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Capítulo 9 9

Rapto

El griego se encuentra feliz con el muchacho. Hasta ve con buenos ojos la amistad de este con su hija Ariana. Al día siguiente por la tarde, Tiseo y Ariana, ahora con la confianza y aprobación de sus padres, salen a caminar por el pueblo; sin imaginar lo que se está tramando contra ellos...

-¡Debemos acabar con ese joven! ¡Es demasiado lo que hemos perdido por su culpa! También podríamos recuperar todo lo perdido si raptamos a la hija de Egeo. Ese maldito pagaría lo que fuese por recuperarla -les propone el embustero apostador a sus cómplices.

-No va a ser una tarea difícil, porque sé dónde encontrarlos a esos dos. Tú te encargarás del muchacho mientras nosotros secuestraremos a la hija. Encárgate de que no pueda volver a competir nunca más, ¿me entiendes? -ordena el malvado apostador a su gigante, un enorme gladiador que había vencido en las competencias de lucha.

-Les aseguro que ese muchacho después de caer en mis manos, nunca más volverá a ponerse de pie y peor, a competir -asegura burlonamente el descomunal luchador.

Sonríen confiados en su malvado plan, ya que su gladiador es invencible. Deducen que la única forma que tiene el joven de salir ileso contra su gigante, seria escapando. En tal caso lo que más les interesa y les haría recuperar su dinero y más, es ella. Aunque es mejor para ellos si el muchacho muere, así no habría quien les pudiera acusar de nada. Al final de la tarde Tiseo y Ariana, luego de pasear juntos por el pueblo tomados del brazo, deciden regresar a la mansión. Caminan por un solitario pasillo, cuando inesperadamente... ¡son sorprendidos por un gigante que les cierra el paso! Ariana mira hacia atrás tratando de encontrar una salida, pero es inútil porque dos hombres surgen de la nada cerrándoles la huida. Tiseo se coloca en frente protegiendo a la muchacha, dispuesto a enfrentar al gigante, el cual arroja a un lado su larga capa que le cubría y se le acerca amenazante.

-¡¡¡Auxilio Tiseo..., no, no...!!! -grita la joven al ser tomada por detrás y arrastrada por los dos apostadores.

Tiseo intenta reaccionar, pero no lo consigue ya que es sujetado por el gigante, quien lo aprisiona entre sus poderosos brazos tratando de ahogarlo o quebrarle los huesos. Los apostadores dan por hecho el final del joven y escapan llevándose a la joven, la cual ha perdido el sentido debido un golpe en la cabeza.

-¡¿Qué se siente saber que ha llegado tu fin?! -dice burlonamente el gigante, mientras aprieta cada vez más fuerte a su presa.

Pero el poderoso gigante ignora contra quien se está enfrentando. Tiseo con su frente le propina un poderoso golpe en el rostro partiéndole la nariz. El gigante, aturdido por el cabezazo, lo suelta. El enorme luchador se toma el rostro y observa su sangre que mana de su destrozada nariz. Mira al joven que le ha hecho esto y sonríe con malicia, moviendo la cabeza sentenciándolo. Saca su espada para dar fin a esta pelea. Ataca con toda su furia tratando de cortar o partir en dos al muchacho, pero Tiseo, con una felina agilidad, esquiva los embates del gigante. Luego, el joven salta y patea la muñeca del gladiador, haciéndolo soltar su espada, la cual cae lejos de él.

El sorprendido gigante ataca nuevamente tratando de sujetarlo o darle un golpe. Sabe que un solo puñetazo suyo siempre resulta suficiente para acabar con sus rivales, pero se va dando cuenta de que no es fácil llegar a atinarle uno solo. Tiseo, desesperado, sabe que está perdiendo tiempo valioso, permitiendo que los captores de Ariana se pongan a buen recaudo; por lo que debe terminar de una vez por todas esta pelea. En un ataque del gigante, Tiseo aprovecha la oportunidad y le patea en el pie de apoyo haciéndolo caer pesadamente. El luchador se incorpora aún aturdido, pero recibe una formidable patada en la cabeza, arrojándolo al suelo ¡totalmente fuera de combate!

El joven lo mira por unos segundos. Jamás había lastimado o matado a alguien, pero no hay tiempo para lamentarse por alguien que se lo buscó; de manera que reacciona y rápidamente sale en búsqueda de los captores de Ariana. ¡Pero es inútil, no los encuentra por ninguna parte, es como si se los hubiese tragado la tierra! Desesperado, corre de un lado para otro buscando a través de los callejones ya oscuros por la llegada de la noche, pero continúa su búsqueda; pues no está dispuesto a claudicar hasta encontrarla. Se siente mal por no haber podido defenderla. Se siente culpable, pues ella confiaba ciegamente en él. Ahora considera que falló a esa confianza.

-¡¿Qué sucede?! -pregunta una potente voz femenina, ¡Gera!

Su extraordinaria intuición se acrecienta cuando de su hijo se trata. Este instinto la había hecho presentir que algo malo estaba sucediendo, por lo que había salido acompañada de Hermys a buscarlos. El joven, al verlos, siente un inmenso entusiasmo, puesto que si existe alguien en el mundo para ayudarle a encontrar a Ariana, ¡son precisamente estos dos! Ahora las esperanzas vuelven a él. Conoce el inmenso poder de su madre, pero nunca ha visto en acción a Hermys. Solamente ha escuchado de sus infalibles cualidades como rastreador. No obstante, hoy tendrá la oportunidad de verlo en acción.

-¡Madre, Hermys! ¡Gracias al supremo que vienen a ayudarme! ¡Se llevaron a Ariana, debemos encontrarlos pronto!

-Tranquilízate unos instantes y cuéntanos todo lo que ha sucedido -le calma Hermys.

Tiseo les comenta con detalles lo acontecido.

-Si ya los buscaste y no encontraste nada por aquí, debemos ir donde se encuentra el grandulón que venciste. Allí me dejarás actuar. ¡Vamos, apresúrate! -ordena Hermys.

El joven se muestra indeciso, porque significa marchar hacia el lado contrario. Gera pasa por su lado y le hace perder su indecisión.

-Apresúrate si no quieres perder a tu amiga. Enséñanos dónde se encuentra ese gigante.

Tiseo obedece y los conduce al lugar donde había derrotado al gladiador, pero ¡mayúscula sorpresa!...

-¡Fue aquí, pero ya no está! -afirma Tiseo, sorprendido y desesperado por haber perdido la única pista.

Al parecer el gigante no había muerto, solo quedó inconsciente. Luego, al recuperar el sentido, escapó del lugar.

-¡Tú tranquilo, muchacho! Te pedí que desde aquí me dejaras el trabajo -le dice confiado Hermys, empezando su labor.

El extraordinario rastreador, del suelo recoge una muestra de sangre, luego encuentra bastante y se mancha las manos por completo con ella. Se la pasa por la nariz para olfatearla y grabar su olor, luego lame sus manos llenas de sangre. Atónito Tiseo lo observa, pues nunca había visto a nadie hacer algo semejante. Gera realmente no sabe si es necesaria tanta escena, se empieza a impacientar, pero Hermys hace caso omiso a la impaciencia de los dos y se da su tiempo. Después, levanta la nariz olfateando todo el ambiente. Luego, mirando a Tiseo, sonríe con confianza.

-¡Ya los tengo!

-¿Con tan solo pasar tu lengua por su sangre? ¡No lo creo!

-Pues deberás creerle. ¡Vamos, sigámoslo! -ratifica Gera a su hijo.

Para Hermys, la sangre es el rastro más fácil de seguir. Es como si todas sus facultades de rastreador se encendieran al máximo, haciéndole fácil encontrar la pista. Los dos siguen al rastreador, quien marcha adelante mirando y olfateando para todos lados, mientras continúan avanzando. Es ya casi la media noche, cuando llegan a una solitaria y enorme vivienda en las afueras de la población, la cual según parece no se encuentra deshabitada; puesto que un par de lumbres iluminan en su interior. Con mucho sigilo se aproximan para averiguar de quiénes se tratan y qué están hablando. Tiseo se da cuenta de que con los dones de Hermys, encontrarlos no les resultó tan difícil como él lo suponía. Afuera, muy cerca de la entrada, escuchan la discusión en el interior de la casa entre el gigante y los otros dos rufianes.

-¿Cómo es posible que un simple joven te haya dejado como estás?

-¡Les repito que no fue él solo, aparecieron dos más en su ayuda y me atacaron por detrás!

Los dos rufianes se muestran incrédulos ante la versión del gigante, pero...

-¡¡¡Él dice la verdad!!! -exclama Gera irrumpiendo violentamente, rompiendo la puerta de una patada.

Hermys y Tiseo detrás de ella también ingresan a la habitación. Uno de los ladrones, tratando de reaccionar, toma su espada e intenta atacarla, pero Gera, que no se encuentra de humor y desea desquitarse con alguien, responde con una violenta y poderosa patada en el pecho del rufián, haciendo volar para estrellarse y romper una pared de madera con su espalda.

El otro ladrón intenta responder, pero Hermys le ordena que se quede en su sitio. Este entiende que por su bien lo mejor es obedecer y se queda quieto. Por su parte el gigante, al ver que Tiseo portando una espada se abalanza sobre él, se queda inmóvil con mucho miedo. «Si con sus manos fue capaz de vencerme, ¿qué me hará ahora que tiene una espada?», razona el gigante levantando los brazos en señal de rendición. Hermys se acerca y agarra a uno de los ladrones.

-¿¡Dónde está la muchacha!? -lo interroga, tomándolo del cuello y elevándolo cuán alto que llega su brazo, dejando los pies del asaltante llamado Ícaro a casi un metro del suelo.

Este, casi sin poder hablar, apunta hacia un pasillo que da paso hacia la parte subterránea de la casa. Rápidamente y sin pedir autorización, Tiseo se introduce en el pasadizo en busca de Ariana. El gigante, al sentirse sin vigilante, trata de escapar, pero Gera le pone una zancadilla haciéndolo caer. De inmediato le pone su pie en el pecho con brutalidad, haciéndole crujir los huesos de esa parte de su humanidad. Hermys le hace un gesto para que se calme, ante el cual la guerrera afloja y levanta su pie; luego nuevamente se dirige al ladrón.

-¡Espero que no nos hayan mentido y el muchacho no se dirija hacia una trampa! Porque de ser así, deberán despedirse de este mundo. Ya la han visto, ella se encuentra enfadada y está buscando el mínimo motivo para matarlos. Les aseguro que nadie puede detenerla cuando se enoja -les advierte Hermys a los aterrorizados ladrones.

El gigante y los dos ladrones comprenden que es mejor no contradecir ni buscar mayores problemas con ella. Temen que esta extraña y poderosa mujer sea capaz de todo. De manera que se disponen a colaborar.

-Los pasillos en el interior son muchos, es probable que el joven se pierda. Si me lo permiten yo puedo guiarlos, pero iré solamente contigo -propone Ícaro, el ladrón dueño de la vivienda, pidiendo la exclusiva compañía de Hermys.

Tal parece que Gera les ha inspirado mayor temor. Hermys acepta seguirlo. Toman cada uno una lumbre y avanzan hacia el interior. Este laberinto subterráneo es utilizado de depósito para guardar cosas robadas o para esconder esclavos. En el interior de los pasadizos, Tiseo no logra encontrarla y para empeorar, su lumbre ya se está apagando. Cuando escucha pasos que se acercan...

-¡Tranquilo, muchacho! Tal parece que te has perdido, ¿o me equivoco? Síguenos, él nos llevará donde se encuentra tu amada -expresa sonriendo Hermys, apareciendo por detrás de Ícaro que le guía el sendero.

Los tres se dirigen hasta una puerta, la cual da paso a unas escalinatas, para dirigirse a un compartimiento más abajo. Bajan por las escaleras siempre con Ícaro adelante, hasta que se encuentran con otra puerta en cuya habitación se halla encerrada la prisionera.

-¡Detente, muchacho!, deja que él haga el trabajo -ordena Hermys, poniendo el brazo sobre el pecho del desesperado joven que intentó adelantarse.

Hermys entiende que puede tratarse de una trampa, por lo cual deja que Ícaro sea el primero en dar la cara a lo que se encuentra en el interior de aquella habitación. Al abrir la puerta localizan a Ariana en un rincón, muy asustada. Tiseo se abre paso entre los dos y corre hacia ella lleno de felicidad para abrazarla. Su emoción lo impulsa a besarla apasionadamente. Acción a la que ella corresponde llena de felicidad.

-¿Tenía que suceder esto para que te atrevieras? -le reclama con dulzura la enamorada jovencita.

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