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Charles Brown.
¿Nervios? Muchos. Junto a Sara me sentía nervioso, me sudaban las manos, mi corazón palpitaba como si hubiera corrido una maratón. Cada vez que ella me tocaba sentía un cosquilleo invadirme por completo, mi respiración se entrecortaba y que decir de mi... bueno... yo... me sentía excitado. Por Dios esa mujer besaba como las ninfas.
Sara es una mujer que siempre me llamó la atención. Desde que llegó a la empresa hace 3 años, me sentí muy atraído hacia ella, pero mis inseguridades y las constates discusiones con mi padre hicieron que perdiera mi valor para acercármele.
Me sentía poca cosa al lado de Sara, ella toda exótica y segura de sí misma, con su larga cabellera rebelde, ¡Ah! cuanto quisiera enredar mis dedos en ese cabello, sus hermosos y expresivos ojos, pero más su boca, esa que he podido besar en dos ocasiones, es tan dulce, pero a la vez tan brusca, y que decir de sus pechos, mmm, esos enormes pechos que me gustaría apretar con mis manos. Me pregunto ¿Qué se sentirá estar íntimamente con Sara? Porque en realidad quisiera sentir su cuerpo desnudo, recorrerlo por completo, disfrutarlo, deleitar...
-Señor, señor Brown, la junta, lo esperan en la sala de reuniones.
No pude pronunciar palabra, Sara las robaba todas, así como ha robado mis besos.
-Sí, claro la junta. Vamos.
Solo se me ocurrió pedirle que saliera, estaba temblando. Si tan solo tuviera el valor para decirle lo que siento. «Recuerda el compromiso». Sí el compromiso, como olvidar que ella estaba a tan solo 2 meses de casarse y yo amarrado con la insípida de Emma, por no tener el valor de enfrentarme a mi padre.
Llegamos a la reunión, allí estaban todos los accionistas, mi padre y Emma, ella era uno de los accionistas principales, pero no mayoritario, pues su padre Emilio Sulivan, le prestó dinero al mío para sacar la empresa de unos apuros en los que mi padre la había metido. Mamá insistió en que me hiciera cargo ya que él la estaba llevando a la quiebra por sus vicios y malos manejos.
Después de exponer los informes financieros, la utilidades obtenidas, presentar los nuevos negocios que hemos logrado en estos 6 meses junto con los que aún mantenemos, mi padre tomó la palabra.
-Felicidades hijo, que bien lo has hecho, como siempre demostrando que eres todo un Brown.
Quería borrar su estúpida sonrisa de su rostro, pero me mantuve callado, en realidad mi padre es un hombre impredecible, toda una cajita de sorpresas.
-Como veo que tienes todo bajo control y a flote, quiero aprovechar el momento para presentarles al nuevo inversor de esta compañía.
Cuando escuché esas palabras me puse nervioso, no sabía nada de un nuevo inversor, pero temía ridiculizar a mi padre en público porque sería cruel conmigo y me mandaría a la porra en cuestión de segundos.
-Es la familia Tanaka.
Todos los presentes se miraban unos a otros y luego a mí, no sabían nada y en nuestro informe no habíamos presentado nuevos inversionistas.
Con un poco de temor miré el rostro de Emma, quien estaba con una sonrisa de oreja a oreja, por las palabras de mi padre, ella al verme me sonrió con coquetería y yo solo asentí.
Bajé mi mirada, no sabía qué hacer ni qué decir, pero sentí en mi pierna un leve apretón. Llevé mi vista hacia la mano que me sujetaba y era Sara, como pude giré mi rostro y la miré a los ojos, ella me sonrió. Traté de contenerme para no tirarme a sus labios, quería sentirlos nuevamente. Pero la escuché hablarme en voz muy baja.
-Señor, debe refutar las palabras de su padre. Usted es el gerente general.
La suave voz de Sara mie hizo llevar mi mirada hacia mi padre, que aún seguía hablando.
-No sé qué decir.
Vi como Sara hacía un lindo gestos con sus labios, parecía un puchero englobadito, pues llenaba de aire sus mejillas, y movía sus ojos hacia los documentos frente a ella, creo que estaba pensando, y sí que pensaba rápido.
-Dígale que le presente la propuesta de inversión para la revisión del departamento financiero y de ser favorable la posterior presentación a la junta de accionistas.
Dios, Sara era muy inteligente, a mí no se me hubiese ocurrido eso, quizás porque le temía a mi padre.
-Papá, perdona la interrupción -dije con titubeo en mi voz, pero sentí nuevamente la mano de Sara en mi ¿ingle? Me puse más nervioso que antes, pero creo que eso era lo que necesitaba para tomar valor. Aclaré mi garganta y continué-. Me gustaría ver la propuesta de inversión de la familia Tanaka, quisiera revisarla junto con los asesores financieros.
-Charles -dijo mi padre con enojo en su voz. Me puse nervioso nuevamente y bajé la mirada-. He dicho que el señor Iku Tanaka va a invertir en esta empresa, no necesitamos ninguna propuesta.
Enterré mi mirada en los documentos que tenía enfrente de mí sobre la mesa, y creo que Sara se dio cuenta de mi miedo porque su mano llegó un poco más allá, sí, a ese lugar, lo único que pude hacer fue mirarla nuevamente con los ojos bien abiertos y creo que hasta avergonzado por estarme tocando justo en esa parte.
-Señor, está en juego el dinero de los accionistas.
Nuevamente la voz de Sara motivándome. Me aclaré nuevamente la garganta, me tragué la vergüenza y la sensación que la mano de Sara estaba ejerciendo en mis partes.
-Padre, creo que no he sido claro, debes entregarnos una propuesta para ser revisada. Te recuerdo que esto no es ningún negocio de barrio, es una empresa que tiene muchos clientes a nivel nacional y muchos accionistas, y por si no te has dado cuenta, esos accionistas creyeron en B&B y trajeron su dinero para que ese dinero trabaje por ellos en buenos y sanos negocios y produzca más ganancias y más dinero, y ese nuevo dinero sigue trayendo más clientes que siguen trayéndonos más ganancias y más dinero. Nuestros accionistas están tan felices en seguir creyendo en B&B que no han hecho nada para retirarse. Como ves esos inversionistas que te quieres pasar por la faja son los que van a pagar las consecuencias de los errores que se comentan por no revisar una simple propuesta de inversión. Así que dejémonos de rodeos y envíame la propuesta de la FAMILIA TANAKA a mi oficina. Terminamos la reunión. Que tengan buen día, señores.
Me levanté rápidamente de mi lugar y tomé las carpetas de documentos frente a mí. Salí como pude y corriendo de la sala de juntas y me encerré en mi oficina bajo llave.
¡Wow! QUÉ... FUE... ESO... Yo dije eso. No lo puedo creer. ¿Yo Charles Brown he confrontado las decisiones de mi padre y lo he dejado sin palabras finalizando una de esa manera? No lo puedo creer, ahora sí que las metí todas, mi padre estará que echa fuego por los ojos, vendrá a tumbarme la puerta y a pedir que le aclare lo que hice.
Unos golpes en la puerta me hicieron sobresaltar, pero al oír su voz sentí una calma en mi corazón.
-Señor está bien.
Me levanté de mi silla y corrí a abrir la puerta.
-Sara, entra.
La jalé y la hice entrar, cerré nuevamente con seguro. Ella me miró con ¿asombro?
-Señor, lo que hizo fue fenomenal, hubiera visto la cara de enojo que llevaba su padre, huy si yo fuera él no volvería por aquí. Y qué decir de la pelos de escoba, hay señor, que valiente eh, se lo tenía bien guardado, usted es mi hé...
No la dejé continuar porque me arrojé a su boca y la besé con desenfreno, ella me correspondió de inmediato. Mi boca la devoraba sin control, quería más, quería todo de ella, mi lengua no pidió permiso para entrar en su boca e iniciar una lucha por el control de ese beso. Me comí su boca, mordisqueé sus labios y la escuché gemir entre el beso, eso me prendió más.
Sentí un enorme deseo por tocarla, por acariciarla, por sentir su hermosa piel canela y me aventuré, bajé mi mano a su trasero y lo apreté, ella se tensó y se separó de mí.
-No, yo no puedo. Señor lo siento, creo que estamos cometiendo un error.
Vi duda en su mirada o era temor.
-Sí tiene razón señorita Johnson, lo lamento. Usted está comprometida y yo tengo novia. No hay que olvidar eso.
La vi hacer un gesto.
-Además... usted es quien siempre me asalta y yo creo que confundí la emoción de mis acciones. Le pido mil disculpas, puede retirarse.
No fue necesario seguir hablando, porque la vi tragar grueso antes de que abriera la puerta para luego estrellarla con fuerza.
Sara por Dios, qué me estás haciendo. Me alteras por completo. Yo que me consideraba calmado, con mis emociones bajo control, correcto en mis principios y valores, fiel a mi "novia impuesta", y tu vienes a removerme la vida por completo, con tus embrujos de mujer seductora me estás haciendo cometer locuras, entre ellas enfrentarme a mi padre y desearte sin pudor. Rayos, en qué me estoy convirtiendo.
Debo calmarme, debo pensar bien las cosas, me iré a casa y trataré de aclarar mi mente y mañana todo habrá pasado.
Sara Johnson.
No dejé que terminara de hablar cuando ya me había dado la vuelta para salir de su oficina. Escuché todas sus palabras, que estúpida fui al creer que el beso antes de la junta y sus tiernas palabras eran porque estaba sintiendo algo por mí y yo de regalona ayudándole a que se atreviera a desafiar a su padre por esta empresa que él tanto ama.
-Tonta, tonta y tonta.
Una verdadera mujer no se regala a un hombre Sara, los hombres deben luchar por alcanzar a una mujer. «Ya lo intentaste, te regalaste dos veces, sí, le diste tus besos y tu apoyo moral por nada, porque te dijo NO». Ahora es momento de que sufra, ya no más Sara la regalada.
Suspiré con fuerza y saqué todo lo que sentía en ese suspiro. Miré la cafetera terminar de hacer el café, porque me había encerrado en el cafetín de la oficina, no quería verlo.
Ahora voy a tomar valor y esperar hasta finales de mes para irme de esta empresa, pero no, no puedo hacerlo, la cláusula de mi contrato es muy clara, no debo renunciar antes del tiempo pactado o deberé pagarle a la empresa por el perjuicio causado.
«Maldición sean todos los diablos». Cómo decía mi abuela Adela.
Piensa Sara, no te dejes atormentar por el niño mimado de papi, aunque ese niño mimado me tenga jodidamente embobada.
Recuerdo el primer año que llegué a esta empresa e intenté que se fijara en mí, cuando lo vi por primera vez sentí como cupido enterraba esa flecha en mi corazón, ese sustito que da cuando vez a la persona que llama tu atención y te hace latir desesperadamente el corazón, cuando estaba cerca de él me sudaban las manos, me volvía gaga, no como Lady Gaga, no, sino tartamuda, yo... yo... que... que... tu... tu... tartamudeaba y se me olvidaba que yo también hablaba el mismo idioma, cada vez que lo tenía en frente la piel se me colocaba chinita, como la una de gallina desplumada, bueno para que me entiendan, se me erizaba la piel. Ah y ni que decir de los nervios, parecía una maraca temblando todo el tiempo y todo se me caía de las manos. En fin, era la nueva boba del barrio.
Después como cosas de la vida o del destino, creo que es lo mismo, conocí a Salomón Red, mi novio. Nos topamos en la cafetería que está cerca de mi departamento, él tropezó conmigo y me tiro todo lo que había comprado para desayunar, era domingo y no quería preparar nada. Así que se sintió culpable y me compro todo nuevamente, se sentó junto a mí, pidió disculpas una y otra vez, y bueno, nos hicimos amigos.
Nos empezamos a ver entre dos a tres veces por semana en la misma cafetería, creo que se volvió el punto de encuentro. A los meses ya éramos novios, ahora que lo pienso no sé ni como pasó y ahora veo el anillo en mi mano.
Ya tenemos dos años de noviazgo y llevo cuatro meses planeando la boda, en realidad no he planeado nada, pero solo estoy dejando que el tiempo pase. La fecha que escogimos para la boda es en dos meses exactos, así que conociéndome como me conozco, me verán el último mes corriendo como loca de aquí para allá buscando todo y comprando todo.
Pero ahora que lo pienso bien, no me quiero casar. ¿Es por él? ¿Por mi jefe? Nooo, o sí. No lo sé, creo que debo aclarar mi mente antes de tomar alguna decisión que me afecte emocionalmente, pediré unos días de descanso y de que renuncio, renuncio.