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La Indomable
img img La Indomable img Capítulo 7 Conociendo el pasado
7 Capítulo
Capítulo 11 Una visita inesperada img
Capítulo 12 Siempre encontrarás un corazón roto img
Capítulo 13 Aclarando límites infranqueables img
Capítulo 14 Fuego en el agua img
Capítulo 15 Conociendo a la Familia Bakri img
Capítulo 16 Desesperación img
Capítulo 17 Búsqueda y revelación img
Capítulo 18 Nader Hassan-Awad img
Capítulo 19 La tumba img
Capítulo 20 El misterio sobre Nassim img
Capítulo 21 El hilo de la trama sigue deshilándose img
Capítulo 22 La indomable toma el control img
Capítulo 23 Una venganza consumada img
Capítulo 24 La recuperación img
Capítulo 25 Dudas img
Capítulo 26 La resolución img
Capítulo 27 Todo sale a la luz img
Capítulo 28 Amada mía img
Capítulo 29 Enfrentamiento final img
Capítulo 30 Abre los ojos img
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Capítulo 7 Conociendo el pasado

Sandra cerró los ojos admitiendo la derrota momentánea ante Nassim. Sabía que no podía desafiar a aquel hombre que por el momento tenía el control de su destino en sus manos. El pelinegro se acercó a ella, la tomó por la cintura y le susurró al oído.

- No quiero a un muchacho en mi casa esta noche, cariño... quiero a la escultural mujer que vi en la playa de Jumeirah... y te quiero con las perlas que te he dado... ¿Lo harás, verdad?

- Está bien... - Sandra casi gruñó.

- Vuélvelo a decir... - Nassim la apretó contra sus cuerpo y Sandra gimió al sentir que él ya la deseaba. – Esta vez dilo con ternura y sumisión.

- Lo haré, Nassim... - Sandra fingió su voz más dulce lo que complació a Nassim y este depositó un beso en el borde de sus labios dejándola libre. Sandra corrió y el pelinegro la vio irse. James cruzó una mirada con él y Nassim le hizo la seña de que la siguiera. James siguió a la rubia y Nassim suspiró.

- Voy a tenerte de todas las maneras posibles, Sandra... no sólo porque te deseo y porque eres indomable... sino porque he de cobrarme en ti lo que mi sangre exige que ha de cobrarse...

James siguió a Sandra hasta el cuarto blanco que compartiría con Nassim desde esa noche y furiosa, aventó su sombrero Fedora sobre el colchón y maldijo su suerte. James la miró con cierta pena.

- ¡Mil veces maldito!

- Milady... por favor... tranquilícese...

- ¿Cómo esperas que me tranquilice cuando quiere que sea su monigote? ¡Yo! ¡Sandra Casablanca! ¡La indomable, por Dios santo! ¿Por qué demonios fallaron las balas de mi pistola? ¡A estas alturas ya lo habría matado!

- Milady, las balas fueron cambiadas por Nassim mientras usted dormía en el hotel... fue él mismo quien lo hizo...

- ¿Qué? – Sandra volteó incrédula. - ¡Imposible! Nassim no pudo haber burlado la seguridad de Franco...

- Para Nassim no hay nada imposible, milady... - James sonrió. – Creo que eso ya lo ha comprobado por usted misma. ¿La ayudo a elegir algún traje en especial que combine con las perlas?

- Escoge lo que te dé la gana... - Sandra replicó con fastidio. – Siempre me he vestido para agradarme a mí misma, no para agradarle a un hombre y ahora resulta que tengo que hacerlo para un idiota...

- Yo no me expresaría así de Nassim, milady...

- Me importa un reverendo comino si le vas con el chisme...

- No lo haré... - James bajó la cabeza mientras se dirigía al vestidor y elegía para Sandra un vestido color marfil corto de Zuhair Murad.

- James... - Sandra de pronto sintió la necesidad de saber - ¿Cuántas mujeres han estado aquí antes de mí y en calidad de qué?

- Milady... ¿de verdad quiere saberlo?

- Te lo exijo...

- Permítame entonces servirle un capuchino... - James agitó una campanilla y un chiquillo llamado Jamil, con una agilidad impresionante, dejó una bandeja con dos tazas de café y una cajetilla de cigarros, los favoritos de Sandra, que se abalanzó con necesidad para encender uno. Sentía que se iba a volver loca. James la miró entre divertido y desconcertado. - ¿Me permite encendérselo?

- Sí... - las manos de Sandra temblaban y cuando aspiró el humo, sintió una gran paz.

- Bueno... la primer mujer que estuvo aquí con Nassim fue Soledad Montemayor. La hija del reconocido Profesor Montemayor. ¿Sabe quién es?

- Sí, desde luego. ¿Pero qué hacía Soledad Montemayor aquí? ¿Nassim también la secuestró en las mismas condiciones que a mí?

- No. Fue algo diferente. Soledad es amiga de Nassim y su padre nunca la tomó en serio. Así que decidió fingir su secuestro. Nassim la ayudó a planearlo y vino aquí a World Islands. Funcionó a las mil maravillas. Su padre pagó el autosecuestro y desde ese entonces Soledad es un poco más rica a costa de su padre y se lleva mejor con él.

- ¿Nassim...?

- No, milady. Soledad Montemayor y Nassim son estrictamente amigos. Utilizamos a Ali Hassan para fingir el secuestro pero no hubo nada entre ellos. Ella pasó los días aquí pero no hubo nada.

- ¿Quién fue la segunda? – Sandra estaba ávida de información.

- La segunda fue una chica llamada Stella Meyer. Era sumamente bella y había investigado a Nassim. Era una especie de "stalker". Así que Nassim decidió traerla para saber que ocurría si la traía aquí. Cabe decir que no funcionó. La chica se abalanzó sobre Nassim y esa misma noche, Nassim me mandó de regreso con ella a Abu Dhabi. Desde luego, la cubrió con joyas para que no se sintiera totalmente rechazada pero Nassim no quiso saber nada. No le agradó en lo absoluto. Y Stella, una vez que conoció a Nassim Bakri, se dio por bien servida y con los regalos que obtuvo en su visita, se quedó los suficientemente contenta para no abrir la boca.

- ¿Y la tercera?

- Es usted, milady.

- ¿Qué? – Sandra de pronto se sintió fuera de lugar. - ¿Me estás queriendo decir que las mujeres que han venido antes de mí no han pasado por lo mismo que yo?

- Es una manera bastante exacta de decirlo... - James le sonrió. – Ahora, yo no digo que Nassim sea un santo. Supongo que habrá tenido alguno que otro affaire cuando ha viajado a España a visitar a su mejor amigo pero como le dije antes, Nassim no es malo. Es un buen hombre. Y no lo culpo por haberse fijado en una belleza como la suya. ¿La razón por la que actúe con usted como está actuando? No lo sé, milady. Ya se lo he dicho... soy su incondicional.

- Ya veo... ¡que afortunada soy! – dijo Sandra con ironía amarga.

- ¿La ayudo a vestirse?

- No... arreglarme es algo que sigo haciendo sola... aunque esta vez no sea algo para mí. Pensar que me arreglaré para Nassim Bakri...

Sandra se vistió, se perfumó con cuidado, se soltó el largo cabello rubio y se colocó el obsceno y carísimo collar de perlas. Mientras se arreglaba, pensó en un plan. Tenía que seducir a Nassim Bakri, ganarse su confianza y hacerlo pensar que ella había caído en sus redes. Tendría que aguantarse, controlar sus sentimientos, doImánr el arte del deseo y enredarlo de tal manera que él creyera que estaba logrando que la indomable estaba siendo domada. Sólo así podría lograr su confianza para lograr un pequeño hueco para poder escapar en el momento justo. Tendría que aguantarse para lograr su cometido. Sonrió al saber que ninguna de las mujeres que habían estado en World Islands habían estado como ella. Pero su sonrisa cambió a un dejo de amargura al no saber si cuando Nassim viajaba a España a visitar al supuesto mejor amigo, no tenía affaires. Sin embargo, ella podía hacer caer a cualquier hombre a sus pies y ahora era el momento de hacerlo. Nassim Bakri tenía que caer a sus pies, tenía que enloquecerlo para lograr un hueco para poder escaparse de esas islas, volver a Dubai y olvidarse de ese episodio de su vida y pretender que nunca había sucedido. En ese momento, cuando terImánba su arreglo y se ponía sus zapatos dorados de tacón alto, Nassim entró a la recámara.

- Cariño... te ves.... Te ves hermosa. Así quiero verte siempre. ¿Vas a complacerme verdad?

- Yo...

- ¿Verdad? – Nassim insistió mientras se acercaba a ella y la tomaba por la cintura.

- Sí. Voy a complacerte. – Sandra por dentro estaba que quería ahorcarse a ella misma.

- Déjame ponerte las perlas... - Nassim giró a Sandra y le colocó las perlas en el cuello. La giró de nuevo para observarla y sus ojos zafiro se incendiaron de deseo. – Eres una visión.

- Ya que estoy como tú quieres... ¿ahora qué?

- Ahora me vas a besar... si lo deseas.

- Nassim... si investigaste bien, podrás darte cuenta que yo no me he interesado en tener novio ni pareja... así que me pides algo que yo no sé... - Sandra intentó esquivar la orden pero Nassim vio el cielo abierto.

- Estupendo Sandra. Entonces yo te mostraré la manera en que quiero que lo hagas la próxima vez que te lo pida. ¿Puedo?

Nassim tomó la nuca de Sandra, la miró directo a los ojos y con decisión pero con infinita ternura, buscó su boca y la besó con besos cortos y dulces que fueron intensificándose a medida que Sandra, muy a pesar suya, le respondía las caricias. Nassim tomó los brazos de la rubia, los puso alrededor de sus musculosos brazos y la apretó contra su cuerpo. De pronto, abandonó sus labios, respiró profundo para controlarse mientras juntaba su nariz con la de Sandra y le susurró, labios con labios.

- Eres hermosa... Tienes el cuerpo de una mujer pero los luces y alardeas de ellos como si fueras una niña... y eso fue lo que me enloqueció de ti, cariño...

Sandra supo que esa frase había sido la más original que jamás había recibido como elogio en toda su vida y sin pensarlo, besó a Nassim por su propia voluntad mientras lo tomaba por la mejilla. Aquello tomó por sorpresa al pelinegro quien la levantó por las caderas y la llevó al colchón y la besó hasta dejar a la rubia sin aliento. Sandra de pronto se sintió aturdida. El olor a cítrico, almizcle, y tonos amaderados que provenía de la piel de Nassim la enloqueció y el calor la invadió y más cuando Nassim jaló el collar y las perlas rodaron por su pecho, por sus brazos, por su abdomen y Nassim le besó el pecho. De pronto, leves toquidos en la puerta los hicieron voltear a ambos pero Nassim gritó con voz sensual.

- Ahora no, James... La indomable y yo cenaremos más tarde... Estamos en medio de algo importante...

Sandra sonrió. Pero no supo si porque su plan estaba surtiendo efecto o porque si estaba sintiéndose cómoda en brazos de Nassim Bakri y en verdad no quería que James los interrumpiera. Y mientras correspondía el beso de Nassim, cruzó por su mente las palabras "esto está poniéndose peligroso".

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