Género Ranking
Instalar APP HOT
Entrelazados Por Equivocacion Una Casamentera Para El Ceo
img img Entrelazados Por Equivocacion Una Casamentera Para El Ceo img Capítulo 2
2 Capítulo
Capítulo 6 img
Capítulo 7 img
Capítulo 8 img
Capítulo 9 img
Capítulo 10 img
Capítulo 11 img
Capítulo 12 img
Capítulo 13 img
Capítulo 14 img
Capítulo 15 img
Capítulo 16 img
Capítulo 17 img
Capítulo 18 img
Capítulo 19 img
Capítulo 20 img
Capítulo 21 img
Capítulo 22 img
Capítulo 23 img
Capítulo 24 img
Capítulo 25 img
Capítulo 26 img
Capítulo 27 img
Capítulo 28 img
Capítulo 29 img
Capítulo 30 img
Capítulo 31 img
Capítulo 32 img
Capítulo 33 img
Capítulo 34 img
Capítulo 35 img
Capítulo 36 img
Capítulo 37 img
Capítulo 38 img
Capítulo 39 img
Capítulo 40 img
Capítulo 41 img
Capítulo 42 img
Capítulo 43 img
Capítulo 44 img
Capítulo 45 img
Capítulo 46 img
Capítulo 47 img
Capítulo 48 img
Capítulo 49 img
Capítulo 50 img
Capítulo 51 img
Capítulo 52 img
Capítulo 53 img
Capítulo 54 img
Capítulo 55 img
Capítulo 56 img
Capítulo 57 img
Capítulo 58 img
Capítulo 59 img
Capítulo 60 img
Capítulo 61 img
Capítulo 62 img
Capítulo 63 img
Capítulo 64 img
Capítulo 65 img
Capítulo 66 img
Capítulo 67 img
Capítulo 68 img
Capítulo 69 img
Capítulo 70 img
Capítulo 71 img
Capítulo 72 img
Capítulo 73 img
Capítulo 74 img
Capítulo 75 img
Capítulo 76 img
Capítulo 77 img
Capítulo 78 img
Capítulo 79 img
Capítulo 80 img
Capítulo 81 img
Capítulo 82 img
Capítulo 83 img
Capítulo 84 img
Capítulo 85 img
Capítulo 86 img
Capítulo 87 img
Capítulo 88 img
Capítulo 89 img
Capítulo 90 img
img
  /  1
img

Capítulo 2

-¡ESTO ES UNA MALDITA LOCURA! -espetó Maximus acomodando su corbata y luego observó la hora en su reloj altamente costoso.

-Baja la voz, Maximus, es lo mejor que conseguí. Muchos de mis conocidos han estado en la misma situación que tú -dijo su mejor amigo y asistente Héctor, quien es su cómplice en todo. Se conocían desde que tenían 10 años de edad-. Verás que en pocos días tendrás a una esposa sumisa, hermosa, con grandes curvas y pechos. Tendrás un hijo, te divorcias dejándole una gran suma de dinero y listo, todos satisfechos. Debes sacrificarte por la familia, no puedes perder tu posición por algo que es tan simple.

-¡Eso crees! -Maximus iba a decir algo más cuando la jefa abrió la puerta, así que los hombres callaron. Mientras tanto, Rosie sintió que le faltaba el aire; sentía que volvía al tiempo pasado, a aquel amargo recuerdo que la cambió por completo.

-¿¡Rosie, Rosie!? -la mencionó su jefa, y la chica salió de sus pensamientos. Estaba de espaldas, así que tragó grueso. Llevaba años evadiendo estar frente a Maximus porque quedó dolida y con una espina en el corazón llena de resentimiento por sus palabras de rechazo en aquel entonces.

-¿Sí? -preguntó y tensó la mandíbula.

-Te presento al señor Livingston, el CEO de la empresa Livingston Aurea Fashion, el empresario más cotizado de Nueva York. Requiere de nuestros servicios, lo cual es un gran honor para mí, señor, tenerlo en mi empresa Hadas del Amor. Rosie es la mejor, por esa razón se la asigno. Ella cumplirá con todo lo que usted busca en una esposa.

Cuando Rosie escuchó eso arqueó una ceja. Literalmente se negaba a mirarlo. Era como volver al pasado. Lo único que deseaba era darle con su tacón en la cabeza por grosero, por esa humillación y rechazo. Pero pensó que quizás él no la recordaba; después de todo, siempre pasó desapercibida ante los demás.

-Rossie... -la mencionó su jefa entre dientes, así que la chica de ojos verdes joya no tuvo más opción que voltear a mirar con seriedad, tomándose las cosas muy en serio después de todo era su trabajo.

En cuanto lo vio, su corazón se aceleró. Era él, guapo y bien vestido como siempre, aunque con ese mismo temple frío. Mientras tanto, Maximus frunció algo el ceño; el color de ojos de Rosie era atrapante.

-Un gusto, señor Livingston -no extendió su mano para saludar-. Le prometo que tendrá a la esposa de sus sueños -habló con sarcasmo, uno que Maximus percibió al instante, pues él era el rey del sarcasmo.

-Bien... los dejamos a solas -dijo Héctor para irse con Scarlett. Ellos se conocían hacía mucho y querían estar a solas.

Rosie se dispuso a sacar su agenda y su bolígrafo color lila.

-Señor Livingston, quiero que sepa que me tomo mi trabajo en serio. Mi jefa me dijo que la paga será buena, así que siento que este trabajo es simple para mí.

-¿Sabes a quién te diriges con esa actitud? -Maximus aprovechó para mirarla de pies a cabeza. Rosie mide 1.65, su cabello es rubio natural y sus labios son gruesos y provocativos; sin embargo, su vestimenta era algo repugnante para un hombre como él, para quien la moda era todo su mundo.

-¡Por supuesto! ¡El más cotizado de Nueva York por el que todas las chicas suspiran! -habló con cierta burla y se dispuso a mirar su libreta. La mirada de Maximus la ponía nerviosa aunque ella lo ocultara a la perfección-. ¿Algún detalle importante que quiera en su futura esposa?

Maximus le lanzó una mirada fulminante. Ella no lo miraba como las demás mujeres; de ser otro el caso, debería estar feliz y derretida por trabajar para él. Pero parecía que no le importaba quién era Maximus Livingston.

-¿Tienes algún maldito problema? -preguntó él seriamente.

-Para nada, señor -le respondió haciendo anotaciones falsas en su libreta.

-Tu actitud da mucho de que hablar. Podría decir con certeza que deseas decirme algo más... -achicó un poco los ojos, la estaba analizando.

-Lo único que tengo por decir -alzó su mirada para verlo a los ojos y el ambiente se puso algo tenso entre ambos, siendo sumamente extraño- es que es evidente... que buscas una esposa con grandes curvas, pechos talla grande, cabello perfecto y que vista a la moda, ¿no es así? Descuide, señor Livingston, mañana le tendré opciones. ¿Algo más? -le sostuvo la mirada, literalmente lo estaba desafiando.

Maximus tensó su mandíbula. Primera mujer en su existencia que se dirigía a él como si no fuera nadie. Le causaba enojo la forma en que ella lo miraba, le hablaba y quería tener el control.

-¿Crees conocerme para decir eso? -se cruzó de brazos.

-Soy una casamentera profesional y siempre que me asignan a un cliente lo estudio. Aunque usted... Su fama habla por sí sola por las mujeres con las que frecuenta salir y que los paparazzi captan como el momento más importante.

-Déjeme decirle, señorita...

-Harper -agregó al verlo vacilar.

-Eso, Harper. Usted puede ser casamentera y profesional todo lo que usted diga, pero no tolero su comportamiento, así que está despedida -al decir eso, se dio la vuelta para marcharse.

Rosie abrió los ojos de par en par. Estaba a punto de dejar ir al hombre que se burló de ella años atrás, pero también a su salvación económica y quizás ese ascenso que tanto deseaba.

Anterior
            
Siguiente
            
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022