Sin embargo, la gran pregunta era ¿Cómo? ¿Cómo demonios iba a lograr aquello? Tenía que ser inteligente, que pensarlo detenidamente y seguir el juego momentáneamente. Cuando deseó saber cómo manejarse en esa casa ajena que no conocía, alguien tocó a la puerta y Sandra se aterró de pensar que pudiera ser Nassim pero un hombre de cabello castaño, de ojos color violeta, delgado y vestido de color caqui, con acento inglés, entró haciendo gala de una extraordinaria educación.
- Milady... mi nombre es James, soy el mayordomo y confidente del señor Nassim y ahora también lo seré de usted. ¿Me permite ofrecerle café, una limonada, lo que usted desee?
- ¿Qué? – Sandra apenas creía que un joven de su edad que se notaba que era culto, elegante y tenía toda la educación de la que Nassim carecía, fuera el confidente del que había osado raptarla. - ¿De qué va todo esto? ¿Qué quieres decir con eso de que ahora eres también mi confidente?
- Milady Sandra... sé perfectamente las condiciones en las que usted se encuentra aquí... - James se apresuró a abrir las ventanas y a acercarle a Sandra un capuchino. La rubia lo aceptó porque moría de hambre y tenía que saber el tipo de personas que ahora la rodeaban. – En verdad lamento que tenga que estar aquí en condición de rehén... de verdad, lo lamento... pero con el tiempo se dará cuenta que Nassim no es malo y que tal vez llegue a gustarle la vida aquí en las World Islands...
- ¡Eso jamás! – Sandra arrojó con furia la taza con el café pero James no se inmutó. Recogió los pedazos rotos sin ninguna queja. - ¡Lo único que quiero es largarme de aquí! Si sabes en las condiciones en las que estoy y tienes un poco de sentido común... ¡ayúdame a salir!
- Milady... no puedo... Le debo todo a Nassim. Soy su incondicional. También seré el suyo. Yo haré cualquier cosa que usted me pida, milady. Pero lo único que jamás haré es facilitarle la salida de las World Islands porque eso equivaldría a traicionar a Nassim. Fuera de eso, puede pedirme lo que usted desee....
- ¡Maldita sea, no me sirves para nada entonces! ¡No eres más que otro monigote de ese payaso! – Sandra estalló en rabia pero al mismo tiempo no pudo contener las lágrimas al ver que no tenía salidas por ningún lado. James la miró, se acercó a ella y acarició sus rubios cabellos. Sandra lo arrojó a un lado. - ¡Aléjate! ¡No necesito de tu compasión!
- Milady... creo que es muy valiente... pero también es de fuertes llorar cuando se ha aguantado tantos años el llanto... - James volvió a acercarse y le ofreció sus brazos. Sandra, sin fuerzas, harta por todo lo vivido en las últimas 24 horas, se abrazó al inglés y dejó que las lágrimas fluyeran. James acarició los rubios cabellos y la consoló como si fuera una niña pequeña. – Milady... sé que usted piensa que esto es lo peor que pudo haberle pasado pero tal vez esta es una nueva etapa de su vida que le enseñará un mundo nuevo... Nassim no es tan malo como usted piensa... ¿Quiere que le hable de él? Después de todo usted es inteligente... Si él recabó información de usted, ¿no cree que es justo que usted sepa de él?
Sandra se impactó ante lo dicho por James y lo miró fijamente a los ojos. Limpió sus lágrimas y sintió que la indomable que había en ella empezaba a recuperarse. James volvió a servirle otro capuchino y le sonrió.
- Está bien... háblame de él... ¿Quién es?
- Su nombre como ya se lo debe haber dicho él, es Nassim Bakri. Tiene un título nobiliario árabe. Es de la nobleza de los Emiratos Árabes por lo que si usted piensa que si sale de aquí lo puede demandar, se equivoca, milady. Nassim Bakri tiene inmunidad diplomática.
- ¡Maldición!
- Además, es multimillonario pero mantiene un perfil muy bajo. Se dedica a la crianza de caballos pura sangre. ¿Recuerda la yegua negra que cabalgó? ¿Luna?
- Sí...
- Él la crio y la amaestró.
- Es una yegua espléndida... - Sandra comentó.
- Lo sé... Yo sabía que usted terImánría eligiéndola... sé sus gustos, milady...
- Así que tú también me conoces...
- Es mi trabajo, milady... y aunque sé que detesta que la adulen, no cabe duda que usted es la mujer más hermosa que me ha tocado servir... ¿Me disculpa por molestarla con mi comentario?
- A estas alturas, ya no puedo molestarme por eso... – dijo Sandra con resignación. – Tengo cosas peores de las cuales preocuparme... ¿Qué más puedes decirme de Nassim?
- Creo, milady, que si quiere salir de aquí antes de lo previsto, debe acostumbrarse a complacerlo y a obedecer...
- ¡No! ¡No! ¡Primero muerta! ¡Jamás he obedecido a nadie más que a mí misma!
- Si sigue esa regla, no saldrá de aquí. Nassim la tomará como un reto... y será peor para usted. Mientras no lo obedezca, mayor será la fijación de Nassim con usted... Lo mejor que puede hacer para que Nassim se canse de usted es que doblegue su orgullo y la indomable que hay en usted muera...
A petición de James y para no soportar estar encerrada en las cuatro paredes de la habitación blanca, Sandra tomó un baño de burbujas y salió a conocer las famosas caballerizas junto al confidente de Nassim Bakri. Se impresionó de que todo su equipaje se hallaba en la casa. Así que se puso pantalones de mezclilla, botas y camisa de corte de hombre. Sintió que vestida así podía enfrentar mejor al hombre que ahora la tenía prisionera. Se recogió el pelo en un chongo, no se maquilló y se puso un sombrero Fedora. Parecía un muchacho y James la guio. En las caballerizas encontró 5 magníficos caballos. En primer lugar, la esperaba Luna que relinchó al reconocerla. En segundo lugar, el caballo blanco que Nassim montaba cuando la secuestró. Un magnífico ejemplar que de tan blanco, parecía plateado.
- Su nombre es Silver... – una voz masculina interrumpió a James y Sandra y el mayordomo se retiró. Sandra sintió un escalofrío al reconocer la voz de Nassim. Cuando James se marchó, Sandra estuvo tentada a decirle que no se fuera pero se mantuvo callada. Nassim se acercó a ella, la tomó por la barbilla y la besó en la mejilla. Sandra cerró los ojos y tembló como un pajarillo enjaulado cuando los labios de Nassim tocaron su rostro. - ¿Después de aclarar las cosas, sigues teniendo miedo de mis besos cariño?
- Es un hermoso caballo... - dijo Sandra cambiando el tema rápidamente. - ¿Cómo se llaman los demás?
- El tinto se llama Maker... el alazán se llama Healer. Y esta preciosidad... - Nassim tomó la mano de Sandra a pesar de la reticencia de la rubia y le mostró otro caballo blanco con las patas negras – se llama Star. Star es mi mejor pura sangre. Si eres buena conmigo Sandra y me obedeces... tal vez pueda regalártelo... Pero empezamos mal...
- ¿De qué habla ahora? – Sandra se mordió los labios cuando el tono maleducado que siempre usaba salió de su boca.
- Cuidado con el tono que usas, cariño... - Nassim le advirtió y le dio la vuelta para observarla. – Luces como un muchacho. Un muchacho muy bello sin duda. Pero yo no vi un muchacho en Dubai ¿Me comprendes, verdad?
Sandra suspiró para controlar la rabia que sentía por dentro. Sabía que ya las órdenes empezarían y no le quedaría de otra más que hacer lo que más detestaba en esta vida. Nassim de pronto gritó.
- ¡James!
- Nassim... - James apareció de la nada y sigilosamente.
- Me encantaría que te llevaras a mi cariño y buscaras entre sus maletas algo que la deje tan deslumbrante como el día de su cumpleaños en Dubai...
- Claro, Nassim... - James asintió. Había visto las fotos y sabía a lo que Nassim se refería.
- Y además quiero que uses esto, cariño... - Nassim presentó ante Sandra un hermoso collar de perlas auténticas. Sandra se asombró pero no se permitió que el pelinegro notara su impacto ante la joya.
- No pienso ponerme ese collar. – dijo deterImándamente.
- Lo harás porque eres deslumbrante y pienso que no debes usar otra joya más que perlas...
- No lo haré. – Sandra desafió abiertamente a Nassim delante de James.
- ¡Obedéceme Sandra! – Nassim levantó la voz y la tomó por la barbilla mientras fijaba su mirada azul zafiro en sus ojos celestes de una manera tan mandatoria que Sandra sintió miedo. La rubia bajó la mirada y Nassim dulcificó el tono de su voz. – Así me gusta, cariño. Aprenderás... es difícil para ti... pero aprenderás... porque te quiero ver como quiero verte... y muero de ganas de verte así... para mí...
Y diciendo esto, la tomó por la cintura y puso un beso de fuego en su frente que hizo que Sandra gimiera cuando Nassim la soltó. Nassim sonrió y vio como Sandra se había sonrojado y le susurró.
- Y me parece que vas a aprender... pronto... porque no quieres despertar al diablo que hay en mí, cariño.