- ¡Jamil, Louis, Anwar! – sus empleados llegaron inmediatamente. Sandra solamente conocía al muchachito delgado llamado Jamil. Los otros dos eran musculosos, uno de cabello marrón rojizo y el otro rubio rizado a media espalda, ambos bronceados por el sol de World Islands. - ¡Jamil! Empaca todo porque nos vamos a Marruecos Island. Prepara el bote. Partimos en dos horas. Aségurate que Imán tenga todo preparado en la mansión de Marruecos. Louis y Anwar, dénle sepultura a Luna...
Los tres empleados no perdieron tiempo y cumplieron órdenes de inmediato. Nassim se alejó. Sandra de pronto sintió ganas de llorar. James usó la mascada de Hermés para detener la sangre que le escurría a Sandra de la frente.
- Milady...
- Me duele la cabeza, James...
- Vamos a la casa... acompáñeme... Tengo que curarla... Tal vez necesite darle algunos puntos...
Sandra se apoyó totalmente en los brazos de James y se dejó guiar al cuarto blanco. James la recostó después de ayudarla a cambiarse y ponerse una bata. El golpe que Sandra se había llevado cuando había sido despedida por delante había sido brutal. Y la manera en que Nassim la había levantado como si hubiera sido peor que un saco de papas, sin delicadeza alguna, no había ayudado. Sandra tenía el cuerpo y la cabeza adoloridos y James comenzó a limpiarle la herida.
- Milady... ¿por qué lo hizo?
- James... ¿Es necesaria la pregunta? – Sandra quiso levantarse pero no pudo y James la instó a que se recostara de nuevo. – James... estoy aquí contra mi voluntad... Nassim me secuestró... yo no nací para vivir en una jaula... yo no pagué una expedición en World Islands para terminar de prisionera de un multimillonario... Toda mi vida han querido mangonearme y no se lo he permitido a nadie... ¡A nadie, James! Y heme aquí... forzada a estar aquí por un loco que, con tal de no dejarme ir, mató a la yegua más hermosa que jamás he montado... - Sandra de pronto se echó a llorar al recordar a Luna y la manera en que presenció el tiro de gracia que Nassim le dio.
- Milady... James preparaba hilo de seda para darle dos puntos en la frente a Sandra para cerrar bien la herida mientras le ofrecía una copa de oporto. – No tiene idea de lo que le pudo haber sucedido si hubiera alcanzado el embarcadero...
- ¡No importa, yo me las hubiera arreglado!
- Milady... de verdad, no tiene idea del peligro en que se hubiera puesto... dele gracias a Dios que Nassim impidió que tomara uno de los botes...
- ¡Mejor muerta! – Sandra iba a dejar que James le empezara a coser la herida cuando la voz de Nassim sonó.
- Yo la coseré, James... y de paso le explicaré lo que pudo haber pasado si se hubiera salido con la suya... Ve a ayudar a Jamil... Esta niña que goza con presumir sus curvas como si en verdad fuera una mujer cuando no es más que una malcriada no tiene ni idea de lo que pudo haber provocado...
James le pasó la aguja y el hilo de seda a Nassim. Sandra se volteó al lado contrario para no verlo y los dejó solos. Nassim, todavía muy molesto, ordenó a la rubia.
- Voltéate. – Sandra obedeció. Sabía que no estaba en posición de hacer nada y menos con la frente abierta.
- Mejor me hubiera matado...
- No... aún no me canso de ti, cariño... - dijo Nassim mientras con cuidado, procedía a coser la herida. Sandra se hizo el propósito de no quejarse ni hacer un gesto de dolor.
- Tengo una pregunta para ti, Nassim... ¿Amas algo?
- Mmmm... - Nassim lo pensó mientras seguía cosiendo con cuidado la frente de Sandra. – Sí. Amo a mis caballos.
- Cuando no los matas...
- Tienes razón... cuando no los mato...
- Y según James y tú ¿Qué pudo haber pasado si hubiera alcanzado el embarcadero? – preguntó Sandra desafiante después de haber oído las respuestas anteriores de Nassim.
- Sandra... yo tengo enemigos. Y los tengo más cerca de lo que crees. La mitad de World Islands le pertenece a Nader Hassan-Awad. Todo el tiempo estamos en constante pique. Si tú hubieras alcanzado el embarcadero y te hubiera visto sola salir de una de mis islas en un bote mío, tu destino hubiera sido una muerte aterradora y segura. Hubieras firmado una sentencia de muerte. Y él habría deducido que yo no estaba en mi parte de las World Islands y habría venido por James, Imán, todos mis empleados que están en mis islas... hubieras desatado algo aterrador. Y no voy a permitir que, por un caprichito tuyo, yo tenga una querella y ponga en peligro la vida de mi gente... así que no lo vuelvas a hacer. ¿Me entendiste?
Nassim ya había terminado de curar la herida de Sandra y la miraba fijamente a la cara. Sandra lo miraba atenta pero no sabía cómo actuar. Nassim repitió la pregunta.
- ¿Me entendiste, Sandra?
- Sí. Te entendí. Sin embargo, me queda claro que para ti soy más valiosa de lo que pretendes hacerme creer... - Sandra sonrió burlonamente y Nassim se le quedó viendo con ojos de halcón.
- Explícate.
- Fácilmente, puedes suplantarme cuando quieras. Soy bella, eso lo sé pero también no peco de soberbia como crees y sé que hay muchas mujeres, incluso más bellas y esculturales que yo que también pueden tener un carácter fuerte. Si amas a tus caballos, pudiste sacrificarme a mí... no soy indispensable.
- En eso tienes razón, cariño... por el momento. No me he cansado de ti y sí... eres más valiosa y no me importan otras mujeres. Te quiero a ti, ahora... porque eres indomable... mi indomable...
Nassim no soportó más, se agachó y con desesperación, sin tocarle la cara para no lastimarla, depositó en sus labios un beso de fuego, muy diferente a los besos que le había dado por castigo. Sandra sintió la diferencia. Y sintió una alegría inmensa porque se sintió completa cuando Nassim buscó su mano y entrelazó sus dedos con los suyos. Y Sandra comprendió. La indiferencia de Nassim era horrible, era el peor castigo que había recibido su orgullo. No quería que volviera a besarla indiferentemente. Prefería que la besara con sentimiento, con necesidad, con pasión, con arrojo, incluso con el enojo que ella pudiera provocarle, pero no quería volver a sentir besos con desdén. Nassim se desprendió de su boca y le acarició el rostro.
- Perdóname por haber provocado esta herida en tu frente... No puedo permitir que te vayas... Te estás metiendo en mí como una enfermedad... Si hubieras llegado al embarcadero, hubieras conseguido burlar a Nader Hassan-Awad y hubieras conseguido irte, juro por Dios que te hubiera vuelto a encontrar en donde quiera que te hubieras escondido y te hubiera vuelto a raptar... - Nassim volvió a besarla tiernamente. - ¡Te lo juro!
- ¿Aunque sea una maldita indomable? – Sandra lo miró a los ojos.
- Aunque seas una maldita indomable. – Nassim le aseguró. – Pero mía. Mi indomable. Y grabátelo, cariño. Mía.