Reencuentro
Muy lejos de Sumer, al noroeste, navegando por el mediterráneo, Zeum y sus legionarios celestes han partido rumbo a "Tesalia". Continuando su implacable persecución a Hydes y sus malvadas huestes. No piensan claudicar en su esfuerzo. Son conscientes de que Hydes y sus tropas son un peligro para la humanidad; ya que por donde han pasado, han propagado el abuso y el terror. Y..., quién sabe de qué más son capaces estos malvados seres celestes.
Anteriormente, con los extraordinarios dones de búsqueda y rastreo con los que cuenta Hermys, habían logrado localizarlos en las tierras de Pilos a orillas del mar Jónico; donde habían tratado de sorprenderlos, pero fueron descubiertos y repelidos en varias ocasiones por enormes rocas lanzadas desde poderosas catapultas que amenazaron con hundir sus embarcaciones, haciendo imposible la intención de desembarcar para enfrentarlos en tierra.
Luego de muchos intentos fallidos a través del mar jónico, decidieron cambiar de estrategia, con la cual por fin se logró penetrar en la península a través del golfo de Mesenia. Logrando con esto y por primera vez en años, enfrentarse al ejército de Hydes. Aunque en desventaja, ya que estos siempre los esperaron bien parapetados en su fortaleza construida especialmente para enfrentarlos. Cuando al fin habían conseguido penetrar en la fortaleza, Hydes ya les llevaba bastante distancia, pues había escapado más al norte, hacia las tierras de Arcadia.
En las poblaciones por donde habían hecho su paso, Hydes y sus fuerzas, cometieron una serie de abusos sobre la inocente población griega. Los cuales, con espanto, llegaron a experimentar y sufrir todo tipo de atropellos. Pero ahora..., han llegado o al menos viene alguien que podría frenar y castigar todas aquellas iniquidades. Cuando Zeum y sus fuerzas navegaron hacia Arcadia, al llegar a las afueras de la localidad se encontraron con una población muy atemorizada de verlos, pues pensaron que se trataba de otro poderoso grupo de seres malvados, como el de Hydes y sus perversos soldados.
Los habitantes de Arcadia escaparon asustados, al divisar a este segundo grupo de imponentes seres celestes arribando a sus tierras. Zeum y sus legionarios trataron de calmarlos, de hacerles entender que no eran enemigos ni buscaban realizar ningún tipo de abusos sobre estos indefensos humanos. No obstante, muchas veces no lograron convencer a los aterrorizados pobladores, aunque en pocas ocasiones pudieron conseguir que algunos perdieran en parte el temor y les proporcionaran información hacia dónde se habían marchado Hydes y sus fuerzas.
Lo cierto es que el muy astuto Hydes siempre había tenido todo bien calculado, ya que además de poderoso, es muy sagaz y no se le pasa por alto ningún detalle. Esto ha hecho que a las fuerzas de Zeum, todo este tiempo les haya sido imposible darles caza, aunque la obstinada persistencia de Zeum y sus legiones es infinita. En varias ocasiones estuvieron a punto de lograr su cometido, sin embargo, siempre ocurrió alguna providencia o eventualidad que se los impidió. Ahora, aprovechando los dones de Hermys, se han enterado de que el enemigo se ha marchado aún más al norte, pasando a través del istmo de Corinto; esta vez para establecerse en Tesalia, no sin antes pasar por localidades como Atenas y Tebas, realizando un sin fin de atropellos y abusos en dichas poblaciones.
Ahora que tienen nuevamente la pista de hacia dónde ha escapado, determinan continuar la cacería, esta vez por otro lado. Por lo que deciden regresar para embarcarse navegando por el golfo de Mesenia, con el fin de dar vuelta a la gran península. No van a claudicar jamás en su intento de perseguirlos y darles caza. Sumidos en esta peligrosa persecución, es que no habían tenido la oportunidad de marchar en busca de Gera y sus dos compañeros.
En muchas ocasiones, el líder celeste estuvo a punto de enviar a Hermys a buscarla para traerla consigo, pero siempre que estaba a punto de dar la orden, había ocurrido algo o lo necesitaba para guiar el rumbo hacia el enemigo. Ahora, en esta nueva travesía de persecución, en el barco que navega adelante se encuentran unos pocos legionarios comandados por Zeum y secundados por Hermys.
Esta noche los dos líderes se encuentran en la proa, pensativos. Por unos segundos, como leyéndose la mente, se miran en silencio. Ambos conocen la zona por la que se encuentran navegando (acaban de salir del golfo de Mesenia y se han internado en el mar de Creta). En estos cinco años, es lo más cercano que han navegado de las islas de Creta, por lo que el vigía rompe el silencio.
-Estamos cerca de Creta. ¿No crees que se podría aprovechar esta oportunidad para pasar en busca de Gera? Demasiados años la hemos abandonado. La verdad, no debimos haberla dejado tanto tiempo prácticamente sola. Sabes que aparte de extrañarla, la necesitamos, puesto que solo tú posees poderes superiores a los de ella. ¿Te imaginas tenerla en nuestras filas? Cuanto nos facilitaría las cosas en estos momentos -asegura el noble Hermys, esperanzado de convencerlo para desviar el rumbo y navegar hacia Creta.
Pero el líder celeste se encuentra indeciso sobre tal determinación.
-Siempre he confiado en tu intuición y prudencia, hoy no será la excepción. Si me convences de que hacerlo es lo más conveniente, desviaremos para buscarla, pero... ten en cuenta que tiene un hijo. El niño quizás solo nos retrase. Con ellos a nuestro lado, es probable que ella o nosotros, en el afán de protegerlo; cometamos errores que nos pueda costar la vida o la de muchos de nuestros soldados. ¿Has tomado en cuenta todo aquello?
Zeum tiene razón en su indecisión y Hermys lo sabe, por ello, en silencio le escucha, aunque siempre buscando las palabras adecuadas para convencerlo; pero el líder celeste aún no ha terminado.
-No creas que el hecho de navegar por estas aguas me es indiferente. Te aseguro que también se me ha cruzado la idea de ir por ella. Pero, como te expresé antes, me tiene indeciso todas esas probables circunstancias que tendríamos que pasar con ella a nuestro lado. Sin embargo, te he dado la oportunidad para que con palabras y argumentos sabios me convenzas de tomar la determinación de ir por ellos. Hazlo, dime por qué no correríamos mayores peligros. Ese argumento es el que espero, pero dímelo con la cabeza y no con el corazón. Convénceme e inmediatamente desviamos el rumbo hacia la isla. Sabes que todos la echamos de menos -demanda Zeum, tratando de escuchar las sabias y prudentes palabras de su capitán.
Hermys es muy hábil para persuadir, hoy ha buscado los mejores argumentos para ello y sabe cómo empezar. Por lo tanto, comienza con una pregunta al líder celeste.
-¿Recuerdas cuando Gera estaba esperando al niño?
-Claro que lo recuerdo y... ¿qué con eso?
-¿Recuerdas cómo creció de rápido su vientre? ¿Recuerdas el tan poco tiempo que transcurrió desde que fue engendrado hasta que nació ese niño...? Yo mismo te respondo; fue menos de la mitad del tiempo de un humano. Han transcurrido más de cinco años. Siguiendo esa lógica de su gestación, ¿no crees que ese pequeño... quizás ahora no sea tan niño? Por mi parte, estoy convencido de que no lo es; pues debe ser un muchacho o quizás ya un joven. Te digo más, conociendo a Gera, estoy seguro de que ella no dejaría que pase un solo día sin adiestrarlo. Posee un rigor y una disciplina inigualable. Mucho más por alguien que de seguro ama por encima de su propia existencia. Por consiguiente, ese muchacho, entrenado como me imagino que se encuentra, a lo mejor se ha convertido en un soldado que puede ser muy valioso para nosotros. En todo caso piensa un poco: ¿Qué perdemos en ir por ellos? Han pasado más de cinco años de esta interminable persecución. ¿Qué más da perder unos días? Gera no se merece tanto abandono de parte nuestra. ¿No crees? Al conocer a su hijo saldremos de dudas. Si me he equivocado en mis deducciones en cuanto al muchacho, no tendremos más remedio que dejarlos un periodo más, pero al menos ya los habremos visto y sabremos con certeza cómo se encuentran. Además, les daremos esperanza a los tres, que de seguro ya la deben haber perdido. ¡Vamos..., anímate, vamos por ellos! -insiste el persuasivo Hermys, entusiasmado porque ha captado en el rostro de Zeum que ha conseguido convencerlo.
-Siempre encuentras las palabras para convencerme, y hoy más que nunca tienes razón en lo que dices. ¡No se hable más del asunto! ¡Vamos hacia Creta a buscar a nuestra comandante! ¡Dales la señal de cambio de rumbo al otro barco! -ordena Zeum totalmente decidido.
Hermys, emocionado, se apresura a cumplir la orden. Con una tea hacen la señal, mientras su barco lentamente cambia de rumbo al tiempo que disminuyen la velocidad; esperando que les de alcance el otro navío. En unos momentos consigue aproximarse el barco que los sigue, en el cual sus tripulantes se encuentran sorprendidos por el repentino cambio de dirección; por lo que se aproximan a estribor para saber el motivo de dicha acción. Hermys les grita:
-¡¡¡Cambio de planes..., nos dirigiremos hacia Creta en busca de nuestros compañeros; sígannos sin retrasarse demasiado!!!
En la otra embarcación, por unos instantes todos se miran sorprendidos por este repentino cambio de planes, pero luego al saber el motivo, reaccionan...
-¡¡¡Gera, Gera, Gera!!! -gritan todos felices por la decisión tomada, puesto que no existe un solo soldado que no recuerde con nostalgia y cariño a la extraordinaria guerrera.
De esa manera, parten en busca de sus compañeros abandonados en la solitaria isla. El barco que transporta al resto de eufóricos legionarios, lejos de rezagarse, casi empujan al navío en el que se encuentran Zeum y Hermys, los cuales observan hacia atrás satisfechos; aunque también con cierta susceptibilidad, por la proximidad con la que avanza el barco de sus entusiasmados soldados.
Los acontecimientos no habían sucedido como Gera había supuesto o imaginado, sus compañeros no la habían olvidado. Es más, se encuentran ansiosos de volver a verla; aunque jamás hubo el momento oportuno de ir por ella. Hasta hoy. ¡No imaginan que la sorpresa les llegará a ambos mucho antes de lo previsto...! Antes de que despunte el alba, el vigía ubicado sobre el mástil principal, divisa un pequeño navío que avanza directamente hacia ellos y da la alarma.
-¡¡¡Se aproxima una embarcación!!!
Zeum, al escuchar la alerta, ordena:
-¡Rápido..., apaguen las antorchas; no quiero una sola luz que nos delate! ¡Hermys, aborda el otro barco y aléjate de nosotros...! Los sorprenderemos desde dos frentes, pero no ataques hasta que veas mi señal. No sabemos si se tratan de enemigos o de inocentes humanos. ¡Deprisa, vete!
Este obedece al momento. Aborda el otro navío y se aleja hacia uno de los costados; aunque sin dejar de avanzar hacia adelante. Al frente, en el pequeño navío, sus tripulantes tarde se dan cuenta de la proximidad de los dos enormes barcos, ya que sobre su pequeño mástil es imposible llevar a alguien de vigía. ¡Con temor divisan el gran barco que se aproxima con gran velocidad hacia ellos y de frente! ¡Luego observan a un segundo que lo hace por uno de sus costados! Gera se da cuenta de que inevitablemente serán alcanzados, por lo que ordena a sus dos acompañantes:
-¡No hay tiempo para esquivarlos a ambos! Pero podemos, al menos por unos momentos, eludir a uno de ellos... ¡Hacia la izquierda, rápido! Los dos, al perseguirnos, se van a obstaculizar el paso. Así, al menos tendremos algo más de tiempo para hacerle frente a solamente uno de ellos.
De manera que, a todo lo que dan sus fuerzas emprenden la huida, sin embargo, resulta imposible escapar, pues los barcos legionarios son mucho más grandes y veloces y ahora se encuentra a punto de darles alcance. En el barco comandado por Hermys sucede lo esperado. Este, con su extraordinaria intuición y quizás guiado por su olfato, cambia de actitud. Su rostro, el cual en un inicio se mostraba tenso, se va transformando y dibujando en él una sonrisa de satisfacción.
-¡Enciendan las antorchas, deprisa!...
Pero al ver que sus indecisos legionarios le miran sorprendidos por la inusual orden; insiste.
-¿¡No me escucharon!? ¡Háganlo!
Sus soldados reaccionan intrigados, pero... al ver la alegría en su rostro se dan cuenta del porqué y obedecen rápidamente. En el barco de Zeum aún no se han dado cuenta a quién se encuentran persiguiendo.
-¡Mi señor!, ¡mira! Nuestros compañeros han encendido sus lumbres y han disminuido el ritmo; es una señal. ¿Qué hacemos? -pregunta uno de sus soldados.
Zeum mira hacia su costado, luego a la pequeña embarcación, la cual desesperadamente trata de escapar. El líder por unos segundos delibera y... ¡al fin comprende!
-¡Enciendan las antorchas! -exclama ordenando con gran voz a sus sorprendidos legionarios, los cuales obedecen, aunque sin comprender aún; mientras disminuyen la veloz persecución.
El barco de Hermys que se ha abierto hacia un costado, desde allí cubre y destapa sus antorchas; repitiendo esta acción una y otra vez. Dando una señal de luz intermitente que significa auxilio o en este caso, ¡no agresión! Desde el barco de Zeum, al observar esta acción, hacen lo mismo, enviándoles ambos navíos la señal de no agresión a la pequeña embarcación.
-¡Madre, mira...! Han dejado de perseguirnos; ahora nos hacen señas para que nos detengamos. ¿Qué hacemos? ¿Obedecemos o seguimos escapando?
Gera observa por unos instantes y determina.
-Si intentamos escapar de todas formas nos alcanzarán. Por lo tanto, es mejor obedecer, pero debemos estar alertas y listos para luchar. Veamos de qué se trata todo esto.
Con temor, pero prestos a combatir y defenderse, se detienen esperando la aproximación de los dos enormes navíos. Tanto Gera como Argos observan al joven Tiseo, el cual, espada en mano, manifiesta toda esa tensión en su rostro. Es la primera vez que se encuentra realmente en peligro. No obstante, a pesar de su corta edad no se muestra para nada amilanado; al contrario, demuestra su temple y valor; dispuesto a pelear con toda su inexperiencia al lado de ellos.
Gera, sin decirle nada, se encuentra orgullosa por el carácter de su hijo. Sabe que la valentía es algo que no le va a faltar nunca. Lo lleva en sus genes y no solo por ella... Lentamente se aproxima a ellos el enorme navío. En seguida hace su aparición el otro barco bajo el mando de Hermys, en el cual todo es algarabía. Los legionarios que navegan con Zeum, se contagian al comprender el motivo de felicidad en sus compañeros.
-¿¡Será posible, madre!? Son nuestros compañeros; al menos eso parece, ya que nos encontramos a su distancia de tiro y solo se observa celebración en los dos barcos.
-¡Sí, hijo mío..., son ellos! Al parecer, ¡al fin vienen por nosotros! -afirma la guerrera con una sonrisa dibujada en su bello rostro, la cual delata su inmensa felicidad al encontrarse por fin con sus compañeros.
-¡¡¡Viva Gera, viva Gera!!! -gritan sin parar los eufóricos legionarios desde ambos barcos, llenos de júbilo y felicidad al tener por fin a su añorada comandante.
Amarran el pequeño navío al de Zeum. Inmediatamente los tres abordan, siendo recibidos con todo el cariño que les tienen. No es para menos, pues es tanto el tiempo que llevaban distanciados.
-¡Sean bienvenidos compañeros! No se imaginan la inmensa alegría que nos da encontrarlos sanos y salvos. No sabes cuánta falta nos has hecho. ¡Pero...! ¡¿Y este muchacho?! ¡¿No me digas que es tu hijo?!
Se sorprende el líder celeste al contemplar a Tiseo, con un porte similar al de muchos de sus legionarios; aunque aún de estatura menos que él. Contempla detenidamente de pies a cabeza al joven, impresionado por el parecido físico del muchacho con su padre Alfenón. Luego mira para todos lados buscando a Hermys, queriendo escuchar su opinión, pero el leal capitán ya se acerca hacia ellos con una amplia sonrisa dibujada en su rostro; manifestando su inmensa alegría de verlos a los tres sanos y salvos.
-¿Aceptas que siempre tengo razón? -le dice al paso a Zeum palmeándole el pecho, aunque sin mirarlo; puesto que su atención se encuentra al frente.
Sin esperar respuesta de su líder, se acerca a Gera y la abraza efusivamente expresándole su inmenso cariño.
-¡Gracias al Supremo que están nuevamente entre nosotros! ¡Espero que nos permita estar siempre juntos de ahora en adelante!
Luego suelta a la guerrera para contemplar de pies a cabeza al joven Tiseo. Lo toma por los hombros para expresarle la inmensa sorpresa que ha causado en todos ellos su increíble cambio en tan pocos años, aunque siempre haciéndolo con su acostumbrada ironía.
-¿Te ha comentado tu madre que fui yo el que te trajo al mundo? Si no supiera que fueron tres los que dejamos en esa isla, jamás habría imaginado que seas el hijo de nuestra comandante. Vamos muchacho..., dinos cómo te llamas. Tu madre jamás nos quiso decir tu nombre -pregunta Hermys, rodeado de los entusiasmados y curiosos soldados celestes.
-Mi nombre es Tiseo. Mi madre dice que llevo este nombre en honor a su compañera Tisea. También me ha dicho que mi padre es Alfenón, un rey sumerio que...
-Ya habrá tiempo para conversar de todo eso, muchacho. Ahora es momento para que descansen y se alimenten. Al lado de nosotros debes sentirte en casa, puesto que aquí todos nos cuidamos unos a otros y, de ser necesario, entregamos la vida por el compañero. Te aseguro que nunca antes estuviste tan seguro -interviene Zeum, evitando que se hable del rey sumerio.
El muchacho mueve la cabeza aceptando, sorprendido por encontrarse ante el poderoso líder celeste; en especial, por el recibimiento que este le brinda. En seguida Zeum ordena:
-Preparen las mejores literas para los tres. Deben descansar que bastante falta les hace. Luego tendremos todo el tiempo para conversar con ellos.
Sus soldados obedecen, incluso Hermys y Zeum les ceden sus propios camarotes, los cuales son los más amplios y cómodos. No obstante, ya está muy cerca el alba, pues en el horizonte ya se empiezan a pintar las primeras luces del nuevo día. Les queda muy poco tiempo para descansar a los tripulantes de ambas embarcaciones. Aunque, obviamente, esta vez los únicos con derecho a hacerlo son los recién llegados.
-¡Retomemos nuestro rumbo! ¡Hermys..., regresa a la otra embarcación! Luego habrá tiempo de más para que podamos preguntar y conversar -ordena el líder celeste, reanudando el rumbo hacia Tesalia en busca de sus enemigos.
En unos momentos, todos se encuentran realizando sus tareas cotidianas, ansiosos, esperando a que despierten y salgan de sus camarotes Gera y sus dos compañeros; para escucharlos y saber de lo acontecido en todo este tiempo transcurrido sin estar al corriente de ellos. Sobre todo, desean conocer más al joven Tiseo, puesto que esperaban encontrarse con un niño; jamás se habrían imaginado toparse con un alto y gallardo joven. Pero por ahora, su curiosidad deberá esperar.
Por su parte, la guerrera en su cómoda habitación no ha logrado pegar un ojo pensando y analizando todo lo sucedido, al fin se encuentran con sus compañeros; algo tanto tiempo esperado para sentirse al fin a salvo. Sin embargo, ahora al encontrarse con ellos no se siente del todo segura. Su intuición le indica que no es tan así, le advierte que vendrán días difíciles; especialmente para ella y su hijo. Por último, ha captado como Zeum, aunque amablemente, cortó el tema cuando su hijo empezaba a hablar de su padre Alfenón. «No, no..., solo son suposiciones mías nada más. Tantos años solos en esa isla me han hecho demasiada desconfiada de todo. No debo temer a nada ahora que estamos todos juntos», se dice para sus adentros, tratando de infundirse confianza. Cerca del mediodía, los tres son llamados a cubierta.
-¡Se los espera para compartir la comida! -anuncia un legionario tocando sus puertas.
-Madre, creo que mi hambre no aguanta más. Apresurémonos, no los hagamos esperar más, tanto a ellos como a nuestros estómagos.
Ella le responde con una sonrisa y salen del camarote. En cubierta, todos se encuentran sentados aguardándolos con impaciencia, aunque no está claro si es por el hambre o por escuchar de los tres todo lo que tienen para relatarles. A decir verdad, la curiosidad de todos se encuentra centrada en el joven Tiseo. Algo obvio, ya que hace poco más de cinco años habían dejado en Creta a un bebe recién nacido al lado de su madre. Ahora esta ha subido con un alto y gallardo joven.
Conocieron muy bien a su padre Alfenón: Un humano sorprendente, el cual fue capaz de ganarse el respeto y la admiración de todos ellos. Pero sobre todo conocen a Gera, su extraordinaria comandante. Por todo ello, es que se encuentran muy interesados en conocer al muchacho, están convencidos de que no es un ser cualquiera; sino que se trata de alguien excepcional. Además, nunca habían visto a alguien ¡mitad humano y mitad ser celeste! Al llegar los tres a la gran mesa, algunos ceden sus lugares, mientras que otros se apresuran a servirles los suculentos alimentos. Lo cierto es que la amabilidad y gentileza sobra hacia ellos, haciéndoles sentirse muy a gusto; sobre todo al joven Tiseo, el cual, con mucho apetito, devora todo lo que le ponen en frente, causando asombro y risas a sus nuevos compañeros.
-No se admiren por su voracidad. En la isla siempre comió más que Argos y yo. Al parecer, su rápido crecimiento es lo que le provoca tanto apetito. Lo bueno es que estos últimos dos años nos hizo todo más fácil, pues era él mismo el que se encargaba de buscarse sus alimentos. Pero aquí, de seguir así, nos dejará a todos sin provisiones -manifiesta Gera, ante el asombro de todos sus compañeros.
-¡Ja, ja, ja! De ser así, debemos atracar en la primera isla que encontremos para buscar más provisiones. Y ahora que sabemos, será con él adelante para que se encargue de buscar su propio menú -declaran burlándose algunos legionarios, divertidos por la voracidad del muchacho.
Lo cierto es que todos, aparte de encontrarse contentos con ellos, también están sorprendidos por la voracidad del joven.
-Tienen razón, hijo. Debes frenar tu apetito, al menos mientras nos encontremos en alta mar.
-Madre, solo será por hoy. Sabes cómo me tenías restringido en nuestra pequeña barcaza. Además, nunca había comido un alimento como el de hoy, es realmente delicioso; pero te prometo que desde mañana no comeré tanto, ¿sí?
-Tranquilo, muchacho, come hasta saciarte; te entendemos. No tienes por qué sentirte avergonzado. Aún tenemos provisiones de sobra para todos. Debes sentirte entre hermanos; con esto te pido que te expreses sin miedo y con confianza hacia todos nosotros -le afirma Zeum, tratando de ganarse su confianza.
Luego de que se ha ganado la confianza del joven, pregunta:
-¿Te ha preparado tu madre para combatir? Me refiero a si... sabes luchar con armas de verdad.
Todos los comensales quedan en silencio, aguardando con expectativa la respuesta del joven, quien ante la pregunta mira a Gera y a Argos, enseguida sonríe y con seguridad responde:
-Desde muy pequeño, todos los días recibía de mi madre y de Argos, adiestramiento en las artes de lucha y el manejo de diferentes armas. Pierdan cuidado que sé cuidarme solo. Les aseguro que no seré un estorbo o atraso en nuestros planes. Digo así, porque de ahora en adelante también son los míos.
-Ya he visto antes tanta seguridad y temeridad, aunque tú sí debes escucharme y obedecerme. Pido esto por tu propio bien y el de todos nosotros. ¿Me entiendes? -le recomienda Zeum mirando a Gera, la cual ha captado el mensaje; sobre todo, a quién se ha referido cuando habló de temeridad...
El muchacho, con inocencia y ajeno a todo lo pasado entre Zeum y su padre, responde:
-Pierde cuidado, tú eres el líder. Te aseguro que de mi parte nada se hará sin tu consentimiento. Solo te pido que compruebes mi nivel para luchar y me enseñes aún más, porque mi deseo es convertirme en un guerrero muy útil para nuestra causa.
Tanto Zeum como Gera quedan sorprendidos por la petición del joven. Al ir transcurriendo el almuerzo en medio de total camaradería, entre legionarios y el sorprendido muchacho por la atención que recibe, sin que los demás se den cuenta, el líder celeste, con admiración observa detenidamente al muchacho. Ya antes había visto y captado tanta osadía en su padre Alfenón. «¡Tienen tanto parecido y..., no es solamente en lo físico!», razona en silencio.
Recuerda con admiración a Alfenón, sobre todo, por el combate con este y lo no fácil que le resultó vencerlo. Siempre entendió que el rey sumerio no es un humano cualquiera. Es más, sabe bien que es un hombre excepcional. Ahora, al contemplar al muchacho, presume que muy pronto se convertirá en un extraordinario guerrero, pues genéticamente posee todos los atributos para ello. Tanto por el lado del padre, pero, sobre todo, por ser hijo de su compañera de batallas; la hermosa pero temible en combate, Gera.
Jamás existió ni existirá un rival que le haga temer enfrentarlo. Sin embargo, ahora, al observar a Tiseo; espera no llegar nunca a tal situación con el muchacho, pues en las pocas horas que lo conoce le ha llegado a estimar. Tanto por la docilidad del muchacho para con él, como también por tratarse del hijo de Gera, a quien siempre ha apreciado de sobremanera en sus filas. Por todo ello, espera que el joven le sea siempre leal y útil en sus filas, y más con todo lo que está dispuesto a enseñarle al inocente joven.
Sumido en estos pensamientos, le asalta con nostalgia el recuerdo de Almea y de su hijo. «¿Cómo será? ¿Cómo estará su hijo? O mejor dicho... mi hijo. ¿Sera impetuoso y gallardo al igual que este joven?», piensa en silencio el poderoso Zeum. Gera, que no pierde jamás un detalle, se ha dado cuenta cómo su líder ha contemplado de pies a cabeza a Tiseo; circunstancia que la inquieta un poco. La guerrera, además de la inspección analítica hacia su hijo, también ha notado la mirada nostálgica de su líder; por lo que casi puede adivinar lo que pasa por su mente. También ella ya antes se había imaginado e idealizado, cómo será el hijo de Zeum con Almea. Este, intuitivamente mira a Gera y le lanza una pequeña sonrisa al darse cuenta de que está siendo observado por la guerrera. Está seguro de que ella adivina lo que está pensando.
-¿Podemos conversar en privado más tarde? -le pide Zeum, en un tono más de respeto que de imponencia; algo poco habitual en él.
-Por supuesto, yo también tengo muchas preguntas que hacerte -responde la guerrera, ansiosa por saber a detalle todo lo ocurrido estos años de obligada ausencia.
Tiseo, algo sorprendido mira a Argos, el cual le responde encogiéndose de hombros con una pequeña sonrisa; manifestándole que no hay por qué preocuparse. Por lo cual ambos continúan tranquilos con el banquete. Más tarde, tal como lo había previsto, Zeum entra en la habitación de la guerrera, la cual se encuentra en compañía de Tiseo.
-Espero que se encuentren cómodos, pues es lo mejor que tenemos.
Ambos le expresan su satisfacción. No obstante, Zeum no ha entrado solo para averiguar cómo se encuentran.
-¿Me permites conversar en privado con tu madre?
-Por supuesto. Debes tener mucho qué explicarle por tantos años que hemos estado aguardando tu llegada. Madre, estaré afuera para cualquier requerimiento tuyo -afirma obedeciendo el joven, parándose frente al poderoso líder; notando el gran porte de Zeum.
Seguidamente el muchacho se retira y Zeum, sin decirle nada, le deja hacerlo. Al quedar solos, Zeum procede a relatarle todo lo ocurrido estos últimos años y los motivos de la tardanza en ir por ellos. Gera también le narra todo lo acontecido en Creta, aunque de parte de ella no existe mucho que relatar; solamente el intenso entrenamiento al que había sometido a su primogénito todos estos años y la capacidad de este para asimilar, aprender y superarse día tras día.
-¡Es increíble cómo ha crecido! Hermys lo predijo. Ah..., sé que notaste cómo lo observaba durante la cena; tú sabes el motivo. Nunca más tuve noticias de ellos. Te prometí y me prometí a mí mismo, dejarlos vivir en paz y he cumplido, aunque no te puedo mentir. Al ver a tu hijo me asaltó una tristeza y ganas de saber cómo se encuentra mi hijo, quisiera verlo. Ojalá tenga la gallardía que tiene el tuyo. ¿Crees que así será?
-¿Por qué lo dudas? Tienes la misma naturaleza que yo. Además, su madre es una mujer muy bella, por lo cual, de seguro es un joven alto, fuerte y muy guapo. Las dos primeras de seguro las ha heredado de ti -responde con una juguetona ironía, provocando en él una nostálgica sonrisa.
Luego el melancólico líder continúa.
-Esos dos humanos nos marcaron para siempre. ¿No crees? ¿Tú..., aún lo recuerdas?
-Si lo que no te atreves a decirme es que aún no has olvidado a Almea, yo sí te soy sincera; jamás pude olvidarme de Alfenón. Fue y siempre será mi gran e imposible amor, puesto que juntos pasamos momentos que me son imposibles de olvidar. Ahora tengo un hijo de él. Cada día, al verlo, me lo recuerda. Pero es algo con lo que debo vivir y así aprendí a hacerlo. El tiempo que pasó, si bien no me ayudó a olvidarlo, al menos me enseñó a vivir resignada -confiesa con sinceridad la hermosa guerrera.
Al hablar de Alfenón, con nostalgia le vienen a su mente todos aquellos bellos momentos compartidos con el sumerio. Zeum, que la ha escuchado con atención, se da cuenta de la melancolía que refleja el rostro de la bella guerrera.
-Te comprendo más de lo que crees, puesto que jamás me pude sacar de la cabeza a esa sumeria. Siempre me pregunte, ¿qué tanta influencia son capaces los humanos de ejercer sobre nosotros? ¿Recuerdas las locuras que fuimos capaces de cometer por ellos? Ahora, analizándolo bien, de los dos tú fuiste la más tonta. Al menos yo no arriesgué la vida como lo hiciste tú, ¿no crees? Vamos..., dame la razón. Pretendo alguna vez quedar de menos tonto entre los dos -expresa bromeando, tratando de convencerse así mismo de que esta vez tiene la razón.
Ambos sonríen recordando sus anécdotas pasadas. Luego de pasados unos momentos, Zeum desea saber qué influencia podría tener Alfenón sobre su comandante, ante un hipotético encuentro entre ambos.
-Si lo volvieras a ver, ¿seguirías fiel a nuestra causa o te irías con él? Respóndeme con sinceridad, necesito saber hasta dónde puedo contar contigo, porque eres mi más valiosa guerrera y te necesito totalmente comprometida con nuestro objetivo; así que dímelo.
-No te preocupes por eso, pues aprendí a vivir sin él. Mi hijo y nuestra causa son mis únicas razones. Ahora que estamos juntos, no debemos descansar hasta dar con Hydes y eliminarlo junto con sus tropas.
Gera le ha respondido con sinceridad, no obstante, también siente la misma preocupación por el líder celeste.
-¿Y tú, tienes el mismo compromiso? ¿Si la ves, no cometerás las tonterías que antes hiciste? Responde..., sabes que más que aliados; hemos sido cómplices y podemos decirnos las cosas sin temores -lo interroga, consciente de que este nunca tuvo la misma determinación y voluntad que ella.
Zeum la mira por unos segundos, y ante la mirada indagadora de la guerrera decide responder:
-Maldita sea, tú sí sabes dar donde más duele. Lo único que te puedo asegurar es que para mí nada ni nadie es más importante que nuestro objetivo. Después de eso, no te puedo garantizar más nada -responde, dejando en ella cierta preocupación.
Gera comprende lo que esto puede significar en un futuro, ante un hipotético encuentro entre su líder y la sumeria; o en el peor de los casos, con el rey sumerio Alfenón. Pero por el momento estas son solo hipótesis y ya llegará su momento para pensar en esas cosas. Ahora existen asuntos más reales y apremiantes que atender; "como la persecución a sus enemigos".