Quería gritar y saber que estaba libre de presiones, de su hermano, que nadie la molestaba por su carácter o nadie la buscaba por su cuantiosa fortuna. Eso es lo que buscaba y decididamente iba a tener. Otro caballero la sacó de sus pensamientos, cosa que la molestó de sobremanera.
- ¿Sandra Casablanca?
- ¿Hay otra? – contestó con altivez.
- Permítame presentarme... Mi nombre es Ali Hassan. Es usted la mujer más bella que ha pisado estas tierras...
- Vaya al grano... - Sandra lo apuró - ¿Qué quiere?
- Disculpe... no vengo a pedirle un baile... soy la persona que usted contrató para su expedición por las World Islands en tres días...
La mueca de fastidio de Sandra cambio en un instante. Súbitamente, se paró y dio un brinco como si fuera niña pequeña y abrazó a Ali Hassan ante la mirada atónita de todos.
- Creo que todo mundo nos mira, señorita Sandra...
- Déjelos... no tienen vida propia... siéntese a mi lado... ¿Usted será mi guía?
- Así es... Partiremos de aquí de la playa Jumeirah, llegaremos a la bahía de lo que es la isla que corresponde a Inglaterra que es donde están los hoteles y la isla que está más poblada y a partir de ahí empezaremos la expedición hasta cubrir en su totalidad todos los países que conforman las World Islands. En total, la duración de su expedición será de un mes y medio, dependiendo de cuánto tiempo quiera acampar en cada isla...
- ¡Me parece perfecto! Esto sí que es digno de ser celebrado... ¡Eduardo! – gritó Sandra y el rubio corrió al lado de su hermana menor.
- ¿Ahora qué, querida?
- Te presento a mi guía de mi expedición por las World Islands... Ali Hassan, le presento a mi medio hermano, Eduardo Villalba...
- Mucho gusto señor Villalba, un placer...
- Me gustaría decir lo mismo, señor Hassan pero sigo en contra del capricho de mi hermana...
- Y como ya te he dicho, Eduardo, yo tomo mis propias decisiones. Yo nada más cumplí con informarte... - dijo Sandra con orgullo y desdén.
- De cualquier manera, me gustaría mañana tener una reunión con usted, señor Hassan... quisiera saber cuáles son las medidas de seguridad que se adoptarán...
- Por supuesto, señor Villalba...
Sandra se alejó dejando a su hermano con sus conversaciones "de adultos". A final de cuentas, ella ya sabía lo que le interesaba. Tronó los dedos a su guardaespaldas Franco que se colocó detrás de ellas.
- ¿Sí, Sandra?
- Vámonos a la playa. Consígueme un Martini seco y dile al DJ que quiero la música allá abajo. Quiero una fogata para mí sola... todo este bullicio ya me hartó...
- A la orden.
En menos de media hora, Sandra estaba sola, como más le gustaba estar, en la playa, sin sus tacones, sin importarle estarse mojando el vestido negro de Armani, caImánndo y correteando entre las olas mientras Franco sostenía sus zapatos, su Martini y el DJ tocaba una canción que le había encantado a Sandra: Language of Love de Cee Lo Green.
- ¿Franco?
- ¿Sandra?
- ¿Soy odiosa?
- A veces... - admitió el guardaespaldas.
- ¿Eres mi amigo?
- Para eso me pagas...
- Por eso me caes bien... porque eres honesto... - rio Sandra mientras giraba sobre sí misma – no como esa bola de lamebotas que están allá arriba queriendo quedar bien con mi hermanito Eduardo... ¡Súbele al volumen DJ!
Sandra cantaba y bailaba mientras chapoteaba con las olas del mar y Franco la vigilaba pero a lo lejos unos ojos azul zafiro habían cantado también la última frase "Esa bella extraña me pertenece" sin que ninguno de los dos se hubiesen dado cuenta. El extraño se acercó con cautela. Observó el cuerpo sugerente de la rubia, la belleza de su cara, la manera desenfadada en que se movía. Notó que tenía guardaespaldas, que por su manera de cantar, bailar y juguetear con las olas era una chiquilla caprichosa. La miró con deseo y se tomó su tiempo para pensar en todo lo que haría cuando la tuviera con él. El extraño sonrió al oír lo que Sandra cantaba a todo pulmón. Si tan sólo esa rubia supiera su destino.
Sandra se carcajeó y aventó al mar su copa de martini vacía y brincó como una chiquilla y de pronto sus ojos se toparon con los de aquel extraño que la miraba. Sus ojos celestes con aquellos ojos zafiros que se confundían en la oscuridad del mar. El tiempo se detuvo y Sandra se quedó inmóvil pero sintió que aquellos ojos la desnudaban y gritó con terror.
- ¡Franco!
El guardaespaldas soltó los tacones de la muchacha y la abrazó y sacó una pistola para apuntar hacia donde Sandra le señalaba. Pero Franco no vio nada. Los ojos zafiro habían desaparecido en un abrir y cerrar de ojos y Sandra se restregó los ojos. ¿Acaso estaba borracha? ¿Había alucinado?
- ¿Qué viste, Sandra?
- Te juro, Franco... te juro que creí que alguien me estaba mirando... podría jurar que alguien me estaba observando...
- Sandra... ¡No hay nadie!
La rubia se llevó la mano a la boca. Seguramente era la adrenalina de su próxima expedición, el Martini, la playa... Pero si aquellos ojos zafiros hubiesen sido verdaderos, no los hubiera desechado como tantos otros ojos que se posaban en ella con adoración.