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La Indomable
img img La Indomable img Capítulo 8 La decisión
8 Capítulo
Capítulo 11 Una visita inesperada img
Capítulo 12 Siempre encontrarás un corazón roto img
Capítulo 13 Aclarando límites infranqueables img
Capítulo 14 Fuego en el agua img
Capítulo 15 Conociendo a la Familia Bakri img
Capítulo 16 Desesperación img
Capítulo 17 Búsqueda y revelación img
Capítulo 18 Nader Hassan-Awad img
Capítulo 19 La tumba img
Capítulo 20 El misterio sobre Nassim img
Capítulo 21 El hilo de la trama sigue deshilándose img
Capítulo 22 La indomable toma el control img
Capítulo 23 Una venganza consumada img
Capítulo 24 La recuperación img
Capítulo 25 Dudas img
Capítulo 26 La resolución img
Capítulo 27 Todo sale a la luz img
Capítulo 28 Amada mía img
Capítulo 29 Enfrentamiento final img
Capítulo 30 Abre los ojos img
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Capítulo 8 La decisión

- Déjate llevar, cariño... - Nassim besaba a Sandra con pasión mientras la rubia se debatía entre seguir aquel juego peligroso y dejarse llevar por aquella sensación avasalladora que Nassim estaba despertando en ella o levantarse y retarlo. Pero Nassim la apretaba de la cintura, le mordisqueaba la oreja, le subió una pierna para acariciársela y tener un mejor acceso a su intimidad y Sandra jadeó sin poderse contener. Nassim sonrió.

– Sí, Sandra... eso es lo que quiero que digas... Por favor... ¿qué quieres? – Nassim se hundió en la dorada cabellera y levantó delicadamente la nuca de Sandra mientras ésta se aferraba al edredón en un afán de mantener la cordura. Sentía que su temperatura corporal estaba subiendo y no podía hacer nada para evitarlo. Nassim se incorporó y se quitó en dos movimientos sensuales la camisa blanca dejando su torso descubierto y Sandra tragó saliva. La verdad era que nunca había puesto atención a los hombres. Nunca le había interesado tener un noviazgo, una pareja ni le importaban esas cosas. Pero Nassim tomó sus blancas manos y las puso sobre su pecho. – Tócame cariño...

Sandra, sin dudarlo, tocó aquella piel dorada, marcada y esculpida pero quitó la mano rápidamente. Nassim la volvió a poner en su lugar.

- Tócame... - Sandra esta vez olvidó sus inhibiciones y decidió que no iba a comportarse como una chiquilla asustada. ¿Nassim quería una chica virginal? Pues bien. Así que de pronto, Sandra se incorporó, rasguñó a Nassim en el pecho, tomó el varonil rostro entre sus manos y lo besó con lujuria, introduciendo su boca, saboreando cada recóndito lugar de su lengua y finalizó mordiéndole y succionándole los labios. Aquello dejó atónito a Nassim que no esperaba semejante acción.

- ¿Así está mejor? – Sandra se pegó a él aferrándose a la musculosa espalda y mordiéndose los labios mientras movía su rubia cabellera de un lado a otro.

Nassim se quebró ante semejante acción. La volteó y desgarró el magnífico vestido dorado de diseñador y comenzó a besar la blanca espalda de Sandra. Ésta supo que en ese momento ella tenía el control y se hizo a un lado. Lo empujó y se acomodó en el centro de la gigantesca cama y ella misma terminó por desnudarse lentamente. Nassim no podía creer lo que estaba viendo. Era una visión y se levantó de la cama. Sandra de pronto se desconcentró pero Nassim susurró con voz ronca cuando la tuvo desnuda.

- Muy bien, cariño... ahora vístete... y hazlo otra vez... porque acabas de volverme loco...

Sandra sonrió para sus adentros. Tomó el destrozado vestido. Se lo puso con lentitud mientras Nassim la observaba con un deseo que se reflejaba en flamas a través de esos ojos azul zafiro y con parsimonia, volvió a desvestirse. Y segundos después, Nassim ya estaba sobre de ella besándola con desesperación.

- Vas a ser mi perdición, cariño... Pero estás aprendiendo a obedecerme... y eso me agrada...

Sandra cerró los ojos, sintió un beso de fuego en la boca y sintió como Nassim la poseía primero lenta y después rápidamente. Su cuerpo respondía perfectamente a las caricias tiernas y luego bruscas de Nassim, ella también arañaba, mordía, besaba, se abría camino para besar el cuello y la mandíbula de Nassim mientras los dos rodaban por la cama. Y Sandra cuando empezó a temblar de un placer inimaginable, sintió la tibia y sensual voz de su dueño en su oreja.

- Di mi nombre cariño... cuando llegues a tu liberación, di mi nombre... ¡dilo!

- No... - Sandra se negaba a hacerlo. No quería, se resistía pero las caricias de Nassim eran más bruscas lo cual la hacían sentir todavía más.

- ¡Dilo Sandra! – Nassim jadeaba, consciente de que ya no podía resistir más. Y entonces Sandra supo que lo haría, no por obedecerlo sino porque había alcanzado el más grande placer que hasta ese momento ella había conocido.

- ¡Nassim!

- ¡Sandra! - Nassim entrelazó su mano con la de ella mientras los dos alcanzaban el éxtasis.

Al día siguiente, Sandra despertó con Nassim rodéandola con sus brazos. La rubia se sonrojó. Nassim y ella habían estado haciendo el amor toda la noche. Definitivamente aquello ya era peligroso. Ya se había salido de control. Con lentitud, se movió. Nassim gruñó y Sandra corrió a refugiarse al baño y se miró al espejo.

- Eres una idiota, Sandra... ¿A quién demonios se le ocurre fraternizar cuerpo a cuerpo con su secuestrador? Pero te pareció muy buena idea anoche...

Sandra se sentó en el piso frío. Se llevó las manos a la cabeza pero en ese instante, Nassim abrió la puerta del baño.

- Cariño... ¿qué haces aquí? Vuelve a la cama...

- Ya no tengo sueño...

- De todas maneras, vuelve... el piso está frío y estabas muy calientita a mi lado... - Nassim le sonrió y Sandra tuvo ganas de ahorcarlo en ese momento.

- Creo que tengo hambre... prefiero desayunar.

- En ese caso, James nos traerá de desayunar... ¿Algo en especial aparte de tu capuchino preferido?

- No... - Sandra negó y regresó a la cama.

- Cariño... - Nassim la siguió y le dio un beso en el hombro. – Hoy tengo que ir a Dubai. No tardaré más de seis horas. Tengo que entregar a Maker para una competencia.

- Ajá... - Sandra fingió indiferencia pero por dentro su cerebro empezó a maquinar miles de ideas.

- James y Jamil estarán para lo que necesites. Puedes nadar, salir a cabalgar con Luna, lo que tú quieras... yo volveré... y tal vez te traiga una sorpresa... ¿Tengo tu palabra de que te portarás bien?

- No sé a qué llames portarse bien... - dijo Sandra indiferente.

- A que no harás berrinches... y que cuando llegue te portarás como anoche... - Nassim la tomó de la barbilla y la besó tiernamente.

- Tal vez...

- ¡Sandra! – Nassim la miró con reprobación y la rubia bajó la cabeza.

- Sí, Nassim... lo haré.

- Muy bien, cariño. Volveré pronto, princesa... Ya te extraño.

Y salió cuando James entraba con el desayuno.

James y Sandra habían ido a despedir a Nassim al pequeño embarcadero en uno de los dos autos de la casa, un Mercedes rojo con asientos de piel descapotable. El trayecto duró 15 minutos a toda velocidad. Sandra iba calculando cuánto duraría en caballo. Nassim se despidió de ella con un beso y Sandra notó que en el embarcadero había dos botes más. Era suficiente. Tenía que huir. Tenía que aprovechar las horas de ausencia de Nassim para librarse de James, regresar al embarcadero, tomar un bote y regresar a Dubai. Ya estando en tierra, sería otra cosa. James y ella volvieron y Sandra se vistió con un pantalón negro de montar, botas y una camisa color caqui. Tomó su mascada favorita de Hermès. Sujetó su cabello en dos trenzas francesas y bajó al jardín donde James la esperaba con una sombrilla.

- ¿Y bien, milady? ¿Qué quiere hacer?

- Caminemos hasta las caballerizas... Daremos un paseo a caballo.

- Como usted desee.

Los dos se encaImánron y James, galante, cubría a Sandra del sol con la sombrilla. De pronto, Sandra sintió curiosidad y mientras jugaba con su fusta, preguntó al inglés.

- James... Nassim es dueño de la mitad de las World Islands, ¿verdad?

- Así es, milady...

- Pero... entonces... ¿quién es el dueño de la otra mitad?

James se detuvo en seco y Sandra se extrañó. Sin embargo, el inglés recuperó la compostura y siguió caImánndo al lado de Sandra.

- Verá, milady... no sé si deba...

- Dime... dijiste que serías mi confidente también...

- Bueno... - James se aclaró la garganta. El lado occidental de las World Islands pertenece entero a Nassim. Pero el lado oriental le pertenece a Nader Hassan-Awad.

- ¿Y quién es ese?

- Es el enemigo declarado de Nassim. También pertenece a la nobleza árabe y también es multimillonario. Pero sus padres eran enemigos también y pues heredaron esas querellas. Tenemos que estar cuidándonos de que la gente de Nader no traspase las islas de Nassim. Nader también se dedica a criar caballos para darle competencia a Nassim pero ninguno de sus caballos le ha ganado. Así que siempre han estado en disputa.

- Vaya... hombres...son como niños... - Sandra dijo con filosofía.

- No aquí, milady... Las ofensas en estos territorios árabes se toman de una manera personal. Y recuerde lo que le dije. Nassim y Nader, al ser de la nobleza, tienen inmunidad diplomática y prácticamente pueden hacer lo que les dé la gana y no le rinden cuentas a nadie...

Cuando llegaron a las caballerizas, James fue por la montura de la rubia y Sandra aprovechó para quitar el seguro de las puertas de Star, Silver y Healer. James volvió, puso la montura y Sandra se subió, rezando para que James no hiciera ruido y los animales no se movieran y se dieran cuenta que las puertas estaban abiertas y se escaparan antes de tiempo. De pronto, cuando James jaló a Luna fuera, Sandra se desató rápidamente la mascada y dejó que el aire se la llevara.

- ¡James! ¡Mi mascada! ¿Me la pasas por favor?

James dio media vuelta y corrió detrás de la mascada y en ese momento, Sandra gritó, agitó la fusta, encabritó a Luna que relinchó. Entonces los demás caballos relincharon a su vez y salieron de sus lugares creando un caos. James no supo que hacer y Sandra sólo atinó a gritarle.

- ¡Lo lamento, James, pero tengo que huir de aquí!

Sandra comenzó a cabalgar en dirección al embarcadero pero, de pronto, sintió que estaba dando vueltas. Estaba perdiendo un tiempo precioso. James en cualquier momento podía poner orden en las caballerizas e ir detrás de ella.

- ¡Piensa Sandra! ¡Piensa! ¿Dónde demonios quedaba el embarcadero?

James, como loco, perdida toda su flema inglesa, logró poner en su sitio a los caballos cuando oyó una voz masculina detrás de él.

- James... ¿Dónde está Sandra?

- ¡Nassim!

- ¿Qué ocurrió aquí?

- Pensé que ibas a tardarte más... - James no sabía ni cómo decirle a Nassim lo que acababa de pasar.

- Volví rápido. No tuve que desembarcar. Esperaban a Maker en la bahía de Jumeirah así que la transacción fue inmediata. ¿Dónde está Sandra?

- Nassim... Ella se escapó...

- ¿Qué? – Las pupilas de Nassim se agrandaron de rabia y en un santiamén montó a pelo a Silver y salió cabalgando a toda velocidad hacia el embarcadero.

- No quisiera estar en los zapatos de milady en este momento... - se lamentó James en voz baja.

Sandra por fin logró ubicarse y cabalgaba en el camino correcto. Estaba a trescientos metros del embarcadero y gritó de felicidad. Su huida era ya prácticamente un hecho. Pero de pronto, como pesadilla que se repite, comenzó a oír cascos de otro caballo atrás de ella.

- No... estoy alucinando... tengo miedo y es por eso que estoy oyendo cascos de caballo detrás de mí...

- ¡Détente en este mismo instante, Sandra! – la poderosa voz de Nassim tronó y Sandra volteó con horror para darse cuenta que Nassim la estaba persiguiendo. Pero ella llevaba ventaja.

- ¡Ni loca! ¡Hasta nunca, Nassim Bakri!

- ¡Si no paras en este mismo instante, mato a tu caballo! ¡Te doy treinta segundos!

Sandra tragó saliva. No... ese hombre amaba a sus caballos. Los criaba, los amaestraba, vivía de ellos. No, no se atrevería a matar a Luna. Además, cabalgando, podría matarla a ella. ¿Y si en efecto, no le daba a Luna sino a ella? ¡Mejor, mucho mejor! ¡Mejor morir indomable que morir domada! Así que usó la fusta y obligó a Luna a correr a su mayor velocidad.

Los treinta segundos se hicieron eternos. Sandra estaba a punto de llegar al embarcadero. Y el balazo sonó.

Sandra salió despedida hacia delante para caer estrepitosamente sobre la arena y golpearse la cabeza con una roca mientras Luna caía y se agitaba presa de una herida lamentable y fatal. Nassim llegó de inmediato, levantó a Sandra con una sola mano sin una sola pizca de caballerosidad y una vez que la tuvo bien sujeta de la cintura, se acercó a Luna que se debatía entre la vida y la muerte.

- Lo siento mucho, Luna... definitivamente tú valías más que esta mujer... - y diciendo esto, disparó a la cabeza de la yegua que dejó de sufrir. Sandra gritó.

Nassim no dijo ni una sola palabra. Sin importarle que Sandra estaba sangrando de la frente, la subió con rudeza a Silver y cabalgó de regreso con ella a la casa donde James los estaba esperando. Sandra sabía que Nassim estaba furioso. La mandíbula apretada, los nudillos de las manos con las venas a punto de reventar, los ojos que destilaban furia. Cuando bajaron del caballo, Nassim arrojó a Sandra a los brazos de James.

- Cúrale las heridas...

- Sí, Nassim...

- Y tú... tú... - dijo hablándole a Sandra con furia. – No tienes ni idea de lo que has hecho...

- ¡No tengo miedo! – Sandra lo retó y Nassim levantó la mano pero la bajó en ese instante.

- No... pegarte sería demasiado fácil y a pesar de todo, nunca le he pegado a una mujer y tú, indomable del demonio, no vas a ser la primera... ¿Qué es lo que más odias en esta vida? ¿Mis besos, seguramente, verdad? ¡Pues ahí van besos!

La arrebató de los brazos de James y le abrió la boca con fuerza y la besó con furia pero sin ganas, sin pasión, como si fuese una muñeca y nunca Sandra sintió más dolor que en ese instante. No sentirse deseada. Y aquellos besos los sintió como bofetadas, como baldes de agua fría, sintió como el orgullo se le desquebrajaba en mil pedazos. Porque cada beso que Nassim le daba era un beso totalmente desapasionado, dado con desdén, sólo por darlo, casi con burla, como ella se había burlado tantas veces de tantos hombres. Pero le empezó a doler en el alma que Nassim la besara sin ardor ni pasión ni deseo. Cuando Nassim terminó la miró con desprecio y casi le escupió a la cara sus palabras.

- Por tu bien, Sandra... no te empeñes en que yo transforme nuestras vidas en un infierno... porque yo te conozco a ti... pero tú a mí no... No quieras saborear antes de tiempo el veneno que llevo dentro, cariño...

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