Capítulo 7 7 ENTONCES ES NUESTRO MEDIO TIO

Armando sonrió, su hermana resulto incluso más desconfiada que él, lejos de molestarlo, eso le pareció bastante bueno.

-La empresa en la que trabajo movió su sede a México; eso me trajo de nuevo al país; al día siguiente de mi llegada mi madre murió, me pidió buscar a mis hermanos, por eso estoy aquí- al ver lo directa que fue al preguntar, decidió contestarle con la verdad; además no veía caso ocultar el motivo principal de ese encuentro.

Alejandra sintió pena por él, sin pensarlo tomo su mano para confortarlo, ni siquiera se dio cuenta.

-Lo siento mucho-estaba sumamente conmovida; se apeno un poco de ser tan confianzuda al tomar su mano, pero fue algo natural para ella.

En ese momento era como si se conocieran de toda la vida, hubo una conexión entre ellos que a Armando le pareció extraña pero que lo lleno de calidez, por otro lado, Alejandra se sintió protegida estando ahí con él, para ambos era una sensación nueva.

-Gracias, pero no vine aquí a entristecerte, quiero saber de ustedes, después de todo somos familia- recordó las palabras de su madre, podían apoyarse mutuamente, días antes solo sentía curiosidad, en ese momento descubrió que tenía la necesidad de saber de la vida de su hermana y ayudarla con las niñas.

-No sé qué quieras saber- le sonrió- imagino que pasaste por la casa de mi abuelita, bueno, de la tía Paola; como veras no soy tan cercana a la familia, vivo sola con mis hijas, y, no sé qué más decirte- su tono indicaba que estaba nerviosa al contarle sobre ella, era obvio sabia lo anticuados que eran en la familia, esperaba entendiera su vida los avergonzaba.

-¿El papá de las niñas? - En cuanto hizo la pregunta se arrepintió, pero, ya lo había dicho, por lo que escucho a las niñas decir vivían solas ellas tres, además Raquel ya le había dicho que no compartían el mismo padre.

-Supongo que, trabajando, me separé del papá de Alexa hace casi siete años, y el papá de Vanesa, existe, pero no figura en nuestras vidas, ella se crio con Julio y lo ve como su papá- fue directa, no le gustaba dar explicaciones de su vida, pero tampoco le molestaba aclarar esa parte.

-Perdón, no quería ser entrometido, no tienes que explicarme- se sentía apenado por pasarse de la raya, no quería ahuyentarla al ser tan indiscreto.

-No pasa nada, estoy acostumbrada- le sonrió; la comida llego y llamo a las niñas para llevarlas a lavar las manos. En el baño sus hijas comenzaron a preguntar sobre lo que pasaba.

-Mamá, ¿porque dice que es nuestro tío? - Vanesa aprovecho que él no estaba.

-Él es hijo de tu abuelito Carlos con otra señora, es como tu hermana Livia o como Diana y Ramsés, los hijos de tu papá- Afortunadamente el tema de los medios hermanos era común en su entorno, así que no hubo mucho que decirles para que entendieran.

-Ah ya, entonces es nuestro medio tío- se emocionó al confirmarlo.

Alejandra soltó una carcajada cuando Vanesa dijo eso.

-No, solo es su tío- hasta para ella era extraño.

-Bueno mamá- intervino Alexa, -me cae mejor que mi tío Enrique- la pequeña se encariñaba rápido con las personas, Armando no sería la excepción.

Las tres se rieron, Alejandra les pidió se comportarán como debían, no querían espantarlo, aunque en realidad no sabía cómo llevar las cosas, sentía pena por la muerte de su madre y quería confortarlo, pues entendía que si las busco tal vez necesitaba compañía, pero, después de tantos años le inquietaba su aparición y se llevaba muy mal con su otro hermano, no necesitaba más de ese estrés en su vida.

Comieron y platicaron de cómo iban las niñas en la escuela, lo que les gustaba hacer, rieron mucho por las ocurrencias de Alexa e hicieron planes para ir a pasear dos semanas después ya que a la siguiente semana ellas debían ir con su padre.

Armando se sentía tan cómodo que cuando las niñas quisieron pedir postre y su mamá dijo que no, el intervino.

-Pidan lo que quieran de aquí en adelante; soy su tío y pueden pedirme lo que sea- disfrutaba el estar acompañado, sonrió, su madre anticipo que el tener cerca a su hermana le llenaría el corazón en ese momento tan triste para él.

Vanesa con tono de travesura respondió dándole la espalda a su madre pues sabia como reaccionaria.

-ah, entonces yo quiero ir al cine- espero el regaño que seguro vendría.

Alejandra de inmediato se puso frente a ella, la miro con desaprobación y negando con la cabeza.

-ya comimos, será otro día- era una situación nueva y debían ir con cuidado.

Vanesa y Alexa pusieron cara triste; Armando miro su reloj para ver si tenía tiempo antes del rosario, al ver qué si, movió la cabeza mostrando su aceptación. Las niñas salieron del restaurante al cine felices, Alejandra y Armando las seguían; ella le dio las gracias apenada.

-No tienes que apenarte, después de todo soy tu hermano mayor- su comentario provoco un momento incomodo entre ellos, se llevaban menos de un mes en edad, su padre había embarazado a las dos mujeres casi al mismo tiempo, pero decidió vivir con la madre de Alejandra y a la otra verla de vez en cuando.

-Hola Ale, ¿qué haces por aquí? - se escuchó la voz de una mujer, Alejandra giro pues reconoció quien era.

-Hola Jess, veremos una película, ¿y ustedes? -, saludo con un gesto a las personas de atrás, se veía que era una familia grande

-Igual, al cine, ya vez que es el estreno del momento, tu ¿vienes en plan romántico?; que bueno, ya te hacía falta- su tono fue de burla, era hermética en sus relaciones, siempre la veían sola o con sus hijas.

Alejandra hizo un gesto en desaprobación del comentario.

-Hola mucho gusto, Armando Álvarez, soy su hermano- noto la incomodidad de su hermana así que decidió intervenir. la mujer puso cara de sorpresa

-Igualmente, soy Jessica, amiga de Ale, nosotros la queremos mucho y a las niñas, conocemos a Quique también, yo estudié con él- la mujer dejo ver qué le parecía extraño este hermano. -Ah ya me acordé, este es el hermano que tenían en Estados Unidos, el que Quique decía lo ayudaba- se sorprendió, Enrique tenía fama de mentiroso así que creían se había inventado esa historia.

Alejandra se sonrojo, había tenido muchos problemas por su hermano menor.

-El mismo, nos vemos después- lo dijo mirando a Armando apenada, era una forma incomoda de comenzar su convivencia, se despidió con un gesto de los demás y siguió para alcanzar a las niñas -disculpa, Enrique siempre ha dicho que tenía comunicación contigo- estaba expectante de su reacción, pero, lo veía tranquilo.

-Descuida, no pasa nada- no sabía si abrazarla para demostrarle que no le importaba, solo puso la mano en su espalda buscando tranquilizarla, entendía que su hermano seguía siendo un dolor de cabeza para ella, como aquella única vez que su abuela los comunico para que la ayudara con un problema que tenían por él, en ese tiempo no podía ayudar más que con algo de dinero, después simplemente se olvidó de la situación.

Llegaron a la taquilla, justo cuando iban a pagar Alejandra dio su tarjeta, Armando se molestó.

-De ninguna manera; yo las invite y yo pago- miro a la cajera -devuelva la tarjeta. - la cajera intento devolverle la tarjeta a Alejandra.

-¡No!, cobre de ahí los boletos- volteo a ver a Armando, -tú ya pagaste la comida, déjame de menos invitar las entradas- lo dijo suplicante, aunque por dentro se sentía halagada, con su otro hermano ella tendría que pagar todo, e incluso el pediría lo más caro.

Armando tomo la tarjeta y le dio la suya a la cajera, -creo que conservaré esto hasta que nos vayamos, no te vaya a dar por pagar otra cosa, yo invite, yo pago, es la última palabra- su tono, aunque con afecto fue de reprimenda lo que incomodo un poco a Alejandra, no le gustaba la trataran como niña y así se sintió al ser regañada; se veía molesta y apenada a la vez, la cajera veía a Armando como si se por ese gesto se hubiera enamorado de él, pero en cuanto se dio cuenta la veían agacho la mirada; entrego los boletos sonrojada.

-Mamá, creo que mi tío enamoro a la señorita- Alexa sonreía de ver las mejillas de la chica.

Al escucharla la cajera se puso aún más roja, Alejandra y Armando soltaron una carcajada rompiendo la tensión del momento y se alejaron de la taquilla; compraron palomitas y vieron la película, la pasaron tan bien que parecía ya habían interactuado antes.

-Fue una tarde muy agradable, las llevare a casa, debo ir a el rosario de mi mama- no quería dejarlas, se sentía muy bien a su lado, pero pensó tenían mucho tiempo para seguir conociéndose.

-Si no te molesta, me gustaría acompañarte- A pesar de que hasta horas antes era un extraño, le daba mucha confianza, en cualquier otra situación no habría pedido acompañar a alguien que acababa de conocer, pero en este momento quería corresponder a tan buenas atenciones a sus hijas.

-Me encantaría lo hicieran- lo hizo feliz, sin duda era la persona que quería estuviera junto a él en ese momento, sus sobrinas eran un agregado que recibía con gusto.

            
            

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