a la marinera.
A Sara le brillaron los ojos en cuanto vio su plato.
-Como supiste que me gusta la pasta con mariscos. ¡Gracias!
Y se arrojó a mis brazos y me dio un beso en la mejilla. Me hubieran visto, parecía bobo nuevo.
-Qué bueno que te guste. Una vez te escuché decir que te gustaba ese platillo.
-Nunca pensé que prestarás atención a mis palabras.
-Ya vez que sí.
En cuanto serví los platos fui por la bolsa de bebidas.
-Traje varias bebidas, no sé cuál de todas te gusta más.
Saqué el vino y se lo mostré, luego las cervezas una a una.
-Vaya, trajiste de varias, todas me gustan y el vino...
Le dio un vistazo.
-Mmm dulce, como me gusta.
Me sentí un héroe cuando la vi feliz por haber acertado.
Almorzamos hablado de cosas triviales, ella me contó de su vida y de su abuela Adela. Me reí mucho de la forma cómo la crío, ya sé porque Sara es así.
Su abuela la enseñó a ser libre e independiente, a no temerle a la vida y a vivirla sanamente, le enseño a tener valores y principios, a respetar a otros, pero sobre todo a no dejarse intimidar. Lo que más me impresionó fue saber que Sara era una niña para mí.
-En verdad tienes 25 años.
-Aja, ¿parezco de más edad?
-No, en realidad nunca había pensado en eso.
Saber que yo era 10 años mayor me hizo sentir inseguro. Ella necesitaba un chico de su edad, no un viejo ermitaño y amargado como yo.
Ahora sí debía tratar de terminar esta absurda relación o lo que estuviera a punto de iniciar, aunque me esté enamorando de Sara, debo considerar que ella es prohibida para mí.
Y con ese pensamiento terminé de almorzar.