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Capítulo 8 8

Hermys se entera de los atropellos de los legionarios de Hydes. Tantos abusos y ellos hasta ahora no han podido darles caza, medita en silencio alarmado, mientras escucha a su "ocasional nuevo amigo".

-En muchos lugares abusaron de las mujeres y mataron a los hombres, hasta que por fin decidieron marcharse. Me dijeron unos pescadores que se habían marchado hacia Tebas, pero fue mentira; los hemos visto acampando en las colinas. Tienen grandes poderes y mucha fuerza; creo que son dioses que han llegado para castigarnos.

-Si lo que me dices es cierto, tendré que marcharme de aquí -declara Hermys fingiendo preocupación.

-Llévame contigo, conozco todos los puertos. Te aseguro que te haré ganar mucho oro, ya lo verás -le pide casi suplicando el ebrio herrero.

-Lo siento amigo, viajo solo.

-Tú sí eres un cobarde, andas escapando de puerto en puerto. Es probable que también seas ladrón -le grita el herrero, totalmente ebrio y frustrado por la negativa de Hermys, mientras lo trata de tomar del cuello.

El legionario disfrazado de pescador, sin levantarse ni perder la calma, lo sujeta fuertemente del brazo. El ebrio intenta responder con su mano libre, pero esta también es sujetada con una brutal presión; provocando que sus muñecas empiecen a crujir. Se encuentra a punto de gritar de dolor, pero Hermys le da un golpe entre el cuello y la oreja, dejándolo inconsciente. Esta acción fue imperceptible por los presentes. Saca de entre su morral unas tres piezas de oro y las deposita al lado de la cabeza de su "ocasional nuevo amigo", el cual se encuentra dormido sobre la mesa. Seguidamente se marcha, pues su misión está cumplida.

-¡Tienes que atacar con más fuerza, tu espada al chocar con el escudo del rival, debe hacerle sentir tu poder! -aconseja Zeum a su aprendiz.

Gera se encuentra observando el entrenamiento de su hijo. Se muestra orgullosa y satisfecha por todo lo que este demuestra. Después de un par de horas de intenso entrenamiento, concluyen.

-El muchacho es mejor de lo que yo presumía. Realmente me ha sorprendido su nivel. Te digo con seguridad que no debes preocuparte por él, pues sabe defenderse muy bien. Incluso, lucha mejor que muchos de nuestros soldados; eso te lo aseguro. Has hecho un excelente trabajo con él -destaca Zeum sin que Tiseo lo escuche, para evitar que se le suban los humos.

Se encuentran conversando sobre las cualidades del joven, cuando arriba Hermys les comenta toda la información que había recabado en aquella taberna.

-Lo que nos dices nos confirma que no se encuentran aquí. Ahora debemos averiguar hacia dónde se marcharon, por lo que habrá que salir a buscar dicha información -sugiere Gera.

-No me hagan salir nuevamente disfrazado de pescador buscando licor. Anoche la velada no terminó como lo esperaba, por lo que ahora no creo tener tanta suerte.

Ambos saben que cuando se niega a un trabajo es por algo justificado. Por lo tanto, no le exigen y que deciden buscar un nuevo plan.

-Si tú me lo permites, madre, quisiera conocer el pueblo. Puedo acompañar a quien elijan para ir -pide el joven Tiseo, el cual se encuentra cerca escuchando la conversación. Gera y Zeum mueven la cabeza negándose, pero Hermys acaba de tener una brillante idea.

-¡Ya lo tengo! -exclama el astuto vigía.

Procede a comentarles el plan que tiene en mente, mientras los tres escuchan con interés. Luego de propuesto el plan, Tiseo se pone más feliz que nunca. Gera está sorprendida por la idea. Zeum, por su parte, entiende que no es mala la propuesta, de manera que deciden llevarla a cabo.

Por la tarde atraca en el puerto el barco del rico comerciante acompañado de sus dos hijos. La hija es una mujer extraordinariamente hermosa, la cual lleva un velo que cubre parte de su rostro, dejando ver solamente sus bellos ojos verdes; el hijo, un joven guapo, alto y fuerte; recién entrado a la juventud. Luego de desembarcar, los tres se aproximan a la morada de un viejo pescador, el cual es el encargado de cuidar los barcos en el muelle.

-Quiero que cuides mi navío. Mañana por la mañana estaré de regreso. ¿Puedo confiar en ti? -le pregunta Hermys, mientras deposita algunas piezas de oro sobre su mano.

-Mi señor..., por este pago dormiré en él y te lo limpiaré. Vete sin pena, porque lo estás dejando en las mejores manos.

El comerciante sonríe y mira a sus hijos, quienes también aprueban la acción. Están a punto de marcharse, cuando ¡de imprevisto!... un ladrón arrebata el morral que llevaba Hermys y huye hacia donde se encuentran sus otros dos cómplices.

-En esa bolsa están las piezas de oro con las que fingiríamos negociar -declara Hermys contrariado por el inoportuno incidente.

Entienden la situación, por lo que deciden ir en busca de los ladrones. Como tres saetas empiezan la persecución.

-¡Espera...! dale espacio al muchacho. Tú y yo no podemos demostrar tanta energía como él -aconseja Hermys a Gera.

Con gran velocidad Tiseo les da alcance a los bandidos. Mientras Hermys y Gera, unos ochenta metros más atrás, corren tras él. Los tres ladrones, al darse cuenta que quien los ha alcanzado es solamente un joven, se detienen decididos a darle su merecido. El primero ataca dispuesto terminar con el osado joven, pero este lo esquiva y responde con un poderoso golpe de puño en todo el rostro del bandido, derribándolo. Gera trata de acelerar en ayuda de su hijo, pero es frenada por Hermys quien finge estar muy cansado, casi abatido por la carrera. De a poco se van acercando. Cuando consiguen llegar donde Tiseo, el último ladrón aún en pie, escapa dejando el morral en el suelo.

-¡Gracias, hijo! No sé qué hubiéramos hecho si no recuperábamos nuestro oro.

Gera y Tiseo, sorprendidos, miran a Hermys, pero enseguida se dan cuenta de que son el centro de atención, por lo que hay que actuar según lo convenido.

-¡Tu hijo es extraordinario! ¡Es veloz y hábil para luchar! Permítanme invitarlos a mi casa, deben estar muy cansados -les dice uno de los asombrados testigos que había presenciado todo-. Mi nombre es "Egeo". ¡Vamos, acompáñenme! No se preocupen por nada, pues se encuentran entre amigos.

Los tres deciden aceptar la invitación y acompañan al griego. Al ingresar se sorprenden, puesto que la casa del ateniense es un enorme palacio con muchos esclavos trabajando en sus amplios jardines y en los quehaceres diarios de una enorme vivienda como esa.

-Pasen, amigos míos. Es un honor para mí invitar a mi hogar a tan distinguidos visitantes -les dice el opulento ateniense, mientras hace un gesto a sus sirvientes para que les provean de todo lo necesario.

Una vez dentro del palacio, Gera se quita la capucha que cubría su cabellera, dejando ver sus rubios rizos, aunque sin quitarse el velo que esconde su rostro por encima de su nariz. Egeo queda cautivado contemplándola. Era obvio que alguien como Gera, jamás podría pasar desapercibida en ninguna parte, y menos para este viudo ateniense ansioso de compañía, el cual, aún sin verle por completo el rostro, se ha dado cuenta de lo hermosa que es.

Los tres visitantes advierten este hecho. Hermys sabe que la ilusión del ateniense es imposible, sin embargo, puede sacar provecho de esta circunstancia; mientras que Tiseo se encuentra celoso y molesto por la insinuante mirada hacia su madre. Por su parte, Gera se siente algo incómoda, pues no había contemplado tal situación; jamás imaginó que la invitación quizás fue por ella. Pero las sorpresas recién empiezan...

-¿Interrumpo en algo? -pregunta una hermosa jovencita, que sin pedir permiso se hace presente ante ellos.

Los visitantes se ponen de pie para saludarla. Tiseo la observa boquiabierto, encandilado por la belleza de la joven ateniense.

-Les presento a Ariana, mi única hija. Desde que murió su madre, ella se ha convertido en mi único tesoro.

Luego de la presentación, Tiseo no puede dejar de contemplarla. La bella joven se ha dado cuenta de aquello y, a decir verdad, también se siente atraída hacia este joven y guapo extranjero. Aunque se muestra menos evidente que el inocente Tiseo en sus emociones. Gera, por su parte, no sabe que es lo que la molesta más; si las insinuadoras miradas del padre o lo embobado que se encuentra Tiseo por la muchacha. Hermys, por su parte, se encuentra entretenido por lo que está observando. Además de que entiende que puede sacar el mayor provecho de esta coyuntura; la cual considera que puede serles muy favorable. El griego, que no se está con vueltas en sus intenciones, se dirige directamente a Hermys:

-Te quiero hacer una propuesta, la cual estoy seguro que les puede interesar. Tengo entendido que eres un comerciante y deseas comprar provisiones. Asunto que fácilmente puedo yo solucionar.

-Tanta amabilidad de parte tuya debe de tener un costo. Así que dinos sin rodeos de qué se trata y veremos si es posible negociar contigo -pregunta Hermys.

El acaudalado griego sonríe y les expresa su propuesta.

-Anualmente en Atenas se realizan competencias donde se apuestan grandes riquezas. El pasado año perdí mucho, porque no contaba con los mejores atletas. Ahora tuve la oportunidad de observar a tu hijo. Es muy veloz y hábil para luchar. Con él puedo ganar mucho y por consiguiente ustedes también. Mi propuesta es simple, el joven compite para mí y yo les lleno su barco con lo que vinieron a comprar. ¿Qué dices? ¿Aceptas?

Hermys mira a Gera, queriendo recibir de parte de esta una señal de aprobación, puesto que quien decide sobre Tiseo es ella; pero el que debe darle la respuesta al griego, es él.

-Por favor, padre, déjame competir. Prometo que no te defraudaré -ruega Tiseo a Hermys, pero mirando de reojo a su madre.

El griego, al observar las dudas del padre, interviene nuevamente.

-Tranquilos amigos, no lo obligaré a participar en las competencias de lucha. En su rostro se evidencia que es todavía muy joven, casi un muchacho, aunque su porte y su fuerza, además de lo que observé hoy, demuestran otra cosa. A pesar de que sé que lo haría muy bien, les prometo que no participará en nada que se trate de luchar.

Veo que tienen dudas y los comprendo. En cuyo caso, les pido que no se apresuren en responderme. Hoy disfruten de mi hospitalidad, mañana me darán su respuesta. Ah..., les pido que no se sientan comprometidos conmigo. Si los he invitado, es porque valoro la amistad de personas como ustedes -les manifiesta el buen Egeo, mientras sus sirvientes les proveen un sabroso banquete, acompañado de muy buen vino.

Todos comen disfrutando la hermosa velada y conversando amenamente. Tiseo se pasa la cena mirando en forma frecuente a Ariana, pero sin atreverse a intercambiar conversación con la joven. Las pocas veces que se atrevió a hablar, fue para preguntarle a Egeo sobre las competencias. Es evidentemente lógica su timidez, toda su vida (la cual no es mucho tiempo) transcurrió en aquella solitaria isla, donde la única mujer que conoció fue a su madre. Ahora por primera vez conoce a una joven mujer y además muy hermosa. Resulta lógico que el inocente joven se sienta fascinado por Ariana.

Aunque también se encuentra temeroso de abordar una conversación con ella y mucho menos de seducirla, ya que su temor al rechazo es más fuerte que sus impulsos. En su ingenuidad, no se ha dado cuenta de que no le ha sido para nada indiferente a la joven. Detalle que tanto Gera como Hermys, sí lo han captado. Después de la cena, Ariana se acerca al tímido Tiseo, quien se encuentra un alejado de la conversación de los mayores.

-¿Te vas a quedar mirándome toda la noche? ¿O en algún momento te atreverás a hablarme?

-La verdad es que...

-Tranquilízate, no te pongas nervioso. ¿Es cierto que en el muelle venciste a tres ladrones solo? -interfiere ella, cambiando de tema al captar su nerviosismo.

-Nos habían robado y alguien debía de ir tras ellos. Tuve mucha suerte, pues no sabían correr ni pelear -responde el inocente joven, quien, al parecer, no sabe que su perspectiva de lucha o de combate se encuentra arriba de cualquier ser humano.

-¿No sabían luchar o tú eres muy bueno para ello? Si fuera lo segundo, podría salir contigo a pasear por las calles sin temor a ser asaltada, porque a tu lado me sentiría protegida -expresa la bella Ariana, en un tono cautivador que hechiza al ingenuo Tiseo.

-Mi... hermana y mi padre, con lo acontecido el día de hoy, no me dejarían salir de noche a caminar afuera -responde el nervioso joven, casi delatándose.

Ariana le mira sorprendida por la docilidad del joven hacia sus familiares. Algo que para ella resulta extraño, puesto que está acostumbrada a decidir y exigir a su padre, quien siempre está presto a cumplir sus exigencias. Tiseo se da cuenta de la contrariedad reflejada en el rostro de la joven, por lo que se arma de valor y le propone.

-Si lo deseas podemos pasear por tus jardines.

Ariana, como respuesta, sonríe. También hay algo que no la convence, es la docilidad del joven para con su "hermana".

-¿Obedeces más a tu padre o a tu hermana?

-Yo... la verdad es que a ambos, pues ella es mayor que yo y conoce mucho más, pero no me has respondido si podemos pasear por tus jardines.

Como respuesta, Ariana lo toma del brazo y lo encamina hacia afuera. El joven de apenas tiene tiempo de mirar hacia donde se encuentran los mayores, para de observar el gesto de permiso con la mano que le otorga Hermys. Gera, quien esta vez ha sido ignorada, tanto por Tiseo como por Hermys, celosa observa a su hijo marcharse feliz con su "agradable compañía". Se encuentra molesta con Hermys, no obstante, ya tendrá su oportunidad de cobrársela, piensa dentro de sí. Hermys sabe lo que está pensando y sonríe dentro de sí, divertido por lo embobado que está Tiseo por la muchacha y los celos de la madre por parte de Gera. Aunque sabe que esta acción la cual forma parte del plan, le va a costar.

Al siguiente día, después de las súplicas de Tiseo, acuerdan que este participará en las competencias; siempre y cuando no se encuentre involucrado en las de luchas. Llega el día, los atletas se encuentran reunidos en el lugar de competencias. Lugar en el que se han armado improvisadas tarimas de diferentes categorías, según la clase social de la población, la cual obviamente, está definida por la riqueza. Como es de suponer, el rico Egeo, su hija Ariana, más sus invitados (Gera y Hermys), se encuentran entre la clase privilegiada. Egeo, en estos tres días que los ha tenido como invitados en su mansión, en cierta ocasión, accidentalmente alcanzó a verle el rostro entero a Gera y pudo contemplar lo bella que esta es.

Si antes al verle solamente los ojos se sentía muy atraído, es de imaginar cómo quedó de hechizado por la belleza de la guerrera, al contemplar su rostro entero, por lo cual, el griego se ha asegurado que en la tarima ella se encuentre sentada a su lado. No obstante, no había contado con su hija Ariana; la cual, se ha acomodado al otro lado de Gera. Estos tres días para Gera han sido casi un suplicio, aunque en honor a la verdad, Egeo siempre se comportó de manera respetuosa y atenta con ella. No obstante, todas sus atenciones para con ella la hacen sentirse mal, porque no desea ni puede retribuirle. Por lo que este solo se está ilusionando en vano, piensa.

Por otro lado, la hija a cada momento la busca pidiendo su mediación para con Tiseo. De modo que por todos lados se siente acosada. Para empeorar su situación, Hermys, en su papel de padre dedicado al comercio y en su afán de recabar información, no le ayuda para nada. Ariana, desde hace dos días se acerca a Gera, tratando de ganar su amistad y confianza, pero sobre todo su complicidad tratando de que esta le ayude a conquistar a su "hermano menor Tiseo", el cual, si bien se encuentra fascinado por la muchacha, al parecer su timidez y temor, pueden más por ahora. Sin embargo, la hermosa jovencita está decidida a obtener el favorecimiento de la "hermana mayor" del joven.

-Tu hermano es muy guapo y me gusta mucho, pero es muy tímido. A veces hasta pienso que no le intereso. Tú que lo conoces mejor, ¿le atraen las mujeres? O..., tú me entiendes. Quizás simplemente yo no le agrade. Dime, por favor.

Gera al escuchar la insinuación sobre las preferencias sexuales de Tiseo, se encuentra a punto de perder la calma. Hermys, desde el otro extremo y con su extraordinaria audición, ha escuchado la conversación de la muchacha. Le hace un gesto a Gera (imperceptible por los demás), para que esta mantenga la calma. La guerrera determina que prefiere el acoso de Egeo, por lo cual decide conversar más con él que con la hija. Se da inicio a las competencias. Como era de suponer, Tiseo es el vencedor en cuantas competencias participa; haciéndole ganar grandes riquezas a Egeo.

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