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-¡¡Feliz cumpleaños!!- Le lleno la cara de besos cuando despierta.
Siempre se levanta antes que yo porque quiere hacer ejercicio antes de trabajar, y yo suelo despertarme cuando vuelve para bañarse. Pero hoy es un día especial, así que ha decidido quedarse en la cama más tiempo para que nos despertemos juntos.
Me rodea con los brazos y me besa como respuesta, tomándose su tiempo. Profundizamos el beso unos segundos después y siento cómo desciende las manos por mi espalda, dejando claras sus intenciones, así que lo freno.
-Para eso tendrás que esperar- Informo. -Hasta la tarde.
-¿Qué?¿Por qué?
-Porque ahora apenas tenemos tiempo. Te recuerdo que nos están esperando para desayunar.
-Bueno, pues lo hacemos rápido.
-A ambos nos cuesta mucho eso.
-Es que me gusta darme mi tiempo para disfrutarte- Confiesa.
-Razón de más para esperar a la tarde. Además, prefiero que tengas más ganas cuando llegue.
-Yo tengo una idea mejor. Lo hacemos ahora y también por la tarde, tomándonos nuestro tiempo en ambas. Si tienen que esperar que esperen.
Sonrío y lo vuelvo a besar, pero esta vez me separo enseguida y me levanto de la cama.
-Lo siento, pero ya lo tengo todo planeado.
-Yo pensaba que debía hacerse todo lo que decía el cumpleañero- Se queja.
-Te gustará el día de hoy. Por la mañana estarás con tu familia hasta la comida. Por la tarde estarás conmigo durante... Bueno, lo que tardemos. Y a última hora de la tarde te vendrán a buscar tus amigos.
-¿Qué es mi regalo?
-¿Cuál de todos? Porque supongo que recibirás muchos.
-El tuyo.
-Mi economía no me ha permitido hacerte un regalo similar a los que me has hecho tú, pero... Creo que te va a gustar lo que tengo preparado.
Me gustaría poder hacerle un regalo caro, pero me es imposible porque apenas tengo dinero propio. Los tíos me daban una paga cuando vivía con ellos, pero no era muy alta porque al fin y al cabo vivíamos cuatro personas con un salario de profesor de una universidad normalita.
Por eso tenía pensado ponerme a trabajar para pagarme mis cosas cuando acabase los exámenes del curso 1551/52, pero leímos la noticia de los desfiles que iba a realizar el ejército de Kalaryan dirigido por Alexander y... El resto es historia.
Cuando comencé a vivir en el palacio no recibía paga de ningún tipo, simplemente me daban el dinero cuando lo necesitaba. Realmente no pedí mucho, porque sabía que no podíamos llevar una vida demasiado lujosa. Creo que el ámbito en el que más gastaron en mi fue en el vestuario, pero porque mis padres me exigieron renovarlo. Decían que casi toda la ropa que tenía gritaba "plebeya" y que eso era humillante.
En conclusión, apenas tengo ahorros, y conociendo los gustos de Alexander y sus estándares... Sé que algo muy costoso es inviable, pero eso no significa que no vaya a recibir un buen regalo de mi parte.
-Bien, porque no quiero que te gastes el dinero en mi- Vuelve a decir lo que ya le he oído varias veces.
-No lo hago porque tengo poco.
-Sí, eres pobre.
-No soy pobre. Sólo tengo escasez de fondos.
-Lo mismo es.
-Crees que soy pobre porque tú eres un gran ricachón.
No miento. Alexander heredó el patrimonio completo de Thomas por ser su único hijo, y Thomas era el rey más acaudalado de Evorn, con clara diferencia. También heredó parte del patrimonio de Viktor, procedente sobre todo de negocios y tratos que le había ocultado a su hijo para que no se quedase con ese dinero y bienes cuando él muriera.
Su deseo era repartirlo entre Bianca, Shira y el bebé que su nuera Eloise iba a tener, y así lo estableció en una parte oculta de su testamento que sólo se reveló cuando Thomas murió. Por otra parte, también obtuvo grandes botines en las numerosas campañas militares en las que ha participado, especialmente conforme fue aumentando su cargo. Esos botines constituyen ahora una parte nada desdeñable de su patrimonio total.
-Ricachón, guapo, grande, poderoso y con muchos talentos- Presume. -Soy objetivamente el hombre más deseado del mundo.
-Nunca pensé que escucharía a alguien decir eso.
-Bueno, yo soy el único que puede decirlo.
-¿Acaso les has preguntado a todas las mujeres del mundo?
-Conseguí que una Antilles se enamorase de mí, algo que no había conseguido ningún otro Larssen. Pero esta vez era más difícil que nunca y... Pasó.
-A lo mejor se debe a que yo estoy loca.
-No, es por mis encantos, que son infalibles. Aunque tú no caíste rendida precisamente rápido- Enarca las cejas. -Porque tardaste un año entero en querer sentir la joya de la corona.
-Ya.
-¿Estás segura de que no la quieres sentir ahora?- Lo vuelve a intentar.
-La espera merecerá la pena, te lo prometo.
Me baño a solas para no caer en la tentación, porque no me fío demasiado de mi misma. Luego me pongo un vestido morado casual de punto, ideal para el día de hoy. Alexander escoge una camisa de color azul oscuro y unos pantalones beige, que le dan el estilo informal que busca.
Desayunamos junto a toda su familia, y cuando terminamos Alexander recibe regalos de todo tipo. Por parte de su familia, pero también de nobles que quieren ganarse su favor. Le obsequian cosas como los típicos anillos de monarca, relojes de oro, dagas decoradas con incrustaciones de oro y plata, ediciones exclusivas de libros encuadernados en cuero, fragancias varoniles, ropa fabricada con telas exclusivas e incluso varios caballos de raza nuevos.
Irya habría alucinado si hubiese estado aquí, pero tuvieron que irse hace unos días porque empieza las clases el 12 de enero. Me prometieron que me escribirían si les había llegado correspondencia de Emma, algo que espero con ansias. Hoy salía de cuentas, pero puede que ya haya dado a luz.
De todas maneras, la veré a finales de mes, porque asistiremos a la primera reunión en Nessania el día 27 de enero. Asistirán todos los reyes excepto el de Turjol, que será representado por su primogénito, Maxim. Los Skandaj asistirán al completo, pero en sus propias palabras, "no prometen nada".
Los Valencourt se han mostrado más favorables, porque están encantados con que la primera reunión sea en su tierra. Aún así, sabemos que los más razonables serán mis hermanos y Freya. Ahora mismo sólo podemos confiar en ellos.
Zack, Edgar, Janet, Nigel y Jerome se empeñan en montar a caballo y Alexander acaba accediendo para darles el gusto. También montan varios de los adultos, así que decido animarme cuando Alexander me pide que monte.
Sigo sin ser ninguna experta, pero he mejorado bastante en el tiempo que llevamos viviendo juntos. Ya no estoy tan tensa cuando monto y tampoco hago el ridículo como antes. Es un gran avance.
-¿Cómo vas?- Pregunta cuando se me acerca, subido encima de uno de sus nuevos caballos.
-Bien.
-Te veo muy concentrada.
-Es que esto requiere de mucha concentración.
-Recuerda: Le transmites lo que sientes.
-Y yo siento seguridad- Miento.
-Es más fácil montarme a mí, ¿Verdad?
-¡Alexander!- Lo reprendo mientras miro a mi alrededor para asegurarme de que nadie lo haya escuchado. -Hay niños cerca.
-El único que está medianamente cerca es Edgar y estoy seguro de que ese sabe perfectamente lo que es el sexo.
-Hablando de Edgar... ¿Qué has pensado hacer?
Le conté a Alexander lo que noté en fin de año porque verdaderamente sentí un poco de pena por el niño y sabía que si alguien podía hacer algo al respecto era él.
-Lo único que puedo hacer es proponerle ingresar en la academia militar. Tendría que irse a vivir allí y sólo volvería a casa por vacaciones, así que dejaría de cuidar de sus hermanos y podría centrarse en sí mismo. He tanteado el terreno y creo que podría interesarle.
-Si le gusta, es muy buena idea.
-La academia es dura, pero podría centrarse única y exclusivamente en su formación y en su futuro. Si es válido para ello, los beneficios serán inmensos.
-¿Y si Albert y Leia se oponen?
-No lo harán si les digo que veo mucho potencial en su hijo. No pueden rechazar una oportunidad así sin quedar mal frente a toda la familia.
-Ya...
-Es la única manera que tengo de quitarle la carga que tiene sin enemistarme con parte de la familia- Suspira.
-Ya, lo entiendo.
-Pero bueno, ya hablaré con los tres dentro de unos días. Nada debe arruinar el cumpleaños del hombre más deseado del mundo- Vuelve a lo mismo de antes.
-Los de Taësia pensarán que ese puesto lo ocupa Brendan.
-No, yo sigo siendo el mejor partido.
-Lo cierto es que cuando lo conocí, pensé que tú tenías un rostro bastante más masculino y varonil, porque sus rasgos son más suaves. Quizás cambiase mi percepción si se deja crecer la barba, pero de momento es así.
-Lamento mucho que él no haya escuchado eso.
-Obviamente no se lo dije porque tengo sentido de la supervivencia, pero... Te aseguro que lo pensé.
-Ahora quiero que llegue tu regalo ya.
-Creo que no puede competir con los que has tenido hasta ahora, pero...
-Sé que será mi favorito.
-Pero si aún no sabes lo que he pensado exactamente.
-Viene de ti, con eso me basta para saber que será muy bueno.
-El menos enamorado- Bromeo.
-Pues sí. Qué suerte tienes, el hombre más deseado del mundo está enamorado de ti.
-Es una etapa, se te pasará.
-Yo no tengo "etapas". Cuando llego a querer a alguien, nunca dejo de hacerlo, salvo que ese alguien me dañe hasta el extremo. Por ese motivo no existen muchas personas a las que realmente quiero y necesito en mi vida. Ha sido así en mis 26 años de vida y no va a cambiar.
-Entonces sí que soy afortunada, sí.
-Dime lo que tienes pensado.
-Aún tendrás que esperar un poco para saberlo- Trato de alejarme para darle más énfasis a mis palabras, pero la yegua no me hace caso. Al contrario, se mantiene completamente rígida en el sitio. -Que sepas que estoy intentando irme para hacerme la interesante, pero no me está funcionando- Informo, ocasionando que se ría con ganas.
-Llegarás a controlarla bien- Asegura. -Sólo tienes que practicar más.
Dejamos a los equinos un rato después y su familia se marcha después de la comida. Felix y Shira se van a ver la nueva colección de botánica de unos amigos, así que decido que el momento ideal ha llegado.
Me dirijo a nuestro dormitorio para prepararlo todo, atrancando la puerta para que Alexander no entre antes de tiempo. Lo primero que hago es cambiarme al conjunto de lencería que pedí para el día de hoy. Es un conjunto de encaje de color rojo pasión, muy ajustado y semitransparente en algunas zonas. Incluye también unas medias del mismo color.
Completo el conjunto con unos tacones altos negros y los labios pintados de un color rojo escarlata que no he usado hasta ahora. Me deshago las trenzas de raíz que me hice ayer para que se me formasen más ondas en el pelo, dejándolo caer con libertad. Sin embargo, oculto la lencería con una bata de seda que llega hasta el suelo, porque no quiero que la vea en el inicio.
Arrastro una pequeña mesa para ponerla al lado de la cama y deposito debajo de ella todo lo que vamos a necesitar. Las tarjetas, la tarta, la fragancia, el aceite para masajes y la flauta con la que he practicado en los últimos meses. Ya la toqué algunas veces de niña, aunque la dejé porque a mis padres les parecía mejor opción el piano.
Siempre he tenido buen oído para la música, así que no me costó demasiado volverme decente de nuevo. No sé si se me da tan bien como el piano, pero debe servir porque no podía desarrollar mis planes en un lugar que tuviese un piano.
-¿Puedo entrar ya?- Pregunta Alexander desde fuera, impaciente.
-Ya casi está- Me miro en el espejo para comprobar que mi aspecto es perfecto y que no me he equivocado con nada.
-Me estás causando un sufrimiento supremo- Dramatiza.
-Que ya te abro, de verdad- Corro hacia la puerta y la desatranco para que entre. -Ya está.
-¿Qué...?- Se detiene abruptamente cuando detalla mi aspecto.
-El rojo está entre tus colores favoritos- Recuerdo lo que me dijo hace un par de meses.
-Así es- Los ojos le brillan.
-Representa la valentía, el amor, la pasión, la fuerza... Así que creo que es ideal para esta ocasión.
-¿Llevas tacones?
-¿Te gustan?- Indago, recordando la fantasía que me reveló hace unos días.
-¿Te los vas a dejar puestos?- Inhala y exhala con lentitud.
-Haré lo que el cumpleañero desee- Sonrío con picardía.
Me coge de la cintura y me atrae hacia él con la intención de besarme, pero lo detengo.
-Pero debemos seguir unas pequeñas normas- Informo.
-Te deseo demasiado en estos momentos.
-Vamos a jugar a un juego- Explico. -Ven, vamos a sentarnos en la cama.
Pone el cerrojo de la puerta y luego me acompaña a la cama mientras se relame los labios con lentitud.
-El juego se denomina "Los cinco sentidos" y consta de 5 rondas. Cuando las superes obtendrás el gran premio.
-¿Ese premio me incluye a mi dentro de ti?
-Puede ser.
-Empecemos cuanto antes- Me apremia.
Saco las tarjetas y las coloco boca abajo encima de la mesita.
-Escoge una- Pido.
-¿Totalmente al azar?
-Sí.
-Olfato- Lee lo que hay escrito. -¿Qué voy a oler?
-Esto- Saco la fragancia y la coloco encima de la mesa.
-¿De qué...?
-Huele.
Se echa un poco en la muñeca y su expresión se transforma en una de sorpresa absoluta cuando la reconoce.
-Huele igual que aquella fragancia que me mostró el marqués de Beretrang cuando pasó por la corte, pero luego se me olvidó su nombre. ¿De dónde la has sacado?
-Yo sí recordaba el nombre, así que investigué los ingredientes que tenía, los conseguí y luego se los entregué a un perfumista para que los uniese. Así me salió mucho más barato.
-¿Cómo?¿Cuándo?
-Utilicé mis contactos para conseguir los ingredientes- Le guiño un ojo. -Musgo de roble, bergamota, cedro y pachulí.
Lo cierto es que Camille y las amigas que hice en la academia me ayudaron bastante con esto, porque si no no podría haberlos conseguido baratos. Hicimos un gran esfuerzo, pero mereció la pena.
-Quería que la tuvieras, pero salía bastante cara si la compraba directamente porque es un perfume algo inusual.
-Sigo sin poder creer que hayas hecho esto. Eres... increíble.
-Espera, que aún queda mucho. Escoge otra tarjeta- Pido.
-Gusto- Lee la nueva, y levanta la cabeza para mirarme.
-¡Tachán!- Pongo la tarta de merengue sobre la mesa.
-Te has acordado.
-¿De lo mucho que te gustó cuando fuimos a ese restaurante? Sí, porque recuerdo que el día en el que nos dimos nuestro primer beso me dijiste que apenas habías comido dulces en tu vida. Ahora comes más, pero creo que ese es el único dulce que te ha entusiasmado.
-Lo es- Confirma. -¿La has hecho tú?
-Bueno, con ayuda de un par de cocineros- Admito. -Pero hice una gran parte sola cuando me lo explicaron.
Corto un par de trozos y le paso uno mientras él me observa con intensidad. Enseguida comienza a devorarlo de la misma manera que lo hizo la última vez, y he de reconocer que a mi también me gusta, aunque prefiero el pastel de limón.
-¿Sabes? Me dijeron que también hay una receta de pastel de merengue y limón. Ese tendría nuestros sabores favoritos.
-Información que me guardo para el futuro- Asegura, terminando su trozo y partiéndose otro.
-Entonces... ¿Me ha salido bien?
-Estoy descubriendo que lo casero es mejor que lo comprado.
-Es que está hecho con amor- Sonrío. -Mucho amor.
-Me lo comería entero, pero quiero saber qué más has preparado.
-Bien, pues escoge otra tarjeta- Me emociono.
-Oído- Informa.
Extraigo la flauta y él me mira con extrañeza.
-¿Sabes tocar la flauta?
-De niña tocaba mayoritariamente el piano, pero también el violín y la flauta hasta que mis padres me obligaron a enfocarme sólo en el piano.
-Julen y Gabriella siendo Julen y Gabriella- Rueda los ojos. -Ya no me sorprende.
-Me he aprendido una melodía que te gusta, pero no esperes nada increíble. Tendría que practicar mucho más para ser muy buena.
-Tienes cierta tendencia a subestimar tus habilidades, así que estoy seguro de que me va a encantar.
-Veamos.
Inhalo y exhalo con lentitud durante unos segundos, preparándome mentalmente. Puedo hacerlo, llevo tocando esta misma melodía todos los días desde que pensé en esta idea hace meses.
Suspiro una última vez y comienzo a tocar sin pensarlo más, porque sé que si no no me atreveré. El sonido es débil y tembloroso al inicio debido al nerviosismo que siento, pero me esfuerzo por afianzarlo para que la melodía pueda reconocerse. No he practicado tanto para que al final parezca un desastre.
Su expresión cambia por completo cuando por fin la reconoce, abriendo mucho los ojos y la boca.
-¡¿Te has aprendido el himno de mi ejército?!
Así es. Lo escuché tararearlo un día en octubre mientras se bañaba, así que decidí que la marcha militar kalaryense era la opción ideal como regalo del sentido del oído.
Continúo tocando, cada vez más animada y confiada porque sé que le está gustando mucho. Es decir, sabía que le iba a ilusionar escuchar la melodía tocada por mi, pero... A juzgar por su enorme sonrisa, creo que le está encantando. Además, parece admirado, sorprendido y feliz. Todo al mismo tiempo.
-Bueno... ¿Qué te pareció?- Pregunto cuando termino.
-¿Cómo es posible que seas tan talentosa?
-No te creas, practiqué mucho.
-Si alguien no tiene talento, da igual cuanto practique. No pasará de la mediocridad. Pero tú... Eres maravillosa.
-Te la puedo tocar con el piano, porque se me da mejor.
-¿Mejor? Pues entonces debes ser una experta con el piano.
-No me hagas tantos cumplidos, que me sonrojo- Confieso.
-Ese es el objetivo- Reconoce. -¿La puedes volver a tocar?
-Primero terminemos el juego.
-Bueno, está bien- Elige una entre las dos tarjetas que quedan. -Ha salido... Tacto.
-Bien- Saco el aceite. -Te voy a hacer el masaje que sugeriste hace un par de semanas, así que... Quítate la camisa y túmbate de espaldas en la cama.
-A la orden- Bromea.
Hace lo que le he dicho mientras yo me extiendo un poco de aceite en las manos para calentarlo. No demasiado, porque tampoco quiero que la piel se le quede muy resbaladiza, pero sí lo suficiente como para que no cueste nada mover las manos.
-También me gustaría un masaje en la...
-Tranquilo, ya va a recibir mucha atención cuando hayamos completado el juego- Lo interrumpo cuando adivino qué va a decir. -No te preocupes.
-Bueno.
Extiendo el aceite alrededor de la espalda con movimientos suaves y superficiales desde el cuello y los hombros hacia la parte baja de la espalda, aumentando la presión cuando ya llevo varios. Luego amaso la piel y los músculos mediante círculos desde la cintura hasta los hombros, repitiéndolo varias veces. Intento llegar a zonas más profundas de la espalda poniendo las manos en forma de L, moviendo los 4 dedos de una mano en dirección al pulgar de la contraria, reduciendo la distancia entre ambas poco a poco.
-¿Te ha enseñado alguien?- Cuestiona.
-La hermana de mi amiga Evelyn es especialista en masajes- Respondo. -Me explicó los pasos a seguir.
Procedo a hacer un masaje con los nudillos, evitando pasar por encima de la columna. Deslizo los puños con presión desde la cintura hacia arriba y luego los arrastro hacia atrás con ligereza, haciendo hincapié en las partes que siento más tensionadas y en los hombros. Luego extiendo ambos pulgares en la columna y los omóplatos y hago una presión mantenida desde las caderas hasta la cabeza.
Deslizo los pulgares por la espalda nuevamente, pero esta vez en dirección opuesta y a cada lado de la espalda, desde los hombros hasta las caderas. Lo repito bastantes veces porque su espalda es muy ancha.
-Tus manos son mágicas- Musita.
-Deduzco que te gusta- Me río y él suspira en respuesta.
Para ir terminando, hago unos giros colocando las manos en la parte baja de la columna, deslizando una mano hacia mi y la otra hacia el lado opuesto con pequeña presión. Lo hago varias veces, llegando a los hombros y volviendo a bajar. Por último, extiendo todos los dedos y deslizo las yemas por toda la espalda varias veces, haciendo el movimiento cada vez más lento y superficial para dar la sensación de que las manos flotan.
-Bueno, ya está- Informo. -Terminé.
-¿Por qué tan pronto?- Se queja.
-Llevamos un buen rato.
-No.
-Bueno, te toca el último sentido.
-Está bieeeeeeeen- Suspira. -La vista.
Me pongo de pie y me desabrocho la bata, dejándola caer al suelo para que por fin vea lo que llevo debajo.
-Como dije antes, el rojo es ideal para esta ocasión.
La mirada se le oscurece mientras detalla mi cuerpo entero, y yo giro sobre mi misma para que pueda ver también la parte de atrás del conjunto.
-¿A que es hermoso? Con esto me ayudó una doncella de confianza- Admito. -También es excitante, no nos vamos a engañar, pero... Me pareció muy bonito y armonioso.
-Ven aquí- Ordena, palmeando sus piernas.
-Esto es sólo para que te deleites con la vista, al igual que lo has hecho con los otros sentidos.
-Llegó el momento de que me deleite con el sexto- Mete la mano dentro de su ropa interior.
-Sí, supongo que llegó el momento del gran premio.
-No te quites nada- Ordena. -Te retiraré un poco las bragas.
-No hará falta- Me acerco hacia él, que me dedica una mirada interrogatoria.
Llego hasta su posición, pero en lugar de sentarme encima de sus piernas, como había pedido, me arrodillo entre ellas.
-No tienes por qué hacerlo- Dice cuando le desabrocho el pantalón.
-Quiero hacerlo- Aseguro. -No me siento presionada.
-¿Estás segura?
-Sí, pero dime si algo no te gusta y prefieres otra cosa.
Mis amigas me han dado algunos consejos, pero la teoría y la práctica no son lo mismo. Saco el pene ya erecto y comienzo a mover la mano de arriba a abajo con suavidad, como si fuese una especie de prólogo de lo que está por venir.
Teniéndolo en las manos y tan cerca de la cara me impresiona aún más lo grande que es. No me extraña que sienta tanta presión cuando me penetra, de hecho, aún me parece increíble que pueda hacerlo. Y ahora estoy a punto de metérmela a la boca... Que los dioses me asistan.
Tomo los jadeos de Alexander como una señal para comenzar realmente con lo que he decidido hacer. Sujeto el pene por la base y lamo suavemente la punta, aunque no detengo por completo el movimiento de la mano. Cuando considero que está suficientemente estimulado paso al resto, lamiendo el tallo de arriba a abajo.
Me siento un poco extraña haciéndolo, pero no me disgusta. Al contrario, creo que me excita pasar la lengua por toda su longitud, y más aún al escuchar los sonidos graves que produce sin poder controlarse.
-Métetela en la boca- El tono demandante que utiliza me provoca más cosquillas en la entrepierna.
Asiento e introduzco una pequeña parte en la boca, mirándole directamente a los ojos. Eso me lo recomendaron mucho, porque resulta que a los hombres les encanta.
Comienzo a simular la penetración, aumentando gradualmente el tamaño que me introduzco dentro de la boca. Al principio marcha bien, pero enseguida siento la primera arcada cuando me meto demasiado. Sabía que esto iba a suceder.
Cambio la posición para reducir las arcadas, aunque sé que voy a tener que tolerar cierta incomodidad. Sin embargo, no me molesta tanto como cabría pensar. De hecho, una parte de mi encuentra incluso una sensación placentera dentro de esa incomodidad. Es difícil de explicar.
Alexander me recoge el pelo con una mano para guiar mi cabeza y controlar la penetración. Lo agradezco, porque no sé si debo aumentar el ritmo o mantenerlo. Estoy un poco perdida.
-Vamos a ir un poco más rápido- Informa, moviendo mi cabeza sin presionar demasiado para que el ritmo de la penetración aumente.
-Mmmm- Sólo logro responder eso.
-Lo estás haciendo muy bien- Sus pupilas están muy dilatadas y respira con fuerza, emitiendo gruñidos de vez en cuando.
Cuando tenemos sexo vaginal y él está arriba me siento completamente a su merced, algo que me encanta en esos momentos. Sin embargo, lo que está sucediendo ahora mismo me lleva a un nuevo nivel de esa sensación. Es la dominación en su máximo esplendor, aunque no en el mal sentido.
-¿Te gusta tener mi polla en la boca, princesa?- Pregunta mientras aumenta la velocidad aún más.
-Mhmhmh- La excitación que siento aumenta también.
-Joder, llevo tanto tiempo soñando con este momento.
-Mmhmhmhm.
El ritmo ya es bastante acelerado y potente, aunque no me resulta violento o brusco. Da un par de estocadas profundas, pero enseguida se percata de ello y recula para no producirme más arcadas. Me gustaría poder introducirla toda, pero creo que me asfixiaría si lo intentase.
-Me voy a correr- Anuncia unos treinta segundos después.
Mis amigas me dijeron que podía elegir si se corría dentro o fuera, porque no a todas les gustaba, pero yo ya lo tenía claro.
Diez segundos son los que tardo en sentir la sustancia caliente dentro de mi boca, pero es tanto que se me derrama por los labios y la barbilla y me provoca un ataque de tos cuando Alexander saca su pene.
No sabría describir a la perfección el sabor, pero creo que es una mezcla entre dulce y salado. La textura es espesa, contribuyendo a generarme una sensación aún más extraña de la que ya tenía.
Tardo unos minutos en procesar lo que acabo de hacer, pero cuando lo hago alucino porque no me lo creo.
¿En serio he sido capaz?