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LA ESPOSA DEL CEO
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9 Capítulo
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Capítulo 9 Ella es una mujer casada

Elizabeth y Conti regresaron a la oficina al terminar su almuerzo, pocos minutos después ella se dirigió al despacho de su esposo portando los documentos que él mismo le había solicitado para revisar.

Llegó al piso de presidencia y fue interceptada por Sofía...

–¿Adónde crees que vas?

–El señor Riva me pidió estos documentos para revisarlos.

–Dámelos, yo se los llevaré.

–No, yo los revisaré con él.

–Óyeme bien recién llegada, Emiliano y yo somos pareja, llevamos más de dos años juntos, así que retírate sin daños, el hecho de que vayas con él en este viaje no significa nada, es solo estrategia para sus negocios porque cree que eres inteligente y lo ayudarás en Londres. Así que una vez que regresen presentarás tu carta de renuncia o te haré la vida tan miserable que desearás no haber venido nunca a esta empresa.

–¿Terminaste ya tu aburrido monólogo?, como dije tengo unos documentos que debo revisar con el señor Riva –expresó Elizabeth con su mejor cara de póker, sin embargo, estaba sumamente impresionada con todo lo que le dijo Sofía.

–El señor Riva, no ha regresado del almuerzo.

Elizabeth, achicó los ojos y sin decir nada, giró para volver a su oficina. "Ese cínico, sinvergüenza, seguramente se fue con la pelirroja a quién sabe dónde, para hacer sus cochinadas".

Entró al ascensor bajo la fija mirada de Sofía, pero no pudo evitar una sonrisa burlona ante la secretaria que seguramente en esos momentos estaba siendo traicionada por su "pareja" con otra mujer.

"Un año Elizabeth, soporta un año y te libraras de ese mujeriego descontrolado y arrogante, no vale la pena por mucho que te tiemblen las piernas cuando lo tienes cerca, realmente no merece ni el esfuerzo de tratarlo amablemente."

***

No lejos de allí, en el lujoso apartamento de Emiliano, este agotado se deslizaba fuera de la pelirroja a la que había hecho gritar con sus salvajes estocadas, repicó su teléfono y contestó con mala actitud.

–Espero que sea importante...

–Cariño, ¿dónde estás?, vino la odiosa de Finanzas, buscándote para revisar unos documentos.

–Joder, lo olvidé. ¿Qué dijo?

–Nada, es una antipática maleducada, pero yo la puse en su sitio.

–¿Tú qué?, ¿qué hiciste Sofia?

–Nada, le dije sus verdades y se fue por donde vino.

–Espero que no hayas dicho nada comprometedor, sabes muy bien que no debes hablar de más.

–Debo colgar, están llamando del interno.

–¡Sofía!, ¿qué le dijiste a Elizabeth? –preguntó molesto, pero ya su secretaria había cerrado la llamada. La pelirroja lo observaba curiosa, pero ella sabía que tendría que quedarse con la duda si quería volver a estar con él.

–¿Nos vamos ya? –le preguntó quedamente la chica.

–No, sea lo que sea, ya no puedo remediarlo –respondió Emiliano pensando en que cada día se alejaba más de su esposa.

***

Elizabeth terminó la jornada y se dispuso a pasar un fin de semana tranquilo, había buscado en la red algún lugar donde pudiera alojarse un par de días lejos de casa, no quería correr el riesgo de toparse con Emiliano, ya bastante sería tener que pasar casi tres horas encerrada con él en un avión.

Llegó a casa y le notificó a su suegro que viajaría por el fin de semana, regresaría el domingo en la noche, le dio un abrazo y se subió al taxi que había contratado. El lugar que reservó estaba fuera de la ciudad, era pintoresco y playero, estaba muy contenta con su elección.

Cuando estaba registrándose, tres chicas muy alegres bromeaban con el recepcionista, la miraron y le hablaron:

–Hola, ¿te hospedarás aquí? –saludó una de ellas.

–Hola, sí, voy a pasar el fin de semana.

–Nosotras también, ¿quieres unírtenos?, si estás sola claro.

–Sí, vine sola y con gusto compartiré con ustedes.

La intención inicial de Elizabeth era un tranquilo fin de semana, pero tampoco evitaría relacionarse y pasar un buen rato con otras personas. Hicieron las presentaciones y quedaron en reunirse una vez ella desempacara, afortunadamente estaban en el mismo piso con habitaciones contiguas.

Mientras, Emiliano llegaba a casa de su padre...

–Hola hijo, no te esperaba, ¿cenaras aquí?

–Hola padre, sí, me quedaré a cenar.

–Avisaré en la cocina, sírvete un trago y uno para mí, por favor.

Cuando Leonardo Riva regresó de la cocina, tomó el vaso que le ofreció su hijo y se sentó frente a él, lo observaba con una media sonrisa, porque se daba cuenta de que Emiliano cada tanto miraba hacia las escaleras, como esperando ver a alguien y él no iba a decirle nada de Elizabeth hasta que le preguntara.

–¿Cómo está el trabajo?

–Constante y fuerte padre, tengo nuevas propuestas de negocio y eso me mantiene bastante ocupado.

–Qué bueno hijo, realmente has hecho una excelente gestión, las revistas empresariales hablan muy bien de ti.

–Si, al menos las empresariales lo hacen, de resto los amarillistas me ponen una novia diferente cada día.

–Hijo, tú estás con una mujer diferente cada día, recuerda que ahora estás casado, aunque no sea del dominio público, debes ser discreto.

–Lo soy padre, créeme.

–¿Cómo te fue con la firma italiana?

–Todo un éxito, bastó una sola reunión con la encargada de las negociaciones –dijo pícaramente.

–Ay no, me imagino cómo resolviste esa situación.

–La resolví justo como ella quería y sin compromisos posteriores porque es una señora felizmente casada, ahora me entiendo es con su esposo.

–¡Cómo ha cambiado el mundo empresarial!, en mis tiempos eran largas reuniones en una sala de conferencias con muchos documentos por revisar.

–Algunos todavía son así padre –señaló riendo.

Les avisaron que la cena estaba servida y pasaron al comedor. Emiliano notó que solo les servirían a ellos, faltaba el tercer plato de su esposa, pero aún no se atrevía a preguntarle a su padre, temiendo que la respuesta no le agradara.

Terminada la cena y el café, volvieron al salón, ya Emiliano no se aguantaba, así que le inquirió a su padre:

–Me extrañó que Elizabeth no nos acompañó en la cena, ¿está bien?

–Elizabeth se fue de viaje esta tarde. –Emiliano no podría describir exactamente qué sintió ante la respuesta de su padre.

–¿De viaje?, ¿te dijo adónde iba?

–No, vino un taxi a buscarla y se despidió de mí hasta el domingo en la tarde.

–Debió haber dicho hacía donde se dirigía, es una mujer casada.

–No, ¿en serio?, ¿ese es tu alegato?, ¡es una mujer casada! –remedó Leonardo a su hijo con una gran sonrisa–, esa es una forma muy arcaica de pensar, además ella no es una mujer casada común, ustedes apenas se tratan.

Emiliano no siguió escuchando a su padre, sacó su teléfono para llamar a su asistente.

–Max, averigua dónde está mi esposa, salió de casa de mi padre en un taxi –solicitó con un tono de premura en su voz.

–Entendido señor, le llamo en un rato.

–Rápido Max.

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