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Alexander no está cuando me levanto, y tampoco lo encuentro en el palacio durante toda la mañana. Normalmente no me preocuparía por esto, porque sale casi todos los días por motivos muy diversos. Pero hoy es distinto, porque hace justo un año me pidió que fuese su novia.
Ayer estuvimos un par de horas más juntos porque quería asegurarse de que estaba bien después de hacerle el oral. Insistió en quedarse conmigo durante el resto del día, pero yo quería que celebrase su cumpleaños con sus amigos. Le aseguré de todas las maneras posibles que estaba bien, así que finalmente cedió y se fue con ellos a las 8.
Sabía que volvería bastante tarde, así que no lo esperé despierta. Por ende, no sé ni a qué hora volvió ni a qué hora despertó ni nada. Le he preguntado al mayordomo principal, porque él normalmente suele saber a dónde va Alexander cuando sale, pero esta vez no tenía ni idea.
-¿Crees que se le habrá olvidado?- Interrumpo la clase que me está dando la duquesa Matilde.
-¿El qué, Alteza?
-Llámame Haley- Pido.
-No me gusta ser tan informal.
-Por favor.
-Está bien, Haley- Accede a regañadientes.
-Es nuestro aniversario- Explico. -Hoy me pidió que fuese su novia.
-¿Suele recordar ese tipo de fechas?
-Sí, y de hecho recuerda muchas más. Por eso me resulta extraño no haberlo visto aún, siendo casi la hora de comer.
-Los hombres son así a veces. Y algunos no se acuerdan nunca de nada.
-Es que no tiene sentido que se haya olvidado.
-El rey te quiere mucho, eso salta a la vista, así que ha debido de ser un desliz. Recuerda que tiene muchas cosas en la cabeza.
-No sé...
-No debes esperar que se acuerde de todas las cosas. Te decepcionará muchas veces si lo haces.
-Quizás esté haciendo algo muy importante pero piensa volver pronto para que estemos juntos.
-Puede que sí o puede que no. En cualquier caso, intenta que no te afecte demasiado.
Continúa con las lecciones, pero es interrumpida por la doncella que me ayudó con la lencería.
-¿Qué pasa, Piper?- Indago.
-Las señoritas Evelyn, Judith y Willow están aquí.
-¿En serio?
-Sí, te están esperando.
-¿Podemos dejar las lecciones para otro momento?- Le pido a la duquesa. -Necesito hablar con mis amigas.
-Está bien.
Se marcha junto a la doncella, dejándome completamente a solas con mis pensamientos y mis dudas. No dura mucho, por suerte, porque enseguida aparecen las tres chicas por la puerta de la habitación de estudio.
Abrazo a todas y luego nos sentamos a conversar en los sillones.
-¿Hiciste lo que tenías planeado?- Indaga Evelyn, yendo directa al tema.
-Sí.
-¿Y qué tal?
-Fue abrumador en algunos momentos, pero la sensación general fue positiva.
-Y entonces... ¿Por qué pareces disgustada?- Pregunta Judith.
-Es que es nuestro aniversario y no lo he visto aún.
-Qué raro- Dice Evelyn.
-¿Vuestro aniversario es al día siguiente de su cumpleaños?- Cuestiona Willow.
-El año pasado aproveché su cumpleaños para venir a verlo, por eso me pidió que fuese su novia al día siguiente- Explico. -Pero creo que pretendía hacerlo ese mes, de todas maneras.
-Mientras no esté con otra...- Dice Judith. -No hay problema.
-No proyectes lo que te sucedió en Haley, Jud- La regaña Evelyn. -No hay nada que parezca indicar que el rey le sería infiel a Haley.
Judith rompió su relación hace apenas dos meses porque descubrió que su novio la engañaba con la chica que supuestamente era sólo una amiga de la infancia. Aún está muy sensible con el tema, y la entiendo. Debe ser devastador enterarte de algo así después de estar con esa persona durante un año y medio.
-Lo siento, es que ya no confío en los hombres- Se encoge de hombros.
-No todos son como Braxton- Le recuerda. -No debes ir con esa mentalidad.
-Creía que íbamos a comprometernos este año- Suspira. -No me lo esperaba para nada.
-Sé que no ayuda, pero...- Intervengo. -Al menos lo descubriste cuando "sólo" erais novios aún. Imagina que los hubieses pillado dentro de unos años, casada y con hijos en común. No podrías dejar de verlo nunca.
-Haley tiene razón- Dice Willow. -Él no pensaba cortar contigo, así que te habrías casado con un infiel sin saberlo.
-Sé que tenéis razón, pero... Duele. Duele demasiado.
-Piensa que tú no tienes tan poca dignidad y amor propio como la amante, que pensaba conformarse con ese título durante toda su vida- Añade Evelyn. -Ella no es la ganadora, aunque ahora te lo parezca.
-Exacto- Secundo. -Su primer plan no era casarse con ella, porque si lo fuese no habría iniciado una relación contigo. Simplemente quería tenerla disponible para sexo sin compromiso, pero tú le has fastidiado los planes.
-Es que siento que he perdido demasiado tiempo y...
-Jud, tienes 21 años- Le recuerda Willow. -Tienes tiempo de sobra para encontrar a uno que merezca la pena.
-Vosotras os casaréis y yo me quedaré soltera- Dramatiza.
-Ay, no exageres- Dice Evelyn.
-Tú misma te casas en marzo con Louis.
-¿Y? Eso no significa nada. No quiero que te apresures únicamente por querer casarte ya y acabes escogiendo al equivocado.
-No te preocupes, la próxima vez me aseguraré muy bien- Suspira. -De todas maneras, él y yo apenas... Apenas manteníamos relaciones.
-¿Por qué?- Cuestiono.
-Decía que me respetaba demasiado como para verme así- Rueda los ojos. -Así que lo hacíamos una o dos veces al mes y era porque yo insistía. Decía también que hacer mamadas era degradante y que los hombres les contaban a sus amigos cómo se la chupaba la chica.
Sé que Alexander no haría algo así, pero toda esta situación me sigue poniendo nerviosa, porque se fue con sus amigos y no lo he visto desde entonces. Me gustaría no preocuparme, pero es que no es nada típico de él desaparecer en un día como hoy. ¿Y si le ha pasado algo?
-No sobrepienses más, Haley- Evelyn adivina lo que pasa por mi mente. -Su ausencia tiene que tener una explicación lógica.
-Es que tengo un mal presentimiento- Confieso.
-¿Quieres que bailemos para que te distraigas?
-Sí, eso me gustaría mucho.
Yo nunca rechazaría bailar, pase lo que pase. Las guío hasta una de las salas de baile, que tiene el típico suelo que no resbala y muchos espejos para que nos veamos reflejadas en ellos.
Hacemos varias coreografías que nos sabemos todas porque nos las enseñaron en la academia y luego las invito a comer aquí. De primer plato tomamos unas lentejas, y de segundo atún a la plancha con pimientos.
Se marchan después de la comida y yo vuelvo a quedarme sola, porque ya no hay nadie conocido en el palacio. A Felix y Shira no los veo desde ayer, así que supongo que habrán dormido en su casa, al igual que el resto de la familia de Alexander.
Podría ir a buscar a Chris para averiguar si sabe algo de Jack, porque él sí que me podría llevar hasta Alexander. Son ya las seis de la tarde y no quiero ni puedo esperar más. Necesito saber lo que ha pasado exactamente. Si se le ha olvidado no es el fin del mundo, es un simple error. Ha hecho muchísimas cosas buenas por mí y no puedo montar un drama por esto.
Salgo a la calle acompañada de varios guardias, subo en uno de los carruajes disponibles y le pido al cochero que me lleve al alojamiento de Chris. Cuando llegamos subo directamente a su habitación, porque la recepcionista ya me conoce y por ende no es necesario que me identifique.
-¡Haley!- Se sorprende cuando me abre. -¿Qué sucede?
-Menos mal que estás aquí- Digo con alivio. -¿Cuándo fue la última vez que viste a Jack?
-Pues... ayer.
-¿Por la mañana o por la tarde?
-Pasamos la mañana juntos, comimos y luego se fue con sus amigos. Supongo que para prepararle alguna sorpresa a Alexander. ¿Por qué lo preguntas?
-¿Sabes dónde está Jack ahora? Es que no he visto a Alexander en todo el día y creo que podría llevarme hasta él.
-Volverá en algún momento, Haley.
-No, no lo entiendes, es que es nuestro aniversario.
-Oh.
-Necesito encontrarlo.
-Es que... Yo sólo podría llevarte a la casa de Jack, y no creo que él esté ahora allí.
-¿Y qué hago?
-Lo más razonable es volver al palacio y esperar a que vuelva. En algún momento tendrá que aparecer.
-Ya, tienes razón- Suspiro. -Pero quizás...
-¿Haley?- La aparición repentina de Jack me interrumpe. -¿Qué haces aquí?
-Qué bien que has venido, Jack- Respondo. -¿Sabes dónde está Alexander?
-Pues... no, la verdad- Su respuesta acaba con mis esperanzas. -Volvió al palacio de madrugada y no lo he visto en todo el día.
-Yo tampoco lo he visto en todo el día.
-Qué extraño.
-¿Dónde crees que puedo encontrarlo?
-¿Por qué es tan urgente?
-Es nuestro aniversario. ¿Crees que ha podido olvidarse?
-Me extrañaría, porque Alexander tiene muy buena memoria.
-Ya, pero no hay otra explicación.
-Podemos ir a buscarlo si quieres- Propone.
-¿A dónde?
-¿Te acuerdas de la casa en la que estuviste el año pasado cuando viniste a ver a Alexander por su cumpleaños?
-Sí.
-Pues creo que puede estar allí, porque ayer se acordó de que uno de los libros que tenía en la librería de esa casa contenía información sobre su nueva espada. Información que pasó por alto en su momento porque no pensaba que iba a necesitarla.
-Oh.
-Puede que haya descubierto algo importante y se le haya ido la hora.
-Vamos para allá.
Bajamos y nos subimos los tres en el carruaje. Chris y Jack conversan animadamente durante todo el camino, pero yo sólo puedo pensar en lo que le voy a decir a Alexander cuando lo vea.
-Parece que está todo a oscuras- Comenta Jack cuando llegamos. -Esperad aquí, voy a ver si está dentro.
Se aventura dentro y vuelve a salir un par de minutos después, negando con la cabeza.
-No está.
-Quizás debamos volver al palacio- Sugiero.
-Espera, tengo otra idea. Si no recuerdo mal, iba a reunirse con el marqués de Dealby y el duque de Arcchester para que zanjasen sus disputas en presencia suya, porque están ocasionando pérdidas económicas. El 10 de enero me suena mucho como fecha.
-Eso explicaría por qué no ha aparecido en todo el día, pero... No entiendo por qué no se reunió con ellos en el Palacio.
-A veces le gusta reunirse en el restaurante Vlogas, porque es su favorito y quiere darles dinero. Le gusta comer en el piso de arriba porque tiene un ventanal enorme desde el que se ve parte de la ciudad, especialmente cuando está nevada como ahora.
-Sé a cuál te refieres, estuve allí el año pasado. Vamos allí y si no ya volvemos al palacio.
Jack le da la orden al cochero y nos ponemos en marcha. Sólo nos demoramos unos pocos minutos, porque tanto la casa como el restaurante están en la mejor zona de la ciudad.
Jack es el único en entrar. Esta vez tarda más, porque el piso más alto es el décimo, así que no lo volvemos a ver hasta 10 minutos después.
-Está aquí y te está esperando- El corazón comienza a latirme con rapidez cuando escucho sus palabras. -Pero tengo malas noticias para ti. No se acordaba y ahora se siente fatal. No seas demasiado dura con él.
No respondo, sólo me limito a adentrarme en el restaurante por la puerta trasera y subo hasta el último piso lo más rápido que puedo.
-Alexander, yo...
Las palabras se me atascan en la garganta cuando observo todo lo que tengo frente a mi. El piso está bastante vacío, porque han retirado todas las mesas excepto una, que está dispuesta cerca del ventanal con un mantel rojo, platos, copas y velas.
Pero lo más impresionante no es eso. Lo más impresionante son los cientos de flores que hay apiladas en la pared del fondo, desde la esquina izquierda hasta la esquina que da con el ventanal. Hay decenas de flores de cristal, aquellas que iban a entregar como premio al ganador del duelo, aunque creo recordar que sólo era un ramo pequeño. El resto de flores son rosas de muchos colores variados, incluyendo amarillo, azul, naranja, rojo, rosa, púrpura y blanco. La combinación de todas juntas es demasiado hermosa.
-Feliz aniversario, cariño- Dice Alexander ante mi falta de palabras.
-¿Qué...?¿Qué...?
-¿Creías verdaderamente que me había olvidado?- Pregunta. -¿Cómo iba a olvidarme de nuestro aniversario?
-No entiendo nada ahora mismo.
-Te pedí que fueras mi novia justo aquí, hace un año. Por ende pensé que sería el lugar ideal para celebrar nuestro aniversario.
-Pero... ¿Qué es todo esto?- Aún no salgo de mi asombro.
-¿Te refieres a las flores? Verás, me dieron el ramo de flores de cristal cuando gané el duelo contra Valencourt, pero me parecía demasiado poco para regalártelo en ese momento, así que hace unos meses mandé a unos botánicos a buscar más a los valles de las cordilleras.
-¿En... en serio?
-Sí. Y ahora, como ves, hay 70 flores de cristal. El resto son rosas de varios colores. Lo consideré apropiado porque nos dimos nuestro primer beso en la rosaleda de Borenia y te encantaron.
-Pero... pero... ¿Cuántas hay?
-Hay exactamente 612 flores. Una por cada día desde que nos conocemos.
Sigo sin poder creer lo que veo, porque es demasiado maravilloso como para ser real. Los sentimientos me avasallan, especialmente cuando recuerdo que pensaba que se había olvidado de nuestro día. Iba a regañarlo por ello cuando él estaba terminando de prepararme esta sorpresa maravillosa.
Comienzo a sentirme mal por lo tonta que he sido. Debería haber supuesto algo así, porque él nunca me ha dado razones para pensar que iba a olvidarse de un día tan importante como este. Y sin embargo, me dejé guiar por las dudas y los temores.
Los ojos se me llenan de lágrimas de un momento a otro. Trato de limpiarme antes de que las vea, pero evidentemente fracaso.
-Ey, ¿Qué pasa?- Llega hasta mí y me rodea con sus brazos.
-Nada, es sólo que...
-No has hecho nada mal- Asegura, depositando un beso en mi frente. -No supiste nada en todo el día y eso te dio pie a pensar cosas.
-Perdón, es que me he sentido mal y... A veces cuando me pasa eso no puedo controlarlo y lloro.
-No quiero que llores por mi causa. Bueno, no me gusta que llores en general, pero mucho menos por mi.
-Lo sé- Apoyo la cabeza en su pecho y cierro los ojos.
-Mi objetivo no es mojarte los ojos precisamente...
Su ocurrencia me arranca una carcajada incontrolable, la cual le contagio a él unos pocos segundos después. Es increíble la habilidad que tiene para hacerme reír en cualquier momento, nunca me cansaré de repetirlo.
-¿Nos sentamos a cenar?- Pregunta. -Que deben estar a punto de servirnos los entrantes.
-Sí, vamos.
Nos sentamos en la mesa y sonrío enormemente cuando descubro las palabras que están bordadas en mi servilleta.
-Princesa valiente- Leo. -Hacía mucho que no me llamabas así.
-Muy mal por mi parte, porque es uno de los apodos que mejor te define.
-¿Has puesto algo en la tuya?- Indago.
-Sí- La coge y me la extiende.
-El mejor partido del mundo- Leo. -Cómo no.
-Y ese es uno de los que mejor me define a mi.
-Lo que mejor te define es vanidoso, jactancioso, arrogante, altanero, creído, orgulloso...
-Presumo porque sé lo que valgo y lo que puedo conseguir. Otros presumen por estupidez.
-¿Y yo estoy a tu nivel? Porque eso que describes es un nivel muy alto.
-Claro que sí, si no no te habría elegido.
-A lo mejor te has equivocado en tu elección.
-Lo dudo. Me he equivocado varias veces a lo largo de mi vida, pero esta no es una de ellas. Este es uno de mis mayores aciertos.
-Estás muy seguro.
-Cuando lo sabes, lo sabes- Declara, mirándome con intensidad.
-Bueno, opino que ese dicho es cierto- Admito. -Aunque no creo que siempre se cumpla.
-Claro que no, porque depende del juicio que tenga cada persona. Yo, por suerte, tengo un juicio inmejorable.
-Es imposible que dejes de presumir tanto, ¿Verdad?
-Sí- Confirma. -Pero no sólo presumo de mis cualidades, también de ti.
Un camarero aparece y nos sirve vino y un par de platos de entrantes, que son unos champiñones rellenos de puerro y queso azul.
-¿Qué vamos a hacer con las flores?- Miro hacia donde se encuentran.
-Nos las llevaremos al palacio para que las puedas ver cuando quieras.
-Me encargaré de cuidar el agua de todos los floreros para que no se marchite ninguna.
-Podemos encargarle la tarea a otra persona.
-No, quiero hacerlo yo.
-Son muchas flores.
-Bueno, no van a estar en 612 floreros. Pondremos unas 10 o 15 en cada uno.
-Como desees. Ahora son de tu propiedad, así que la decisión sobre su distribución es tuya.
-Entonces puedo ponerlas todas en nuestra habitación- Bromeo.
-Mmmmm...
-Has dicho que era decisión mía.
-Sí...
-Así tendrías una visión hermosa cuando te despertases todas las mañanas.
-No necesito las flores para eso- Enarca las cejas.
-¿No te cansas de halagarme?- Me sonrojo un poco.
-Ni un poco. Es difícil que me canse de algo que realmente me gusta.
-¿Tus amigos no se burlan de lo romántico que te has vuelto?- Indago.
-Sí, es un infierno- Dramatiza.
-Tanto no será cuando te ayudan a engañarme- Elevo una ceja.
-Más que eso, me ayudaron a quitar todas las mesas y sillas y a colocar todas las flores, porque no quería quitarles tiempo a los empleados que trabajan aquí. Luego Jack se fue a buscar a su novia para que te entretuviera un tiempo antes de que esto estuviera listo, pero resulta que ya estabas allí.
-Estaba intentando encontrarte.
-De verdad, qué enamorada estás de mi.
-Pues ya no lo voy a estar.
-Creo que eso no va así.
-Ya verás como sí.
-Me cuelo hasta en tus sueños.
-Mentira- Niego, sabiendo perfectamente que es verdad.
-Ya te he oído mencionar mi nombre varias veces.
-Yo no hablo en sueños.
-Sí lo haces cuando sueñas conmigo. Te emocionas tanto por estar conmigo que te sale hablar aún estando dormida.
El camarero vuelve a entrar y nos sirve el primer plato, una sopa de marisco para Alexander y una ensalada de pasta con nueces y manzana para mi.
-Pues seguro que tú también sueñas conmigo.
-Sí- Confirma.
-¿Ves?
-Eres mi sueño favorito.
-Bueno, vale, tú también eres el mío- Admito. -¿Contento?
-Mucho.
-No te callas hasta que te digo lo que quieres oír.
-Lo que quiero oír es la realidad- Corrige.
-Bueno.
Me mira fijamente durante unos segundos, para luego negar con la cabeza. ¿En qué está pensando?
-¿Qué pasa?
-Nada.
-En serio.
-Nada.
-Alexander...
-Acabo de recordar algo que no procede ahora mismo.
-¿El qué?
-No quieres saberlo.
-Sí quiero.
-Tú misma- Suspira. -Me ha venido a la cabeza de repente mi gran premio de ayer.
Esta vez me pongo más roja aún que los trozos de tomate que tengo en mi plato.
-Oh.
-¿Te gustó?
-No sé.
-Entonces no dejaré que lo hagas más.
-Vale, sí, supongo que me gustó.
-¿Qué más sentías cuando la tenías en la boca?
-Nada.
-Mentirosilla.
-Mejor cambiemos de tema.
Hablamos de otras cosas hasta que nos traen el segundo plato, unos minutos después. Alexander toma pollo en salsa de ciruelas y yo solomillo a la naranja. Comemos con mucho gusto, observando las hermosas vistas que nos ofrece el ventanal, y luego nos retiran los platos antes de traer el postre.
-¿Qué has escogido como postre?- Cuestiono.
-Es una sorpresa.
-No, dime.
-Mira, ahí está.
El camarero entra de nuevo con una tarta de merengue y limón, la cual deposita sobre la mesa.
-Te quiero- No me contengo.
-Lo sé.
-Dijiste que te guardabas la idea para el futuro.
-El día siguiente es el futuro- Me recuerda.
Partimos varios trozos y comenzamos a comer de inmediato. Cómo me gusta que recuerde las cosas que sugiero.
-Sabe mejor de lo que esperaba- Admito.
-Es la mezcla de nuestros sabores favoritos. Tiene que estar bueno porque nosotros mezclamos muy bien.
-Es curioso, porque mucha gente no entiende cómo estamos juntos si tenemos personalidades tan diferentes- Comento.
-Yo no podría estar con una mujer que tuviese una personalidad similar a la mía, porque chocaríamos todo el rato y eso a la larga es inviable. Pero tener cosas en común no es lo mismo que tener la misma personalidad. Tienes que estar con alguien con el que compartas ciertos intereses, ideas y objetivos, claro, porque tu relación o matrimonio no funcionará si no es así. Pero lo mejor es estar con alguien cuya personalidad te complemente.
-Que tenga lo que a ti te falta- Añado.
-Exacto- Se apoya por completo en el respaldo de la silla. -Pero entiendo a lo que se refieren en realidad. Tú eres el tipo de mujer a la que le encanta que su novio la mime mucho y sea romántico con ella y... Yo no tengo fama de ser un hombre amoroso precisamente.
-Y les cuesta creer que puedas serlo conmigo.
-Sí, pero bueno. Su opinión me es irrelevante.
Terminamos de comer la cantidad que cada uno quería de tarta, y es entonces cuando Alexander me sorprende con una proposición.
-¿Quieres bailar?
-¿Aquí?
-Claro. ¿Por qué crees que quise dejar el espacio vacío?
-No me lo había planteado- Confieso.
-¿Quieres?
-Claro que sí.
Nos levantamos y caminamos hacia el centro del piso. Yo no puedo ser más feliz, porque bailar es una de mis actividades favoritas en el mundo, y él... Él es mi compañía favorita.
-¿Quieres que pida que vengan a tocar música?- Sugiere.
-No, prefiero que estemos solos.
-¿Segura?
-Sí.
Comenzamos con el baile lento, moviéndonos coordinadamente. Este tipo de baile es uno de los que más me gusta, porque su mayor característica es la intimidad que desprende. La necesidad de escoger como compañero a alguien con el que tengas una gran conexión.
¿Puedes hacerlo con otra persona? Sí, pero no es lo mismo, y en muchos casos te sentirás incómoda si lo haces.
-Gracias por todo esto- Digo con sinceridad. -Ha sido maravilloso.
-Al igual que lo que preparaste tú para mi cumpleaños.
-Quería que fuese memorable.
-Lo fue.
-Espero que no sólo por lo último que pasó.
-Pues así es.
-Alexander...
-Es broma, es broma. Me gustó mucho tu juego.
-Lo preparé con mucho amor.
-Lo sé.
Continuamos moviéndonos en silencio durante un rato. Con la mayoría de personas siento que debo hablar casi constantemente para rellenar los huecos, porque si no se produce un momento incómodo.
Con él no es así. Con él puedo estar en silencio, pensando en mis cosas, sin sentir presión para decir algo. Simplemente disfrutando de su presencia física, de su cercanía. Algo que se ha convertido en un pilar muy importante en mi vida, probablemente el más importante. Por eso sé que la decisión de mudarme con él ha sido la mejor decisión de mi vida.
-Te amo- Susurro. -Demasiado.
-Soy la persona por la que más has sentido- Se jacta.
-Puede que eso cambie con el tiempo- Lo molesto. -Puede que conozca a otro que me haga sentir más.
-Eso no va a suceder.
-O sí.
-¿Soy el amor de tu vida?- Pregunta de repente.
No me esperaba esa pregunta, pero aún menos saber la respuesta inmediatamente.
-Pasé 10 años odiando a Thomas con mi vida y jurando que sentía lo mismo hacia todos los Larssen. Y verdaderamente lo sentía. Sin embargo... Tardé meses en enamorarme de ti- Confieso. -Podía no aceptarlo mentalmente, pero así fue. Acabaste con una década de odio en meses, consiguiendo que crease un sentimiento más fuerte hacia ti con el tiempo. Algo que parecía imposible. Así que... ¿Tú qué crees?
-Que soy increíble si conseguí eso.
-Ay, de verdad.
-Es broma, es broma. Tú también eres el amor de mi vida.
-¿Cuándo lo supiste?
-Pues no fue en ningún momento icónico- Confiesa. -Un día cualquiera, hará cosa de dos meses, estabas dormida sobre mi pecho cuando me desperté. Tenía pensado madrugar para ejercitarme, como siempre, pero ese día decidí quedarme y esperar a que despertases. Cuando lo hiciste me miraste y me ofreciste la sonrisa más hermosa que había visto jamás. En ese momento lo supe. Supe que quería ver esa sonrisa durante el resto de mi vida.
-¿En serio?
-Sí.
Mira hacia la ciudad durante un pequeño rato, pensando en algo que no logro descifrar esta vez.
-Este no sólo es el lugar ideal para celebrar nuestro aniversario- Habla finalmente.
-¿A qué te refieres?- Lo miro sin comprender.
Su vista vuelve a centrarse en mí, pero no me responde. Se mantiene en silencio durante unos pocos segundos, hasta que...
El corazón se me quiere salir del pecho cuando se arrodilla ante mí, sacando una pequeña cajita negra del bolsillo de su camisa.
-Haley Noelle Antilles- Abre la cajita, mostrando el anillo de compromiso más hermoso que haya visto nunca. -¿Quieres casarte conmigo y convertirte en mi reina?