Género Ranking
Instalar APP HOT
Esmeralda
img img Esmeralda img Capítulo 4 Nuevo hogar
4 Capítulo
Capítulo 9 Tregua img
Capítulo 10 Almuerzo img
Capítulo 11 Chica Inalcanzable img
Capítulo 12 Lorraine img
Capítulo 13 Momentos de debilidad img
Capítulo 14 El baile img
Capítulo 15 Mi flamante esposo img
Capítulo 16 La ex traumada img
Capítulo 17 Un buen amanecer img
Capítulo 18 Una Leblanc img
Capítulo 19 La cena img
Capítulo 20 Niña berrinchuda img
Capítulo 21 ¡Suelta a mi esposa, imbécil! img
Capítulo 22 Celos img
Capítulo 23 Delirio img
Capítulo 24 Un día normal img
Capítulo 25 Drama img
Capítulo 26 Crear conciencia img
Capítulo 27 La entrevista img
Capítulo 28 Primer día de trabajo img
Capítulo 29 Enceguecida img
Capítulo 30 Posesivos img
Capítulo 31 Un almuerzo con la suegra img
Capítulo 32 Obstinada img
Capítulo 33 Suposiciones img
Capítulo 34 Día de compras img
Capítulo 35 Una hija egoísta img
Capítulo 36 Los Levesque img
Capítulo 37 Mi mujer img
Capítulo 38 Las cosas claras img
Capítulo 39 Nos tenemos img
Capítulo 40 Momentos img
Capítulo 41 La mujer que camina a mi lado img
Capítulo 42 Ella img
Capítulo 43 Lo que pienso de ti img
Capítulo 44 Evitando problemas img
Capítulo 45 Evitando problemas parte 2 img
Capítulo 46 Un tiempo img
Capítulo 47 Un respiro img
Capítulo 48 Consecuencias img
Capítulo 49 Dulces confesiones img
img
  /  1
img

Capítulo 4 Nuevo hogar

Esmeralda

-¿Estás celosa? -preguntó con ese atisbo de burla en su voz que me hizo presionar más mi agarre.

-Para nada, pero tampoco puedes ser tan descarado. Hay que guardar las apariencias como tú lo sugeriste -lo solté y sonreí hacia la pareja que se nos acercaba, no tenía ni idea quienes eran pero simulé que si.

Mis pies comenzaban a dolor por permanecer tanto tiempo parada, mis mejillas dolían de tanta sonrisa que fingía. Esto se estaba haciendo demasiado eterno, pero no sabía que era peor si estar aquí o ir a estar sola con Raphaël.

Madre se volvió a acercarse a nosotros para guiarnos a la mesa donde se nos serviría la cena, padre no se cansaba de adular a Raphaël y este sólo se dedicaba a asentir e ignorarlo la mayor parte del tiempo. Me sentía avergonzada por mis padres, quería levantarme y gritarle que se callara de una vez por todas, que no se siguiera arrastrando por tener la atención de los Leblanc.

Esa velada sólo me trajo fastidio, no soportaba a mi esposo ni a su familia. Se creían tan superiores a los demás que no sabía ni porque me hizo parte de esta.

-Pareciera que te estuvieran torturando -susurró en mi oído cuando bailábamos el vals -estás tan tensa.

-¿Y es que esto no es una tortura? -pregunté mordaz

-No es fácil pero tampoco es para que tengas esa cara, esto es un convenio para ambos, Esmeralda. Tú conservas tu dinero y yo obtengo lo mío -seguía negándose a revelar sus motivos para estar casado conmigo -No olvides ese detalle y que sea motivo para que emitas al menos una estúpida sonrisa.

-¿Quieres dejar de ver mi amargado rostro? -él asintió -Entonces sácame de aquí.

-Cómo lo desees.

Seguimos bailando hasta que terminó la canción, los invitados entraron a la pista y fue la oportunidad perfecta para escabullirnos de ahí y salir fuera del salón. Voltee atrás y nadie nos seguía, eso me alivió. Caminé tras él, se me dificultaba seguirle el paso con este pesado vestido, en ese momento me arrepentí de no querer un segundo vestido para la recepción.

-¿A dónde iremos? -pregunté con la voz ahogada, realmente cansaba llevar esto puesto.

-A mi casa -se encogió de hombros -tus cosas llegaron ayer.

«Mis cosas» madre se había encargado de que empacaran todo y lo enviaran a casa de Raphaël, no lo hice delante de nadie pero esa noche me encerré en el baño para llorar. No superaba que mis padres me hubiesen hecho esto, se deshicieron de mí como cualquier propiedad.

-¿Tienes algún problema con ello? -se detuvo y se giró a verme -o ¿prefieres irte de Luna de miel?

-No -contesté a secas llegando a su lado, ninguno de los dos había aprobado esa idea por lo que mañana él iría a trabajar y yo a la facultad.

Llegué a la limusina y esta vez el chofer abrió la puerta para mi, el que se suponía era mi esposo me ayudó a recoger el vestido para que entrara. Se le notaba el fastidio contra aquella bastedad de tela, no era el único.

El auto se puso en marcha y toda la ciudad pasó ante mis ojos, el clima era agradable en estas fechas, el verano era sin duda mi estación favorita, lo que era una lástima porque duraba tan poco.

Pronto los edificios se dejaron de ver y nos adentramos a una residencial de las más costosas de Toronto. El auto se adentró a una bonita propiedad con un jardín inmenso, el verdor del pasto y de los árboles me fascinó.

Al bajar observé cada detalle de la mansión de dos pisos que se extendía delante de mi, con una escalinata hacia la puerta de entrada. Me sentí como una princesa de cuento de hadas subiendo cada escalón con el hermoso vestido que traía puesto. La casa de mis padres también era grande, pero no tenían esta hermosa vista rodeada de naturaleza que le daba un toque más armonioso.

-¿Te gusta? -preguntó él caminando a unos pasos más atrás.

-Es bonito -fui sincera pero sin ser tan entusiasta.

-Es tu nuevo hogar.

No dije nada y sólo tragué ese nudo en mi garganta, tenía que aceptar de una buena vez que esta era mi nueva vida, que por mucho que me lamentara no haría nada para cambiarla.

Me quedé a un lado de la puerta esperando que él abriera, cuando lo hizo caminé despacio para observar cada detalle, el lugar era bonito pero demasiado grande para dos personas. Lo que me llevó a preguntarme si él vivía aquí sólo o se mudó al mismo tiempo que yo.

-Dormiremos en habitaciones separadas si es lo que te asusta -dijo caminando hasta el mini bar que se encontraba al fondo, lo seguí y como pude me senté en el taburete viéndolo quitarse el saco y la corbata, desprendió los primeros botones de su camisa y arremangó hasta el codo las mangas.

-No estoy asustada -era una verdad a medias, no me asustaba lo que pasaría esta noche, no creía que me obligara a estar con él.

-¿No? -llenó el vaso de cristal con la bebida ambarina

-No -afirmé con seguridad -¿Me dirás porque es todo este compromiso?

-En verdad tus padres no te lo contaron -inquirió dándole un trago a su bebida.

-Desde luego te lo pregunto es porque no lo hicieron -contesté con malestar, no me gustaba que le dieran tantas vueltas a las cosas.

-¿Qué fue lo que te dijeron exactamente?

-Madre me contó que papá se había ido a la quiebra, el Banco embargaría en unas semanas y que la solución que él había encontrado era casarme contigo -alcancé la botella de la barra y la incliné a mi boca bebiendo directamente de ella -No me dieron opción de negarme, me amenazaron con que dejaría de ir a la facultad y...

Mi voz se cortó recordando la frivolidad que utilizaron, la mirada feroz de mi madre cuando me negué y traté de marcharme de casa.

-Tu padre vino a mi en busca de ayuda, me pidió dinero a cambio de ti -alcé la mirada hacia él, encontrándome con sus oscuros ojos.

-Y tú aceptaste -señalé y no hubo ninguna reacción en él.

-Necesitaba una esposa y tú eras una buena opción.

Anterior
            
Siguiente
            
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022