Apenas Emiliano salió del ascensor en el piso de presidencia, fue abordado por Sofía:
–Tengo que hablar contigo.
Él la miró extrañado y con un gesto le pidió que lo siguiera. Al entrar a la oficina, ella estalló furiosa:
–¿Por qué tienes un viaje a Londres y yo no estoy incluida? –preguntó en voz alta.
–Ante todo, baja la voz, es un viaje estrictamente de trabajo, no tendré tiempo para distracciones.
–¿Estás seguro? –inquirió con ironía–, no intentes engañarme, te vas a llevar a la nueva de Finanzas.
–Porque Conti dice que ella hizo el enlace con la oficina de Londres y yo no quiero perder tiempo, así que ella va conmigo y en una semana tengo lista y activa mi asociación con los ingleses.
–Mas vale que te comportes cariño, no voy a tolerar que te enredes con la nueva –expresó en tono amenazante.
–Sofía, Sofía, a veces pienso que se te olvida tu posición, tú no estás en condiciones de exigirme absolutamente nada, he sido muy generoso contigo solo para que te mantengas discreta, pero lo que yo haga o deje de hacer no es asunto tuyo.
–No voy a quedarme de brazos cruzados, ni voy a permitir que me sustituyas, te he dedicado mucho tiempo para que ahora intentes deshacerte de mí.
–¿Puedes dejar de fantasear?, tu no me permites ni me prohíbes nada, en ningún momento te ofrecí una relación exclusiva y si me has dedicado tu tiempo yo lo he compensado muy bien.
–Eres un estúpido engreído.
–Y tú estás a punto de quedarte sin trabajo, sal de aquí, que nadie me moleste, incluyéndote, porque tengo mucho trabajo.
Realmente, Emiliano estaba de muy mal humor esa mañana, no había dormido pensando en todas y cada una de las personas cercanas a él que pudieran haber sido capaces de entrar a sus cuentas de gastos y robarlo.
Por extraño que parezca desde la primera vez que Sofía llegó a su mente y él la desechó, no volvió a sospechar de ella.
***
Elizabeth hizo un informe detallado sobre las discrepancias encontradas y concluyó recomendando que el CEO Emiliano Riva, permitiera una auditoría más exhaustiva. Dicho informe fue avalado por el CFO Augusto Conti y enviado, por él mismo, al correo del CEO.
Una vez hecho eso, la chica se dedicó a otras cosas preparándose para que su actividad en la nueva oficina de Londres culminara en poco tiempo y sin inconveniente alguno.
–Señorita Mancini, ¿ya tiene todo listo para Londres? –preguntó Conti, entrando a su oficina.
–Estoy con los últimos detalles, por ahora hago un ensayo de la conexión para no encontrar sorpresas cuando lo active desde allá.
–Muy bien pensado, le debo un almuerzo de bienvenida y me preguntaba si hoy es buen momento para ofrecérselo, ¿acepta?
–Si por supuesto, con mucho gusto señor Conti,
–Bien, en media hora salimos entonces, ¿le gusta la comida tailandesa?
–Si preparan un buen Pad Thai, cuente conmigo.
–Jajaja, sí, no se decepcionará, yo voy por el Kai Pad Med.
–Y, ¿podemos pedir los pinchos?
–Usted puede pedirlos, yo soy alérgico al maní.
–Los pediré y usted los come sin la salsa, será nuestra entrada.
–Perfecto, voy a cerrar mi oficina, vamos de una vez porque se me abrió el apetito.
***
Emiliano estaba parado frente al gran ventanal de su oficina, viendo distraídamente a la calle, cuando distinguió la figura de su esposa caminando al lado de Conti.
"¿Entonces?, todo el mundo quiere con ella. ¿Qué es lo que tiene de especial?"
Llamó a la oficina de Conti y su secretaria le informó que ya había salido a almorzar.
"¿Salida de almuerzo?, ¿acaso no le dije que se comportara?"
Preguntó el lugar y muy eficiente la secretaria le dio todos los detalles porque había escuchado perfectamente la conversación de Conti y Elizabeth.
El CEO tomó el teléfono y con voz cortante dijo:
–Nos vemos en el estacionamiento, iremos a almorzar.
Emiliano entró al restaurante, donde estaban almorzando Elizabeth y su jefe, en compañía de una escultural pelirroja que, si bien no era tan hermosa como su esposa, llamaba mucho la atención por su figura y su brillante cabellera.
Conti lo vio entrar, pero disimuló perfectamente evitando que Elizabeth se diera cuenta de la sorpresa que le causó ver al CEO allí.
La arrogancia de Emiliano no le permitía ser discreto, así que, ordenó una botella de vino y se excusó con su acompañante para ausentarse un momento de la mesa, caminó decidido hasta donde se encontraba Conti quien ya lo miraba fijamente sintiéndose inexplicablemente nervioso. Elizabeth siguió la mirada de Conti y se encontró con los ojos de su esposo que la taladraban.
"¿Qué será lo que se piensa este bruto?" –se preguntó mentalmente Elizabeth, viéndolo caminar hacia ellos.
–Buenas tardes, ¿interrumpo?
–Para nada Emiliano, buenas tardes.
–Buenas tardes –saludó Elizabeth, volviendo a fijar su atención en los pinchos que devoraba en ese momento.
–Conti, necesito que para el final de la tarde tengas listo todo el material que Elizabeth y yo llevaremos a Londres.
–Ya la señorita Mancini tiene todo listo y preparado para el viaje.
–¿Y el reporte de los gastos que ofreció anoche?
–Se envió a su correo esta mañana –volvió a responder Conti, ya que Elizabeth no se dignaba ni siquiera a mirarlo.
Emiliano al ver la actitud de su esposa metió las manos en sus bolsillos para poder apretar los puños libremente, estaba irritándose ante la indiferencia que ella demostraba.
–Elizabeth, al terminar tu hora de almuerzo lleva a mi oficina el material que preparaste para Londres, quiero revisarlo.
–De acuerdo –respondió sin levantar la mirada, simuló que se limpiaba un sucio imaginario de su falda para no tener que verlo.
Emiliano resopló y volvió a su mesa, el resto de la comida su acompañante agotó todas sus técnicas de seducción, pero él estaba analizando su propio comportamiento cuando se trataba de Elizabeth Mancini y ya se estaba hartando de él mismo. Observó a la mujer frente a él, sonrió y le dijo:
–Como soy el jefe máximo en la empresa, te concedo la tarde libre, ¡vámonos de aquí!