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Esmeralda
img img Esmeralda img Capítulo 7 Verdadera esposa
7 Capítulo
Capítulo 9 Tregua img
Capítulo 10 Almuerzo img
Capítulo 11 Chica Inalcanzable img
Capítulo 12 Lorraine img
Capítulo 13 Momentos de debilidad img
Capítulo 14 El baile img
Capítulo 15 Mi flamante esposo img
Capítulo 16 La ex traumada img
Capítulo 17 Un buen amanecer img
Capítulo 18 Una Leblanc img
Capítulo 19 La cena img
Capítulo 20 Niña berrinchuda img
Capítulo 21 ¡Suelta a mi esposa, imbécil! img
Capítulo 22 Celos img
Capítulo 23 Delirio img
Capítulo 24 Un día normal img
Capítulo 25 Drama img
Capítulo 26 Crear conciencia img
Capítulo 27 La entrevista img
Capítulo 28 Primer día de trabajo img
Capítulo 29 Enceguecida img
Capítulo 30 Posesivos img
Capítulo 31 Un almuerzo con la suegra img
Capítulo 32 Obstinada img
Capítulo 33 Suposiciones img
Capítulo 34 Día de compras img
Capítulo 35 Una hija egoísta img
Capítulo 36 Los Levesque img
Capítulo 37 Mi mujer img
Capítulo 38 Las cosas claras img
Capítulo 39 Nos tenemos img
Capítulo 40 Momentos img
Capítulo 41 La mujer que camina a mi lado img
Capítulo 42 Ella img
Capítulo 43 Lo que pienso de ti img
Capítulo 44 Evitando problemas img
Capítulo 45 Evitando problemas parte 2 img
Capítulo 46 Un tiempo img
Capítulo 47 Un respiro img
Capítulo 48 Consecuencias img
Capítulo 49 Dulces confesiones img
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Capítulo 7 Verdadera esposa

Esmeralda

Al anochecer salí de mi cuarto para buscar algo que comer, mi cuerpo gruñía totalmente hambriento. La casa estaba silenciosa y escalofrío subió por mi espalda. Estaba completamente sola en este lugar, no había ningún indicio de que Raphaël hubiese llegado.

La cocina estaba solitaria, busqué en el horno la comida que Marta indicó que había dejado, el olor de la lasaña hizo rugir más mi estómago.

Me senté en un taburete y observé a mi alrededor, podría acostumbrarme a esto, pasar la mayor parte del tiempo sola no era tan malo. Revisé mis redes sociales y me sumergí leyendo los post en los que se me etiquetaba, revistas reconocidas en el país, así como varios influencers me felicitaban.

Una sombra que se cernió a mi espalda me hizo sobresaltarme y ocasionar que mi móvil cayera al suelo y un pequeño grito saliera de mi garganta, me llevé la mano al pecho sin superar el susto que me había causado Raphaël.

-¿Eres estúpido? -indignada me levanté para recoger el móvil, la pantalla se había hecho pedazos -Mira lo que has ocasionado.

-Lo siento -dijo sin sentirlo realmente, pasó al interior de la estancia para servirse su comida. Se había quitado el saco y sólo vestía la camisa blanca de botones, la cual marcaba sus músculos brazos y espalda. Era casi imposible no verlo y desearlo, por muy mal me cayera no podía negar ese aspecto que me hipnotizaba como mujer heterosexual que era.

-No te escuché llegar -comenté volviendo la mirada a mi plato.

-Suelo ser silencioso y tú parecía muy concentrada en lo que sea que hacías en tu móvil -se sentó a mi lado y mi cuerpo de inmediato entró en tensión -¿Si sabes que ya no puedes tener noviecitos, cierto?

Solté una pequeña risita

-¿Es así? Porque en ese caso tú tampoco puedes tener amantes -bebí un trago de gaseosa -¿Estamos de acuerdo?

Él se encogió de hombros y se tomó su tiempo para contestar.

-¿Tú me darás lo que ellas me dan? -el tinte de diversión no lo pasé por alto, pero no impidió que no me enojara.

-Eres un...-el alzó la mano y tapó mi boca, abrí mis ojos sorprendidos por aquella confianza que se había tomado. De un manotazo aparté su mano de mi boca.

-¿Me dirás que eres una virgen y por eso te indigna que hable del tema? -alzó una de sus pobladas cejas.

-No lo soy, pero tampoco es algo que me gusta hablar con un desconocido.

-Soy tu esposo -me corrigió con altanería -es muy normal hablar de la intimidad y más si no estás dispuesta a que tenga amantes.

-El que estemos casados no implica que me lleves a la cama -me levanté del taburete -entiende que jamás seré una verdadera esposa para ti. Nos une sólo un maldito papel que espero muy pronto llegue a su fin.

-Lamento decepcionarte, querida esposa -recalcó eso último -pero para que te divorcies de mi tiene que ser minino después de tres años de matrimonio y pagar la deuda de tu padre, que para tu desgracia es una suma demasiado alta para que puedas pagarla.

Me mordí la lengua y marché indignada, mis padres eran unos monstruos al hacerme vivir este infierno. Y si lo que decía Raphaël era cierto no podría divorciarme de él hasta que tuviera una gran fortuna.

Me lancé a la cama furiosa, maldiciendo a todo el mundo por mis desgracias.

Al día siguiente mi humor no había mejorado en nada, de hecho había empeorado al no haber logrado dormir bien, todo lo que cargaba sobre mis hombros con lo sucedido estos últimos días me tenían estresada y casi depresiva.

Al bajar las escaleras ignoré a todos, inclusive a él que se encontraba sentado en la cabecera leyendo el periódico, no dije nada y sólo me senté. No me importaba que pensara que era una maleducada por no saludar, realmente lo que él pensara me tenía sin cuidado.

Comí en absoluto silencio, mirando de reojo sus movimientos, él tampoco parecía muy interesado en mi presencia. Me levanté al ver que estaba en la hora justa para marcharme, pero su voz me detuvo.

-¿Seguirás actuando como una niña malcriada? -preguntó fastidiado mientras me observaba duramente.

-Si, ¿algún problema?

Él se levantó de la silla y caminó hasta mi, cortándome el aliento por unos segundos, tenerlo cerca era bastante... intenso, él denotaba tantas cosas que se me hacía difícil explicar lo que se sentía tenerlo cerca.

-Te guste o no, vamos a vivir bajo el mismo techo por mucho tiempo, saldremos juntos a los eventos que requieran nuestras presencias y actuaras como mi "verdadera esposa" -hizo comillas en esa última frase haciendo énfasis en las palabras que dije anoche -y para comodidad de los dos es mejor que comencemos a llevarnos bien y tener una sana convivencia. Discutir por algo que no pudiste impedir es algo en lo que no estoy interesado, Esmeralda, y si te quieres deshacer de mi, como te lo dije anoche, no podrá ser. Firmaste esos contratos, no tienes más salida que aceptar de una vez que estás casada conmigo.

Me enojé, si, mucho, porque sabía que esa era la cruda realidad y sólo estaba en mi etapa de negación. No era fácil aceptar que de un día a otro tu vida cambió, que lo que diseñaste para tu vida no podrá cumplirse completamente. Siempre soñé con unir mi vida con alguien que amara, con un compañero con el quisiera cumplir mis metas y tener una vida bonita.

Pero luego llegó él e hizo añicos mis sueños, mi pequeña burbuja que me mentía en el aire y él la reventó haciendo que cayera bruscamente en el suelo y recordarme que está vida no se vivía de ilusiones, donde sólo te movías por tus propios intereses sin importar a quien arrastras para obtenerlo. Mis padres me lanzaron al abismo, sin detenerse a pensar en mi y solo hacerlo en ellos.

Aún no descubría que ganaba Raphaël con todo esto, pero eso no impedía que me sintiera como un objeto con el que todos podrían decidir donde y cuando utilizarlo.

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