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LA ESPOSA DEL CEO
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Capítulo 6 Debería estar molesta

Elizabeth se dirigía a su oficina cuando en el pasillo se encontró con Trevor.

–¿Qué juego se traen ustedes?, la tensión se siente en el aire –preguntó capcioso su amigo.

–Esta mañana me invitó a Londres y lo rechacé, hizo todo esto aquí para envolverme y terminé incluida en su viaje.

–¿Esta mañana?, ¿vives con él?

–Vivo en su casa, no con él. ¿Cuándo te vas?

–Esta tarde, mi novia no me permite más de tres noches fuera de casa.

–Ajá, sabía que encontrarías quien te domara, jajaja.

En el preciso momento que soltaba la carcajada, Emiliano se paró a su lado y con una ceja alzada pregunto:

–¿Qué es tan gracioso señorita Mancini?

–Nada que usted pueda entender, es algo entre Trevor y yo.

La mirada de Emiliano se oscureció y Trevor evitando quedar en el fuego cruzado, intervino rápidamente para anunciarles:

–Señores yo me despido, tengo que tomar un vuelo en pocas horas, fue un placer señor Riva, lo espero en nuestra sede la próxima semana. Mi querida Beth, un verdadero gusto verte, de más está decirte que te quedarás en casa cuando vayas, no se te ocurra reservar ningún hotel.

–La empresa se encargará de su alojamiento –aclaró Emiliano.

–Lo siento señor Riva, en eso no cederé, Beth es familia y si está en Londres se queda en nuestra casa.

La sonrisa de Elizabeth no podía ser más amplia, acababan de cerrarle a Emiliano toda posibilidad de acosarla en el hotel de Londres, el CEO estaba a punto de botar humo por orejas y nariz.

***

Tres días después de haber iniciado sus labores en Finanzas, se encontraba Elizabeth con su jefe Conti, estaban muy atareados revisando minuciosamente varios listados de gastos.

–Señorita Mancini, lamento mucho retenerla después de la hora de salida, pero el reporte mensual ha arrojado una discrepancia importante con respecto al informe que le presentamos al jefe y necesitamos revisar todas las entradas de datos para determinar donde hubo el error.

–No se preocupe señor Conti, solo permítame un momento para avisar a mi casa que no me esperen para cenar.

–Podemos ordenar algo rápido y comer aquí.

–De acuerdo.

Emiliano, a través de las cámaras de vigilancia, descubrió que Elizabeth aún no se disponía a salir, llevaba dos días revisando las pantallas para verificar cuando llegaba y cuando se iba porque él no había vuelto a casa de su padre.

Sofía entró y con una sonrisa seductora caminó acercándose a Emiliano lentamente, mientras bajaba el cierre de su vestido para quedarse en bragas al llegar frente a él, no estaba usando brasier porque sabía que eso a él le encantaba.

Emiliano sonrió, la tomó por una mano y la llevó al espacio privado y muy bien disimulado que tenía en su oficina para esas ocasiones, se entregó a disfrutar de la despampanante rubia olvidándose por lo pronto de su esposa.

Mientras tanto en la oficina del director de Finanzas, una atareada Elizabeth, le comentaba a su jefe inmediato:

–Señor Conti, hay unas transacciones cuyo código no logro identificar en el listado y los montos son sospechosos, además la frecuencia los convierte en una importante cantidad de dinero.

–Esos códigos son de presidencia, deberían verificarse con Emiliano, ¿puedes ir a su oficina y pedirle los conceptos?

–Si claro, espero que esté aún allí, de lo contrario le dejaré una nota para que nos informe a primera hora de la mañana sobre estos gastos.

***

Elizabeth tomó la libreta donde anotó los códigos y con copia de las transacciones, se encaminó hacia la oficina de su esposo. Al llegar al piso no encontró a la recepcionista ni a la secretaria, sin embargo, no le extrañó porque hacía dos horas que debían haber salido todos, notó que aún había luz en la oficina de Emiliano, así que fue directo hasta allá.

Tocó varias veces hasta que se atrevió a girar la manilla y esta cedió abriendo la puerta, entró y vio un vestido en el piso cerca del escritorio de Emiliano, avanzó un poco más ganada por la curiosidad y escuchó los gemidos de una mujer, cerró los ojos indignada al entender que su esposo estaba en esos momentos en pleno acto sexual con quién sabe cuál de sus mujeres.

Respiró profundo y con toda la intención de que él supiera que había estado allí dándose perfecta cuenta de lo que sucedía en esa oficina, le escribió una nota:

"No quise interrumpir su agobiante labor, así que le dejo un listado de códigos a los cuales necesito acceso en cuanto a descripción y cadena de autorización, es muy importante esta información para resolver un problema en Finanzas". Gracias EM.

Salió de allí con un nudo en el estómago, definitivamente su matrimonio era la farsa más grande de todas, Emiliano no tenía respeto ni remordimiento alguno hacía ella. Solamente le quedaba esperar que el tiempo transcurriera para separarse de ese hombre que la humillaba constantemente, haciendo que su resentimiento hacia él creciera cada día.

***

Satisfecho y agradecido por la atención de Sofia, Emiliano se dirigió a su baño privado para tomar una ducha y cambiarse de ropa. La rubia salió con una gran sonrisa en su rostro, recogió su vestido y se retiró con la certeza de que al otro día recibiría un hermoso y costoso obsequio por parte de su jefe.

Emiliano volvió a su escritorio y se quedó de una pieza cuando vio la nota, Elizabeth había estado allí mientras él se follaba a Sofía. "¡Carajos!, ¿por qué esa rubia estúpida no había cerrado la puerta con seguro?"

Rápidamente buscó la información que requería Elizabeth y bajó a Finanzas. En el ascensor se decía: "Si no me habla se molestó, si me habla con tono frío se molestó, si ni siquiera me mira se molestó. Ojalá estés muy molesta Elizabeth."

–Buenas noches, aquí está la información que solicitaron –dijo entrando a la oficina de Conti.

–Gracias Emiliano, Elizabeth necesita revisar unas transacciones con esos códigos, porque hay unas discrepancias que no podemos explicar.

–¿Puedo ayudar en algo? –preguntó Emiliano dirigiéndose a Elizabeth, ella alzó la vista lo miró y enseguida le respondió.

–Sí, por favor, siéntese aquí –le señaló una silla a su lado y siguió hablando tranquilamente–, le voy a ir mostrando los gastos y el código, así me aclara su procedencia.

Emiliano no podía creer la serenidad que demostraba Elizabeth. "¿Esta mujer es de piedra?, debería estar molesta, ¿por qué no está molesta?"

–Sí claro, dime y yo te explico –le dijo sin dejar de escudriñarla con la mirada.

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