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Esmeralda
img img Esmeralda img Capítulo 6 ¿No deberías estar en tu luna de miel
6 Capítulo
Capítulo 9 Tregua img
Capítulo 10 Almuerzo img
Capítulo 11 Chica Inalcanzable img
Capítulo 12 Lorraine img
Capítulo 13 Momentos de debilidad img
Capítulo 14 El baile img
Capítulo 15 Mi flamante esposo img
Capítulo 16 La ex traumada img
Capítulo 17 Un buen amanecer img
Capítulo 18 Una Leblanc img
Capítulo 19 La cena img
Capítulo 20 Niña berrinchuda img
Capítulo 21 ¡Suelta a mi esposa, imbécil! img
Capítulo 22 Celos img
Capítulo 23 Delirio img
Capítulo 24 Un día normal img
Capítulo 25 Drama img
Capítulo 26 Crear conciencia img
Capítulo 27 La entrevista img
Capítulo 28 Primer día de trabajo img
Capítulo 29 Enceguecida img
Capítulo 30 Posesivos img
Capítulo 31 Un almuerzo con la suegra img
Capítulo 32 Obstinada img
Capítulo 33 Suposiciones img
Capítulo 34 Día de compras img
Capítulo 35 Una hija egoísta img
Capítulo 36 Los Levesque img
Capítulo 37 Mi mujer img
Capítulo 38 Las cosas claras img
Capítulo 39 Nos tenemos img
Capítulo 40 Momentos img
Capítulo 41 La mujer que camina a mi lado img
Capítulo 42 Ella img
Capítulo 43 Lo que pienso de ti img
Capítulo 44 Evitando problemas img
Capítulo 45 Evitando problemas parte 2 img
Capítulo 46 Un tiempo img
Capítulo 47 Un respiro img
Capítulo 48 Consecuencias img
Capítulo 49 Dulces confesiones img
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Capítulo 6 ¿No deberías estar en tu luna de miel

Esmeralda

-¿Tú serás mi nuevo chofer? -pregunté llegando a su lado y recostándome sobre la puerta trasera. Le sonreí antes de ponerme los lentes de sol y lo escaneaba completo, no estaba nada mal. Podría asegurar que tenía mi misma edad, era alto y con un rostro angelical, su cuerpo no era tan musculoso como el de Raphaël, él sólo era... normal.

-Si, señora Leblanc -dijo con formalidad, poniéndose firme y un poco tenso.

-Llámame Esmeralda -me aparté del coche y abrí la puerta entrando, él se apresuró a rodearlo y entrar de piloto. Le envié la dirección de la universidad y para hacer el viaje más ameno conecté mi móvil al vehículo para escuchar algo de música -¿Cómo te llamas?

-Alejandro -respondió con su acento latino bastante marcado.

-¿Cuántos años tienes? -me miró por el retrovisor y me contestó que veinticuatro años, lo dicho, era casi de mi edad. -¿Estudias?

-Si, por la noche.

Entendía lo sacrificado que era para quienes no tenían tantos recursos como yo. Madre tenía razón al decir que no hubiera soportado perderlo todo, no cuando estaba acostumbrada a esta vida. Nunca he tenido que trabajar para estudiar, mis padres me lo han facilitado y bueno, ahora no sabía quién pagaría mis estudios, mi padres o Raphaël.

Media hora después el auto se detuvo frente al edificio donde estudiaba, me despedí con amabilidad dándole la hora para que viniese a recogerme. Bajé del auto y sentí varias miradas sobre mi, en principal de los que conocía, los murmullos se escuchaban y yo sólo fingía no hacerlo.

"Ella es la que se casó con Raphaël Leblanc" "¡Que afurtunada!" "Es muy mayor para ella" "Yo estuve ahí y no se veían felices, seguro fue un matrimonio arreglado"

Me mordí la lengua e hizo un gran esfuerzo para no regresarme y gritarles en la cara que mi vida no era asunto de ellos, que no tenían el derecho de opinar cuando no sabían lo mal que la estaba pasando.

Al adentrarme por los pasillos no fue diferente y lo peor fue cuando encontré a Harper y a mis amigos en la cafetería.

-¡Vaya! Llegó la recién casada, ¿no deberías estar en tu luna de miel? -preguntó Adolf recargado en la silla alzando sus cejas.

-¡Gracias por la invitación, Esme, la pasé genial! -exclamó sarcástico Edmond

-Lo siento -murmuré avergonzada

-¿Qué sientes exactamente, Esmeralda? ¿No habernos dicho nada de tu matrimonio, no habernos invitado o que nos hayamos enterado de la noticia? -esta vez fue Harper la que habló -Por tu cara deduzco que fue lo último.

-Hay cosas...-traté de explicarme pero nada salió de mi boca, no podía decirles la verdad en medio de la cafetería, eso sería como gritárselos a todos.

-No hay justificación para esto... -ella se levantó y se marchó a paso rápido del lugar, tuve la intención de seguirla pero mis pies no me respondieron.

-Pensamos que éramos tus amigos -dijo Adolf levantándose también y yéndose por el mismo camino de Harper.

-Y ¿qué dirás tú?

Edmond se encogió de hombros y me miró con desinterés.

-¿Acaso puedo reclamar algo?

-Yo no quería ofenderlos al no invitarlos, no es lo que ustedes están pensando -me levanté y caminé lejos de la cafetería buscando el salón donde tenía mi primera clase.

Al culminar mi jornada salí de la facultad, no me sentía la misma de siempre por mucho que actuara igual e indiferente a todas las miradas curiosas, olvidé por un momento que no me casé con alguien ordinario y que nuestras fotos saldrían en numerosas revistas. Ninguno de mis amigos me buscó y sabía que sería yo quien tendría que hacerlo pero no estaba preparada para decirles los motivos de mi matrimonio. Habían cosas que prefería guardarlas para mi y esto era una de ellas, me avergonzaba encontrarme en una situación así cuando me llené la boca diciendo que nadie podría manipularme, ni siquiera mis padres .

Alejandro ya se encontraba a las afueras del lugar aguardando por mi, era un poco fastidioso tener un chofer y no conducir por mi cuenta pero tendría que apañármelas a esto, teniendo en cuenta que no sabía la dirección ni las rutas hacia la casa de Raphaël. Si, suya, no sentía que algo de ese lugar me perteneciera.

A diferencia de cuando veníamos esta vez permanecí en silencio, mis ojos iban puestos en la ventana aunque no era consiente de lo que veía, me encontraba ida pensando en cómo solucionaría las cosas con los chicos sin decirles los verdaderos motivos.

-Hemos llegado -dijo Alejandro parqueando frente a las escalinata de la mansión, salí fuera y con pereza subí, suponía que él no se encontraba en casa aún, era demasiado temprano para que alguien de su posición se encontrara fuera de sus empresas. Imaginaba que él al igual que papá eran unos desquiciados por sus negocios.

«Y sus amantes» pensé soltando una rusa entre dientes, papá no era la excepción del hombre infiel. Mamá le había aguantado demasiadas cosas que me juré nunca las aceptaría de quien fuera mi pareja. Pero tal parecía que me tragaría muchas de mis palabras.

-Buenas tardes, señora. ¿Le sirvo el almuerzo? -la misma mujer que me encontré por la mañana salió a recibirme.

-¿Cuál es tu nombre? -ladee la cabeza recordando que no se lo había preguntado.

-Marta

-Buenas tardes, Marta. Si, sírvelo en el comedor, en un momento estaré allí.

Ella me sonrió y asintió para después perderse de mi vista, miré con aburrimiento el lugar detestando que todo fuera blanco. No me gustaba ese color en las casas y menos que la tuviera en la que yo habitaría, me recordaba mucho a los hospitales y yo odiaba esos lugares.

Esperaba algún día mi opinión contara en este lugar y poder cambiar el color tan aburrido y deprimente.

Subí a mi habitación para dejar mi bolso y cuando iba de regreso al primer piso me detuve recordando que Raphaël no me quiso decir cuál era su habitación y la curiosidad era mi segundo nombre, desvié mis pasos y abrí cada puerta de ese lugar hasta que llegué a la del otro lado del pasillo. Era obvio que ubicará en el lugar más alejado posible.

-Por qué tanto misterio, Raphaël -susurré dándole vuelta a la manecilla pero para mi absoluta sorpresa esta no cedió.

«He perdido mi tiempo en nada»

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