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Esmeralda
img img Esmeralda img Capítulo 5 Una buena esposa
5 Capítulo
Capítulo 9 Tregua img
Capítulo 10 Almuerzo img
Capítulo 11 Chica Inalcanzable img
Capítulo 12 Lorraine img
Capítulo 13 Momentos de debilidad img
Capítulo 14 El baile img
Capítulo 15 Mi flamante esposo img
Capítulo 16 La ex traumada img
Capítulo 17 Un buen amanecer img
Capítulo 18 Una Leblanc img
Capítulo 19 La cena img
Capítulo 20 Niña berrinchuda img
Capítulo 21 ¡Suelta a mi esposa, imbécil! img
Capítulo 22 Celos img
Capítulo 23 Delirio img
Capítulo 24 Un día normal img
Capítulo 25 Drama img
Capítulo 26 Crear conciencia img
Capítulo 27 La entrevista img
Capítulo 28 Primer día de trabajo img
Capítulo 29 Enceguecida img
Capítulo 30 Posesivos img
Capítulo 31 Un almuerzo con la suegra img
Capítulo 32 Obstinada img
Capítulo 33 Suposiciones img
Capítulo 34 Día de compras img
Capítulo 35 Una hija egoísta img
Capítulo 36 Los Levesque img
Capítulo 37 Mi mujer img
Capítulo 38 Las cosas claras img
Capítulo 39 Nos tenemos img
Capítulo 40 Momentos img
Capítulo 41 La mujer que camina a mi lado img
Capítulo 42 Ella img
Capítulo 43 Lo que pienso de ti img
Capítulo 44 Evitando problemas img
Capítulo 45 Evitando problemas parte 2 img
Capítulo 46 Un tiempo img
Capítulo 47 Un respiro img
Capítulo 48 Consecuencias img
Capítulo 49 Dulces confesiones img
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Capítulo 5 Una buena esposa

Esmeralda

Siempre supe que mi padre era capaz de todo por sus negocios pero jamás hasta el punto de venderme por conservarlos. Siempre fui la niña consentida, cada capricho me lo dieron, fui criada teniendo todo a mi alcance. De eso no podía quejarme.

-¿No fuiste tú quien ofertó por mi? -pregunté haciéndolo soltar una risa ronca, posó sus manos sobre la barra y me miró con una expresión divertida.

-No, fueron ellos los que te ofrecieron en bandeja de plata.

-Y ¿por qué aceptaste?

-Haces muchas preguntas -hizo una mueca

-Sólo responde

-Eres bonita y eres el prototipo perfecto para ser una buena esposa.

Me levanté de golpe del taburete y lo miré molesta, no me gustaba que se refirieran así de mi. Desde que llegué a la adultez había escuchado lo mismo, eres perfecta para mi. Pero no, no me estaba preparando para ser una buena esposa que se quedaba en casa perdiendo el tiempo, sino para llevar el mando en alguna empresa, para posicionarme en un buen cargo que estuviera a mi altura. No me gustaba seguir las órdenes de nadie, por eso no era perfecta para ser una buena esposa.

-¿Eso es lo que crees de mí? ¿Qué sólo soy una cara bonita y que te darás el lujo de mostrarme como si fuese un maldito objeto?

Él levantó ambas manos en señal de inocencia.

-No he dicho tal cosa. Sólo dije que eras perfecta para lo que necesito.

-Es lo mismo, ¿no lo cree?

-No, porque ni siquiera sabes que es lo que necesito -señaló -y ya deja de comportarte como una cría malcriada que se toma todo a mal.

-Sino querías una cría malcriada te hubieras buscado a una mujer acorde a tu edad -puntualicé lo que desde que supe la noticia traía atorado.

-¿Qué edad tienes? ¿18? ¿20? -alzó sus cejas -Tienes 23, no eres una jovencita adolescente y yo no soy tan mayor que tú.

-Estoy estudiando apenas.

-Pues te has tardado mucho en obtener tu título -se movió fuera de la barra y caminó de regreso a la sala de estar, de inmediato lo seguí, no conocía este lugar y necesitaba que me indicara cuál sería mi habitación. -¿Por qué me estás siguiendo?

-¿Por qué será? -fui irónica -necesito que me digas cuál será mi habitación.

No dijo nada e hizo una mueca para que lo siguiera, subimos las escaleras y caminamos por pasillo lleno de puertas, se detuvo frente a una y lo abrió señalando el interior.

-¿Cuál es la tuya? -inquirí antes de pasar al interior de la mía.

-No te interesa -dijo antes de marcharse, solté un bufido y cerré de golpe la puerta. Si, lo aceptaba, estaba siendo berrinchuda pero era porque quería que se arrepintiera de haberme elegido como su esposa. Le mostraría que era la peor opción y con suerte se querría divorciar de mi cuanto antes.

Me las apañé para quitarme el vestido y lanzarlo lejos de mi, fue una tortura cargar con él. Me lancé a la cama y dejé que mi cuerpo se relajara para poder dormir y no tener ojeras mañana que volviera a la facultad. Rogando en mi interior para que ninguna foto de mi boda saliera en la prensa o estaría en graves problemas con mis amigos.

...

Me vi una última vez en el espejo y sonreí para mi misma, tomé mi bolso y salí de la habitación. Era temprano por la mañana, no sabía si el servicio de esta casa estaría ya laborando o tendría que irme hambrienta.

Al bajar las escaleras noté que en efecto, ya estaba el servicio, caminé hasta el comedor encontrando a Raphaël sentado en la cabecera de la mesa leyendo un periódico. Me acerqué y alcancé un pedazo de fruta picada para llevármelo a la boca, mis ojos se fijaron en la portada de aquel papel y me atraganté en cuanto vi una imagen de mi junto a Raphaël saliendo de la iglesia.

Tosí sintiendo que me ahogaba, pero no tanto por haberme tragado mal aquel pedazo de fruta sino por las consecuencias que traería esto. Mi amiga se enfadaría conmigo y no podía decirle a nadie el verdadero motivo que me unió a este hombre.

-¿Estás bien? -preguntó desinteresado bajando el periódico para verme. No le respondí, me alejé de ahí hasta llegar a la cocina y sin importarme quien se encontrara pasé directamente a la heladera para servirme agua y beber.

-¿Está bien, señora? -preguntó una mujer entrada en años.

-Si -musité sintiendo el ardor en mi garganta -sólo me atraganté con un pedazo de fruta, pero ya estoy bien.

-¿Quiere que le sirva algo de desayunar?

-Si, llévalo al comedor, por favor.

Me retiré y volví con aquel hombre, me senté en la silla a su lado y permanecí en silencio, saqué mi móvil de mi bolsillo y me fijé en la cantidad de llamadas perdidas de Harper y cientos de mensajes en el grupo de amigos y chat personal. Solté una maldición y me arrepentí por no decírselos antes, no merecían enterarse de esta manera.

-¿Todo bien?

-¿Es lo único que sabes preguntar? -me irritaba esa maldita pregunta cuando sabía muy bien la respuesta. Nada en mi vida estaba bien desde que él apareció en escena.

-Me estás exasperando, Esmeralda y yo también tengo mi punto límite para soportar estas cosas -se levantó de la silla notablemente enojado -Un chofer te llevará a donde se te pegue la gana ir.

Y se marchó dejándome en solitario en aquel inmenso comedor, apreté mi mandíbula y maldije por milésima vez a mis padres. Comí lo que la señora me sirvió mientras pensaba en la explicación que le daría a Harper y a fufús los demás.

Me levanté para retocar mis labios y después salir de casa, abajo me esperaba un hombre al lado de un Rolls Royce Ghost en color blanco. Me quedé quieta cuando el hombre se volteó y chocamos miradas, vestido con su traje negro y sombrero de chofer, se veía muy guapo. Sonreí a medias y bajé los escalones sintiendo su mirada sobre mi, solía dejar a muchos hombres sin alientos y extasiados por mi belleza.

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