Emiliano cerró la llamada con su asistente después de esa orden y se giró para encontrarse con la mirada de su padre.
–¿Qué?
–¿Mandaste a investigar a Elizabeth?, ¿te alteró saber que salió de viaje?
–Padre, no te metas.
–¿Qué te pasa con ella?
–No lo sé bien, me desafía, me ignora, me provoca, me vuelve loco.
–Jajaja, estás pagando por no haberte presentado a la boda.
–No fue tan malo, igual terminó casada y logró cobrar hasta el último centavo del acuerdo, además sigue disfrutando porque tiene una buena cantidad a su disposición.
–Sigue diciéndote eso, ¿no se te ocurrió pensar que aparte de su obligación con su padre, podría haber tenido la intención de llevarse bien contigo?
–¿Quieres decir que esperaba un verdadero matrimonio?
–Tal vez, debes admitir que es preciosa e inteligente, cualquier hombre con cerebro trataría de conquistarla, tú la tenías fácil porque se casaba contigo, después de lo que hiciste, la alejaste de ti y continúas haciéndolo porque mantienes tu ritmo de vida acostándote con cuanta escoba vestida se te presenta y ella se ha dado cuenta.
–¿Te ha dicho algo?
–No es necesario hijo, apareces por aquí de vez en cuando y nunca estás solo en tu apartamento.
–¿Me estás espiando?
–Yo también tengo a quien llamar y decirle: "Averigua donde está mi hijo y qué está haciendo" –dijo con voz gangosa.
–Yo no hablo así.
–Pero es divertido imitarte de esa forma, jajaja.
El teléfono de Emiliano le anunció una llamada entrante.
–¿Qué averiguaste?
–Está en Ostia.
–¿Sola?
–Sí señor.
–Quiero ir allá, hospédame en el mismo lugar que ella.
–Ya le mando al chofer, mientras haré los arreglos de alojamiento.
–Está bien Max.
–¿Vas a buscarla? –preguntó su padre luego de escuchar parte de la conversación.
–Voy a acompañarla, es mi esposa, no debería pasar el fin de semana sola.
–Puedes quemarte con ese fuego en el que quieres jugar.
–Tal vez eso es lo que quiero. Nos vemos padre, iré a hacer mi equipaje.
–No sé si desearte suerte o no, le he tomado aprecio a Elizabeth y espero que no le hagas daño.
Emiliano se quedó mirando a su padre sin pronunciar palabra, porque realmente no tenía respuesta, ¿hacerle daño?, no era su intención, pero en ese momento no sabía con certeza qué esperaba de ella al encontrarla.
Fue a su habitación, preparó algo de ropa y salió a esperar a su chofer. Max le envió a su teléfono los datos del hospedaje por lo que llegó y se registró sin problemas, se cambió su traje ejecutivo por algo casual y se instaló en el lobby del hotel hasta que vio aparecer a su esposa.
La vio venir por un pasillo, estaba acompañada de tres hermosas chicas, pero ella destacaba por su aire majestuoso, parecía una reina rodeada de princesas, la admiró y su corazón se aceleró, ni siquiera estaba cerca y ella le provocaba infinidad de sensaciones de las cuales no quería tomar conciencia.
La recorrió con la vista de pies a cabeza, quedó sin aliento con sus fabulosas piernas, el vestido se ajustaba muy bien a cada curva de su busto, cintura y caderas, "¿por qué no lo había notado antes?"
Sin delatar su presencia las siguió con la vista, subieron a un taxi y él llamó a su chofer para ir tras ellas, llegaron a un club nocturno, él arrugó el entrecejo. "¿Qué carajos iba a hacer mi esposa en un club nocturno?" Esperó unos minutos y entró también, las ubicó en una mesa y él se instaló en un lugar desde donde podía ver a su esposa discretamente.
***
Elizabeth decidió aceptar la invitación de sus nuevas amigas para una noche de chicas, se vistió apropiadamente y sonrió ante la imagen que le devolvía el espejo, tenía muy buen cuerpo gracias a su práctica diaria de "pilates", así que el vestido destacaba sus curvas dejando ver sus torneadas piernas por lo corto del mismo, calzaba altos tacones que las estilizaban aún más.
Se encontraron y partieron alegremente a su destino, un club nocturno que les había recomendado el recepcionista del hotel. Abordaron un taxi y cuando llegaron al sitio enseguida fueron conducidas a una mesa VIP, cuatro hermosas mujeres sin compañía era un atractivo único para los clientes del club, les sirvieron bebidas, brindaron por la diversión que se avecinaba y al poco rato se dispusieron a bailar entre ellas.
Sin excepción todos los hombres que estaban en la barra tenían sus ojos fijos en las cuatro chicas, Emiliano parecía un lobo hambriento mirando escrutador a su presa, es decir a su esposa que era quien más llamaba la atención, por los sensuales movimientos que hacía al ritmo de la música.
Cuatro hombres, muy atractivos y con aire misterioso que estaban en una mesa cercana, también observaban a las chicas quienes habían despertado su curiosidad desde que entraron. Se pusieron de pie y se acercaron a cada una de ellas haciendo parejas para bailar.
Emiliano se crispó cuando vio a un rubio que puso una mano en la cintura de Elizabeth y comenzó a danzar con ella, al ver que su esposa no lo rechazaba fue a su encuentro y la tomó por un brazo para separarla del hombre.
–¿Qué hace aquí? –preguntó asombrada Elizabeth al verlo.
–Estoy bailando con la dama –dijo el hombre rubio.
–Ya no más –fue la escueta respuesta de Emiliano, quien no soltaba a Elizabeth y tampoco dejaba de mirarla fijamente.
–Suéltala, yo soy Andréi Morosov y quiero bailar con ella.
–Yo soy Emiliano Riva y ella es mi esposa.
–¿Eso es cierto? –preguntó el rubio a Elizabeth.
–Si, estoy casada con él –respondió mirándolo con ganas de desaparecerlo.
Emiliano la hizo caminar con él hasta el rincón desde donde había estado vigilándola, ella se dejó conducir porque odiaba los escándalos, pero faltaba poco para que botara fuego por la boca.
–¿Qué cree que está haciendo señor Riva?
–¿Por qué cojones estabas bailando así con otro hombre?
–Fue solo un baile, y no puede hablarme así, es vulgar y muy grosero.
–Cojones, cojones, cojones, cojones, cojones y lo seguiré diciendo hasta que me expliques tu comportamiento.
–¡Elizabeth!, ¿qué pasó?, te desapareciste de repente –señaló una de las chicas acercándose a ella.
–No pasa nada, no te preocupes, ya regreso con ustedes.
–De acuerdo, te esperamos en la mesa.
–Señor Riva, estoy segura de que mi comportamiento no es tan reprochable como el suyo, le agradezco que me deje tranquila.
–No voy a permitir que mi esposa esté bailando tan sensualmente con otro hombre.
–Deje de actuar como un macho alfa que no le luce, ahora, con su permiso, voy a seguir compartiendo con mis amigas.
–Voy a quedarme a vigilarte, así que pórtate bien.
Elizabeth lo miró, no sabía que pensar con respecto a él, con su actitud evidenciaba lo arrogante que podía llegar a ser, solo para demostrar poderío y control, pero estaba segura de que no sentía nada por ella.
Volvió a la mesa y las chicas la recibieron con muchas preguntas...
–¿Quién es ese hermoso ejemplar?
–¿Lo conoces?, no deja de mirar hacia acá.
–¿Está soltero?