Capítulo 10 Noveno

Abro la boca, pero no soy capaz de responder. Creo que aún no logro procesar lo que está sucediendo en este instante. Alexander está arrodillado ante mi, pidiéndome matrimonio, y... Parece un sueño, pero no, es completamente real.

Sabía que iba a suceder, eso no ha sido una completa sorpresa, pero pensaba que aún faltaban meses para ello. Ni por asomo imaginaba que iba a ser esta noche.

-Oahh- Logro emitir un sonido extraño.

-¿Eso qué significa?- Pregunta.

-S-sí- Articulo por fin. -Sí, quiero casarme contigo.

Se levanta sonriendo y toma mi mano para colocarme el anillo en el dedo anular de la mano derecha. Es entonces cuando presto mayor atención a la joya.

La piedra central es un diamante de múltiples facetas y con un aspecto notablemente puro, bastante impresionante y llamativo. Está engarzado en una montura de varias garras, que a su vez cuenta con pequeños diamantes incrustados en la base. Calculo que hay unos 30. El aro en sí podría estar fabricado con plata, platino o con oro blanco, no sabría decirlo con exactitud.

-El anillo es precioso- Comento, aún fascinada por su brillo y belleza.

-Si no lo fuera no sería digno de su dueña.

-No quiero ni pensar cuánto te habrás gastado.

-Lo necesario- Dice sin más.

-Pero...

-Es un tipo de anillo que voy a regalar una vez en la vida. Evidentemente no voy a escatimar en gastos. Sólo un hombre que no está seguro de que este va a ser su único matrimonio lo haría.

-Me ajusta perfectamente- Musito.

-Te cogí prestado un anillo que ya tenías para conseguir las medidas exactas de tu dedo- Revela.

-¿Cuándo fue eso?

-Cuando decidí la fecha exacta en la que iba a pedirte matrimonio.

-¿Y cómo decidiste que sería hoy y no más tarde?

-Porque quería que fuese en un día especial y pensé... ¿Cuál es más especial que nuestro aniversario?

-Te creí cuando dijiste que iba a ser dentro de 3 meses- Finjo molestia. -Me siento traicionada.

-Necesitaba que fuese sorpresa, pero sabía que si no te daba una fecha ibas a terminar pensando que estaba retrasándolo porque no estaba completamente seguro de querer casarme contigo.

-No iba a pensar eso.

-Te conozco demasiado bien, Haley.

-Bueno- Jugueteo con el anillo. -¿De qué material es el aro?

-Oro blanco.

-Es muy parecido a la plata.

-La plata es más barata y no es digna del anillo de compromiso de la futura reina de Kalaryan.

La realidad me golpea con violencia cuando lo menciona. He aceptado casarme con él porque lo amo, pero... Contraer matrimonio con él implica también convertirme en la reina y eso es algo que francamente me asusta mucho.

Cuando era niña pensaba que yo nunca podría llegar a hacer las cosas que hacía mi madre. Mis abuelos decían que ella ya tenía alma de reina cuando tenía mi edad, que todo el mundo les decía que su futuro era más que brillante. Por eso no se sorprendieron demasiado cuando mi padre se interesó por ella.

A mi me dejaron claro que no me veían así desde que tengo memoria. Quizás se debía a mi timidez, a que no me gustaba destacar o a que parecía que nunca podría imponerme ante nadie. Que era demasiado frágil.

-¿Y si no valgo para eso?- Pregunto.

-¿Mmmm?

-¿Y si no valgo para ser reina?

-Eres creativa, bondadosa, generosa, fuerte y valiente- Enumera. -Vales más que cualquiera que tenga ese título actualmente.

-Puede que sólo pienses eso porque estás enamorado de mi.

-Haley, yo nací para reinar en Kalaryan y me han educado para vivir por y para este reino desde entonces. Nunca tomaría una decisión que lo perjudicase, porque simplemente no soy capaz de hacerlo. Estoy enamorado de ti, pero eso no me nubla el juicio. Sé cuáles son tus puntos fuertes y cuáles son tus puntos débiles.

-Hay más débiles que fuertes.

-Para nada. Y además, los débiles se pueden mejorar. ¿No te resulta fácil hablar en público? Conozco a varias personas a las que les pasaba eso. Por ejemplo, a Felix no le gustaba nada.

-¡¿En serio?!

-Sí, me contó que era el que menos hablaba de su clase cuando entró en la academia. Los profesores se percataron de su potencial y no querían que se perdiera únicamente porque fuese callado, así que lo ayudaron con ello. A día de hoy ha dado miles de discursos.

-Es impresionante.

-Perder el miedo a hablar en público va ligado a conseguir imponerse, que supongo que es otra de las cosas que te preocupan.

-Sí.

-Los dos se basan en el miedo a que el resto de personas nos juzguen.

-Sé que lo hacen muchas veces.

-Puede que lo hagan o puede que no. Pero la clave es que eso no debe importarte. Sé que ahora te parece imposible, pero llegará un momento en el que lo consigas. Probablemente no del todo, porque es muy difícil que no te importe nada la opinión de los demás, por muy extraños que sean. Pero sí puedes conseguir que te importe más bien poco.

Agacho la mirada, porque me siento mucho más pesimista que él. ¿Cómo voy a poder cambiar una forma de pensar que ha estado presente en lo más profundo de mi mente desde siempre?

-No dejes que otros decidan cuáles son tus límites- Me anima. -Porque entonces habrás perdido antes de empezar.

-Me esforzaré- Prometo. -No quiero defraudarte.

-Tú nunca podrías defraudarme.

-¿Por qué?

-Porque siempre pensé que me casaría por obligación, con la mujer que fuese más conveniente en ese momento. Pero me enamoré de una mujer que no podía elegirme de vuelta y... He de reconocer que eso me atormentó durante bastantes meses- Suspira. -Pero cuando viniste a verme por mi cumpleaños supe que te habías decidido definitivamente por el camino difícil. Fui jodidamente feliz en aquel momento y me sentí muy orgulloso.

-Estoy descubriendo que sentías más de lo que yo pensaba.

-Siempre he sentido más de lo que tú pensabas, Haley.

-Reconoce que no parecías el tipo de hombre que se enamoraba.

-Y me alegro de no parecerlo, porque realmente no lo soy. Tú eres una excepción para mí.

-Qué suerte tengo.

-Te vas a casar conmigo, claro que tienes suerte.

Le beso por fin, sellando el compromiso. A la antigua Haley se le hubiese desencajado la mandíbula si alguien le hubiese dicho que iba a terminar comprometiéndose con Alexander Larssen por voluntad propia. Al fin y al cabo, esa Haley jamás hubiese hecho algo así, pero...

Hay vivencias que te cambian por completo, que te hacen darte cuenta de cómo son las personas cercanas a ti en realidad. Yo pensaba que mis padres eran estrictos, pero que siempre iban a querer lo mejor para mi. Confirmé definitivamente que no era así cuando decidieron que debía casarme con Brendan. Esa actitud me facilitó la decisión que ya había tomado.

Volvemos al Palacio para descansar, pues mañana será un día ajetreado porque debemos dar la noticia. No la haremos completamente pública aún, pues prefiero decírselo a mi familia cara a cara cuando los veamos en la reunión en Nessania a finales de mes. Sin embargo, sí se lo contaremos ahora a la familia de Alexander, a los miembros de su consejo y a otras personas importantes.

Despierto algo tarde a la mañana siguiente, porque al final no nos acostamos tan pronto como queríamos. Digamos que estuvimos celebrando el reciente compromiso, así que se nos fue un poco la hora.

Alexander está reunido con el consejo, así que supongo que ya se lo habrá contado. A su familia se lo diremos los dos juntos, pero será ya por la tarde.

-Tengo noticias- Le digo a la duquesa Shaffer cuando entra en la sala de estudio. -Alexander y yo nos hemos comprometido.

-Eso es maravilloso, Alteza, aunque suponía que sucedería pronto.

-Haley- La corrijo.

-No soy capaz de llamar a mi futura reina por su nombre.

-Está bien- Decido dejarlo, porque tampoco quiero que se sienta incómoda.

-¿Cuándo será la boda?

-Pues... Aún no lo hemos decidido.

-Seguramente sea en primavera.

-Puede ser.

-Ahora que ya es oficial debemos comenzar a hacer un mayor hincapié en tus obligaciones maritales.

Comienza a soltar un monólogo sobre ello, así que se mantiene hablando sola hasta que aparece su hija unos minutos después.

-Disculpad la tardanza- Entra y se sienta a mi lado. -Me he encontrado con un conocido.

-Pues lo saludas y te despides- La reprende su madre. -Nada es más importante que esto, Bethany, especialmente ahora que el matrimonio entre el rey y la princesa está confirmado.

-Oh, enhorabuena- Me felicita.

-Gracias- Le sonrío. -¿Puedo preguntar quién era el conocido?

-Reuben Kirk- Revela.

-Ah, a ese lo conozco, está en el consejo de Alexander.

-Y tiene fama de libertino- Dice la duquesa. -No me gusta que hables con él.

-Cualquier persona que no esté casada y mantenga relaciones sexuales es libertina para ti, mamá.

-Pues sí, porque es inmoral. Y si te ven hablando con él van a pensar que también se ha acostado contigo.

-Nadie va a pensar eso porque todo el mundo sabe que nuestra familia es la más recta de todo Kalaryan- Resopla. -¿Con qué estabas matando de aburrimiento a la princesa antes de que yo llegase?

-El conocimiento nunca es aburrido- La duquesa se ofende. -Especialmente cuando tiene que ver con sus obligaciones maritales.

-¿El sexo? Bueno, no creo que vaya a tener problemas. El rey parece muy vigoroso.

-¡BETHANY SHAFFER!

-Es verdad, mamá. Parece que es de los que lleva las riendas.

-No hables de tu monarca con esa desvergüenza.

-A ver, la princesa lo sabrá mejor, pero...

-Claro que no, porque ella no va a realizar ese acto hasta su noche de bodas, cuando ella y el rey ya estén unidos a ojos de todos. Como debe ser.

Beth me mira de reojo. No se lo he dicho directamente, pero estoy segura de que sabe que no soy virgen y simplemente lo pasa por alto. Al fin y al cabo... ¿Qué más da que espere o no hasta la boda?

El sexo no debe ser la parte más importante de ninguna relación, pero es un elemento de disfrute e intimidad máxima que me encanta y hace que me sienta muy bien. No entiendo por qué debería privarme de ello hasta ese momento cuando no es algo malo.

-Mantenerse en la rectitud es importante para cualquier mujer, pero más aún para una futura reina- Continúa la duquesa. -Por eso la actividad marital no debe ser excesiva.

-Ay, mamá, déjala que disfrute cuando esté casada. De hecho, eso es lo mejor para el reino, porque contribuirá a que tengan un matrimonio feliz y produzcan varios herederos.

-No es necesario entregarse a la lujuria para tener varios niños- Le recuerda. -Yo tengo 4 y siempre fui recta.

Bueno, eso es cierto. Una mujer que es bastante fértil no necesita tener relaciones sexuales muchas veces o durante muchos meses seguidos para concebir.

-Pero es más probable que conciba si lo hace más de una vez al mes- Le recuerda su hija.

-La frecuencia puede ser mayor que esa si el objetivo es concebir- Admite. -Pero tampoco es necesario volverse locos.

-Está bien- Finjo que voy a seguir sus consejos para que se quede tranquila.

-Lo importante es que el rey introduzca su semilla todas esas veces y... La naturaleza hará el resto. Sobra decir que cualquier otro tipo de relación sexual es innecesaria para la concepción y, por ende, inmoral.

-Entiendo.

-No os dejéis llevar por la tentación, porque eso sólo os llevará por el mal camino.

-¿Y si al rey le interesan esas tentaciones?- Cuestiona Beth. -Una esposa debe satisfacer a su marido, ¿No?

-Un hombre de buen juicio nunca obligaría a su esposa a hacer esas cosas.

-Alexander no me obligaría a hacer nada- Aseguro.

-Me alegra escuchar eso.

-Qué hermoso el anillo- Comenta Beth, mirando mi mano.

-Oh, gracias. Alexander tiene muy buen gusto- Lo toco de nuevo.

-¿Se arrodilló para pedírtelo?- Pregunta con una sonrisa.

-Sí.

-¿Eres consciente de que eres la única persona del mundo ante la que se arrodillaría?

-Bueno, no lo había pensado.

-La mayoría de los reyes no se comprometen de esa manera- Musita la duquesa. -Tienen demasiado orgullo como para arrodillarse ante alguien.

-Alexander tiene mucho orgullo, pero...- Inicio.

-Está completamente prendado de ti- Termina Beth.

-No pierdas el respeto, Bethany- La vuelve a reprender su madre.

-Lo siento, es que me cuesta mantenerlo cuando estamos en privado.

-En privado puedes tutearme, tranquila- Aviso.

-¿Ves, mamá?

-Ajá.

-Bueno, a lo que iba. No te haces una idea de la cantidad de mujeres que han intentado seducirlo, porque se celebraron una gran cantidad de reuniones y fiestas, especialmente durante los primeros meses de su reinado, y...- Hace una pausa. -En todas ellas se le acercaban decenas de chicas, la mayoría de ellas pertenecientes a familias nobles. Sin embargo, jamás se interesó por ninguna. En aquel momento nos parecía extraño, pero ahora se entiende todo.

No pienso ocultar lo inmensamente feliz que me hace escuchar eso. Una parte de mi pensaba que Alexander conocería a otra y se olvidaría de mí porque pasábamos demasiado tiempo separados cuando él vivía aquí y yo en Velstand. Supongo que a veces nuestras inseguridades nos juegan una mala pasada.

-Mi mayor miedo es que él deje de sentir todo eso hacia mi con el tiempo- Confieso.

-El amor real no desaparece jamás, y tampoco la admiración- Dice la duquesa.

-¿Crees que me admira?

-Lo hace, y eso es algo que muy pocas pueden siquiera soñar.

Lo sé, sé que tengo mucha suerte. Por eso precisamente me aterra dejar de tenerla, porque no quiero acabar como lo hacen muchos matrimonios. Que se mantienen casados simplemente por no divorciarse y por los hijos en común. No hay más motivos.

La duquesa retorna al monólogo enseguida, esta vez centrándose en repasar los cientos de reglas de protocolo que hay para las apariciones públicas. Siempre me esfuerzo por recordar bastantes, pero Alexander me dijo que sólo era necesario que siguiese las más importantes.

Trato de disimular mi aburrimiento durante todo el tiempo que dura la lección, que son 2 horas más. Lo peor de todo es que sé que las lecciones se intensificarán en el período anterior a la boda, aunque me libraré de ellas mientras estemos fuera por las negociaciones. Algo es algo.

Llega la tarde y con ella el momento en el que Alexander convocó a su familia para contarles la noticia. Me siento un poco nerviosa, porque no dejo de ser una Antilles y puede que en el fondo no les agrade este compromiso y sólo finjan por Alexander.

-¿Y si no me aceptan?- Le pregunto a Alexander mientras caminamos hacia la sala del trono.

-Ya te han aceptado.

-Eso es lo que te dicen, pero no sabemos si es verdad.

-Bueno, ellos no tienen por qué aceptar nada. Yo elijo a mi reina.

-Si algo aprendí de las clases de historia es que los reyes jamás tenían poder absoluto. No podían tomar decisiones con las que nadie estuviese de acuerdo.

Se detiene abruptamente y se posiciona frente a mi para impedir que siga andando.

-Lo sé. Sé que muchos reyes han sido los títeres de su familia o de cierto sector de la nobleza. Por eso yo me esforcé para que eso no me pudiera suceder a mi.

-¿Cómo lo hiciste?

-Primero me hice fuerte en el ejército desde los 12 años. No pedí ningún privilegio ni hice de menos a nadie, simplemente me enfoqué en demostrar lo que era capaz de hacer. No sólo mis habilidades innatas, sino también lo mucho que podía esforzarme para conseguir mis objetivos- Explica. -Estudié para obtener siempre las mejores calificaciones de mi curso, investigué día y noche para ampliar aún más mis conocimientos y plasmarlo en los proyectos y desarrollé al máximo mis habilidades físicas. Muchas veces, cuando el resto descansaba, yo estaba practicando el combate, la resistencia, la fuerza, la velocidad, la coordinación...

-¿En serio?

-Sí. Esos fueron los primeros méritos que hice para ascender rápidamente. Luego, ya cuando pude acudir a las expediciones, comencé a aportar mis ideas para todos los problemas que surgían. Al principio no me hacían caso, claro, porque... ¿Por qué unos hombres tan experimentados iban a hacer caso a un chico de 16 años? Tuve paciencia y esperé a que llegase mi oportunidad. Sucedió unos meses después, cuando mi inmediato superior en aquel momento decidió confiar en mí. Y así, una misión que parecía estar destinada al fracaso acabó en rotundo éxito.

-Y desde ese momento comenzaron a hacerte más caso.

-No fue tan fácil, porque muchos pensaron que había sido un golpe de suerte. El caso es que cada vez se dieron más "golpes de suerte" de esos, hasta que por fin tuvieron que admitir que la estrategia y la resolución de problemas se me daban muy bien. Aunque supongo que también ayudó que me hubiese leído todos los libros que encontré sobre guerra y milicia.

-Tenías una sección sobre eso en la casa en la que estabas el día de tu cumpleaños el año pasado- Recuerdo.

-Y la sección que hay aquí en la biblioteca del palacio es bastante más grande.

-¿Y te los has leído todos?

-Sí.

-¿Por qué no traes los libros de la casa aquí?

-Porque esa colección es privada por ser herencia directa de Viktor.

-Entiendo.

-Pero bueno, el caso es que todo lo que hice sirvió para consolidar un ascenso meteórico hacia la cima. A muchos no les gustó, claro, pero les fui cerrando la boca poco a poco. Llegó un momento en el que los equivocados eran mis detractores y no yo.

-¿Qué edad tenías cuando comenzaste a mandar aunque fuese a unos pocos?

-Con 18 recién cumplidos me nombraron cabo mayor, y fue porque no era posible hacerlo antes. También con esa edad me convertí en sargento, pero 6 meses después. A los 19 fui subteniente y 5 meses después llegué a alférez. Con 20 recientes me convertí en teniente y 7 meses después en capitán. A los 21 llegué a comandante, a los 22 a coronel y a los 23 fui nombrado Capitán General por mayoría absoluta. Me salté el cargo de general porque no iba a desbancar a Felix o a Arthur cuando yo podía ascender un escalón más que ellos.

He de reconocer que su trayectoria es la más impresionante que haya conocido nunca. No sólo por la rapidez de sus ascensos, sino también por la resiliencia que demostró haciendo todo eso después de haber sobrevivido a Thomas. Cualquiera se habría hundido en la miseria, pero él... Él lo utilizó como motivación para llegar a lo más alto.

-Y desde ese momento el ejército te apoyó por completo- Deduzco.

-Sí, pero eso no era suficiente. Nunca es suficiente únicamente el apoyo militar. Por eso me dediqué a tejer redes clientelares. Principalmente en Kalaryan, pero también en el resto de reinos de Evorn e incluso en Taësia.

-El tío Will me explicó lo que era eso, pero ya no me acuerdo muy bien.

-Básicamente, estas redes se producen cuando alguien con bastante poder ofrece protección, favores o recursos a sus clientes. Personas con influencia y poder, pero en menor medida. A cambio, estos le brindan lealtad, apoyo político o servicios- Explica con calma. -Entre estos servicios se encuentra, por ejemplo, el espionaje. Algo completamente necesario para saber lo que está pasando realmente en un reino extranjero.

-¿Y tú cuántos "clientes" tienes?

-Miles a lo largo del mundo. Con los que tengo aquí en Evorn y el apoyo del ejército me garantizo estabilidad y seguridad. Dos características esenciales para poder gobernar a mi antojo.

-¿Tienes en Cussinten?

-Sí, pero no demasiados. Con Brendan es complicado.

-Creo recordar que él dijo que tenía espías aquí pero que los expulsaste cuando llegaste al trono.

-Bueno, es que los que ejercieron durante el reinado de Thomas ni siquiera se habían molestado en ocultarse porque sabían que no les iba a pasar nada. Fue fácil averiguar sus identidades.

-¿Crees que hay ahora?

-Siempre hay, pero muchos menos que en otras cortes. Utilizo a mis propios espías para cazar a los otros, controlo la correspondencia de sospechosos sin que se den cuenta, otorgo recompensas a quienes informen de comportamientos sospechosos, limito el acceso a la información más importante y realizo pruebas de lealtad como la de Beckeler. Gracias al buen funcionamiento del sistema he conseguido tener la corte más limpia del mundo.

-Oh.

-Te he contado todo esto para que te quedes tranquila. Desde siempre tuve claro que lo único que garantizaba que pudiese hacer lo que quisiera era el poder y la fuerza. La debilidad te hace vulnerable frente a los poderosos, pero la fuerza... Te permite protegerte a ti mismo y a las personas que quieres.

Supongo que se refiere a que cuando era niño le hicieron tanto daño porque no tenía poder y... Realmente tiene razón. La falta de poder es lo que permite que hagan lo que quieran contigo sin ningún tipo de consecuencia.

Continuamos hasta la sala del trono, en la que ya se encuentran todos, esperándonos. Bueno, todos no, los niños no están.

-Buenas tardes, familia- Alexander silencia las conversaciones.

-¿Ha pasado algo grave?- Indaga Shira, con un deje de miedo en su voz. -¿Brendan ha...?

-No, no es nada de Brendan- Aclara enseguida.

-Menos mal.

-Os he llamado para anunciaros algo muy importante- Me coge de la mano. -La princesa y yo vamos a casarnos.

La reacción general es mejor de la que esperaba, aunque no puedo saber si eso es realmente lo que piensan. Todos me abrazan, pero Shira, Felix y Camille lo hacen con mayor efusividad. Se nota que están muy felices de que vaya a entrar en la familia.

-Por un momento he creído que ibas a decir que Haley estaba embarazada- Dice Shira. -Me he asustado.

-No, no lo estoy- Aseguro.

-No lo está, pero tampoco sería ningún drama si lo estuviera- Dice Alexander.

-A ver, ni siquiera estáis casados aún. Tampoco hace falta adelantar acontecimientos.

-¿Cuándo sería la boda?- Pregunta Bianca.

-Aún no lo hemos pensado- Responde Alexander.

-Podría ser...- Comienzo a hablar, pero enseguida me arrepiento.

-Continúa- Pide él.

-El 9 de mayo. Ese día se cumplirán 2 años desde que nos conocimos y... sería bastante especial. Pero quizás sea demasiado tarde o...

-Es una fecha perfecta- Asegura. -Nos casaremos el 9 de mayo.

Que decidamos la fecha lo vuelve aún más real y siento un cúmulo enorme de emociones ante ello, pero... Sé que he tomado la decisión correcta.

Alexander se convertirá en mi marido dentro de 4 meses y yo me convertiré en su esposa.

            
            

COPYRIGHT(©) 2022