Capítulo 5 Cuarto

-Ellos son William y Melissa Russell- Alexander los presenta cuando nos ve. -Y ella es su hija Irya.

-Un placer- Responde su tía. -Yo soy Shira Larssen, y él es mi marido, el general Felix Keaton.

-El placer es nuestro- Asegura el tío Will.

-Yo soy Irya- Habla mi hermanita.

-Ya te he presentado- Dice Alexander.

-Pero quería presentarme yo también.

-¿Qué edad tienes, Irya?- Indaga Shira.

-9 años y 7 meses- Responde orgullosa. -Pero sé que parezco más pequeña.

-Un poco, sí.

-Parece que tienes 6 años- La provoca Alexander.

-Mentira.

-La realidad es difícil de aceptar a veces- Se encoge de hombros.

-No parezco de 6 años- Se cruza de brazos.

-Si tú lo dices...

-Pues le voy a recomendar a Kai y a Emma que llamen a su bebé Alexander, así compartes el nombre con él.

-No llegarás antes de que nazca. Viven en Jadine, no en Cráteris.

-¿Quiénes son Emma y Kai?- Cuestiona Shira.

-Son amigos míos y están esperando un bebé- Explico. -Puede que ya haya dado a luz, porque sale de cuentas el 9 de enero.

-Pero... ¿Qué edad tienen?

-Él tiene 22 y ella tiene 21, pero están casados ya.

-¿Querían ser padres jóvenes?- Indaga Felix.

-No, más bien fue una sorpresa- Omito que de hecho habían cortado antes de enterarse del embarazo. -Pero antes de irme me dio la impresión de que estaban felices con ello.

-Cuando Emma tenga 30, su hijo o hija tendrá mi edad- Calcula Irya. -Yo estaba en la barriga de mamá cuando ella tenía 30. ¿Qué edad tenía la tuya, Haley?

-Pues... Tenía 25 cuando se quedó embarazada y 26 cuando nací.

Nos sentamos todos en la mesa, porque ya están sirviendo la cena. Hoy tenemos crema de calabaza de primer plato y lubina de segundo, además de diversas frutas de postre, como siempre. A veces cenamos un único plato, dependiendo de lo contundente que este sea.

Sin embargo, el primer plato suele ser alguna modalidad de ensalada, crema o sopa, así que suelen optar por añadir un segundo. Agradezco que Irya sea una niña que come bien desde siempre, porque sé que hay muchos niños que necesitan un menú adaptado a ellos. A varios de los primos de Alexander les pasa, e incluso yo misma era así de pequeña.

La diferencia es que mis padres no aceptaban un no por respuesta y me obligaban a comer lo que no me gustaba. Muchas veces me ponía a llorar y tardaba mucho, así que todos se levantaban cuando acababan y la niñera tenía que encargarse de que yo me comiera todo. Sé que yo le daba pena muchas veces, pero se veía obligada a seguir las órdenes de mis padres porque ellos eran quienes le pagaban.

Todo cambió cuando comencé a vivir con los tíos, porque nunca me obligaron a comer nada que no me gustase. Al inicio me ofrecían únicamente lo que me gustaba o lo que toleraba, pero con el paso del tiempo comenzaron a animarme a probar más cosas. Supongo que mi gusto se transformó con el transcurso de los años, y al final la mayoría de cosas que odiaba de niña me acabaron gustando.

-¿Y tu madre cuántos años tenía, Alexander?- Pregunta Irya después de probar la crema de calabaza.

Mi novio se tensa ligeramente, porque sé que es un tema del que no le gusta hablar, especialmente desde lo que insinuó la extraña mujer que le entregó la espada. Pero claro, Irya no sabe nada de eso.

-Tenía 26 cuando se quedó embarazada- Responde después de unos segundos de silencio.

-¿Y dónde está?- Cuestiona.

Yo pensaba que Irya sabía que estaba muerta, pero ya veo que me equivocaba.

-Murió.

-Oh, vaya, lo siento.

-Fue hace mucho tiempo ya- Trata de quitarle importancia.

-¿Cuánto?

-Pues... los años que tengo yo.

-¿Por qué murió tan joven?

-Cariño, eso es un poco privado- Le dice la tía Mel. -¿Por qué no cambiamos de tema?

-Bueno, vale. ¿Cuándo me vas a dejar sentarme en el trono?- El cambio abrupto me sorprende.

-No recuerdo haberte prometido eso.

-Papá, mamá y Haley lo escucharon.

-¿En serio?

-¡Sí, Alexander!

-Está bromeando, él siempre cumple sus promesas- Afirma Felix, mirándolo.

-Podré ser muchas cosas, pero jamás un hombre sin palabra- Explica. -Cuando prometo algo en serio, lo cumplo.

-Pues esa es una cualidad que no se suele dar mucho en los reyes- Se lamenta el tío Will. -La mayoría prometen cosas para contentar a unos y a otros y acaban haciendo siempre lo que les conviene únicamente a ellos. Lo noté especialmente durante mi etapa en la Resistencia.

-Respecto a eso, siempre he tenido una duda- Comenta Felix. -¿Cómo es posible que la misma organización escogiese como líderes a dos hombres tan distintos? Jonathan Beckeler y tú erais polos opuestos, al menos desde mi perspectiva.

-Supongo que eran distintas etapas con necesidades también distintas.

-A mi me dijeron que Jonathan amañó la votación- Intervengo.

-Sí, estoy seguro de que eso fue lo que pasó- Me apoya Alexander. -No es posible que la mayoría votase a Beckeler mayor, que era aún más insoportable que Beckeler menor.

-No os lo voy a negar- Admite el tío Will. -Pero también hay que decir que no todos los miembros que votaban se guiaban por los mismos intereses. A algunos no les importaba demasiado el bienestar de la organización.

-Pues es lo mismo que sucedía con el consejo de Thomas- Comenta Shira. -Los nobles buscaban su propio beneficio a costa del reino, y él lo permitía porque sabía que era la única forma que tenía de mantenerse en el poder.

-Bueno, no sólo con el de Thomas- Replica Alexander. -El consejo de Julen también debía ser así.

-No tanto durante su primera etapa, pero he de reconocer que la segunda ha sido desastrosa en ese sentido- Revela el tío Will. -Me sentía bastante sólo, sobre todo respecto a algunos temas. Mi hermano era conocedor de su debilidad y siempre tendía a hacer caso a la mayoría para que no maquinaran a sus espaldas. Sabía que la población no tardaría en levantarse contra él si los nobles los alentaban.

-El error fue no coronar a Matt desde el inicio- Apunta Alexander. -Lo que necesitaba Velstand era iniciar una etapa completamente nueva, no anclarse en un pasado que ya no existía.

-En aquel momento estábamos eufóricos por el reencuentro y no pensamos en ello, la verdad- Se lamenta el tío.

-Papá tampoco habría aceptado- Musito.

El problema principal siempre ha sido él. Si Matt le hubiese dicho en septiembre de 1552 que no debía retomar el trono se lo habría tomado muy mal, y lo más probable es que ni siquiera le hubiese hecho caso. Papá carece de ciertas cosas, pero el ego y el orgullo no están entre ellas. Eso lo tiene en grandes cantidades.

-Bueno, lo importante es que tu hermano ya es el rey y debemos confiar en él.

-¿Estás también en su consejo, no?- Indaga Shira.

-Así es- Confirma. -Aunque a mi hermano le disgusta, porque aún sigue enfadado conmigo.

-¿Por qué?

-Por ocultarle la relación de Alexander y Haley. Pero era imposible no ocultársela, porque sabía que iba a reaccionar exactamente como lo ha hecho.

-Supongo que no podíamos conseguir que todos lo aceptasen- Suspira Shira. -Pero sigue siendo triste.

-A mi no me lo parece- Replica Alexander. -¿Qué más da que a Julen no le parezca bien? Está claro que su opinión nunca es la mejor.

-A Gabriella tampoco le parece bien- Interviene la tía Mel. -Siempre me suelta sermones sobre ello cuando voy a ver a Will.

-¿En serio?- Pregunto.

-Sí. Quiere que hable contigo al respecto y te convenza de dejarlo, porque dice que a ella no le vas a hacer caso.

-¿A quién le sorprende? Gabriella pensará lo que piense Julen- Dice Alexander.

-Matt ha hablado con ella a solas varias veces, pero no ha conseguido ningún avance- Revela.

-Supongo que es muy complicado abandonar esa forma de pensar cuando te han educado así desde que eras pequeña- Comenta Shira. -Yo tuve suerte, porque mis padres no pensaban de esa manera, así que no me educaron para ser una mujer sumisa. Thomas intentó convertirme en una, pero yo tenía ya 16 años cuando él llegó al trono. Ya había crecido con otra mentalidad, así que no lo consiguió.

-¿Qué es ser sumisa?- Cuestiona Irya.

-En este contexto, es una mujer dócil, que obedece a su marido en todo. Que elimina su personalidad y sus ideas para acomodarse a las de él- Explica su madre. -Es decir, deja de ser una persona individual para convertirse en una extensión de él.

-Entonces yo seré lo contrario de sumisa- Asegura.

-Pues así debe ser- Dice el tío Will. -El matrimonio es un enlace entre iguales, no una jerarquía.

Desgraciadamente, el problema no lo tiene únicamente mi madre o mis abuelos. Es un problema estructural, es decir, la sociedad está constituida así. Para empezar, las herencias importantes casi siempre recaen en el primer hijo varón. Esto se debe a varias razones, pero la principal es que se cree que las mujeres no están igual de capacitadas para ostentar un cargo de poder.

Esto no quiere decir que sea imposible que una mujer llegue a tener un cargo importante que no se consiga a través de una herencia, pero debe esforzarse 10 veces más que un hombre para obtener el mismo puesto y reconocimiento. Muchas veces eso no basta y se ven obligadas a acostarse con alguno para ascender, aunque no todas están dispuestas a ello, claro.

El consejo de gobierno de Turjol incluía dos mujeres, pero esto no significa que estén más avanzados. Lo más probable es que fuesen hijas o esposas de algún miembro presente, o quizás incluso amantes. No quiero desmeritar su esfuerzo y trabajo, porque estoy segura de que eran más válidas que bastantes de los presentes, pero sé que para una mujer es prácticamente imposible alcanzar esa posición si no eres "hija de", "hermana de", "mujer de", o "amante de".

Por eso la inmensa mayoría de consejos ni siquiera incluyen mujeres. Sin ir más lejos, creo que el de Alexander no las incluye. Pero claro, él escoge entre los mejores, entre los que llegaron a lo más alto, y a las mujeres no se les ha permitido llegar hasta allí.

Cuando comienza la educación universitaria se produce una disparidad de género, porque un porcentaje de mujeres no logra acceder a ella por diversos motivos. Esta disparidad es aún mayor en ciertos grados centrados en la política y la economía, en los que el porcentaje de mujeres es bajísimo, porque se les dice que no valen para eso.

Además, las mejores universidades son bastante caras. Por ello, sólo pueden acceder los jóvenes que nacieron en una familia adinerada. Existen algunas becas, pero tienes que ser prácticamente un genio para conseguirlas. Tienes que ser un Reuben, por ejemplo, que iba dos cursos por delante debido a lo inteligente que era.

También sabemos que es más difícil que le concedan una beca a una mujer, así que podemos decir que sólo las que nacieron en familias adineradas o nobles pueden estudiar en sitios tan prestigiosos. Pero ese tipo de familias suelen ser bastante conservadoras, por lo que presionan a sus hijas para que estudien otra cosa o para que se casen jóvenes.

Me percato de que la conversación ha cambiado en este tiempo en el que he estado abstraída, así que ya no sé de qué están hablando.

-¿Cuándo os conocisteis?- Pregunta la tía Mel, creo que a Felix y a Alexander.

-Cuando Alexander llegó a la academia, en 1540. Hace 13 años ya.

-Qué largos se me han hecho- Bromea Alexander.

-Como me provoques voy a empezar a contar las cosas que hacías y decías con esa edad.

-Puedes contarlas, porque yo fui maravilloso a todas las edades.

-Yo también seré así- Comenta Irya.

-¿Qué quieres ser de mayor, Irya?- Indaga Shira.

-Pues... Me gusta hablar en público, así que supongo que algo que tenga que ver con eso.

-La interpretación se le da muy bien- Apunta su madre.

-No me sorprende que te guste subirte a los escenarios y captar la atención del público- Comenta Alexander.

-A ti también te gusta captar atención- Replica mi hermanita. -Y hablar en público.

-Sí, supongo que me resulta fácil.

-Pero tú has llegado al siguiente nivel, porque Haley me dijo que en el desfile en el que chilló Kai levantaste la mano y se quedó en silencio toda la plaza.

-Ah, ya.

-¿Cómo lo hiciste?- Indaga con curiosidad, mientras su madre intenta que no se olvide de comer la lubina por estar hablando.

-Un mago nunca desvela sus trucos.

-Ay, di- Suplica.

-Supongo que desprendo esa energía- Mi novio se encoge de hombros mientras se sirve más lubina.

-Pero... ¿No has hecho nada especial para conseguirlo?

-Supongo que obtener el respeto de muchos gracias a mis éxitos. Cuanto más te respeten y admiren, más les interesa lo que vayas a decir. Por eso se quedaron en silencio, aunque seguramente otro factor fue la expectación.

-Pero tu actitud también contribuía- Intervengo. -O al menos a mi me dio esa sensación en su momento.

-Bueno, no te lo niego. La confianza y la seguridad son claves para que te respeten.

Lo son, porque son cualidades muy complicadas de obtener. Hay muchas personas que aparentan ser seguras de sí mismas, pero luego te das cuenta de que eso es sólo una fachada detrás de la que se esconde una gran inseguridad.

-Ya sé cómo ganar confianza- Informa Irya.

-Pues yo te veo bastante confiada- Alexander eleva una ceja. -Lo eres más que la mayoría de niños de tu edad.

-¿Cómo no iba a serlo si soy la única hija del mejor líder que ha tenido la Resistencia y consejero de 2 reyes de Velstand, prima del actual rey de Velstand y del futuro rey de Zemere, y hermana de la futura reina de Kalaryan? Además, un experto vio el cuadro que pintó mamá el mes pasado y dijo que tenía muchísimo potencial, así que posiblemente se convierta en una gran pintora.

-¡¿Qué?!- Eso último me pilla completamente por sorpresa.

-Irya, dijimos que no lo ibas a contar hasta que hubiese una decisión firme- La tía Mel suspira.

-¿Decisión sobre qué?- Cuestiono.

-Ese hombre me recomendó que me presentase al examen de admisión de la Academia Cypress de Cráteris. Bueno, no es un examen como tal, tienes que entregar 3 obras de arte hechas por ti al comité de admisiones. Ellos decidirán si estás dentro o no basándose en el potencial que sientan.

-¿Pintas desde hace mucho?- Pregunta Shira.

-Siempre me ha gustado, y de hecho quise estudiar los 3 años de Bellas Artes, pero a mis padres no les pareció buena idea. Me convencieron de que me olvidase de ello, así que dejé un poco de lado la pintura durante bastantes años. Pensé en retomarla con seriedad y estudiar varias veces, pero siempre he encontrado algo que me lo impedía en los últimos... 15 años.

-Pues ahora tienes que hacerlo- La animo. -No sé por qué tienes dudas.

-Cree que eso le va a quitar atención a Irya, pero ya le he dicho que no será así- Explica el tío Will.

-Yo estaré bien atendida- Asegura la mencionada.

-Tienes que hacerlo- La anima Shira también. -O te arrepentirás.

-Bueno, bueno, dejad que lo medite una última vez. De todas maneras tengo tiempo, porque el curso no comenzaría hasta septiembre del año que viene.

-Lo harás, mamá- Decide Irya. -Pero ahora volvamos con un tema que no quiero que se olvide.

-Que sí, que ahora te llevo al trono- Alexander se ríe. -Pero primero termina de comer.

No hace falta que se lo repita, porque Irya termina el pescado y luego la mandarina que escoge en cuestión de pocos minutos. Luego se levanta y se detiene justo al lado de Alexander, dedicándole una mirada inquisitoria.

-Tenemos que esperar a que acabe tu hermana- Le dice mi novio.

Lo observa durante unos segundos, parpadeando rápidamente, y luego se acerca a mi y se queda de pie a mi lado.

-Venga, Haley. Venga, Haley. Venga, Haley. Venga, Haley. Venga, Haley. Venga, Haley. Venga, Haley. Ven...

-Que sí, que ya voy- Trato de comerme las cerezas lo más rápido posible para que no se ponga demasiado pesada.

Cuando termino, un par de minutos después, nos levantamos los tres y nos dirigimos a la sala del trono. Nuestros tíos deciden quedarse, porque supongo que quieren hablar de cosas que no quieren decir delante de nosotros. Más probablemente delante de Irya.

-Aquí se respira poder- Comenta ella cuando llegamos, mirando a todos lados con los ojos muy abiertos.

-Pues realmente es un poder simbólico- Dice Alexander.

-¿Qué significa eso?

-El trono sólo es un símbolo del poder real, una simple representación- Explica. -Las decisiones importantes del reino no se toman aquí.

-¿Y dónde se toman?

-Pues depende. A veces en la sala del consejo, otras veces en mi despacho, otras en la sala de reuniones de la sede militar, otras en la sala de reuniones del ayuntamiento de la ciudad que esté visitando...

-¿Y te pones la corona en esos sitios?

-No, la corona sólo se utiliza para actos especiales.

-¿Por qué?

-Porque pesa mucho, y de todas maneras una corona no te convierte en rey. Si necesitas portar una corona para que te respeten no mereces ser el rey, y mucho menos de un reino tan grandioso como Kalaryan.

-El mejor del mundo- Afirma mi hermanita.

-Así es.

No me extraña que se compenetren tan bien, porque algunos aspectos de su personalidad son parecidos. Ambos son confiados, orgullosos, les es indiferente el juicio de la gente, no les importa decir exactamente lo que piensan y les gusta presumir de lo que son o de lo que tienen. Y bueno, también les gusta burlarse de cierto tipo de personas.

Llegamos hasta el trono, pero Irya no se sienta de inmediato. Lo analiza durante unos segundos con los ojos brillantes, y luego respira hondo, como si estuviera a punto de hacer algo impresionante.

Alexander la ayuda a subirse, porque el trono de oro y terciopelo rojo está fabricado a medida para él. Supongo que lo cambió porque no quería sentarse en el mismo lugar en el que se sentó Thomas durante 25 años.

-Así que así se siente ser tú- Comenta, apoyando los brazos en el reposabrazos y agitando los pies, que le cuelgan en la parte delantera.

-¿Te gusta la sensación?

-Sí. Todo el colegio se va a enterar de esto cuando vuelva.

-Se van a morir de la envidia- Alexander le sigue el juego.

-Hasta los profesores lo van a hacer.

-Nunca te pondrán malas notas.

-Yo no saco malas notas. De hecho, soy la tercera mejor de mi clase.

-¿Y te conformas con ser la tercera mejor?- Enarca una ceja.

-Nunca lo había pensado.

-Los que tienen éxito nunca son los conformistas.

-Es verdad.

-Pero a lo mejor tú no tienes capacidad para ser la mejor...

-¡Sí la tengo!

-No sé yo...

-Puedo llegar a ser la mejor del curso- Asegura.

-Me gustaría ver eso.

-¿Tú eras el mejor de tu curso en la academia militar?

-Nunca me conformé con menos, y eso me abrió muchas puertas.

-Ya.

-Y tú lo vas a tener más difícil, porque eres mujer, y a muchos no les gusta ver a mujeres exitosas. No les pongas más fácil el subestimarte.

Asiente y se mantiene en silencio durante unos segundos, pensativa.

-¿Haley tendrá un trono cuando os caséis?- Pregunta, observándome.

-Claro, pero el suyo será más bajo, porque ella es bajita.

-Que no soy baja, que soy de estatura media- Pongo los brazos en jarras. -¿Cuántas veces tengo que repetirlo?

-Lo siento, es que lo pareces cuando te comparo conmigo.

-Bueno, es que tú eres una torre.

-Sí, soy grande en todos los sentidos- Afirma con orgullo. -Y me encanta serlo.

-Y tú primero estuviste con el delgaducho de David- Me critica Irya. -Qué mal gusto tenías.

-Pero no tiene nada de malo ser delgado. Además, yo no quiero a Alexander por su cuerpo. La relación no duraría en el tiempo si fuese así de superficial.

-Pero te gusta mucho mi cuerpo, no lo niegues.

-A ver, sí, pero no es lo principal ni mucho menos.

Eso es algo que he tenido claro desde hace mucho. Tu relación está abocada al fracaso si escoges a tu pareja únicamente por su físico, porque el físico empeora con el tiempo debido al envejecimiento.

Alexander me atrae mucho, eso está claro, y al fin y al cabo también es necesario que estés con alguien que te atraiga cuando eres joven. Para mi sería imposible disfrutar las relaciones sexuales si Alexander no me atrayese, y estoy segura de que esto se cumple para la inmensa mayoría de personas.

Pero también creo que el amor que sientes hacia alguien puede conseguir que lo veas más atractivo de lo que en realidad es, y eso es muy bonito.

-¿Me vas a dejar llevar la corona?- Irya lo mira con ojos de cachorrito.

-La están arreglando, porque se le cayó un rubí. Además, le están poniendo una nueva capa de oro.

-Qué corona tan humilde.

-Está a la altura del hombre que la lleva.

-¿Haley tendrá corona?

-Sí, pero será más femenina y menos pesada. Eso sí, los materiales serán los mismos.

-Bueno, entonces me pondré esa.

-Me parece bien.

-Quizás no nos casemos- Musito.

-No digas tonterías, Haley- Me regaña Irya.

-Bueno, no estamos comprometidos. Sólo somos novios.

Alexander me observa con intensidad, y luego sonríe enigmático.

-¿Por qué sonríes?- Cuestiono.

-No es nada- Claramente miente.

-Sí es algo.

-No, sólo me ha dado por sonreír.

-Sé que no es sólo eso.

-Quién sabe- Se encoge de hombros.

-Lo voy a averiguar.

-No hay nada que averiguar.

-Tiene que ver con el matrimonio.

-Estaba pensando en el compromiso que se producirá dentro de 3 meses.

-¿Por qué dentro de 3 meses?

-Porque tengo algo planeado.

Lo estudio durante unos segundos, tratando de descifrar su expresión. Por una parte, no me cuadra que me haya confesado la fecha exacta. Por otra parte, sabiendo cómo es él, tiene sentido que esté planeando algo grande y que eso le lleve tiempo.

-Es muy raro que me hayas dicho la fecha.

-Bueno, es que no quería que pensaras que no iba a pedirte matrimonio. Además, va a haber varias sorpresas y no sabrás el día exacto hasta que llegue el momento.

-Oh.

-Te mereces lo mejor, y yo te lo voy a dar.

-Qué bonito- Interviene Irya.

-Bueno, escojo creerte- Comunico.

-Haces bien, en este caso- Vuelve a sonreír.

Ahora que me lo ha contado se me van a hacer larguísimos estos meses, y cuando llegue marzo voy a estar ya muy nerviosa, pero sé que merecerá la pena.

Todo merece la pena cuando se trata de él. De nosotros.

            
            

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