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Alexander
Arrastro los trineos colina arriba, seguido de cerca por Irya y Haley. Jack hace lo propio con el de su novia y el suyo, que va detrás hablando con ambas. Por desgracia, se ha tenido que traer a una prima pesada que tiene, una tal Joyce. Sus padres la enviaron para cuidar de ella, o más bien para asegurarse de que no se acueste con Jack.
Hoy es 31 de diciembre, así que Irya y mi querida novia tuvieron la idea de venir a tirarse en trineo a las colinas que se encuentran fuera de la ciudad para celebrar el fin de año. Bastante gente ha tenido la misma idea, así que nos hemos tenido que ir un poco más lejos para encontrar una que estuviese vacía, porque somos muy reconocibles con los guardias.
-Sigo pensando que no deberíais hacer esto, Christine. Es peligroso- La insoportable vuelve a dar la opinión que nadie le pidió.
-No es peligroso, Joyce- Resopla la novia de mi amigo. -Caeremos en la nieve si el trineo se vuelca. Además, la colina ni siquiera tiene mucha inclinación.
-Esto no entraba dentro de las cosas que podías hacer- Continúa jodiendo. -Tus padres me dieron una lista que memoricé.
-¿Tú crees que tendré muchos problemas si la empujo colina abajo?- Pregunta Jack a mi lado, asegurándose de que no lo oyen.
-Yo lo haría- Admito.
-No nos ha dejado en paz en 15 días- Se queja. -15 malditos días.
-Cortesía de tus futuros suegros. No quieren que deshonres a su hijita y luego no te cases con ella.
-No sé qué más pruebas necesitan de que me casaré con ella si estoy dispuesto a soportar todo esto.
-Luego soy yo el enamorado- Me burlo.
-¿Te recuerdo todo lo que has hecho tú por Haley?- Replica. -Apostamos y me tuviste que conceder uno de los ducados de mi cuñado porque estabas seguro de que no te enamorarías de ella.
-Bueno, en ese momento no lo estaba.
-Ya te gustaba bastante, aunque te negases a admitirlo.
-Sólo la había visto 3 veces cuando hicimos esa apuesta.
-Los dos sabemos que te encandiló desde la primera.
-Su actitud me resultó interesante.
-No sólo eso.
-Al menos yo no hablé con ella durante horas el día que la conocí- Contraataco.
-Porque no tenías excusa para retenerla tanto tiempo, pero estoy seguro de que querías hacerlo.
-Al contrario, quería perderla de vista cuanto antes.
-Ni tú te crees eso.
Pues tiene toda la razón.
-Alexander- Haley se me acerca por detrás.
-¿Qué sucede?- Suavizo el tono de voz.
Me di cuenta de que hacía eso hace un tiempo. Cuando hablo con ella, automáticamente suavizo la voz sin necesidad de pensarlo y planearlo. Simplemente sucede así, es como un acto reflejo o instintivo.
Evidentemente no le hablo con suavidad únicamente a ella, pero con otros tengo que recordármelo mentalmente antes de hacerlo. No soy suave naturalmente, y con los hombres nunca lo voy a ser. Eso simplemente no me sale, y tampoco le veo el sentido. Sí que intento hacerlo con las mujeres y los niños, salvo que no se lo merezcan por algún motivo.
-¿Quién era ese hombre que te vino a buscar el otro día?
-¿Qué hombre?- Me hago el loco.
-El que llegó cuando estábamos en la habitación de Irya. Se me olvidó preguntarte por ello.
-Ah, era uno de los que se están encargando de arreglar la corona.
Jack me mira de reojo, pero yo mantengo la expresión tranquila. Siempre se me ha dado bien mentir, y más cuando es por una buena causa.
-Ah, bueno.
-¿Nos tiramos ya desde aquí?- Pregunta Irya. -Yo lo veo bien.
-¿Es que tienes miedo de las alturas?- La molesto. -Porque sólo hemos subido la mitad de la colina.
-Pues claro que no tengo miedo- Asegura. -Pero me da pereza subir hasta arriba del todo.
-Y es peligroso- Repite Joyce.
-No es peligroso- Ruedo los ojos. -Jack y yo no pondríamos en peligro a nuestras novias y a una niña de 9 años.
-Usted y su amigo, señor Larssen, están acostumbrados al peligro porque se convirtieron en hombres en el ejército de este reino y han participado en muchas misiones militares. No le tienen miedo a nada, pero se olvidan de que esa no es la forma de pensar de los civiles.
-Creo que no se precisa de mucha valentía para tirarse por una colina nevada- Jack se burla de ella. -A juzgar por todos los que hemos visto viniendo hacia aquí.
-Esos eran unos inconscientes.
-¿Por qué no te relajas un poco, Joyce?- Se queja Christine. -No nos amargues la mañana.
-Sólo estoy siguiendo las órdenes de tus padres, prima. No es mi culpa que no te gusten.
-No me gustan porque son estúpidas.
-También me lo han pedido los excelentísimos ex reyes de Velstand- Revela.
Cualquier persona que llame excelentísimos a Julen y a Gabriella no está bien de la cabeza.
-Tú lo has dicho, ex reyes- Replica Haley. -Mi hermano es el que manda ahora, y él no te ha pedido nada similar.
-Aún no he tenido ocasión de conversar con el rey Mattheus.
-Le envidio- Susurra Jack.
Llegamos hasta arriba mientras Joyce continúa diciendo estupideces, pero decido ignorarla por su propio bien. Como me consuma la paciencia no va a llegar a conocer el año 1554.
A Irya le da un poco de miedo al principio, así que ella y Haley se tiran juntas. Mi novia va frenando su trineo con el pie para que la niña no lo pase mal, mientras que Jack y yo bajamos a toda velocidad.
Irya disfruta de la bajada, como era de esperar, así que volvemos a subir los trineos mientras Joyce nos mira desde arriba con cara de pocos amigos.
-Admiro al que se vaya a casar con ella- Comenta Jack, poco antes de llegar.
-Te tienen que pagar mucho dinero para soportarla, incluso aunque el sexo sea bueno.
-Es imposible que el sexo sea bueno.
-Hay desesperados a los que todo les parece bueno- Le recuerdo.
Volvemos a tirarnos, pero esta vez las chicas van más rápido y se lo pasan mejor. Repetimos bastantes veces durante un par de horas, pero en la última escuchamos cómo Joyce gesticula y nos grita algo desde arriba con su voz de grulla.
-¿Alguien entiende lo que dice?- Pregunta Haley.
-Yo no- Responde Christine. -Pero será otra de sus tonterías.
-Yo voto por marcharnos sin ella- Propone Irya. -Se lo merece.
-Qué buenas ideas tiene tu hermana, ¿no, Haley?- Dice Jack.
-La verdad es que sí.
-Y siempre suelto verdades- Apunta la mencionada.
-Bueno, vámonos- Los apremio.
Comenzamos a caminar para alejarnos, lo que ocasiona que los gritos de Joyce aumenten en volumen y en número. La ignoramos al principio, pero un par de minutos después me doy la vuelta para ver lo que está haciendo y descubro que está intentando bajar por la zona de mayor pendiente. Supongo que para llegar más rápido.
-Mirad- Aviso al resto cuando veo que comienza a correr, porque sé lo que va a suceder a continuación. -No os lo perdáis.
Se tropieza y acaba cayendo al suelo de lado, así que termina rodando colina abajo sin parar hasta que el suelo se vuelve completamente plano.
Todos estallamos en risas, pero ella se levanta hecha una furia.
-¡Se me ha metido nieve por debajo de la ropa!- Chilla mientras corre hacia nosotros. -Voy a enfermar de gravedad.
-No seas dramática- Dice Christine. -Sólo te has dado un pequeño revolcón.
-¡¿Un pequeño revolcón?!¡He rodado por toda la colina!
-Ya, ha sido bastante gracioso.
-Esto lo van a saber tus padres.
-Yo no he hecho nada.
-Te estabas yendo sin mi.
-No habría pasado si te hubieses tirado en trineo como una persona normal.
-Es una actividad normal para los plebeyos.
Continúan discutiendo durante el camino de vuelta al palacio, y verdaderamente compadezco a Jack por tener que lidiar con la garrapata esta todo el rato. Pero bueno, supongo que todo lo que merece la pena conlleva un esfuerzo, y él lo está haciendo ahora.
Nos deshacemos de los abrigos y vamos directamente al comedor, en el que ya nos esperan mi tía, Felix y los Russell. Por desgracia, los acompaña también la duquesa Matilde Shaffer. La autoproclamada mentora de Haley.
No me importa que tenga una mentora, es más, lo considero necesario. Su excesivo puritanismo es el problema, pero no puedo destituirla sin crear una brecha entre su familia y la corona. Prefiero soportarla un tiempo y luego traspasarle la mentoría principal a su hermana, que es una mujer más normal.
-¿Es cierto lo que me han contado, princesa?- Matilde se cruza de brazos frente a ella.
-Sólo nos estábamos divirtiendo- Se excusa mi novia.
-Esa actividad no es para princesas, y tampoco para damas- Mira a Christine.
-Exacto- Dice Joyce. -Por fin aparece alguien que no está consumido por la locura.
-Nadie nos ha visto hacerlo- Asegura Haley.
-No se trata de eso. Las mujeres de clase alta deben tener otras formas de divertirse, esa es demasiado plebeya.
-Yo soy el rey y me he divertido así- Intervengo.
-Pero es distinto, porque usted es hombre. No se ve de la misma manera.
-Ella tiene el mismo derecho a divertirse que yo.
-En un mundo ideal, sí. En este, las mujeres tenemos muchos deberes y pocos derechos.
No me agrada, pero lo que acaba de decir es una verdad absoluta.
-Pues no contribuyamos a eso nosotros- Pido. -Al menos hoy.
Se calla a regañadientes, pero eso nos permite comer en paz. Además, Joyce se va para quitarse la ropa porque parece que es cierto que se le coló nieve dentro, así que tampoco nos molesta durante la comida.
Las mujeres deciden ir a prepararse unas horas después, porque la fiesta dará comienzo oficialmente a las 8 de la tarde y se prolongará hasta la madrugada del día 1 de enero. Toda mi familia asistirá, al igual que el año pasado, pero también están invitadas las familias nobles más importantes.
No me disgustaría una fiesta más privada, pero esa es la tradición y voy a respetarla. Además, también van a venir mis amigos. Jack y Vince están invitados automáticamente porque sus apellidos pertenecen a la alta nobleza desde hace mucho, pero no es así con Marcus y Niko. Ellos han conseguido títulos por méritos militares, así que sus apellidos no son conocidos.
Me siento en la cama para observar a Haley mientras se prepara, porque definitivamente no creo que pueda hacer nada mejor que eso.
-A ver, tengo una duda- Informa desde dentro de su vestidor.
-¿Cuál?
-¿De qué color debería ser el vestido?¿Azul real, blanco, crema, negro, gris perla...? Todos esos colores combinan con el collar que me regalaste, pero no sé cuál queda mejor.
-¿Cuál te gusta más a ti?
-El gris perla, pero ya me puse uno plateado el año pasado y el color es bastante parecido.
-Pero el año pasado lo celebraste en Velstand, así que no pasa nada.
-Bueno, tienes razón.
Se desnuda y se enfunda en el vestido elegido delante de mí mientras disfruto de las vistas. Es un vestido de gala ajustado a su cuerpo con tirantes sutiles y un suave escote en forma de V que le permitirá mostrar el collar. Tiene aplicaciones florales de encaje bordado que decoran la parte superior y se extienden de manera delicada hacia la falda, dándole un efecto bastante etéreo.
Un par de doncellas llaman unos minutos después para terminar de arreglarla. Una de ellas se encarga del cabello, haciéndole el recogido trenzado que ella le pide. La otra le pone un poco de maquillaje, aunque no le hace ninguna falta.
-Me gusta usarlo en este tipo de ocasiones- Comenta cuando adivina exactamente lo que estoy pensando. -Sobre todo para resaltar los ojos y ocultar imperfecciones.
-¿Qué imperfecciones?- Elevo una ceja.
-Las que todos tenemos.
-Pues yo no veo las tuyas.
-Porque estoy maquillada.
-Tampoco las veo cuando no lo estás.
-Bueno, está claro que no puedo acudir a ti si quiero una opinión objetiva de mi misma- Abre su joyero y saca unos pendientes de plata con forma de aro pequeño.
-Cuando te conocí pensé lo mismo, y en ese momento era totalmente objetivo. Julen y Gabriella hicieron un trabajo impecable cuando te crearon. La única vez en sus vidas que hicieron algo así.
-Mi madre era muy hermosa de joven- Explica. -Tenía muchos pretendientes dentro de la nobleza, pero mis abuelos siempre creyeron que ella podía tener lo mejor. Mi padre escuchó de su fama y se presentaron en un baile en el palacio, en la primavera de 1524. Los abuelos siempre han dicho que fue amor a primera vista.
-¿Qué edad tenían?
-Pues... Mi padre tenía 18 y mi madre tenía 17. Eran muy jóvenes.
-Probablemente demasiado jóvenes. Tu madre tenía la edad de Meadow.
-Pero no creo que ella hubiese tomado otra decisión si hubiese tenido mi edad. Todos los que la rodeaban querían que se casase con mi padre, y eso supone mucha presión.
-¿Tú crees que ahora se arrepiente?- Indago. -Muy en el fondo.
-Yo creo sinceramente que no, pero realmente no lo sé porque no tengo una relación cercana con ella. Nunca la he tenido.
Se sienta en la cama para ponerse los zapatos de tacón fino que ha elegido, que poseen un color similar al del vestido. Ata las correas finas que cruzan sobre el empeine y el tobillo, asegurando la sujeción, y luego se levanta.
-Estos me suben 9 centímetros- Proclama con orgullo. -Ahora soy alta.
-¿Para un hombre mediano? Sí. Ahora debes medir pocos centímetros menos que William y prácticamente lo mismo que mi tía Shira.
-Es que ella es alta.
-Normal que lo fuese teniendo a Viktor como padre. Lo que no sé es cómo yo salí así.
-Bueno, Thomas era alto.
-Sí, pero bastante menos que yo, y dicen que mido más que Viktor.
-Hombre, está claro que lo heredaste todo de él.
-Bueno, he visto cuadros de mi madre y tengo un ligero parecido.
-¿Cuál?
-Mi color de ojos es idéntico al suyo.
-Pero Viktor también los tenía azules, ¿no?
-Sí, pero los suyos eran más claros que los míos. Los de mi madre son idénticos.
-Oh, qué bonito.
-También tengo el pelo ondulado por ella, y mis labios son parecidos. Y bueno, mi sonrisa es como una mezcla de la de ambos.
-¿Viktor y Eloise?
-Sí.
-Es como si te hubieran concebido ellos dos- Musita.
-Imposible, porque mi madre estaba casada con Thomas. Además, Viktor le sacaba 15 años.
-Si Viktor se veía como en el cuadro, no creo que esa diferencia de edad fuese un impedimento.
-Oye, no halagues tanto a mi abuelo- Finjo molestia.
-Lo halago porque es increíblemente parecido a ti, así que fue un hombre inmensamente atractivo. Pero esos pequeños toques que te dio tu madre, que debió ser una mujer muy hermosa, te convierten a ti en el más atractivo de los dos. Por muy poco, pero es así.
-Cómo me gusta que me halagues- Confieso.
-¿Me abrochas el collar?- Lo saca de su caja y me lo entrega.
Asiento y se lo coloco con cuidado, dejándolo reposar sobre su piel. Va a mirarse al espejo y sonríe ampliamente ante lo que ve.
-Queda perfecto.
-Qué buen gusto tengo- Presumo.
-La verdad es que sí- Admite. -Bueno, vístete, que al final vamos a llegar tarde.
-Mejor, así nos ve entrar todo el mundo y comprueban que somos la pareja más atractiva de todo el gran salón.
Me pongo una camisa negra lisa y unos pantalones del mismo color, bastante formales. Todos los colores me quedan bien, pero el negro es de los que más me gusta porque es de los que más se adecúa a mi personalidad. No tendría sentido que yo usase algo amarillo chillón, por ejemplo.
-Me gusta cómo se te marca la tela de la camisa- Confiesa. -Mucho.
Ese comentario termina de causar el efecto que ya había iniciado al verla con el collar puesto, dejando claro que vamos a llegar tarde.
-Vamos a tener que esperar un rato para salir- Informo.
-¿Por qué?- Su mirada refleja incomprensión.
-Tengo la necesidad de que follemos ahora mismo, pero sé que no se puede porque ese atuendo te ha llevado mucha preparación. Así que habrá que esperar a que se me baje.
-¿Ves? Esto nos pasa por ser demasiado lujuriosos.
-En un rato se me habrá pasado.
-A saber qué van a pensar de nuestra tardanza. Imagínate que piensan que estamos...
-Bueno, tampoco le veo el problema. Ya saben que lo hacemos.
-¿Cómo lo saben?¿Tú se lo has contado?
-No, pero es algo obvio. Todos han sido jóvenes.
-Mis tíos pueden pensar que aún soy virgen- Sugiere.
-Vivimos juntos, dormimos en la misma habitación y llevamos juntos bastante tiempo. Saben que no lo eres.
-Uy, qué vergüenza.
-Vergüenza fue lo que me pasó a mi. Felix descubrió que había follado poco después de que sucediera por primera vez y se lo contó a mi tía como anécdota.
-Pero... ¿Cómo te las arreglaste para que te descubriera?
-Tenía 16 años y era estúpido. No tuve el cuidado necesario y pasó lo que pasó.
-Se debieron reír mucho.
-No te imaginas cuánto, porque encima la manera en la que lo dijo fue...
-¿Qué dijo?
-Que ya me había estrenado.
Comienza a reírse a carcajadas, y la entiendo a la perfección porque a mis amigos también les pasó cuando se lo conté en su momento. Aún me lo recuerdan a veces, porque ese ridículo es difícil de olvidar. Muy difícil.
-Después de eso vino la charla- Sigo contando.
-¿Charla?
-Para asegurarse de que no dejase embarazada a esa chica o a otra futura, porque no querían que me pasase lo mismo que a Viktor. Querían que tuviera hijos cuando me sintiese preparado para ello.
-Ah, entiendo.
-Así que pasé aún más vergüenza- Me lamento.
-Bueno, sólo querían ayudarte. Convertirte en padre a esa edad habría sido mucho peor.
-Lo sé.
Esperamos durante varios minutos mientras ella sigue riéndose de mi momento ridículo, pero no me importa que lo haga porque me gusta verla reír. Hay gente que tiene risas molestas o difíciles de soportar, pero la suya es todo lo contrario. Me gusta escucharla, y más saber que yo la he provocado.
Nos preparamos para salir, pero justo en ese momento llaman a la puerta con fuerza.
-Majestad, Alteza- Reconozco la voz de Matilde Shaffer. -¿Están bien?
-Sí- Respondo yo.
-Es que les estamos esperando todos- Avisa, con un nerviosismo notable.
-Ya vamos, ya vamos- La calmo. -Puedes volver a la fiesta.
Escucho sus pasos alejándose, así que me pongo de pie y Haley lo hace también. Salimos del dormitorio y avanzamos por los pasillos sin prisa para evitar que ella se caiga. Descendemos varios pisos hasta llegar hasta el gran salón, que ya desprende un gran barullo, pues las voces se escuchan casi en todo el piso.
Nos damos la mano cuando nos encontramos frente a la gran puerta y los guardias que la vigilan la abren de inmediato, dándonos paso.
Haley y yo entramos a la vez y, como era de esperar, llamamos la atención de todos los que se encuentran aquí. Las conversaciones cesan y las miradas se centran en nosotros. La mayoría son curiosas, porque es la primera vez que entramos juntos en una fiesta importante desde que somos pareja oficialmente. Supongo que es un momento histórico.
Por suerte, a mi me encantan los momentos históricos.