En la clínica el hombre a quien Elizabeth impresionó, salió del consultorio de su hermano y se fue a su oficina, trató de concentrarse en sus pendientes, pero una imagen aparecía cada tanto en su mente, "lo siento hermano, no podré esperar un mes" –dijo en voz alta y seguidamente levantó su teléfono para llamar a su secretaria.
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