Capítulo 8 Señor Volkov.

-Señor Volkov - saludó Ezequiel al hombre.

La sorpresa en el rostro del hombre que tenía de frente no se comparaba con la mía.

-Tu... -comenzó hablando pero se quedó a medias - ¿Cómo es que...?

-Bueno, yo tampoco pensé en encontrarme al ligue de mi amigo en la oficina - solté presa de nervios.

El chico de la discoteca que estaba ligando el viernes con Santi estaba frente a mi, y el hecho de que se apellide Volkov me indica que no era un simple turista con dinero.

Él soltó una risa baja y extendió su mano acercándose.

El aroma amaderado llegó a mi en segundos.

Cedro y limón.

Tranquilidad y vitalidad.

-Permíteme presentarme de manera correcta, Nicolay Volkov.

Estreché su mano con una sonrisa.

-Gala Martin, creo que seré tu nueva secretaria - dije poniéndome de pie.

Para ese instante Ezequiel se había esfumado.

Nicolay arrugó la frente ante mi declaración.

-Oh no linda, mi secretaria está justo al lado - señaló a la derecha a una chica rubia de pechos sugerentes - tu eres la secretaria de mi hermano - un brillo extraño pasó por sus ojos antes de sonreír - hablando de eso, él estaba justo subiendo, te recomiendo le dejes en su escritorio el café, le gusta tenerlo a mano a penas se siente en su escritorio.

-¿En serio? - pregunté y él asintió - pues que genial que me lo digas - sonreí agarrando la taza - eres fantástico, muchas gracias.

Caminé hasta la oficina de mi jefe y antes de entrar él habló.

-Es todo un placer.

Su tono fue divertido, más no le puse importancia.

Al cerrar la puerta y quedar en la oficina del señor Volkov quedé maravillada, había colores grises y blancos combinado con los muebles negros del lugar, pero lo que se llevó toda mi atención fue la vista.

-Madre mía - susurré asombrada.

El lugar donde debía haber una pared estaba cubierto solo de cristal, dejando ver más que solo ell centro de Madrid. Dejé la taza en el escritorio y casi me pegué al vidrio.

-Qué vista más maravillosa - dije encantada.

-¿Le agrada la vista de mi oficina señorita Martin?

Me quedé helada. Esa voz.

Mi vista se clavó en el anillo de mi mano antes de darme vuelta.

A lo mejor él tampoco esperaba que fuera yo, porque su expresión de sorpresa absoluta me indicó que pensaba que podría ser cualquier ser humano en lugar de la chica que no aceptó que le diga su nombre.

Mi corazón se salta un latido, o varios, cuando detallo su rostro.

Es más hermoso de lo que recuerdo. Sus ojos se ven más claros aún, su barba se ve igual, su cabello se ve totalmente negro, que lleve traje me hace salivar y el hecho de que por su cuello se siga asomando el tatuaje que lamí hace unas noches me pone a mil.

-El destino por una vez en mi vida se puso a mi favor - su gruesa voz me espabila.

Una sonrisa toma mi rostro y doy dos pasos alejándome del cristal.

-Un gusto volver a encontrarlo, Monsieur - su mirada se oscurece y su respirar se vuelve pesado.

Dios mio, que obra tan perfecta la que has hecho.

-Tenía la esperanza de encontrarla, más no pensé que fuera tan pronto - se acercó, dejando un espacio prudente entre nosotros - Y créeme cuando te digo que estoy más que encantado.

Levantó su mano con lentitud, tal vez esperando una reacción negativa de mi parte, hasta colocarla en mi mejilla con suavidad. Di un paso hacia él acortando la poca distancia y su exquisito aroma inundó mis fosas nasales.

Me permito tocarlo levantando mi mano y acariciando la mano que me toca, su vista cae en el anillo y el amago de una sonrisa aparece en su rostro.

-Así que lo usas.

-Fue casualidad que el único día que lo usé nos encontráramos - respondí en un susurro cuando vi su rostro acercándose.

Unió su frente con la mía convirtiendo el momento en algo mucho más íntimo.

-Quiero besarte - susurró mirándome directamente a los ojos.

Sí, bésame de una vez. Me dejo hacer lo que quieras.

-No podría negarle algo que yo también estoy deseando.

No necesitó más. Sus labios chocaron con los míos de una manera que me hizo temblar de pies a cabeza, me besó con fuerza, con determinación y con anhelo. Como si el verme fuera una alucinación y no quisiera despertar.

Coloqué mis manos en su nuca y él apretó mis caderas, el beso subió de tono cuando bajó sus manos a mi trasero.

Me separé un poco de él antes de quedarme sin aire y volví a mirarlo, sus ojos tenían un brillo extraño y sus labios estaban hinchados.

-¿Qué haces aquí? -me pregunta a la vez que subió sus manos hasta mi cintura.

-Voy a trabajar aquí - solté arreglando su corbata que estaba un poco torcida - aunque la pregunta correcta es qué hace usted aquí.

Levanté una ceja cuestionando, pero él tenía el ceño fruncido. ¿La razón? No tengo idea.

-Yo trabajo aquí - soltó de repente haciendo que la nebulosa en la que me rodeaba se despeje haciéndome entrar en razón, recordando dónde estaba.

Me separé un poco de él y miré alrededor.

Él puede ser un simple trabajador más, es amigo de Nicolay pero puede ser de finanzas o de creatividad.

¿Cierto?

-¿Eres de finanzas? - pregunté rogando a cualquier santo por que me diga que si.

-Soy tu jefe - respondió con normalidad mientras yo sentía mi sangre en el suelo.

Me acosté con mi jefe, y de paso nos besamos en su oficina con el resto de mis nuevos colegas detrás de un estúpido cristal.

-¿Es el señor Volkov?

-Disculpa mi falta de educación, koshechka - el apodo me pone la piel de gallina - un gusto bonita, soy Alessandro Volkov.

Putisima madre.

-Me acosté con mi jefe - susurré tapando mi boca con ambas manos.

Diablos.

                         

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