Antonio reaccionó de manera imprevista y a mitad de la conversación, se echó a llorar, como un niño. Toda su potencia verbal, su brutalidad, se disolvió como un azucarillo en cuestión de minutos. Él tenía la vida que deseaba, y se conformaba con ella, ignoraba que yo me sintiese sola e infravalorada. Creía, como les suele pasar a casi todos los maridos clásicos, que con cuidar de él y de los nenes, me bastaba y sobraba y que no anhelaba anda fuera de esas cosas. Me miró de arriba abajo, y comprendió por mis nuevas maneras de saber estar y comportarme, que era una Tere, nueva, y que no me conocía en absoluto. Le dije, que necesitaba más de lo que él me podía ofrecer en distintos ámbitos, y que no le culpaba. Su educación era la que era, y no había tenido la oportunidad de desarrollarse, ni ser enseñado por nadie. Yo meditaba, mientras hablaba con Antonio, y me daba perfecta cuenta, de que estaba teniendo una oportunidad de salir de la cárcel que la sociedad y los típicos tópicos me habían impuesto. Nos acostamos culo contra culo, pero al poco, encendió la luz y comenzó a hablarme. Nunca, nunca, habíamos tenido tanta conversación. Pena que fuese tan tarde en nuestra relación.
-¿Qué haremos con los críos?, yo mientras voy a trabajar puedo dejarlos con mi madre.
-Es una buena idea. Yo buscaré a alguien que les vaya a buscar al colegio y los fines de semana estaré con ellos todo el día.
-Tere...
-¿Qué, Antonio?
-¿Me has querido alguna vez?
-Claro, me casé enamorada hasta las trancas, eras un tío que me hacía reír, me mimabas, y estabas siempre atento a mis necesidades. Luego vinieron los nenes, y ya todo cambió. Tú te amargaste, no sé la razón. Te dejaste de cuidar, y diste todo por hecho.
-Yo siempre te he querido, no soy de los que lo dicen y supongo que eso precisamente ha sido un factor determinante en que tu buscases a alguien que te diese lo que no tenías en casa.
-Antonio, no busqué nada, solo que apareció en un momento en el que yo estaba sola, triste y me hacía preguntas por primera vez en mi vida. ¿Tú no te has parado a pensar en si realmente vives la vida que quieres, Antonio?, o...¿solo vivimos la vida que nos marca el qué dirán el tratar de amoldarnos a lo que los demás quieren?
-Yo soy un tío sencillo, Tere, tú lo sabes. Me conformo con que mis hijos crezcan sanos y tengan más que yo. Y creía tener a la mujer de mis sueños en casa, soñé que me amaba. Pero el despertar está siendo duro.
-Antonio, que vas a conseguir que me eche a llorar de un momento a otro. ¿Por qué nunc ame dijiste estas cosas antes?, todo hubiera ido de otra manera, sería todo tan distinto...pero siempre das la razón a tu madre en todo, aunque sepas que la tengo yo, me dejas a un lado cuando sales con tus amigos, o tienes partido de fútbol, nada te apetece hacerlo conmigo.
Antonio, se dio la vuelta y se abrazó a mí, llorando desconsolado, y yo, me sentí la peor mujer del mundo. Me intentó besar en la boca y yo no me opuse, era mi marido ¡qué coño!, él se esforzó por degustarme, porque la palabra era degustarme, como cuando uno se come ese pastel tan deseado, el favorito, y cada lengüetazo es como el primero, pues eso. Me acarició el pelo, las mejillas y me miró como si estuviese con una extraña. Deseada y distinta a su mujer en todo. Me apretó suavemente contra su pecho y me besó en la frente. Yo reconozco que me excité como nunca antes con él, y dejé que hiciese. Yo descubrí que Antonio no era tan torpe como siempre, había de alguna manera, desarrollado habilidades que yo desconocía por completo. Aquella noche hicimos el amor por primera vez en nuestras vidas, sí hijas, que lo de antes era simplemente follar para descargarse él. Con deciros que tuve un per de orgasmos con él. No fue directamente a penetrarme y ya está no, me acarició, me besó, y cuando entró en mí, yo lo deseaba. Así que eso fue hacer el amor. Se durmió bastante tarde, y sentí como lloraba en silencio. Yo hacía lo mismo y me pregunté si hacía bien en dejarle, ahora que todo parecía que mejoraba. Analizar los sentimientos de una no es cosa fácil, cuando se ha tenido encarcelado el corazón y la mente entre rejas oxidadas, durante tantos años. Ahora me debatía entre la frescura y el misterio de Adrián, que me daba protección y caña sexual, o mi marido que me mimaba y trataba como a una mujer y no como a un mueble. ¡Era de locos!, pero tendría, más temprano que tarde, que decidirme por uno de ellos, y eso implicaba empezar una nueva vida, eligiese al que eligiese. La noche resultó eterna y me quedé dormida sobre las seis de la madrugada. Despertarme fue difícil ese siguiente día. Antonio se afeitaba en el baño y yo, me incorporé para levantarme. Me pesaba el cuerpo y tenía la mente embotada. Me dolía la cabeza y aún me quedaba el desayuno de los nenes y el de Antonio, bajar a por el periódico, y dos tarjetas que resolver de las de Adrián. Me levanté y me fui quitando las legañas de los ojos con los dedos, como los nenes solían hacer. En la mesa estaba preparado el desayuno, con cuatro boles, uno para cada uno, los nenes estaban sentados uno frente a otro, y al lado del bol de Antonio, estaba ya el periódico. ¡Hasta mantel había puesto!, ¡con cubiertos a juego y cuatro vasos de zumito de naranjaaaa!
-¿Pero qué es estooo?, si habéis puesto el desayuno...
-Le hemos ayudado a papá a poner la mesa mami. –Dijo María para que quedase constancia de su participación.
-Y yo he hecho los zumos...-se autoproclamó adulto Alex, irguiendo la cabeza, orgulloso.
-Mami, ¿nos vas a dejar?, -soltó de repente Alex.
-Pero criatura, ¿quién te ha dicho eso?
-Es que mi amigo Luis dice que cuando un papá pone el desayuno a la mamá y le hace sus cosas es porque la mamá le quiere dejar y se porta mejor.
-Ya voy a hablar yo con la mamá de tu amigo Luisito, para que le inscriba en la carrera de sicología, que le irá bien. Dile que no, que no voy a dejar a papá.
Cuando pronuncié esas palabras, no fui consciente de que Antonio, estaba detrás de mí. No dijo ni mú, pero se sentó en un sitio distinto al de siempre.
-Pero si tienes el periódico en tu sitio ya hombre de Dios, ¿cómo te vas a sentar ahí?
-No, ese es tu sitio hoy, el periódico es para que lo leas tú, yo fregaré los platos y luego me iré a currar, que también tienes derecho a tener un respiro, vamos digo yo...
Buenoooo, ni que decir tiene que me quedé atontadita del todo. Me senté como si estuviese en casa ajena, eché una miradita al periódico, y me di cuenta de lo agradable que es que te lo pongan todo a la boquita y poder estar tranquila desayunando. Los niños me miraban de soslayo, como temerosos.
-Bueno niños ¿y qué haréis en el cole hoy?, contadme.
Había sido Antonio quién preguntaba, ¡no me lo podía creer!, si no se interesaba nunca por las cosas de los nenes, que decía que erran cosa de mujeres.
-Hoy tengo gimnasia y luego, dibujo y matemáticas. Respondió Alex
-Yo tengo ciencias sociales y religión. –Se quiso añadir maría muy sumisa.
-Pues yo, tengo que resolver unos asuntos muy difíciles, -dije mirándole a Antonio- y luego trabajaré un poquito.
-¿En qué trabajas mamá?
-En, bueno ya os lo contaré que es una sorpresa.
Antonio miró su reloj de pulsera, que le había regalado yo hacía seis años y que nunca se había puesto y dijo que tenía que marcharse. Se levantó se puso a fregar los boles y los cubiertos y muy aseadito él, los dejó secando en el fregadero. Se había vestido sin que yo le dejase la ropa sacada encime de la cama, y estaba guapote, debo reconocerlo, igual la actividad nocturna también había tenido algo que ver en ello. Llevaba una camisa color morado, con corbata gris y pantalón negro. Los zapatos le brillaban como espejos y la americana colgaba del respaldo de la silla de la habitación. Todo un caballero, pensé. Pero lo que más me sorprendió fue que antes de irse hizo algo nuevo que jamás había hecho ni tan siquiera de recién casados. Se acercó y me plantó un beso en los labios. Mira que las mujeres somos tontas, que nos tratan bien unas horas y nos entregamos con armas y bagaje...
La casa se quedó vacía al llevarse a los nenes al cole Antonio, que hasta eso hizo por mí. Un torbellino de ideas se formaba en mi cerebro, tan castigado últimamente. ¿Quién dijo que pensar duele?, pues eso, que duele. Dos hombres, dos mundos, dos maneras de vivir, y...¡cuál elegir?, saqué las dos tarjetas restantes, del clutch, y las miré sin decidirme. Una vibración del móvil y Adrián decidió por mí. "Ve primero al gemólogo". Pues nada, anda a ver en qué para todo esto. Os digo sinceramente que me sentía fatal. Mala madre, mala mujer y peor persona. Pero la suerte estaba echada. "calle La Castellana", claro, pensé, ¿dónde sino habría un gemólogo" en una de las calles más importantes de Madrid. Claro que entonces yo ignoraba qué era un gemólogo. Me vestí llorando a lágrima tendida y casi me tengo que volver a maquillar otra vez, porque el Rimmel amenazaba con chorrear por mi cara. Me miré me di la vuelta y me dije a mí misma que mala igual sí que lo era, pero buenorra estaba todavía eso sí que sí. Me eché un chal negro sobre los hombros y me calcé los "Manolos" negros. Un vestidito negro que no hacía justicia al resto pero que era lo único que tenía a mi disposición y bajé a la calle, tras perfumarme bien.
Fui paseando desde la boca del metro hasta el número ciento treinta y seis. Yo pensé que sería un piso, pero no, que va, era ¡una joyería!, no si al final me iba llevar unos diamantitos de la joyería que ye ves tú. Empujé la puerta de cristal y chicas que me sentí un poso amedrentada, sí, ¿Qué queréis que os diga', pero al decir que iba de parte del señor Guevara una sonrisa se desplegó en la cara del dependiente, que después me enteré no era tal, sino el dueño mismo.
-Por favor, tenga usted la bondad...-me guio caballerosamente hasta la trastienda.
-Claro faltaría más, gracias.
La trastienda era mucho más grande que la tienda en sí y había una enorme mesa con sobrecitos blancos sobre ella, perfectamente alineados. Una caja fuerte que iba desde el suelo al techo, y que supuse era dónde guardaban las joyas y cuatro sillas preciosas.
-Siéntese por favor enseguida estoy con usted. ¡Alfonso, por favor atienda usted afuera! Discúlpeme, me llamo Félix, soy el dueño de la joyería, y muy amigo del señor Guevara. Me encargó encarecidamente, que le mostrase como seleccionar las piedras según su calidad y color, así como por su talla. Si dispone de tiempo suficiente, podemos empezar ahora mismo...
-Sí, claro, tengo tiempo, he venido a eso exclusivamente. Le agradezco que me dedique su tiempo.
-De nada, es un placer poder serle de ayuda a usted y a Adrián. –Le llamaban por el nombre por primera vez.
El joyero, me pidió que eligiese, como en un juego, un sobre, y yo seleccioné el del centro, a pesar de que todos eran idénticos en tamaño y color. Él vació este sobre un paño de terciopelo que desenrolló, y vi. Claramente unas gemas rojas como la sangre. Brillaban espléndidas.
-¿Le parecen iguales estas piedras?
-Pues la verdad que sí, son rojas todas.
-Comprendo. Sin embargo todas son distintas.
-Es que sintiéndolo mucho de piedras preciosas no sé nada.
-No se culpe, para eso estoy yo aquí. Verá, esta piedra es un rubí de gran calidad, se les denomina "sangre de pichón" porque son transparentes y su color no obstante es intensamente rojo. Véalo al trasluz por favor.
Yo con más miedo que vergüenza, tomé entre mis dedos el rubí y lo puse contra la luz de la lámpara que colgaba del techo. Era absolutamente transparente. Pero de un rojo precioso.
-La talla se llama talla princesa y no suele ser habitual en esta piedra.
Yo hubiese pedio ver aquella piedra roja cuadrada y ya estaba, pero no, que va, tenía su intríngulis.
-Se facetan o tallan solo las mejores piedras, y estas se engastan en anillos diademas, coronas, o algún otro tipo de objeto. Se llama joya a la piedra no al anillo o al engaste en sí, ¿me comprende señorita?
-Yo creía que una joya era un anillo una pulsera...
-Pues en realidad no, solo es una joya la piedra preciosa el engaste se denomina alhaja, claro está que casi no se usa esta denominación y se ha generalizado joya como algo que incluye a ambas.
-Entiendo, siga por favor, se lo ruego.
Este otro rubí esta pulido y es un cabujón no es tan puro y transparente, pero tiene mucha calidad. Véalo al trasluz también.
La piedra era preciosa, algo más grande y de un color menos intenso, pero bonita también.
-Estos otros tres son de baja calidad y puede verlo al..
Ya no me lo tuvo que repetir más. Se veían como rayitas dentro, y le miré expectante.
-Se llaman inclusiones. Son imperfecciones y cuantas más tienen menos vale al piedra. Pero algunos rubíes tienen y son muy valiosos. No hay regla que no se quiebre en este negocio, depende del origen, del tamaño, y del color. También del peso en kilates.
-Entonces el rubí que tiene en su corona la reina de Inglaterra debe costar mucho...
-La corona de la reina de Inglaterra no tiene un rubí si se refiere al que se encuentra engastado en la cruz, es una espinela, y tiene una particular historia, De hecho es de origen español.
-Seguro que nos lo robaron de algún galeón que venía de las indias.
-Bueno, en realidad nos robaron menos de lo que se dice, no era tan fácil saquear los galeones que venían en convoyes de las indias señorita, veo que le gusta la historia. Es el pago que hizo el rey de Castilla pedro primero "el cruel" al príncipe "negro", por prestarle en batalla a sus famosos arqueros contra su hermanastro Enrique que al final ganó la guerra.
-Ya veo...-yo estaba atónita y embobada con aquel tipo, que se lo sabía todito, todo.- En España como no tenemos nada de esto...
-De nuevo siento tenerle que contradecir. En el palacio real de Oriente, se encuentran un par de coronas que poseen más de dos mil diamantes y un cetro, que está repujado en plata y con herretes de rubíes precisamente. Pero esto es algo para hablarlo largo y tendido, no querría aburrirla en su primera clase.
La primera clase, ¡vaya!, así que iba a haber varias al menos. No, si no me importaba, estaba disfrutando de los lindo. Lo que iba a presumir yo con Mario y Mari en la siguiente citaaaa. Y mira por donde me enteré de que no éramos tan pobretones en España como yo y muchos más creíamos. El amable Félix, pasó a elegir él otro sobre, y lo vació en el paño de terciopelo negro, tras guardar, primorosamente los rubíes en su sobre.
-Estas son esmeraldas.
-Tienen diferente color.
-Veo que su ojo se va entrenando. En efecto son muy distintas. Mire esta es de Colombia. El color es intenso, como ocurría antes con el rubí "sangre de pichón" y también es transparente del todo.
Aquella piedra me fascinó, Era como un trozo de selva arrancado de Colombia y puesto en un anillo de platino debía quedar de madre. Estaba facetada en una talla que se llamaba precisamente esmeralda.
-Como puede comprobar incluso la talla lleva su nombre es talla esmeralda. Cada piedra exige ser facetada de manera distinta, según su color y pureza y así se aprovechan sus cualidades óptimamente.
-Debe ser maravilloso trabajar en esto, una delicia.
-Sí, la verdad es que sí. Pero venga, quiero que se pruebe algunas joyas y que sepa, si me permite enseñarle, como se usan.
Chicaaa, yo creía que las joyas te las ponía y listo, pero que no, que no, que se debían usar como los vestidos según qué ocasiones, tenían todo un ritual y un modo de uso, muy complejo. Se llegó hasta la caja fuerte y no supe qué hacía, porque la puerta de esta le ocultaba a mi vista. Trajo consigo cuatro cajitas muy planas y fue abriéndolas de una en una. Ante mí apareció un collar de diamantes que brillaron como estrellas. Me dijo que se le llamaba aderezo, y era para el cuello, evidentemente. Se solían llevar a actos de relevancia como fiestas de alta sociedad, bodas especiales, de gente importante y sobre todo de noche. ¡Vamos que para ir a la compra como que no!
-Esta es una pulsera a juego, pero tiene rubíes intercalados.
-Sangre de pichón, creo distinguir.
-Así es, es una alumna aventajada señorita Guevara, eso me agrada. Es una pieza que puede usarse, a diferencia del aderezo, con mayor frecuencia. Claro, que nunca fuera de un ámbito adecuado. Póngaselos vea como le quedan, se lo ruego. Si me permite que se lo coloque...
Yo estaba como en la antesala del paraíso, para una mujer...así que le di mi permiso y él mientras me apartaba yo el pelo, me abrochó el aderezo de brillantes por detrás. Y me ayudó a cerrar sobre mi muñeca la pulsera. Me llevó hasta dónde un espejo oval cubierto por un lienzo, me permitió verme enjoyada del todo todito. ¡Ay, hijas mías! ¡Qué bien que me quedaban!, estuve a puntito de echar a correr y quedármelas. Ja ja ja ja , es broma claro. Me di vuelta y me iré de todos los ángulos. ¡Como brillaban!
-Está usted preciosa si me permite decírselo. No quiero cansarla demasiado, vuelva cuando tenga otro ratito y continuamos.
Yo quise decirle que tenía todo el tiempo del mundo, pero no insistí, no era correcto. Me puso el chal que llevaba cubriéndome los hombros y me abrió la m puerta caballerosamente.
-Espero volver a verla pronto señorita Guevara...
Una vez afuera me pregunté, para qué quería Adrián ponerme los dientes largos con tanto diamante y tanta leche si no me iba a llevar ni el más pequeñito. Paseé tranquilamente por La castellana y una vibración me sobresaltó, El móvil de Adrián. "Antes de ir al salón de té termina tus clases".
Hala, ¡que escueto era el nene, madre que escueto...!, Un hombre trajeado pasó a mi lado y se volvió a mirarme con cierto descaro. Me sonrió al hacerlo yo. ¿Sabéis cuantos años hacía que un hombre no se daba la vuelta para mirarme como a una mujer deseable?, me refiero a un hombre de los que merecen la pena claro, no a los demás que esos siempre la miran a una. Me sentí una muchachita joven y grácil. Me contoneé a propósito y sentí que me crecía la autoestima varios enteros.